Es en los propios artículos lexicográficos donde se representan más datos morfosintácticos, y de la forma más variada. Para analizar esta cuestión, consideramos fundamental no confundir la información en sí con el modo en que esta se representa. Ampliando el esquema de la figura 1, pueden encontrarse en la figura 2 los elementos relacionados con morfología o sintaxis, y en los modos que se resumen (Ahumada 1988, Bargalló 2010, Dziemianko 2006: 19).
Figura 2. Información gramatical en la microestructura.
La información gramatical en la entrada puede ofrecerse de forma implícita, a través sobre todo de la definición y de los ejemplos; y de forma explícita, a través de distintos campos de la entrada consagrados a ella, como la categoría gramatical, la familia derivativa, códigos con la estructura sintáctica u observaciones o anotaciones, más o menos breves, que indiquen ciertos aspectos sintácticos.
Entre los diversos modos de ofrecer información gramatical explícita, las abreviaturas han desempeñado siempre un papel fundamental. En Barbero Bernal (2008a y 2008b) se analizan las abreviaturas de la lexicografía bilingüe ítalo-española, ofreciendo datos sobre la información gramatical que estas aportan. Del total de abreviaturas empleadas en las diversas obras que son analizadas (Barbero Bernal 2008b: 169), una media del 32,9 % son de tipo gramatical. De entre las dedicadas a los verbos, se observa (Barbero Bernal 2008a: 776-780) que, en general, pocos diccionarios hacen uso extensivo de ellas, y que,
información gramatical en la microestructura implícita explícita lema definición ejemplos ordenación y jerarquización de la entrada abreviada categoría gramatical códigos o patrones sintácticos no abreviada información complementaria en notas, observaciones, notas o extensiones gramaticales
entre estas, son especialmente escasas las relacionadas con usos pronominales, como dativo, verbo incoativo, reflexivo o recíproco. El autor señala (Barbero Bernal 2008b: 175-181) que, además, las abreviaturas pueden confundir al usuario, especialmente no diestro en una segunda lengua, pues algunas pueden interpretarse incorrectamente o son ambiguas; y que muchas abreviaturas están infrautilizadas, pues aparecen en contadas ocasiones en el diccionario. Se critica, en fin, la falta de sistematicidad y adecuación de este recurso tan lexicográfico.
A continuación, se desglosará cada apartado de la microestructura indicado en el esquema, y se explicará su relación con la gramática, aludiendo a las construcciones con se cuando sea necesario.
Lema
Zgusta (1971: 249-250) define el lema como «the indication of each respective lexical unit in its canonical form». Zgusta (íd.) también recuerda la importancia de marcar la irregularidad del paradigma, lo que en el caso de los verbos de las lenguas románicas implica el desglose de la conjugación, que no puede hacerse en el campo de la entrada dedicada al lema (como a veces se hace en los diccionarios ingleses) por ser demasiado voluminosa. En la misma línea, Alvar Ezquerra (1993: 102-103) considera el lema como una representación del paradigma de la palabra, que exige, por parte del usuario, conocimiento de la morfología. Algunos diccionarios han desarrollado todas las formas del lema (así el DAFLES o el Diccionario de
Primaria Vox, Battaner 2000), es decir, han explicitado la información
que en el lema está implícita, porque han considerado que un aprendiz, nativo o no, no siempre conocerá totalmente dicha morfología (figura 3).
Figura 3. El lema rouge desglosado en el DAFLES en sus formas masculina y
femenina singular y plural.
Con respecto a los verbos de lenguas romances, no se puede dar la información completa de flexión en la entrada porque hay muchas formas, por lo que se remite a la conjugación, un apartado de la superestructura. Así pues, el lema como campo que alberga
información gramatical implícita está relacionado con campos que albergan información gramatical explícita. Con respecto a las entradas verbales que posean construcciones con se, es inexistente en castellano el recurso del lema doble (por ejemplo, enamorar/se) que indique la doble posibilidad morfológica de esa unidad. Que sepamos, se trata de un recurso que se ha inaugurado con el DAELE, y sirve para explicitar un rasgo que normalmente debe deducirse del lema, que tradicionalmente figura sin el se (excepto en casos de verbos pronominales estrictos como resfriarse).
