Una parte del periodismo narrativo actual se alimenta del Nuevo Periodismo americano, pero grandes periodistas como George Orwell, Jonh Hersey y Joseph Mitchell llevaban trabajando mucho tiempo antes de que surgiera esta corriente y descubriendo el poder que las técnicas del periodismo narrativo podían tener mucho antes que Wolf advirtiera del Nuevo Periodismo (López Hidalgo y Fernández Barrero, 2013: 70).
El periodismo convencional se ha estado basando en la filtración de fuentes informativas, que alejaban al periodista del periodismo de inmersión. Una de las causas que más ha distanciado al periodismo convencional o tradicional del de inmersión ha sido la adopción de la objetividad como paradigma ético e indispensable. Obvió la primera persona del autor, separó información de opinión. El periodista tomó una distancia y una neutralidad que dio lugar a una producción de textos impersonales y sin vida, sacando cualquier tipo de sentimiento del texto informativo.
163 Esta forma de realizar textos informativos comenzó a mediados del siglo XIX. El telégrafo contribuyó a que se diese este cambio en la manera de informar. Antonio López Hidalgo escribe:
Los operadores de telégrafos idearon las ruedas de informadores para que cada informador dictara un párrafo. El más importante de su información. Acabado el turno, se iniciaba el dictado del segundo párrafo. Y así hasta el final. El periodista comenzó a dejar el texto desnudo, sintético. El telégrafo además era caro y sufría continuas averías. Nace así la pirámide invertida y el estilo informativo. Pero este hábito no se impondría de manera inmediata. Tardaría todavía cuarenta años en popularizarse y lo haría de modo progresivo. El estilo expositivo se imponía en los textos informativos, sobre todo en la noticia y en las modalidades de crónicas motivadas por la actualidad. El estilo impersonal se asocia a la objetividad, restringe los adjetivos y excluye el uso de la primera persona del singular. La crónica de inmersión, en cualquier caso, escapa a la moda impuesta en los diarios. Lo hará John Reed en Estados Unidos. Lo hará Albert Londres en Francia. Lo hará Manuel Chaves Nogales en España. Lo hará Rodolfo Walsh en Argentina (López Hidalgo, 2016: 2).
También la objetividad llegará a estos autores, al periodismo narrativo. Después de la Segunda Guerra Mundial se realiza el reportaje neutral, que se impone a favor de los demás géneros. Hiroshima, de John Hersey. A sangre fría, de Truman Capote. Honrarás a tu padre, de Gay Talese. El periodismo y la literatura se cruzan, se escriben nuevos textos, y el periodista narra en tercera persona, se distancia del relato, no opina, se sale del texto. De este modo, el discurso de la objetividad, se implantará en las redacciones durante todo el siglo XX y parte del XXI. Durante un tiempo la influencia del Nuevo Periodismo y su discurso de la objetividad caló en los textos periodísticos, sin embargo, hoy los nuevos periodistas no ponen la vista en el Nuevo Periodismo y su objetividad, sino que van más atrás, en el tiempo, y hacen sus crónicas como los precursores de principios del siglo XX,
164 crónicas de inmersión características, escritas en primera persona, corriendo los riesgos que corrían los pioneros, empatizando, siendo testigos de los hechos y opinando. También los textos son extensos y suelen aparecer en revistas y libros. Es otro periodismo, es el periodismo que escapa de la actualidad, que no es nuevo, pero que sí se renueva en nuestros días. El periodista vive y siente lo que escribe, pues lo hace desde el mismo corazón del hecho informativo, por esta razón explica y expone sus sentimientos y de los que le rodean. López Hidalgo escribe:
El periodista vive y escribe desde el corazón del conflicto, empata con la realidad, sufre y se beneficia de las consecuencias de los hechos, expone los sentimientos de quienes le rodean y los suyos propios, narra, confiesa, se confiesa, cuenta qué le ocurre a él y a los demás, en primera persona, con adjetivos y adverbios, rompe la raya en el agua que divide y separa opinión de información. En definitiva, hace suyo el texto. Es decir, se implica y desvela qué le ocurre y qué siente. Su narración, a fin de cuentas, se torna autobiográfica. El periodismo del “yo” avanza con pasos firmes. Y avanza innovando en estilo y en estructura, en maneras diferentes de mirar la realidad y la vida. Desde hace más de dos décadas, el periodismo de inmersión y el periodismo encubierto, que nacen a comienzos del siglo XX, multiplican hoy sus recursos y encuentra otros viveros de donde proveerse, como son el periodismo (López Hidalgo, 2016: 3).
