Chapter 4: Stochastic Optimization for Large Scale OT
5.1 Kernel SGD
Durante el Porfiriato el concepto de delito y pena mudó hacia la escuela positivis- ta. Cuando concluyó el primer período presidencial del general Porfirio Díaz, bajo el go- bierno de Manuel González, se conformó una comisión con el encargo de mejorar el sis- tema penitenciario. La comisión presentó el informe correspondiente a finales de 1882. En él propuso la construcción de una penitenciaría modelo acorde con las concepcio- nes de los científicos de aquella época y la propuesta de reforma al Código Penal juarista.26 La comisión retomó el proyecto arquitectónico que Jeremías Bentham diseñó en 1791 por encargo del rey Jorge iii. El proyecto tenía como finalidad sustituir los castigos impuestos en el
sistema penal medieval, es decir, el suplicio como expiación de los delitos cometidos contra el soberano, por uno en que la sanción fuera la privación de la libertad individual y el sometimiento del infractor a un régimen disciplinario que le permitiera adquirir hábitos de convivencia social. El reporte de la comisión puso de manifiesto las condiciones de vida inhumanas y prácticas de extorsión que existían en la Cárcel de Belem:
26 agn. Secretaría de Gobernación. (1882). “Proyecto de Penitenciaria del Distrito Federal formado por la junta nombrada al respecto por el
señor gobernador Dr. Ramón Fernández”. Expediente 18, fojas 1-72.
El edificio, que como lleva muy poco tiempo de servir de cárcel, está todavía aseado. Su principal defecto es la falta de seguridad, como lo atestiguan las frecuentes evasiones. El departamento de hombres es estrecho para el número de sus habitantes. Es así inútil decir que no hay mueble algu- no en la cárcel, los presos de ambos sexos sólo tienen para dormir un petate y por asiento el suelo.
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Durante el segundo período presidencial de Porfirio Díaz, en el año de 1885 se empezó a buscar el lugar apropiado para construir tan avanzado concepto penitenciario. Eligieron los llanos de la cuchilla de San Lázaro, lugar donde desembocaba la calle Lecumberri. El ingeniero Antonio Torres Torija realizó los planos y el arquitecto Antonio Anza dirigió la obra. Diez años después se había terminado el primer piso. El General Pedro Rincón Gallardo propuso al pre- sidente contratar a la compañía norteamericana Pauly Jail Building Manufacturing, la cual hizo entrega del segundo piso del edificio el 24 de enero de 1896. En 1897 se empezó a construir el sistema de atarjeas. Finalmente, el 29 de septiembre del año 1900 tuvo lugar la solemne inaugu- ración. El primer orador fue el licenciado Ángel Zimbrón, Secretario del Gobierno del Distrito, después pronunció una pieza de oratoria el joven licenciado Miguel Macedo. El discurso de éste último evidencia su filiación al grupo de los científicos y a la escuela determinista del positivismo:
Por todo lo dicho se conoce que si cambió de lugar la cárcel pública, no por eso se reformó el sistema de la antigua. Un gran edificio en que permanece encerrada como rebaño esa porción hostil a la sociedad, sin atenerse más que a evitar fugas, ni ministrarse otra cosa que el alimento preciso para no faltar a la primera ley de la humanidad: he aquí lo que constituye entre nosotros una cárcel, y tal es la de Belem, […] no alcanzarán nunca a destruir los vicios radicales del sistema. De éste vienen todos los males de la cárcel, y que esta sea una escuela de delitos. […] El juego nunca ha podido extinguirse; la instrucción y conservación de armas prohibidas y bebidas embriagantes nunca ha podido evitarse; de ahí las riñas, heridas y aún asesinatos entre los presos, y éstos se encuentran en un estado permanente de desorden, activado por la ociosidad. Allí no hay más distinción que la que el dinero procura, el inocente calumniado se confunde con el criminal endurecido; y el que sólo es reo de una primera falta, recibe cuantas lecciones pueda necesitar para proseguir en su carrera. La cárcel no es hoy más que un foco de corrupción.27
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La ciencia cree haber encontrado y formulado las leyes que rigen el delito considerado como mero fenómeno natural, y por la boca de los iniciados en sus misterios, nos anuncia que las tendencias criminales se transforman, pero no se suprimen: que en determinado ambiente social se ha de cometer determinado número de delitos, ni uno más ni uno menos; que cada estado social supone cierto número y cierto orden de delitos, que resultan como consecuencia necesaria de su organización; que la actividad destructora del delito es proporcional a la actividad jurídica, protectora y conservadora, unida a la cual constituye todo el contingente de la actividad humana. La Penitenciaría no podrá devolver siempre al seno de la sociedad a sus reclusos convertidos en hombres virtuosos; pero no será tampoco una escuela del crimen que perfeccione en sus malé- ficas tendencia a los delincuentes, ni un antro de dolor, de miseria, de infamia o de horror que provoque la espantosa inversión moral de atraer sobre la cabeza del criminal el sentimiento de la piedad pública, retirándolo de la cabeza de la víctima, única que la merece ante la Justicia.28
El 1° de octubre de 1900 se hizo el traslado de los presos más peligrosos que habitaban la Cárcel de Belem hacia Lecumberri. No obstante, como lo señaló la prensa de aquel entonces, hubo abogados que se opusieron al traslado de los prisioneros.
3. Continuidad en las tradiciones jurídicas ante el cambio revolucionario.