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3.6 Architecture

3.6.2 Kernel Layer

Este Episodio nos es descrito en el Éxodo IV a XIV. Aquí se nos dice que Moisés y Aarón hicieron surgir diez plagas sobre la tierra de Egipto... después de que el corazón del Faraón se endureciera cada vez más... después de que el Faraón, vencido, liberará a Israel: en fin, este será el éxodo a través del desierto, el paso del mar Rojo y la aniquilación del ejército egipcio tragado por las olas.

Alquímicamente hablando, este signo es capital. Trata minuciosamente el camino a seguir y da precisas indicaciones.

El Talmud, que contiene un relato del arresto y de la condena del Profeta, indica que la espada del verdugo se quebró sobre el cuello de Moisés.

Que los Hijos de la Luz hagan la aproximación entre este pasaje y la “cabeza del cuervo” que hace falta cortar. Que ellos anoten esta espada idéntica a la descrita por FLAMEL.

Después será la Biblia la que nos relatará los prodigios realizados (vara convertida en serpiente), muy útil recordarlo cuando la “misma” vara florecerá y se cubrirá de almendras.

¿La semiente no es el símbolo de la humedad radical alquimica; de este fuego secreto que es también una “agua ígnea” venenosa?

Además, para mostrarnos bien “aquí” la reanudación de las operaciones, abandonadas en los dos capítulos precedentes, Moisés hará comenzar las diez plagas al cambiar por “sangre” toda el agua del país de Egipto.

Seguidamente será la invasión de las langostas, de las ranas, de los piojos, de los insectos, la aparición de las úlceras y la mortalidad de todos los primogénitos egipcios.

No es un niño de la Santa Ciencia, en tanto sea poco avanzado que no haya comprendido que todos estos insectos y las úlceras que sobrevienen sucesivamente e invaden la “tierra negra” (Egipto) tienen que considerarse como parásitos de coloraciones fugaces, que caracterizan los estados sucesivos del compuesto al negro. En cuanto a la muerte de los primogénitos egipcios indica netamente que los primeros elementos tratados han entrado en la fase de la muerte, de las tinieblas y de la putrefacción.

En este estado, todo el país de Egipto está cubierto de manchas y de úlceras, también Nicolás FLAMEL dirá que hace falta bajar este cuerpo leproso al río de la regeneración, como ha sido indicado por Naamán el

retirada de las aguas del mar Rojo, ofreciendo así el camino de la libertad de los hijos de Israel; mientras que los Egipcios (tierra negra) eran diezmados y llevados por las olas.

(p. 115)

En cuanto al corazón del Faraón, que se endurecía con cada plaga aparecida, significa que el compuesto liberado del sello de Hermes se pone a secar endureciéndose cada vez más. Es además la razón que permite a los gránulos permanecer compactos y coger firmeza en sí mismos. En efecto, es cierto que si el Artista debía lavar sus gránulos en este instante, estos últimos demasiado blandos, no lo bastante compactos, se desagregarían, se desamalmagarían y se irían ellos también con las olas regeneradoras. El corazón del Faraón o compuesto negro sirve pues de alguna manera de molde sólido a la granulación todavía demasiado desmenuzable. Para resistir a los futuros lavados, el “corazón” del Faraón debe por tanto obligatoriamente “endurecerse”.

Astrológicamente, vamos a constatar de nuevo que el relato cuadra admirablemente con la casa zodiacal que lo contiene.

Escorpio, signo de agua pasivo, representa la 8ª Casa, es decir la casa de los cambios, de los milagros y de la muerte.

Todo eso es además exacto. Desde el punto de vista del cambio, podemos destacar dos primordiales. Uno desde el punto de vista general de la Obra, otro particular de esta fase. El primero indica que la materia, que estaba en Solve, pasa a Coagula (esto es muy importante, cuando se sabe que hay que operar al revés), en cuanto al segundo, marca la liberación de los gránulos.

En fin el carácter milagroso se confunde aquí con la destrucción masiva de los egipcios llevados por las olas impetuosas.

Señalemos igualmente, de paso, que otros puntos, otros detalles describen bien la naturaleza alquímica de nuestro profeta, es decir su analogía con el Azufre Filosófico. Los “Proverbios” XXXX, 23, nos dicen, en efecto: “Cuando el santo (bendito sea) dijo: “Moisés, tú te has rebajado (humillado) al decir: “¿Quién soy yo para dirigirme al Faraón?”, y yo te he honrado, pues está escrito: y el humilde de espíritu recibirá honor. Yo te haré subir cerca de mi trono de gloria y te mostraré todos los ángeles del cielo... después e esto el Santo (bendito sea) ordenó a Metratón, el Príncipe de la Presencia celeste: “Ve y tráeme a Moisés”, pero Metratón respondió: “Maestro del Mundo, Moisés no puede subir y ver los ángeles, pues hay ángeles de fuego y él es ce carne y sangre”. Entonces Dios dijo: “Ve y tráeme a Moisés, tu cambiarás su cuerpo por una “antorcha de fuego”.

“Entonces Metratón cambió el cuerpo de Moisés por una antorcha de fuego y volvió sus ojos “como las ruedas” del carro celeste, su fuerza como la fuerza de los ángeles y le hizo subir al cielo”.

Marte gobernando Escorpio, es el carro transformado en fuego, y los ojos como las ruedas del carro celeste, es la designación del fuego de rueda o fuego del azufre filosófico, que se basta a sí mismo. Este azufre es la granulación o joven rey; ofrece un aspecto esférico más o menos rugoso, es por lo que durante las diez plagas de Egipto, la Biblia nos enseña que Moisés extendió su vara (o serpiente, o SAL) hacia los cielos y el ETERNO hizo “granizar fuego”. (Exodo, IX, 23)

Señalemos también que el número de años de estancia de Israel en Egipto es ciertamente simbólico, pues la cifra de 430 años (Ex., XII, 40,41) constituye un septenario planetario disfrazado (4 + 3 + 0 = 7), septenario que los Hijos de la Luz no tendrán inconveniente en colocar al inicio de COAGULA.

No olvidemos, en fin, que la desaparición total de los Egipcios (tierra negra), arrastrados por las olas, tuvo como consecuencia inmediata el liberar definitivamente a los Hebreos (gránulos) de sus opresores.

El simple recuerdo de esta fase hará, estoy seguro, avanzar a los Hijos de la Luz y les recordará que tienen un cierto “sobrante” (superfluo) que eliminar en las próximas operaciones.

VII

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