APPENDIX B – INSTRUMENTS
10. When you are involved in a program for an extended period of time, you are likely to:
6.1. L
acuLturapostmodernaLa cultura de una época se refiere a las ideas y valores predominantes en la misma. Es evidente que las transformaciones tecnoeconómicas en curso han generado una nueva forma de ver el mundo y nuevos valores y símbolos para describirlo e interactuar en él. Con ello ha aparecido la condición postmoderna, la nueva forma de ser de estos tiempos.
6.1.1. Postmodernidad y postmodernismo
La etiqueta «postmodernidad» se suele usar para referirse a la dimensión social de los cambios contemporáneos, es decir, a lo que tiene que ver con los nuevos modos de producción y de relación. El «postmodernismo» designaría la dimensión cultural
y simbólica de dichos cambios. Gran parte del debate acerca de la postmodernidad se introdujo desde la filosofía de la ciencia pero también, y especialmente, desde los campos artísticos, desde la cultura. Fueron las vanguardias artísticas del último cuarto del siglo xx las que introdujeron la postmodernidad en el cine, la literatura, la pintura o la arquitectura. De ahí que la postmodernidad se suela interpretar muchas veces reduciéndola a una mera cuestión cultural, de valores y estilos artísticos, tales como las performances de Andy Warhol, la arquitectura de la descentrada ciudad de Los Ángeles, el cine de Woody Allen o Blade Runner (Lyon, 2005). Sin embargo, el signi- ficado de la postmodernidad va mucho más allá de sus formas de expresión artística. De hecho, lo que supone fundamentalmente la postmodernidad es un cierto «des- mantelamiento de la modernidad» (Lyon, 2005) y de las formas de organización social y producción que ésta conllevó32. Aun a pesar de muchas voces críticas que insisten en que el postmodernismo, en general, no es más que la lógica cultural del capitalismo avanzado (Jameson, 2008), no se puede restringir la postmodernidad ni solo a la cultura occidental, ni tampoco a una simple cuestión estética o cultural. Se trata de una importante discontinuidad histórica en la lógica material y simbólica de la modernidad que supone un cambio profundo y general de todo el orden social global, aunque hasta el momento la ruptura en muchos aspectos sea más aparente que real, o donde se pueda observar con más claridad sea en los nuevos diseños artísticos o en los debates filosóficos y políticos.
6.1.2. Las claves de la postmodernidad
Quizá la característica más definitoria de la postmodernidad sea la crisis de las gran- des fuentes de verdad y de los referentes universales que aportaban unos niveles mínimos de seguridad para la vida social. En este sentido, la postmodernidad es un ácido corrosivo para cualquier divinidad singularizada y todopoderosa. No se trata de una pérdida total de la espiritualidad o de la fe pero sí de la emergencia de una inmensa pluralidad de credos y de micropoderes en todos los campos que es para- lela al declive de casi todas las instituciones tradicionales. En el terreno filosófico se
32 Lipovestky sintetiza la originalidad del momento postmoderno como «el predominio de lo individual sobre lo universal, de lo psicológico sobre lo ideológico, de la comunicación sobre la politización, de la diversidad y la diferenciación so- bre la homogeneidad, de lo permisivo sobre lo coercitivo» (Lipovestky, 1986, p. 115).
cuestiona la validez de los «metarrelatos» (Lyotard, 2006), es decir, los grandes rela- tos de la civilización occidental (e implícitamente de otras) para explicar el mundo (la razón, la ciencia, la tecnología, la religión, el marxismo, la democracia, etc.). Esta crisis es especialmente visible en el estatus paradójico que adquiere la ciencia que, por una parte, se convierte en algo central en el mundo actual y, por otra, pierde legitimidad y se encuentra continuamente cuestionada. En el siglo xx el progreso en las ciencias, en la técnica, en el nivel de vida o en la salud pública ha superado en velocidad y alcance a todos los siglos anteriores. Pero a la vez, paradójicamente, ha producido un declive del ideal del progreso y de la legitimidad de muchas de las instituciones que lo han generado. Todos estos cuestionamientos críticos de las «sa- cralidades» indican que se ha producido un importante aumento de la reflexividad, de la conciencia acerca de los límites, posibilidades y consecuencias de la existencia humana. Por ello, algunos definen a las sociedades contemporáneas como socieda- des reflexivas (Giddens, 2008; Beck, 2002; 2006).
