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6.2 Video Analysis with Key Action Perception

6.2.1 Key Action Perception (KAP)

Claxton (2002), refiriéndose a la anatomía de la intuición, propone distintas áreas específicas de la práctica y el desarrollo profesionales, asumiendo la intuición como “la

aprehensión inmediata del contexto, sin la intervención de ningún proceso de razonamiento” (p. 53). Aquí se exponen las experticias del naturalista a la luz de esta categorización, entendido el aprendizaje de las ciencias naturales en el escenario de un contexto de vinculación con el medio natural y las experiencias de primera mano, ya que obviamente un buen profesor de ciencias sin ser un naturalista también las poseería en el aula formal. Así mismo, esta reflexión se posiciona en una presunción ideal respecto a que asume que el naturalista del que se hablará tiene experticias en lo pedagógico. Es claro que

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esta condición no tiene porque darse en todos los casos, por eso se aplicará a los casos documentados en la enseñanza desde esta mirada de ―profesor-naturalista‖ (Capítulo 1.4.) La pericia: Se refiere al manejo espontáneo y fluido del campo de acción que le es familiar (Dreyfus, 1986). En el caso de un profesor experimentado, él puede reajustar la dinámica de una clase de forma magistral sin mayor reflexión durante la acción, de igual forma un pianista virtuoso puede, de forma inmediata, realizar variaciones para una pieza en la misma ejecución. Ambos al final de la acción tendrían dificultad para explicar racionalmente el flujo y la forma en que articularon sus acciones, debido a que probablemente les llevará un largo proceso de reflexión. La pericia del naturalista no es menor tratándose del aula ―deconstruida‖ del medio natural. Esta aula le impone la presión constante de la ―sorpresa‖. La infinidad de fenómenos que ocurren (ej. Un pájaro carpintero que aparece de improviso o un par de arañas apareándose, etc.), sumado a los sentidos hambrientos de experiencia de los niños, transforman este espacio intersubjetivo en un aula de ciencias dinámica por excelencia. El naturalista tendrá la responsabilidad de orquestar, basado en su acervo de experiencias anteriores, todos estos estímulos, de tal forma que den curso al aprendizaje y su vinculación, atendiendo o haciendo evolucionar el objetivo propuesto previamente para la experiencia.

El aprendizaje implícito: Referido a la adquisición de habilidades por medios no conscientes o conceptuales. La maestría por definición no puede ser explicada en su totalidad, “abarca observaciones, distinciones, sentimientos, patrones de percepción y

matices que son demasiado sutiles para poder ser capturados con precisión por una red de palabras” (Claxton 2002, p. 54). Estos patrones y vínculos con un saber provienen necesariamente del camino que recorrió el maestro para llegar a saber; camino que es personal y que se relaciona con experiencias propias, ligadas a aprendizaje de ese saber. El aprendizaje a través del ensayo y error o la interacción prolongada con las experiencias, revela que la maestría emerge mucho antes que la comprensión consciente y total del fenómeno (Berry & Dienes, 1993). En las historias de vida del naturalista (Noss 1996, Elórtegui 2014) se evidencia que su conocimiento y dominio del medio natural es por lo general muy anterior –infancia- a su formación teórica y académica como científicos; sus

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experiencias con ―bichos‖, la exploración primera junto a naturalistas legos o incluso la exploración de su propio jardín, marcaron una tendencia futura. Es de interés para esta tesis, el profundizar en la idea respecto de una afinidad aguda predefinida a nivel orgánico respecto de una atracción hacia las cosas vivas, idea tomada de Fromm e insinuada por Wilson (1993) en su obra ―biofilia‖. Así como hay niños que en sus primeras etapas un bicho les es repulsivo, a otros les atrae como un imán.

