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ORIENTAL.

En el periodo en que los Estados Unidos y La Unión Soviética constituyeron dos utopías, dos modelos económicos, político-sociales, totalmente contradictorios pues uno se inclina por el favorecimiento del mercado mientras el otro por el Estado y donde la lucha por las transformaciones sociales llevaron a muchos países a identificarse políticamente por la opción socialista ya que el desgastado sistema capitalista sustentado en un modelo neoliberal que ha tenido relativo éxito en el campo de lo ideológico, pero con graves repercusiones y derrotas en el terreno de lo económico, social y lo cultural en detrimento de la sociedad. Es este el periodo en el cual García Márquez recorrió gran parte de algunos países que conformaron la Unión Soviética de los cuales hizo varias observaciones que las reflejó en sus notas periodísticas.

La primera impresión se la llevó de Budapest de lo cual señaló: “Casi un año después de los sucesos que conmovieron al mundo, Budapest seguía siendo una ciudad provisional. Yo vi extensos sectores donde las líneas del tranvía no han sido repuestas y continúan cerradas al tránsito. La multitud mal vestida, triste y concentrada hace colas interminables para comprar los artículos de primera necesidad. Los almacenes que fueron destruidos y saqueados están aún en reconstrucción”.262

Esta impresión de aquella mala imagen que le causó este primer encuentro con el socialismo en Europa, se va a repetir en otros países de la Unión Soviética que tuvo la oportunidad de conocer, lo que estaría confirmando que si no se atendían las necesidades de la población a tiempo este proyecto se podría ver afectado y

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en el peor de los casos desaparecer para que luego el capitalismo se pudiera seguir imponiendo como modelo económico social.

García Márquez quiso salirse de los esquemas que le habían programado en su instancia en Hungría para conocer más de cerca lo que estaba pasando con el sentir de los húngaros. Sus visitas a los lugares comunes, calles, tabernas, diálogos con los taxistas, etc., le permitieron tener una idea más objetiva sobre la situación de insatisfacción que había percibido pero quizó corroborar con el dialogo permanente.

Cuando se está insatisfecho con los gobiernos y el Estado no tiene los mecanismos para que la población se exprese libremente y sin temor a ser recriminado, se buscan otros mecanismos como los grafitis y letreros que dan una visión de la realidad.

Ya liberado de la custodia militar el Nobel expresó: “Yo hice el recorrido de esos bares al anochecer y comprobé que a pesar del régimen de fuerza, de la intervención soviética y de la aparente tranquilidad que reina en el país, el germen de la sublevación continúa vivo. Cuando yo entraba a los bares el tableteo se convertía en un denso rumor. Nadie quiso hablar. Pero cuando la gente se calla ─por miedo o por prejuicio─ hay que entrar a los sanitarios para saber lo que piensa. Allí encontré lo que buscaba: entre los dibujos pornográficos, ya clásicos en todos los orinales del mundo, había letreros con el nombre de Kadar, en una protesta anónima pero extraordinariamente significativa. Estos letreros constituyen un testimonio valido sobre la situación húngara: “Kadar, asesino del pueblo”, “Kadar, traidor”, “Kadar, perro de presa de los rusos”.263

Estas ideas del escritor fueron premonitorias de lo que sucedería después en la primavera de Praga en 1968, la caída del Muro de Berlín en 1989 y de la Unión Soviética y todo el campo socialista de Europa Oriental en 1991. Su postura ideológica evidentemente de izquierda no le impidió tener una mirada crítica de lo que había sucedido entonces en Hungría, y convencerse aún más de que el socialismo no debe ser impuesto por las bayonetas, sino el resultado de una opción que tenga el apoyo de la mayoría de la población de un país, pues jamás se producirá con la aprobación de toda ella. De ahí la diferencia que García Márquez estableció desde temprano entre la opción por el socialismo del pueblo cubano y la establecida en Europa Oriental.