Los nuevos cronistas reivindican un periodismo narrativo y una crónica que va más allá del nuevo periodismo. Carolina Ethel asegura que:
No desdeñan las coloridas crónicas de los descubridores absortos de la colonización, como Bernal Díaz del Castillo o Fray Bartolomé de las Casas, y reconocen en Inca Gracilazo de la Vega al precursor de la crónica latinoamericana. No se tragan entero eso de que el Nuevo
165 Periodismo haya surgido en Estados Unidos y en cambio reivindican,
como señala la venezolana Susana Rotker en su libro La invención de la crónica (FCE), a José Martí, a Manuel Gutiérrez Nájera y a Rubén Darío, que a finales del siglo XIX aplicaban a sus despachos periodísticos la mirada escrutadora, la potencia estilística y la pretensión literaria que ahora vuelve a invadir revistas, intenta tomar diarios y se ha ido acoplando tímidamente, pero con fuerza, a la herramienta del blog (Ethel, 2008).
Algunos autores lo llaman periodismo literario a esta forma de escribir, otros periodismo personal o paraperiodismo, Bernal y Chillón lo mencionan como periodismo informativo de creación, sin embargo, hoy se habla de periodismo narrativo, en el que se utilizan las técnicas del novelista junto con los hechos que investiga el periodista. Investigación junto a calidad de estilo.
Mario Vargas Llosa hace una diferencia entre los autores del Nuevo Periodismo y los periodistas que hoy practican el periodismo narrativo en sus crónicas.
Mi impresión es que en los casos de Truman Capote, Norman Mailer, Gay Talese o Tom Wolf, lo literario llegaba a dominar de tal modo sus trabajos supuestamente periodísticos que estos pasaban a ser más ficción que descripción de hechos reales, que la preeminencia de la forma en lo que escribían llegó a desnaturalizar lo que había en ellos de informativo sobre lo que era creación. No es el caso de Leila Gerriero. Sus perfiles y crónicas utilizan técnicas que son las de los mejores novelistas, pero su método de estructurar los textos, utilizando distintos puntos de vista y jugando con el tiempo, así como dando al lenguaje una importancia primordial, tanto en la elección de las palabras como en sus silencios, no llegan jamás a prevalecer sobre la voluntad informativa, están siempre al servicio de ésta, sin permitir que la forma deje de ser funcional y termine por trascender aquella subordinación a la realidad objetiva, que
166 es el dominio exclusivo y excluyente del periodismo (Vargas Llosa,
2013:41).
Los textos periodísticos se publican en revistas impresas o digitales. Sin embargo, pronto llegan a los libros. Parecen obras de ficción pero nada más lejos. Los textos se escriben a partir de una narración literaria y se asemejan a una novela, pero son textos periodísticos, se basan en una realidad, sin ningún tipo de invención. Cecilia González indica que “tienen una mirada personal y una narración literaria, algo que es esencial en el buen periodismo pero que periódicos y revistas, llenos de fronteras y de formas impuestas, terminan por constreñir y les impiden publicar” (González, 2012: 6).
Muchos periodistas han conseguido el premio Nobel, sin embargo todos lo consiguieron por su obra literaria, hasta que en 2015 Svetlana Alexiévich lo consiguió por su producción periodística. Basset escribe que en la obra de Alexiévich “no encontramos ficción, poesía o literatura dramática, los géneros usualmente valorados como literatura, sino unos relatos casi siempre en primera persona de millares de desconocidos ciudadanos rusos y de las antiguas repúblicas soviéticas, gente común que explica sus propias vidas, emociones, experiencias e ideas” (Basset, 2015: 10).