Definición
En la definición hallamos información gramatical implícita desde diversos puntos de vista (Ahumada 1988). El tipo de definición (clásica o fraseológica) y los símbolos empleados para distinguir (en el primero de estos tipos) el sujeto del objeto directo son relevantes. En Martínez Linarez y Azorín (1994-1995: 238-240) se ofrecen diversos modelos de definición en los que se ha imbricado la estructura argumental de manera explícita, mediante símbolos o abreviaturas. Igualmente, Porto Dapena (1997) crea unas definiciones muy precisas desde el punto de vista de la información semántica, que sin embargo parecen difíciles de leer; por ejemplo, esta es la definición para la acepción 8 de comer:
8. tr. [R una cosa (suj.) a otra (od.) a <alguien> (oi.)]. Prevalecer
sobre ella, acapararla o mermarla. Con dat. reflexivo.
La riqueza de la información gramatical en la definición se vio engrosada con la introducción de la definición fraseológica, popular o natural en el COBUILD. Martínez Linarez y Azorín (1994-1995: 240) hacen notar que se trata de un procedimiento en el que puede reflejarse la estructura argumental del verbo de una manera natural y fácil de entender para el usuario. Hanks (1987) explica las diferentes ventajas de la definición fraseológica que se emplea en este diccionario británico, que permite más concreción en la información tanto sintáctica como de combinatoria léxica. No obstante, Rundell (2006) también ha hecho notar las limitaciones de las explanations al estilo COBUILD, pues la abundancia de información tanto sintáctica como semántica puede ir en detrimento de la claridad. Todo ello lo deberemos tener en cuenta para nuestra propuesta lexicográfica (§ 7.2.2.6).
Ejemplos
Rey (1995: 95) recuerda que la palabra latina exemplum hacía alusión a algo concreto que se elegía entre otras cosas de su misma categoría y se ofrecía como modelo de dichas cosas. Así pues, en relación con los aspectos gramaticales, los ejemplos no solo ilustran con una frase o sintagma el significado de la definición que se acaba de dar, sino que también muestran la sintaxis y, en ocasiones, la morfología, y, si proceden de corpus, proporcionan información sobre las estructuras en uso. Así se expone en Jackson (1985) y Yallop (1996), y Zgusta (1971: 263) explica que «the purpose of the examples is to show how the entry-word functions in combination with other lexical units», por lo que suponen una parte de la entrada muy adecuada para exponer los aspectos gramaticales. Zgusta (1971: 263-268) hace una clara defensa de los ejemplos: indica que son casi imprescindibles en los diccionarios, que no sobran ni siquiera en el vocabulario más técnico, que pese a la cierta redundancia que parecen tener con respecto a la definición, siempre añaden información nueva. Todo ello lo tendremos que recordar en nuestra propuesta lexicográfica, en la que los ejemplos son clave (§ 7.2.2.7). Pese a esta y otras opiniones similares, muchos diccionarios han tenido en poco esta parte tan importante de la microestructura debido sobre todo –queremos creer– a la falta de espacio, mal endémico de las ediciones en papel, y no han ofrecido ejemplos suficientes o con suficiente sistematicidad. Ello afecta especialmente a las construcciones con se, pues estructuras como la pasiva refleja o la reflexiva solo pueden mostrarse en este apartado de la microestructura, ya que no conllevan cambio de significado.