El abuso en el poder, los sectarismos ideológicos y la exclusión de quienes opinan diferente a determinados regímenes pueden ocasionar las más diversos y graves violaciones a los derechos humanos. Motivos por los cuales García Márquez señaló: “El círculo se cerró. Los intelectuales marxistas proclamaron las mismas ideas de Nagy y de Kadar y corrieron la misma suerte. Los estudiantes

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fueron amenazados con la perdida de sus derechos. Los obreros que trataron de protestar fueron denunciados por sus compañeros comunistas, expulsados y conducidos a prisión. La policía política impuso el orden por el terror. En el exterior, la emisora Europa Libre prometía un paraíso que el pueblo húngaro desesperado tomo al pie de la letra.”264 En todas las democracias es necesario evaluar y tener en cuenta el sentir de las masas, pues no se puede engañar a un pueblo mostrando una imagen perfecta de algo que no gusta o tiene muchas imperfecciones que finalmente pueden llegar al agotamiento o destrucción de un sistema que no satisface la mayoría de las necesidades que una población anhela. En su viaje a Hungría una de las intenciones de García Márquez era lograr que alguien hablara sin ningún temor sobre Stalin, sin embargo, era muy difícil, aunque tuvo la suerte de conseguir una traductora decoradora de teatro que no tuvo inconvenientes en propiciar conversaciones para dejar ver sus impresiones sobre estos temas.

Esta misma mujer contaba que muchos de sus amigos en su mayoría artistas habían sido fusilados por orden de Stalin. Al pasar por el teatro de Gorki hace el siguiente comentario: “A este le decimos el teatro de las Patatas. Sus mejores actores están bajo tierra”265. Esta clase de opiniones reflejan la actitud de temor de las personas frente a regímenes que concentran el poder en un solo individuo cuyo dogmatismo y autoritarismo no permite opciones diferente de manifestaciones artísticas más la que el considere necesarias; daño muy grande que le hizo a todo un proyecto de propuesta social, cultural y política que favorecía de una manera más dignificante al ser humano.

De gran importancia resulta el hecho de resaltar las características que encuentra en los soviéticos sobre su facilidad de expresar sus sentimientos y la benevolencia al brindar su amistad, sin embargo, en el terreno de la libre expresión sobre temas de crítica política ocurre todo lo contrario por eso manifiesta: “Los soviéticos son un poco histéricos cuando expresan sus sentimientos. Se alegran con saltos de cosacos, se quitan la camisa para regalarla y lloran a lágrima viva para despedir a un amigo. Pero en cambio son extraordinariamente cautelosos y discretos cuando hablan de política. En ese terreno es inútil conversar con ellos para encontrar algo nuevo: las respuestas están publicadas. No hacen sino repetir los argumentos de Pravda. Los materiales del XX Congreso ─que según la prensa occidental eran su documentación secreta─ fueron estudiados y criticados por la nación entera. Esa es una característica del pueblo soviético: su información política. La escasez de noticias internacionales está compensada por un asombroso conocimiento general de la situación interna.”266

264 Ídem, p. 367. 265 Ídem, p. 379.

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Este análisis representa una crítica de lo desafortunado que puede ser la existencia de un solo medio de información oficial, se da a entender que las personas no tienen nada que opinar puesto que todo está consignado en el órgano oficial del partido.

La democracia se debe caracterizar por contar con los mecanismos que permitan evaluarla y criticarla para mejorarla o perfeccionarla. No se debe desconocer e ignorar el sentir de las personas ya que esto no permitiría superar las dificultades. Es evidente que aunque el modelo soviético se hubiera extendido con relativa fuerza en los países de Europa Oriental muchos de los actos de Stalin influenciaron negativamente el proyecto socialista. En ocasiones el desprecio que se siente sobre éste proyecto de sociedad es asociado a la imagen de Stalin. Aunque por supuesto no es posible que sobre un solo hombre deba caer la responsabilidad de lo nefasto de un régimen social, de la misma forma que no es posible culpar solamente a Hitler, Mussolini o Franco de las diversas expresiones de fascismo. También habría que culpar tanto a los ideólogos que trataron de fundamentar las bases teóricas de tales experimentos sociales, como de gran parte de los funcionarios que efectuaron actos criminales.