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Uno de los mejores auxiliares de la proyección del cuerpo astral ea la "comprensión de los fenómenos astrales"; esto es, el conocimiento de los verdaderos hechos y actividades que configuran el comportamiento del cuerpo astral y las causas de los mismos. Estos deben grabarse indeleblemente en el pensamiento. Muchas veces esta comprensión resplandece de pronto en la mente del sujeto, asombrándolo y maravillándolo de que nunca con anterioridad hubiera percibido realidades tan evidentes. Es posible que muchos de mis lectores abran los ojos por primera vez a los fenómenos del yo, y que, después de estudiarlos, empiecen a experimentar de inmediato los síntomas de la actividad del cuerpo astral, síntomas que antes siempre habían sido pasados por alto. El lector tendrá que leer sobre el fenómeno, pensar en el fenómeno y practicarlo intensamente, si realmente quiere llegar a ser un proyector astral. La comprensión del proceso debe arraigarse en la mente tan profundamente que llegue a convertirse en parte de la propia vida. La consagración al estudio de la proyección astral deberá ser tan absoluta, que el estudiante no tolere la menor interrupción durante su aprendizaje.
He aquí, pues, el gran secreto para conseguir que el fenómeno se "exprese" ante uno. Entiéndase bien que estamos tratando ahora de otro método para provocar la proyección del cuerpo astral, método que consiste en la "impresión de la proyección astral en el pensamiento". Este es un procedimiento directo; cuando llega a convertirse en parte de la mente subconsciente, la mente comienza a tornarse obsesionada por el conocimiento de que el cuerpo astral puede existir con independencia del físico no pareciendo haber, por lo tanto, ningún obstáculo para que el cuerpo astral no se proyecte fuera de él.
¿Comprende el lector lo que esto significa? El sujeto debe impregnar su mente subconsciente en tal medida con la idea de la proyección astral que ésta no tarde convertirse en una obsesión. Esto puede lograrse mediante la mente consciente, a través de un tenaz estudio del arte, de la práctica del arte y de la meditación sobre el arte. Ante todo, el sujeto deberá alentar una gran ambición: proyectar el cuerpo astral. Deberá empaparse en esta única aspiración y de este modo, no sólo estará creando un deseo vehemente —que la mente subconsciente (que ya sabe todo lo relativo a la proyección) tratará de aplacar— sino que también estará contribuyendo a la formación de un hábito profundo; en poco tiempo, el sujeto empezará a soñar frecuentemente con el fenómeno.
Esto es particularmente probable si antes de acostarse dedica un par de horas a la lectura de un artículo sobre el proceso y luego se duerme con éste en su pensamiento. Y recuérdese bien que el soñar con la proyección astral (esto es, soñar que el cuerpo astral puede hacer y hace todas las cosas allí relatadas) implica la seguridad positiva de experimentar, tarde o temprano, la proyección del cuerpo astral. ¿Cómo podría haber soñado el lector con este fenómeno, si todavía no lo comprendía perfectamente? ¡Si hasta es probable que ni siquiera supiera de la existencia del cuerpo astral! Ahora, en cambio, puede impregnarse hasta tal punto la mente en la comprensión del fenómeno, que su visión se hace nítida en el pensamiento, empezando a constituir una parte de su vida y, sobre todo, de sus sueños.
Sé positivamente que soñar con la proyección astral determina en la práctica la proyección. Hasta un sueño producido por el temor de proyectarse, puede extraer al cuerpo onírico. Pasaré a explicar ahora cómo el miedo puede constituir a veces un factor negativo y otras, positivo, para la proyección, según las circunstancias especiales en que el miedo se manifieste.
En mis primeras experiencias de proyección consciente —debo confesarlo— solía tener miedo, no durante la proyección (y esto es lo extraño) sino antes de dormirme. Lo milagroso del proceso se apoderaba de mi pensamiento hasta extremos que las palabras no pueden expresar; su idea me poseía con mayor fuerza, que deseo, pensamiento, o ansiedad alguna.
No sé en qué forma me hice la idea (quizás por haber oído hablar a otros de ello) de que toda clase de asesinos, malhechores y demonios habitaban en el plano astral, a la espera de víctimas propicias. Un eminente espiritista me advirtió que era posible que algún genio maligno influyera sobre mí durante la proyección, o que se introdujese en mi cuerpo físico, impidiéndome regresar nuevamente al mismo.
Reconozco que esto me daba miedo, tanto miedo, que las primeras veces sentía verdadero terror antes de dormirme. Entonces todo el proceso se instalaba nítidamente en mi pensamiento, nada más que por el miedo de proyectarme y ser aprisionado por algún monstruo astral.
¿Cómo actuaba este miedo? Precisamente, haciendo las proyecciones más frecuentes, pues mi espíritu se hallaba impregnado con el conocimiento de todo el proceso; además, ese mismo miedo que lo intensificaba, contribuía a exteriorizar la energía neural, haciéndome más propicio aún a las grandes separaciones.