Además, con la lexicografía de corpus, el ejemplo se ha vuelto, si cabe, aún más importante, pues constituye el «equivalente» de la concordancia en el diccionario, o, dicho más genéricamente, el «representante» del corpus en el diccionario (es «la preuve de l’usage», Rey 1995: 102). Si la gramática muestra las reglas sintácticas y la definición las «reglas» semánticas, el ejemplo muestra, o debería mostrar, la casuística. En el capítulo 4 se verá que el ejemplo debe ser coherente con la información que se proporcione de manera explícita, y también se observará como a menudo esta parte de la entrada es vista como complementaria a la definición, de manera que no se emplea sistemáticamente.
Ordenación y jerarquización de la entrada
La ordenación y jerarquización de la entrada es un modo de expresar implícitamente datos gramaticales. Se opta por el criterio sintáctico en algunos diccionarios (como el DRAE), que suelen ordenar las acepciones según si son transitivas, intransitivas o pronominales –en
este orden– y por el semántico en otros (como el prototipo DAELE, v. § 7.1). Marello (2010: 415) ya indica que el primer criterio no siempre se cumple en diccionarios como el académico, y aporta el ejemplo de
casar, en que aparecen primero las opciones intransitivas. Ello parece
deberse a que, por mucho que el criterio de frecuencia no es el más indicado para ordenar una entrada lexicográfica, si se tiene en cuenta de cierta manera, y en este verbo es mucho más frecuente el uso intransitivo que el transitivo.
Por encima de otras cuestiones, es muy relevante el tratamiento de las alternancias activas-medias en la microestructura, que pueden ir seguidas en el criterio semántico de ordenación, o separadas en el sintáctico (v. capítulo 4). El criterio semántico permite que aparezcan contiguas.
Categoría y subcategoría gramatical. Patrones sintácticos
La categoría gramatical, una parte de la microestructura muy estable en el tiempo, se ha expresado tradicionalmente con abreviaturas (cf. p. ej. Martínez de Sousa 2009: 134-138) que, como se explicaba arriba, acostumbran a ser confusas para el usuario, pero este debate ha de verse con otra luz a causa de la llegada de los diccionarios electrónicos, que pueden representar la categoría y la subcategoría de forma desabreviada (de facto, muchos diccionarios siguen manteniendo la abreviatura). Por otro lado, no debe confundirse el debate sobre la inclusión de la información sobre la categoría gramatical con la forma como esta información se incluye. Algunos autores (Alvar Ezquerra 1993: 87-143, Bernal, en prensaa, Fuentes Morán 1997: 27-28, Jörgensen 1982, cit. en Fuentes Morán 1997: 28) son críticos con la representación de este tipo de información, aduciendo que se presenta con falta de criterios uniformes, que no es una información estrictamente lexicográfica o que corresponde a la gramática ofrecer este tipo de información. En concreto, las conclusiones de Bernal (en prensaa) mueven a ser cuidadosos con la información sobre la subcategoría que se incorpora en el diccionario. La autora plantea, en primer lugar, que la terminología es diversa y a menudo poco transparente para un hablante no especializado, situación que se complica en el caso de los estudiantes de ELE, que proceden de tradiciones gramaticales diferentes y que a menudo encuentran farragoso y difícil el aprendizaje de la nueva terminología. Además, la línea de enseñanza de lenguas extranjeras que se sigue en la actualidad es la del enfoque por tareas (Martín Peris 2004), que persigue el aprendizaje de la gramática como del resto de aspectos de la lengua, pero no desde el punto de vista teórico, sino aplicado a las necesidades prácticas de una determinada interacción social; en este sentido, no
sería tan importante conocer la terminología como saber usar las estructuras gramaticales a ellas asociadas. En segundo lugar, Bernal también recuerda que la información sobre la subcategoría es deficiente pues no explica la estructura completa de los complementos obligatorios; por ejemplo, no distingue entre el verbo intransitivo que requiere un complemento de régimen y el que no, y con respecto a los usos pronominales, no se distingue en general entre la estructura transitiva e intransitiva, sino que la etiqueta se limita a prnl. Bernal plantea una propuesta para el DAELE, que consiste en conservar la categoría (verbo) pero omitir la subcategoría (transitivo, intransitivo,
pronominal…), señalando con un color en la definición los argumentos
de un determinado uso para contrarrestar esta omisión.