El juicio: Concierne al discernimiento intuitivo inmediato respecto del que ―simplemente sabe‖. Esto no debe llevar a la interpretación errónea de infalibilidad de la intuición o verdad inspirada incuestionable; ésta es tan falible como cualquier otra acción humana racional o instintiva. El valor está en su correcta dimensión dentro de lo humano y no en lo sobrenatural. El naturalista tiene la capacidad de emitir juicios intuitivos expertos en lo que le corresponde, que es el medio natural como contexto complejo, así como un cazador ancestral lo hacía en su medio. Por ejemplo: “A cierta altura y en tal lugar encontraremos

agua”, “a las doce del día el clima cambiará”, “éste no es un buen lugar para acampar con niños” etc. La mayoría de estos juicios no son acompañados de una racionalización o incluso en oposición a la lógica. Provienen del cúmulo de experiencias que le sobrevienen como un todo y emergen en un par de palabras. Lo mismo hace un profesor experto cuando abre la puerta de la sala y dictamina: “hoy no va a ser un buen día” o un doctor con mirar a los ojos a un paciente dice: “usted tiene algo más complicado”.

La sensibilidad: También definida como una elevada sensibilidad a los indicios. La capacidad de ver o percibir (con todos los sentidos) de forma integrada un gran número de detalles sin necesidad de racionalizarlos, la ―sensación de saber‖. Claxton (1997) habla de este ―sexto sentido‖ que no es otra cosa que una agudización de los otros cinco. Todos los poseen, por ejemplo en relación al lenguaje hablado y la interpretación de las sutilezas del rostro al interpretar los mensajes…leemos entre líneas todo el tiempo. El naturalista a medida que abarca el aula natural con niños, va atrapando todo lo que sucede en el entorno natural; es capaz de sugerir una parada donde al momento siguiente ―sucede algo‖: un grito de un ave, la llegada de un insecto polinizador, un aroma que trae el viento o el cansancio de sus alumnos a las explicaciones y es momento de ir al río. Es interesante el contraste de

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lo dicho con un curriculum y tiempos escolares estandarizados, que muchas veces niegan este sentido en el profesor experto.

La creatividad: También podría denominarse el concepto de “¡Eureka!”. La dimensión estética de la ciencia y la pedagogía como ―artes‖, lleva a la cuestión de que la expresión de ellas es similar en evolución al camino y procesos que recorre el artista en su obra y sus estados de iluminación. Procesos que se atribuyen a la vida interior, emocionalidad, y que están asociados con los dominios artístico/estético, tales como la contemplación, la visualización y la imaginación (Klein 2008). Muchas veces la resolución de problemas o grandes ideas sobrevienen no por una saturación reflexiva y racional, sino que aparecen fugaces en estados de tranquilidad o divagación a-direccional. En relación a los naturalistas, el aula que éstos habitan es de suyo una invitación a la contemplación, a la estimulación de los sentidos y a la problematización. La naturaleza aparece en toda su complejidad a diferencia de esquemas o experimentos simplificados del aula formal. El aprendizaje supera con mucho la alfabetización científica de la razón; el alumno y el profesor reciben experiencias vitales. En estos escenarios liberados de la tensión espacial y temporal del aula formal, y que apelan a experiencias ―densas‖, surge la posibilidad del descubrimiento de patrones nuevos y asociaciones originales. Las investigaciones demuestran que la creatividad se incrementa en los estados contemplativos y que las personas que son capaces de acceder mejor a estos estados son más creativas (Lynn & Rhue 1986).

La cavilación: Se describe como la acción de rumiar las experiencias para poder extraer sus significados e implicaciones. Si es cierto que esta acción se ajusta más a un proceso de pensamiento reflexivo, la cavilación más que un acto ordenado, objetivante y evaluador del pensar, es algo así como un ―vagabundeo‖ por las experiencias vividas y que se relaciona en sus frutos con lo señalado respecto a la creatividad. La cavilación, en el caso del naturalista, es un paseo por el jardín de sus experiencias en el medio natural. Un constante reajuste de lo que vive en el momento con lo vivido en el pasado. Su objetivo no es sacar una conclusión sino que reordenar y actualizar el cúmulo de experiencias. Es una experiencia fenomenológica que lo devuelve constantemente a la observación del objeto y del fenómeno reposicionándolo en el principio.

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