Los libros de Svetlana Alexiévich, según Basset, tienen mucho de historia oral y de antropología social, pero lo más importante de ellos es el trabajo periodístico. Antonio López reconoce que Svetlana Alexiévich utiliza la entrevista como método de indagación, busca la confesión de las personas que vivieron la tragedia que le cuentan, sin embargo, el resultado es un soliloquio, una historia de vida, un relato contado en primera persona, en el que desaparecen las preguntas y la voz de quien las hace. Este recurso que se ha utilizado en ciencias sociales y también en el periodismo ya era utilizado por Albert Londres, Manuel Chaves Nogales, Elena Poniatowska o Ryszard Kapuscinski, entre otros (López Hidalgo, 2016: 1).
En España en la actualidad sobresalen varios nombres cuando hablamos de periodismo de inmersión como Enric González, Enrique Meneses, Ramón Lobo, Manu Leguineche, Javier Reverte o Paco Nadal.
167 En Latinoamérica, Gabriel García Márquez con su Fundación Nuevo Periodismo Latinoamericano, ha favorecido este tipo de periodismo narrativo. El editor de la revista Domingo del periódico mexicano El Universal, Salvador Frausto, decía: “Los que hacemos periodismo narrativo e investigación hemos pasado por cursos o talleres de su fundación. Descubrimos ahí que la crónica es el modelo acertado para retratar la realidad. Después se puede hablar de formatos, pero el esfuerzo y las ganas de unos y otros son similares”. Jaime Abello, director general de la Fundación Gabriel García Márquez, escribe:
Un periodismo de historias, no simplemente de noticias rápidas; un periodismo con mirada y voz de autor, más allá del producto impersonal de la factoría informativa; un periodismo bien contado, pero no por pura habilidad narrativa sino por la necesaria fundamentación en la investigación y el trabajo de campo, así como por la depuración creativa de un buen proceso de edición; un periodismo que aspira a enganchar, pero apostando a temas duros, al conocimiento, al respeto por la audiencia y no a la engañosa banalidad mediática. Esta es la apuesta vocacional y estratégica de un creciente grupo de jóvenes periodistas y nuevos medios de América Latina (Abello, 2012: 39).
Los periodistas narrativos de hoy en día, y sobre todo en Latinoamérica, no hacen el tipo de periodismo de investigación del Nuevo Periodismo norteamericano, vuelven al periodismo de crónicas de principios del siglo XX, vuelven a realizar ese tipo de crónicas similares a las que escribía Manuel Chaves Nogales. Estos periodistas escriben crónicas de largo recorrido, llegan cuando los demás, los de la actualidad, se han marchado y se adentran en los hechos con inmersión, infiltración o encubrimiento.
Norman Sims (2009) confirma que para realizar este periodismo narrativo se necesita que el periodista se sumerja en temas difíciles y complejos, en textos donde se escucha la voz del periodista, que se muestra a los lectores y que certifica que existe un autor que está trabajando dichos textos, con lo cual se manifiesta la autoridad del mismo porque se sabe
168 que sus historias son verdaderas. Para Sims, la fuerza en la que reside el periodismo narrativo se basa en la inmersión, la voz, la exactitud y el simbolismo.
La inmersión ya ha sido tratada, nos detendremos en la voz, la exactitud y el simbolismo.