Otra de las claves fundamentales en la era postmoderna son las transformaciones en los conceptos, formas y procesos del tiempo y el espacio, es decir, la ruptura y control, simultáneamente, de los ejes espacio-temporales por parte del ser huma- no. La aceleración que permiten las nuevas tecnologías comprime el tiempo y lo relativiza en función de contextos concretos. Con ello, además, como ya nos ense- ñó Einstein, podríamos decir que se deforma el espacio. El tiempo tecnológico es un «tiempo atemporal»33 que rompe con el tiempo lineal, irreversible, previsible y medible del reloj (Castells, 2008). Y esta ruptura espacio-temporal ha generado lo que Castells denomina el «espacio de los flujos», el lugar donde se produce hoy la interacción social en red, de manera simultánea34. Así surge por primera vez en la historia la posibilidad de interconexión global del ser humano en tiempo real. Un
33 El tiempo atemporal se refiere a la desecuenciación de la acción social, ya sea mediante la compresión del tiempo o por el ordenamiento al azar de los momentos de la secuencia, como ocurre con la distorsión del ciclo vital bajo con- diciones de modelos de trabajo flexibles, y una creciente elección reproductiva (Castells, 2008, p. 947). 34 El espacio de los flujos es la organización material de la interacción social simultánea a distancia a través de la co-
municación en red, con el apoyo tecnológico de las telecomunicaciones, los sistemas de comunicación interactivos y las tecnologías de transporte rápido. El espacio de los flujos no es indeterminado, sino que tiene una configuración territorial que está relacionada con los nodos de las redes de comunicación. La estructura y significado del espacio de los flujos no depende de ningún lugar en concreto sino de las relaciones construidas en el interior y alrededor de la red que procesa los flujos específicos de comunicación. Función, valor y significado en el espacio de flujos son re- lacionales y no absolutos (Castells, 2008, p. 948).
tiempo comprimido que permite desplazarse de la eternidad a la inmediatez. Y un espacio virtual que genera un mundo desdoblado en el que todo es o puede ser po- sible, un mundo hiperreal, un País de las Maravillas. Podemos reconstruir el pasado (carbono 14, paleopatología, etc.) y a la vez recrear o «virtualizar» el futuro (simula- ciones por ordenador). Lo que no se puede crear se simula. Y lo simulado adquiere cierta naturaleza de realidad, es una «virtualidad real» (Castells, 2008). Por eso las generaciones Wii ya se confunden entre un entorno físico real y un «e-entorno», que es el nuevo espacio en el que se despliegan los valores postmodernos.
Una crisis en referentes tan cruciales como la ciencia, el tiempo y el espacio genera un aumento del relativismo normativo (el famoso «todo vale» postmoderno) y un sincretismo, fusión o mezcla de todo lo posible que fomenta la construcción de
orientalismos varios y la consecuente explosión de cultos. Es lo que se ha llamado la era delcollage. Y esto tiene una importante consecuencia: en todos los contextos y procesos sociales se producen situaciones de pervivencia simultánea de lógicas
disyuntivas y sintéticas (Bericat, 2003) (local y global, sujeto y objeto, ser y no ser, materia y energía, orden y desorden...).
6.1.3. Los valores postmodernos
Tanto las nuevas individualidades como las tribus postmodernas se construyen a partir de una constelación de valores (Inglehart, 1991) que están presentes en dis- tintos grados en el mundo global. Y, si bien es cierto que dichos valores están más presentes en el mundo desarrollado, la expansión viral de los avances tecnológicos los está difuminando a escala global. Algunos de esos valores son los siguientes: