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Este periodismo constituye una modalidad del de inmersión, que se fundamenta en la ocultación de la identidad del periodista. El periodismo encubierto es periodismo de investigación, el reportero busca la denuncia social y oculta su identidad para poder

151 infiltrarse en una comunidad y acceder a una información a la que le es imposible acceder con su identidad propia y que permanece oculta.

En el periodismo encubierto encontramos dos aspectos: la inmersión y la infiltración o encubrimiento. La inmersión consiste en introducirse en un ambiente o comunidad y observar, el encubrimiento es la ocultación de la identidad que puede ser de diferentes grados y con distintos matices. Con el periodismo encubierto hay dos formas de acceder a la información: el método pasivo y el método activo que a su vez puede presentar distintos grados (F. Smith, 2003: 275- 277). El método pasivo consiste en que el periodista no se identifica como tal e incluso en algunas ocasiones proporciona su nombre real, pero no revela que es periodista, pues cree que esa revelación va a coartar a su fuente a la hora de explayarse en asuntos comprometidos o que no se muestre como lo harían delante de cualquier ciudadano. López Hidalgo y Fernández Barrero (2013: 36) afirman que este método de investigación está más próximo al periodismo de inmersión que a la infiltración.

El método activo requiere de una representación, el periodista interpreta un rol que le permite pasar desapercibido, con lo que se puede adentrar en contextos hostiles en los que le sería totalmente imposible acceder con la identidad propia. El reportero en la mayoría de los casos, al tomar una nueva identidad, requiere de adquirir actitudes y comportamientos determinados al personaje del que adopta la identidad.

La infiltración es una técnica muy peligrosa, aunque sea efectiva, esta técnica debe ser utilizada con moderación porque hay que tener en cuenta que el periodista debe adoptar una identidad y unas costumbres que le son ajenas (Rodríguez, 1994: 139-140).

Infiltrarse requiere de una preparación, una preparación específica, de acuerdo con el medio donde el periodista va a infiltrarse. Pepe Rodríguez (1994: 140-141) recomienda:

1.- Obtener la mayor información del objetivo para que el periodista pueda prever en lo posible lo imprevisible.

2.- Disponer de todos los medios que se puedan necesitar, medios para poder obtener, mantener y disponer las pruebas y que estén seguras durante la infiltración, medios para

152 poder comunicarse con el exterior sin despertar sospecha, medios para poder salir de la experiencia de forma discreta y medios de seguridad antes, durante y después.

3.- Aspectos para aparentar la personalidad diseñados a la medida del ambiente en el que el periodista va a infiltrarse como una apariencia física distinta, unos datos personales, una historia de vida, pasada y presente. Esto impedirá localizar al periodista.

En cuanto a los métodos de investigación el periodismo encubierto está basado en la observación participante, el periodista es testigo directo de los hechos, su participación en este caso también puede ser activa o pasiva, cuando es pasiva el periodista procura no alterar la escena y solo persigue con su caracterización pasar desapercibido para poder captar los comportamientos y actitudes de personajes que actúan con naturalidad. Cuando su participación es activa, el periodista promueve los propios hechos informativos convirtiéndose en testigo y protagonista de esos hechos (López Hidalgo y Fernández Barrero, 2013: 38-39).

Hoy en día, el periodista además de la observación y la experimentación, tiene a su alcance otros métodos para poder informar, algunas veces complementarios con la observación. Equipos de filmación, micrófonos ocultos, cámaras minúsculas permiten al periodista documentar su investigación y realizar reportajes visuales de su inmersión.

A la hora de la narración el periodista puede adoptar una forma distanciada utilizando la tercera persona, aunque la proximidad, el ser testigo directo del acontecimiento hace que el relato tenga autenticidad y credibilidad. Lourdes Romero (2006: 85) asegura que el narrador no solo escribe lo que ven sus ojos, sino que además recurre a la entrevista y a la investigación documental para poder describir un panorama amplio y completo.

También se usa la crónica, el relato en primera persona. Frecuentemente es utilizado cuando el periodista participa, añade al papel de testigo el de partícipe, y el relato es enriquecido con la experiencia personal propia (Romero, 2006: 77-78).

Para poder realizar periodismo encubierto se requiere una preparación minuciosa, el periodista Pepe Rodríguez (1994: 141-144) destaca, entre los diferentes trabajos preliminares, una documentación previa y una delimitación del objeto de estudio.

153 La preparación incluye el diseño de una nueva personalidad con una transformación física y no olvidar la toma de datos, aunque las tecnologías ponen micrófonos minúsculos y cámaras al servicio del periodista, hay que tomar precauciones de los datos conseguidos, como desviar por correo las pruebas que se van adquiriendo, o tomar las notas con letra ilegible. Cuando un periodista se adentra en estos ambientes hostiles ha de tener cuidado de cómo registrar sus datos.

Existe otro modo de periodismo de infiltración: la infiltración de terceros dirigida. Según Rodríguez ésta consiste en introducir a una tercera persona en el ambiente que se quiere investigar, capacitada, dirigida y orientada por el periodista. Esta técnica no es lo mismo que el uso de confidentes, pues el confidente proporciona la información desde el ámbito en el que normalmente se mueve por su propia voluntad, en cambio el infiltrado proporciona información desde un ambiente en el que no suele moverse sino que está por iniciativa del periodista.

Los pioneros de este periodismo encubierto son Nellie Bly y Jack London, que ya a principios del siglo XX lo practicaban. En las primeras décadas de siglo fue ampliamente realizado aunque con posterioridad cayó en desuso, los pocos proyectos y las implicaciones éticas, además de que estas técnicas no eran apreciadas por algunos periodistas, medios de comunicación y audiencias, hicieron el resto.

Según López Hidalgo y Fernández Barrero, Nellie Bly y Jack London representan un claro antecedente de periodistas de inmersión, tanto del periodismo encubierto como del periodismo gonzo y han servido de ejemplo posteriormente a algunos autores para profundizar en la inmersión y la ocultación de identidad y para poder ofrecer informaciones que eran imposibles con los recursos habituales del periodismo tradicional. (López Hidalgo y Fernández Barrero, 2013: 44).

Jack London es representativo por la inmersión que realizó a principios de siglo en uno de los barrios más pobres de Londres y que se tradujo en el relato The People of the Abyss en 1903. London se convirtió en mendigo para poder hacer la inmersión, para poder describir cómo se vivía en el barrio a partir de una observación directa.

154 Jack London vivió varios meses en este barrio situado en el East End, durmiendo en sus calles, el propio Jack London en el prefacio de su obra explica:

Estaba abierto a la posibilidad de ser convencido por la evidencia de mis ojos, más que por las enseñanzas de los que no habían visto o por las palabras de quienes, pese a haber visto, se habían ido antes. Además, me llevé algunos criterios sencillos con los que calibrar la vida de este inframundo. Era bueno todo lo que se hacía para la vida, para la salud física y espiritual; era malo todo lo que se hacía en detrimento de la vida, porque duele, empequeñece y la distorsiona (London, 1904).

Nellie Bly, exponente del stunt journalism, y considerada como muckraker, practicó el periodismo encubierto. Recurriendo a distintas identidades ficticias accedía a la información. Una de las crónicas más significativas del periodismo encubierto fue su vivencia en el manicomio de Blackwell’s Island en el que se hizo pasar por paciente. En 1887 publicó el libro contando sus experiencias y lo tituló Diez días en un manicomio (Bly, 2009). En él describía los horrores de esta institución. Este relato hizo que las autoridades tomaran medidas y fueron juzgados varios miembros del equipo médico, así mismo el Gobierno redactó un protocolo de humanidad para la atención de pacientes en estos centros y destinó un millón de dólares al año para la atención de los enfermos.

Sin embargo, con otra de sus experiencias de periodismo de inmersión, La vuelta al mundo en 72 días (Bly, 2007), donde afronta desde el periodismo narrativo la máxima exposición de la subjetividad, se anticipa a lo que más tarde sería el periodismo gonzo.

Lola Huete (2009: 28) escribe:

Su narración está repleta de detalles propios de una mirada aguda, muy, muy personal, siempre atenta a las condiciones de vida, las infraestructuras, la organización sociopolítica; sobre la manera y el modo en que se trata a las mujeres en distintos lugares, de

155 comparaciones sobre sistemas de trasportes en tren o en barcos de

americanos y británicos, etcétera. Su periplo se hizo estrella. Lo que vio y contó se convirtió en éxito. Tanto o más como lo había sido el reportaje que la catapultó en 1887, Diez días en un manicomio.

López Hidalgo y Fernández Barrero (2013: 53) escriben: “Con Diez días en un manicomio, Bly se nos muestra como una pionera del periodismo encubierto. Con La vuelta al mundo en 72 días, la periodista norteamericana inaugura el periodismo gonzo. Pero todavía habríamos de esperar unos años para que Hunter S. Thompson acuñara el término”.

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