Kramer (2001) habla de la “voz intimista”, refiriéndose al yo narrador-autor, cuando en el Nuevo Periodismo surgen dos vertientes, la que reivindica la subjetividad y la de la escritura realista en la que podemos encontrar al narrador omnisciente que controla escena por escena, que no se muestra en los textos de forma evidente. Esa subjetividad que se adoptó, puso de manifiesto una voluntad de estilo a la hora de tratar las crónicas y los reportajes. María Angulo Egea escribe: “Un estilo narrativo, más o menos ficcional, pero siempre sustentado por los hechos, los datos, la realidad que posibilitaba el trabajo de campo, de documentación, y en muchos casos de inmersión, del periodista” (Angulo Egea, 2009: 1). La expresión de la subjetividad encuentra en la crónica el género más apropiado y el más próximo para que el periodista pueda escribir en primera persona, tanto Nellie Bly como Thompsom, y muchos más, hicieron sus crónicas en primera persona.
La otra técnica es el reportaje neutral, en el que el periodista escribe en tercera persona y se aleja de los acontecimientos que cuenta. En el reportaje neutral, ante todo, lo que se pretende es la objetividad. Estos textos pretendidamente neutrales fueron realizados por John Hersey, Truman Capote, Gay Talese y muchos otros. Sin embargo, en el periodismo de inmersión, que se hace actualmente, se prefiere la crónica, o reportaje personal como lo llama Sims. También, hay quien encuentra su forma de expresión en el reportaje tradicional, como por ejemplo Sergio González Rodríguez (López Hidalgo y Fernández Barrero, 2013: 76).
El uso de la primera persona en el periodismo siempre ha sido un tema discutido entre los críticos, los nuevos periodistas de los sesenta optaron sobre todo por el reportaje objetivo. David Eason definió dos grupos, el primero de ellos eran los periodistas que relataban exactamente lo que acontecía en un lugar concreto, no se incluían en sus escritos y se concentraban en las realidades de sus personajes. El segundo grupo veía la vida a través de ellos mismos y se concentraban en su propia realidad a la vez que estaban presentes en sus obras. Estos recibieron muchas críticas y rechazos.
169 Los periodistas de hoy en día no se preocupan por el “yo”, pero sí por utilizar unas técnicas para que la narración sea eficaz, pudiendo precisar de una variable presencia del “yo” en determinados momentos (Sims, 2009). Mark Kramer señala que “la voz que admite el “yo” puede ser un gran don para los lectores. Permite la calidez, la preocupación, la adulación, la imperfección compartida: todas las cosas reales que, al estar ausentes, vuelven frágil y exagerada la escritura…El escritor puede asumir una postura, decir cosas que no se propone decir, implicar cosas no dichas. Cuando encuentro la voz apropiada de un escrito, ésa me permite jugar, y eso es un alivio, un antídoto contra el hecho de que las propias palabras lo vapuleen a uno” (Jaramillo Agudelo, 2011: 20-21).
Los periodistas literarios, según Sims, deben ser exactos, sus personajes tienen vida igual que en la novela, pero sus momentos dramáticos tienen un poder especial pues se sabe que sus historias son verdaderas. (Jaramillo Agudelo, 2011: 26).
Los textos del periodismo narrativo suelen tener un simbolismo, una trascendencia. Rhodes investigó durante dos años las armas atómicas para escribir su libro Ultimate Powers y le confesó a Sims “Para mí eso ha sido de una importancia tremenda. La revelación de los asuntos trascendentales del universo, el sentido de que detrás de la información hay estructuras profundas, ha sido central en todo lo que he escrito. Ciertamente es algo central cuando se escribe sobre las armas atómicas, y estoy empezando a desenterrar de esas estructuras profundas. No hablamos tanto sobre las armas nucleares como sobre el hecho de que el siglo veinte ha perfeccionado una máquina total de muerte. Producir cadáveres es nuestra mayor tecnología” (Sims, 2009).
En la obra de Manuel Chaves Nogales encontramos la inmersión, la voz, la exactitud y el simbolismo. Podemos demostrar en sus crónicas la forma en la que se introducía en los ambientes que quería describir, su escritura subjetiva, empleando la primera persona en su primera época en sus crónicas, hasta que escribe La defensa de Madrid acercándose al nacimiento del reportaje, que en sus comienzos aparecía como un género impuro. También veremos cómo trascienden en el tiempo sus historias y son simbólicas de una época de grandes luchas y revoluciones.
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