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La primera versión de una traducción de poesía no es brillante. Berman (2014) incluso se atrevería a respaldar esta afirmación estableciendo que la primera traducción más parece un mosaico de barbarismos que cualquier otra cosa. Ello porque solemos cometer muchos errores debido a las costumbres y las creencias con respecto a la traducción de las que nos tenemos que desprender. De la misma manera, en este primer intento es donde nos vemos obligados a enfrentarnos al primer “fracaso”, por falta de mejor palabra para referirnos al asunto, para ver el verdadero valor de las reflexiones que se llevaban a cabo en la pre-traducción. Mientras que, sumado a lo anterior, comenzamos a experimentar los inicios de ese cambio de mentalidad que nos exponen fuertemente a una realidad muy distinta a la propia pero que se vuelven habitables gracias al lenguaje, como bien establece Paz (1971). En ese orden de ideas, la primera traducción es, no solo una primera aproximación por parte del traductor, sino que también es un paso necesario para empezar a familiarizarse de manera más íntima con algunos de los aspectos característicos de la obra.

Pero ¿a qué me quiero referir con estas afirmaciones con respecto a esta primera traducción? Realizando un análisis de mi primera entrega del TL que se titularía desde un inicio Sueños, vemos cómo esta traducción cumple con el patrón propio de lo que Albir denomina la traducción información (Albir, (2001), p.66). Esta etapa primitiva de la traducción de poesía, respondiendo a las características de la traducción anteriormente mencionada, suele acercarse a una traducción literal de la obra y suele carecer de precisión artística y estética. Sin embargo, no se le debe quitar el valor a este paso necesario para el crecimiento de una persona dentro de su rol como traductor literario, gracias a tres puntos específicos que detonan grandes cambios dentro de la mentalidad con la que se aborda la traducción de la obra, a pesar de las fallas que esta primera traducción presenta.

Abordemos entonces primero los positivos que se reflejan en esta traducción. El primer punto que le otorga un gran valor es la solución de los rompecabezas o repeticiones que se encuentran dentro del poema y cuyo efecto y naturaleza se deben recrear de forma constante a lo largo de la traducción de la obra, como se mencionaba con anterioridad. En segundo lugar, encontramos que otra ventaja de esta primera traducción es una mayor cercanía a la obra. Pero ¿qué quiero decir con ello? Como traductores literarios nos vemos en la necesidad de convertirnos en el puente entre la audiencia que va a leer el TL y esta forma de arte reflejada en el TP de orden poético y que es, según Grossman, la más artística, más cargada y más compleja de las formas de arte del lenguaje (Grossman, (2010), p.93). En ese orden de ideas, para realizar una buena traducción tenemos que volver, en cierta medida, la obra algo que nos resulta cercano, familiar y personal. Esta conexión que nos exige la obra no solo aumenta la sensibilidad con respecto a las necesidades de esta, sino que también genera esta conexión con la obra que te abre un canal de comunicación que no esperabas encontrar y que te permite aprender de ti mismo.

Por ultimo, el tercer beneficio responde al cambio de mentalidad cuando nos enfrentamos a la traducción. Desde el inicio del trabajo he establecido que cuando se refiere a la traducción literaria, especialmente de la poesía, el traductor se ve obligado a enfrentarse a la verdad de que el sistema de las equivalencias, es decir la utilización de las palabras equivalente más comunes para la traducción, no representa una garantía para lograr una buena traducción, sino que representa exactamente lo contrario. Aun así, no es hasta que te sientas a traducir y caes en el error, que te das cuenta verdaderamente del por qué no aplica. Y esta traducción te enseña exactamente esto. Para ejemplificarlo mejor tomemos por ejemplo la segunda unidad gramatical

completa en el poema, es decir la unidad compuesta por los versos tres y cuatro. En estos versos se lee:

My spirit not awak’ning, till the beam Of an Eternity should bring the morrow.

En esta primera entrega de la traducción utilice el sistema de equivalencias en un afán casi inconsciente por navegar de forma rápida la totalidad de la traducción en un solo viaje por el poema. De ahí que el resultado fuera éste:

Y mi espíritu yaciera hasta que el rayo De una Eternidad traiga el mañana.

Notemos entonces cómo se pierde por completo el marcado ritmo del poema, y cómo adicionalmente se pierde una de las características de la poesía por excelencia. Sí, hablo de esa riqueza del lenguaje que te suele jalar en dirección a este océano que nos es completamente ajeno. Por ende, con la pérdida de esta riqueza, también se pierde lo que Bonnefoy define como el alma del poema, puesto que el alma habita dentro de la palabra (Bonnefoy, (1983), p.107). Aun así, me permito ejemplificar ello con una unidad gramatical más amplia y compleja, es decir la octava unidad gramatical, la cual esta compuesta por un total de ocho versos en los que se lee:

’Twas once — and only once — and the wild hour From my remembrance shall not pass — some pow’r

Or spell had bound me — ’twas the chilly wind Came o’er me in the night, and left behind

Its image on my spirit — or the moon Shone on my slumbers in her lofty noon Too coldly — or the stars — howe’er it was That dream was as that night-wind — let it pass.

Esta es, a mi manera de ver, la unidad gramatical más compleja del poema y por ende uno de los ejemplos que más frecuentemente se utilizará de ahora en adelante para mostrar la evolución de las entregas. Sin embargo, y volviendo al tema, resaltemos la riqueza que se ve en este fragmento, con abreviaciones como las que utilizaba Shakespeare en sus sonetos tales como ‘Twas o pow’r, solo por señalar algunas de estas. Adicionalmente en este fragmento observamos la presencia de la repetición de una de las abreviaciones anteriormente mencionada (‘Twas) y encontramos usos poco comunes de algunas palabras tales como noon, que comúnmente se

utiliza para hacer referencia al mediodía. En ese orden de ideas, observemos por un momento lo que se pierde si se traduce haciendo uso de las equivalencias tal como lo hice yo en la primera entrega.

Fue una vez– una única vez– y la salvaje hora De mi recuerdo no pasará– algún poder

O hechizo me ató– fue el viento helado Vino sobre mi en la noche, y dejo tras de si

Su imagen en mi espíritu– o la luna Brilló sobre mi en su alto mediodía

Con demasiada frialdad– o las estrellas– como sea que fuera Ese sueño fue como ese viento nocturno– déjalo pasar.

Nuevamente vemos en este fragmento y con mayor evidencia cómo se pierde el ritmo del poema. Adicionalmente, nos encontramos con que, en esta traducción que asume un carácter principalmente lingüístico, se pierde parcialmente el sentimiento y el efecto del poema de la misma manera en que se obscurece la idea central de la obra por ciertas fallas gramaticales e imprecisiones léxicas dentro de la traducción como lo resulta ser la idea del alto mediodía de la luna. Sumado a lo anterior, este tipo de errores marca la pérdida de lo que Newmark denomina como la unidad de la palabra y la evocación de la imagen dentro del complejo sistema de conexiones que habitan dentro del poema (Newmark, (1988), p.163). Sin embargo como traductores teníamos que experimentar estas pérdidas para crecer y entender que la primera opción no siempre es la mejor decisión. En ocasiones, para poder domar el océano que es la poesía y para navegar con facilidad sus turbias aguas, como traductores tenemos que encontrar las palabras en aquellos rincones del lenguaje que con menor frecuencia ven la luz y no quedarnos con las palabras que la ven a diario.

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