También Fuentes Morán (1997: 33) argumenta que etiquetas como
transitivo o intransitivo solo distinguen la estructura con y sin
complemento directo, y dejan de lado el resto de estructuras. Igualmente, Bergenholtz (1984, cit. en Fuentes Morán, 1997: 33) indica que esta información debería extenderse e indicarse también la función sintáctica del adjetivo, y, en cuanto, al verbo, «su carácter transitivo, intransitivo, reflexivo, recíproco, impersonal, las posibilidades de formar pasiva», etc. En el mismo sentido, Bargalló (1999: 21-22) explica que la etiqueta pronominal reúne usos muy diferentes, como el reflexivo, recíproco, el expletivo y la voz media, y aporta ejemplos de varios diccionarios, muchos de los cuales se han analizado en el capítulo 4. En suma, se argumenta que la información sintáctica ofrecida en los diccionarios es incompleta, y se observa la subcategoría como un patrón sintáctico deficiente (Cowie 1983); pero, precisamente por ello, lejos de contemplarse como un dato que podría excluirse, nosotros consideramos que debería verse como un dato para ampliarse.
En conexión con ello están las opciones de varios diccionarios de tradición anglosajona que han empleado patrones sintácticos en las entradas lexicográficas, intentando ser lo más claros posible para el usuario (Aarts 1999: 31, Battenburg 1991: 40-45, Dziemianko 2006: 8-19, Stark 1990: 91-93). Podemos considerar que este recurso de la codificación de aspectos gramaticales en forma de patrones con fines didácticos comenzó con Hornby (1954) y recientemente se ha desarrollado en Hunston y Francis (2000; cf. Hanks 2008a). En los diccionarios, «it is not easy to determine how much coded information should be incorporated into dictionary entries», y sobre todo si esa información que se decide incorporar va a ser entendida por el usuario (Battenburg 1991: 43-44). Así, este autor previene de las codificaciones difíciles de comprender, y aconseja pensar en el usuario del diccionario
cuando se diseñen estos códigos (todo ello se tendrá en cuenta en el apartado 7.2.2.5).
La indicación de la categoría sirve para desambiguar una unidad léxica o sus sentidos cuando no se ofrecen ejemplos, como es el caso en muchas definiciones de diccionarios en papel por la falta de espacio, y es en ese sentido en el que esta marca es útil. Pero, además, la encuesta de Candalija y Marimón (2000) demuestra que los usuarios pueden acudir al diccionario para buscar información gramatical, por ejemplo, sobre la categoría, pues las gramáticas no mencionan la categoría de todo el lexicón.
Notas y observaciones
Diversos autores se han detenido en explicar el modo en que los diccionarios tratan las unidades léxicas con función más gramatical que semántica, como los pronombres, artículos, preposiciones, etc. (Alvar Ezquerra 1993: 114-116, entre otros). Del mismo modo, las voces que sirven para denominar conceptos gramaticales (como verbo,
adjetivo, sintaxis, etc.) también pueden ser tratados especialmente
aportando información no léxica sino acerca de la gramática de dicho concepto. Son destacables en este sentido los artículos con «desarrollo gramatical» del DUE. Por otro lado, las notas u observaciones constituyen el modo menos abreviado de ofrecer información gramatical en la entrada lexicográfica, y resultan, en general, poco sistemáticas. Precisamente por ello, esta parte de la microestructura está poco estudiada. En general, los diccionarios no indican la tipología de notas y observaciones que emplean, pues esta parte es una especie de cajón de sastre de la microestructura: se coloca en nota lo que no se ha podido explicar más breve o sistemáticamente. La tendencia, pues, parece ser que deben usarse las mínimas posibles.