Y, noche a noche, para mi infortunio, el cuerpo astral abandonaba al físico obedeciendo las órdenes de la mente subconsciente. Muchas veces me despertaba en medio de un sueño proyectivo para descubrir que realmente se había proyectado mi astral
durante el sueño. Las repercusiones eran cosa de todas las noches. Pero el hecho que más me desconcertaba era éste: ¿por qué sentía yo tanto terror cuando me hallaba en el físico o al despertarme en el astral dentro del radio de acción del cable (con el resultado forzoso de una repercusión) en tanto que, cuando me hallaba libre, esto es, —cuando despertaba fuera del radio de acción del cable— no experimentaba el menor temor?
Esta comprobación me impresionó profundamente; ¿por qué desaparecía así el miedo? Era el mío similar al caso de un jugador de fútbol antes de un partido, o de un boxeador antes de una pelea, que se sienten morir de miedo o de nervios, para recobrarse luego repentinamente, al entrar en acción. Era ésta exactamente, la sensación que Yo experimentaba.3 Después de
un tiempo, tanto llegué a acostumbrarme a las proyecciones que empezaron a gustarme; los demonios astrales no parecían preocuparse mayormente por mi persona y las veces que me encontré con alguno no me parecieron muy diferentes de la gente que siempre había conocido.
No bien desapareció el miedo a las proyecciones, advertí que éstas empezaban a ocurrir con menos frecuencia. Pero cuando el deseo de producirlas reemplazó al miedo, advertí que aumentaban nuevamente. Yo sé ahora que el miedo y el deseo producen efectos similares sobre la mente subconsciente, configurando la orden de proyectar al astral durante el sueño. Mi mente subconsciente se hallaba, pues, saturada con el conocimiento de lo que mi cuerpo astral era capaz de hacer y con el deseo de hacerlo.
También el lector puede llegar a proyectarse de esta forma. Simplemente tendrá que dinamizar su mente subconsciente con un conocimiento y deseo verdaderos de la proyección astral. Con la mente así dinamizada, le bastará dormirse para proyectarse. La mente subconsciente puede llegar a saturarse con este conocimiento y deseo por medio de la mente consciente,es decir, pensando en la proyección, practicándola y leyendo acerca de la misma con la mayor frecuencia.
Hay que leer sobre la proyección antes de irse a dormir. Hay que concentrar el pensamiento en la trayectoria que habrá de recorrer el fantasma durante la proyección. Esto último es de la mayor importancia; yo he comprobado que una vez que la mente se halla dinamizada, constituye una de las fuerzas más grandes para la consecución del éxito. Pero claro está que el lector no hubiera podido hacer esto con anterioridad, ya que nadie le había dicho cuál es el recorrido exacto e invariable del espíritu durante la proyección; ahora, con la ayuda de este libro, la tarea se verá altamente simplificada.
Cuando en adelante nos refiramos a la "dinamización" de la proyección, solo significaremos la saturación de la mente subconsciente con el conocimiento y el deseo de la proyección astral. Esta saturación de la mente subconsciente se alcanza mediante la mente consciente, la Voluntad consciente.
3 El lector puede tener la certeza de que la proyección del cuerpo astral puede ser, en realidad, cualquier cosa menos lo que la imaginación supone que es. Es la errónea concepción de la mente la que produce disgusto en el sujeto y no la proyección real. Indudablemente, esto vale también para la proyección permanente (muerte). — S. M.
¿QUE ES LA "VOLUNTAD"?
El lector podría preguntarse en qué consiste la Voluntad. Veamos lo que C. Franklin Leavitt dice al respecto:
"Se han dicho una cantidad de tonterías sobre la educación de la Voluntad. La mayoría de los libros que sobre ella tratan no llevan a ninguna parte, pues no explican en absoluto el proceso del Querer."
"Tenemos la costumbre de pensar que 'Querer' significa forzarse a hacer algo, o entrar en acción."
"Significa sí, obligarse a hacer algo y significa también entrar en acción, pero Mentalmente. Querer significa un esfuerzo de La Atención. William James señala que a esto se limita simplemente la Voluntad, es decir, a la Atención. La voluntad consiste, simplemente, en conservar la atención sobre cierto pensamiento o idea hasta que llene por completo la mente, desalojando todas las demás ideas de la conciencia."
"No existe pues, ninguna dificultad en obligarse a hacer algo, si no se permite la entrada en la mente a ninguna otra idea. Y en efecto, las ideas que lo impulsan a uno hacia la Acción son las mismas que dominan la conciencia, las que se adueñan de la atención... Hay que pensar resueltamente, con determinación. Hay que idear planes para llevar a efecto los pensamientos. Hay que concentrarse. Hay que arrojar bien lejos, todos los pensamientos perturbadores. Así no se tardará mucho para poder empezar a comportarse de acuerdocon aquellos pensamientos."
Una vez adquirida esta "dinamización proyectiva", una vez saturada por completo la mente subconsciente con el conocimiento y el deseo de la proyección astral, se podrá dar por cumplida la parte más difícil de la tarea. Pero recuérdese, ante todo, que la mente debe ser dominada por el conocimiento y el deseo del proceso, pues es esta presión conjunta la que ha de abrirse paso hacia la superficie de la mente durante el sueño. Cuando el sujeto conoce su arte y el deseo estimula a la Voluntad subconsciente, la realización de una proyección astral se torna un juego de niños.