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Para responder a los requerimientos de una educación de calidad para todos es indispensable promover la profesionalización de los docentes. El proceso de conversión del rol docente en profesional es una exigencia no sólo de las transformaciones acaecidas en la organización del trabajo, sino que es una consecuencia de los procesos de descentralización, de la autonomía en la gestión de las escuelas y de los cambios que están ocurriendo en los procesos de enseñanza y aprendizaje, que contraponen el rol tradicional de mero transmisor de conocimientos al de facilitador del aprendizaje de los alumnos. Como menciona Valenzuela (2003), existen factores importantes que deben ser considerados al momento de la evaluación docente entre los que se señalan el desempeño, la competencia, la efectividad. Aunado a esto las características personales del profesor revisten un aspecto que no debe pasarse por alto ya que es esta particular característica la que puede afectar su desempeño.

Bajo las consideraciones anteriores, se hace necesario definir un perfil de profesor ideal, mismo que servirá de guía para diferenciar un profesor que se desempeñará acorde al modelo académico que profesa la institución de un profesor que no cumple con los requisitos; asimismo servirá como referente para la selección y opción del mejor candidato.

Sin embargo, la definición de un perfil ideal no es tarea sencilla, implica la consideración del modelo educativo, a la concepción institucional que se tenga respecto del proceso

enseñanza aprendizaje así como el contexto social (Valenzuela 2003).

Tavárez (2005) en su investigación sobre perfiles docentes en América Latina menciona que para elaborar un perfil acorde con la realidad y su profesionalidad, se deben contar al menos con tres herramientas fundamentales: sensibilidad, flexibilidad y conocimiento.

Sólo el docente que conoce los límites de la disciplina y el lenguaje en el cual ella se expresa puede explicar por qué una determinada pregunta no es legítima en un determinado contexto.

De ahí que en la OEI, los diferentes países de América latina, han señalado sus lineamientos de formación docente y con ello su perfil de docente. Se muestran a continuación los elementos más importantes de los mismos según Tavárez (2005).

En Argentina, el docente al concluir su formación: deberá dominar los contenidos básicos comunes y ser capaz de contextualizarlos en su tarea docente.

Estar en condiciones de fundamentar teóricamente sus prácticas de enseñanza

enmarcadas en concepciones éticas y sociales del conocimiento, en función de la escuela y de la educación.

Tener condiciones personales y la formación ética y técnica requerida para establecer relaciones institucionales y personales positivas.

• Ser capaz de participar, juntamente con otros docentes, en la elaboración y la

implementación del Proyecto Educativo Institucional, de acuerdo con el contexto social particular de la escuela.

• Ser capaz de analizar y de interpretar los resultados de su trabajo, de evaluarlos y de modificarlos para mejorar la calidad de los aprendizajes.

• Estar en condiciones de efectuar actividades de búsqueda, sistematización y análisis de información de fuentes primarias, de resultados de innovaciones y de investigaciones, así como de bibliografía actualizada sobre temas.

En Colombia (Tavárez, 2005) los docentes serán capaces de: resolver los problemas de la educación y de la enseñanza que van a ser objeto de su intervención, las teorías que los explican y ayudan a comprender críticamente, lo mismo que de aquellas que le permitan entenderse a sí mismo y a sus alumnos, los saberes con los cuales va a formar a otros y

de las competencias didácticas propias del ejercicio de su actividad formativa, las fuentes de la realidad y del criterio que contextualizan la profesión en los ámbitos local, nacional e internacional, y un dominio de la historia y de la lógica vinculado con la comprensión y la construcción de teorías pedagógicas, en tanto conocimientos que fundamentan su profesión y le otorgan identidad intelectual, los criterios y las normas que regulan la profesión y su ejercicio ético y responsable.

EnPanamá (Tavárez ,2005) la formación del docente panameño establece el siguiente perfil: un educadorcapaz de preservar y enriquecer su salud física, mental y social

comprometido con losvalores cívicos, éticos, morales, sociales, políticos, económicos, religiosos y culturales,dentro de un espíritu nacionalista, con amplia visión del universo, con sentimientos dejusticia social, solidaridad humana, vocación docente y actitud crítica, creativa ycientífica en el ejercicio de la profesión.

EnMéxicodeben tener: Un dominio cabal de su materia de su trabajo, por haber logrado una autonomía profesional que le permita tomar decisiones informadas, por comprometerse con los resultados de su acción docente, por evaluarla críticamente, por trabajar en conjunto con sus colegas, y por manejar su propia formación permanente. El maestro de educación básica dispondrá de las capacidades que le permitan organizar el trabajo educativo, de diseñar y poner en práctica estrategias y actividades didácticas con el fin de que todos sus educandos alcancen los propósitos de la educación; de reconocer la diversidad de los niños que forman el grupo a su cargo. Atender a su enseñanza por medio de una variedad de estrategias didácticas que desarrollará de manera creativa. Reconocerá la importancia de tratar con dignidad y afecto a sus alumnos; Aprovechará los contenidos curriculares y las experiencias y conductas cotidianas en el aula y en la escuela para promover la reflexión y el diálogo sobre asuntos éticos y sobre problemas ambientales que

disminuyen la calidad de vida de la población; propiciará el desarrollo moral autónomo de sus alumnos, y favorecerá la reflexión y el análisis del grupo (Tavárez, 2005).

En República Dominicana (Tavárez, 2005):Que sea graduado universitario con el nivel de formación inicial requerido por el sistema, y con la capacidad de desempeñarse en el trabajo con dominio de sus funciones, tanto pedagógicas como administrativas.

• Que tenga capacidad de aprendizaje y un espíritu crítico e innovador que le permita valorar las nuevas corrientes e incorporarlas a su práctica, con el objetivo de hacer el mejor aporte posible a la comunidad educativa a la que pertenece.

• Que sea íntegro, capaz de servir de modelo y de ejemplo a sus alumnos y a los que trabajan en su entorno. Que tenga capacidad de actuar con ecuanimidad y equilibrio, que exprese su identidad con la cultura nacional, y sensibilidad social en sus prácticas y actividades y con los seres que le rodean.

• Que sea respetuoso de su entorno y siempre comprometido con la excelencia. Que sea un individuo capaz de integrarse a una comunidad y de comprometerse con una visión de excelencia.

• Con capacidad para examinar críticamente y para transformar su práctica docente.

Como se aprecia son muchas las acciones tanto morales, científicas, de gestión y competencias personales que debe exhibir un docente cuando es colocado en su aula.

El proceso de profesionalización comienza por calificar la demanda de postulantes para el ingreso a la formación docente. Constituye una enorme preocupación para los países el constante descenso de la calidad de los conocimientos, habilidades y motivaciones de quienes se incorporan a las carreras docentes. Para garantizar un mínimo de talento y de aptitud es necesario establecer mecanismos que puedan alternar entre procedimientos selectivos como

los exámenes de ingreso o los talleres de nivelación, que no son excluyentes, pero que condicionan el ingreso a la acreditación de esos mínimos exigibles (Abrile de Vollmer, 1994).

Se requiere, además, una clara concepción de las cualidades que hay que esperar de un buen docente, que atienda no sólo las mejores calificaciones académicas posibles, sino también las actitudes y los rasgos personales deseables. No es muy alta la correlación positiva entre buenas calificaciones académicas y un efecto beneficioso en el aprendizaje de los alumnos. La docencia eficaz es consecuencia, también, de características de la personalidad tales como la paciencia, la persistencia, la capacidad de analizar problemas y la comprensión de los alumnos (OCDE, l99l).

El rol profesional que implica la resignificación de funciones tradicionales y el surgimiento de un conjunto de tareas nuevas que la escuela y la sociedad esperan ver realizadas en el ejercicio de la docencia, constituye el criterio más relevante para fundamentar y orientar la

transformación estructural de las carreras de formación docente (Abrile de Vollmer, 1994).

En este sentido el Sistema de Educación Media Superior de la Universidad de

Guadalajara, concibe al alumno como centro de todas las actividades institucionales al adoptar en 1992 un modelo educativo en el que se pretendía contar con propuestas curriculares flexibles, capaces de adaptarse continuamente al rápido desarrollo del conocimiento, la

aplicación de modelos pedagógicos más formativos que informativos; el uso de estrategias que fomenten la interdisciplinariedad y la formación de sujetos innovadores y con una cultura integral, capaces de responder a las necesidades sociales y a los retos del desarrollo regional y estatal. Así pues el fundamento teórico- metodológico que rige estas actividades es el

constructivismo, en el que se piensan a los alumnos más como sujetos de aprendizaje que de enseñanza, y los docentes son los encargados de facilitar este proceso; por tanto, es necesario que aquéllos sean más activos en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la elaboración de

El modelo educativo, considerado como el eje que organiza las actividades educativas, incide en todos los ámbitos de gestión y en todos los espacios de actividad de la escuela, particularmente en lo referente a la organización y desarrollo del trabajo académico colegiado, indispensable para el funcionamiento de la propuesta educativa, así como las formas de organización, administración, desarrollo y evaluación de los procesos educativos (Peña ,2004).

Es por ello que para propiciar esta visión, una adecuada selección del personal docente se convierte en acción prioritaria de la administración.

Para ello se consideran los procesos de reclutamiento y selección adecuados de personal docente (Valenzuela, 2005).

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