En numerosos estudios se ha puesto de manifiesto el hecho de que, quizás, Wilde esté exponiendo demasiado su propia persona al escribir su única novela. Esta afirmación parte incluso del propio Wilde en algunas de sus cartas a los periódicos, auqnue también ha sido cuestionado por parte de algunos teóricos entre los que cabe destacar, por ejemplo, a Nicholas Frankel.18 Frankel hace especial hincapié a este hecho en su investigación
sobre Dorian Gray que llevó a cabo en 2011 basándose en la recuperación del texto original de 1890. No obstante, si que hay algo cierto en todas esas afirmaciones y que además, está unido a la visión de Wilde como artesano. Wilde como artista, Wilde como autor, no consigue ocultarse del todo en esta novela, por lo tanto, no consigue desligarse de su producto artístico y, por consiguiente, no consigue crear el contexto artístico apropiado. Esto último se entiende como un fracaso por parte de Wilde como artesano, pues, precisamente, ése es el primer estadio que compete al artesano. Esto mismo se puede interpretar a su vez, como una explicación plausible al hecho de que recibiese tantas y tan variopintas críticas. Y además entronca con otra realidad, que evidencia que ni los lectores, ni la crítica de aquel momento, estaban preparados para comprender el esteticismo que Wilde defendió en su prólogo, con su aserción de que un libro no es moral o inmoral. Barbara T. Gates abunda en el problema de la recepción que obtuvo Dorian, frente a la de Dr. Jekyll, y concluye que:
The ending of this novel was problematical for late Victorian readers. Wilde’s odd preface, which reads like an aesthetic’s version of Blake’s “Proverbs of Hell,” warns that “there is no such thing as a moral or an immoral book” and that “those who read the symbol do so at their peril.” Nevertheless many did read the symbol and wondered whether the book were moral or immoral. (124)
La visión que aporta a la novela su papel como artesano, entendido en los términos que hemos explicado en el segundo capítulo, supone consumar la recepción existente hasta nuestros días. Wilde como artesano ofrece la posibilidad de abordar sus obras desde este
18 El propio Wilde afirmó de la novela que “[it] contains much of me in it. Basil Hallward is what I think I
am: Lord Henry what the world thinks me: Dorian what I would like to be –in other ages, perhaps.” Y de este mismo comentario, Nicholas Frankel sostiene que “[n]onetheless the novel does have numerous autobiographical elements, … Wilde’s comment suggests that the novel is a work of art that embodies his own ‘secret’” (Frankel 14).
punto de vista, así como hace posible que se vea cómo los propósitos estéticos que defendía, se hacen efectivos en las mismas, a pesar de que en The Picture of Dorian este mecanismo quedó a punto de alcanzar la cúspide de maduración de una técnica en la que el artesano ha de jugar su papel. La novela, entendida como un objeto en sí mismo, ha de ser también incluido y tenido en cuenta como objeto artesanal que nace de la faceta de Wilde como artesano. La presentación de la misma, una vez fue reeditada, fue cuidada hasta el último detalle. A petición de Wilde, se elaboró una tirada de serie limitada, que constaba de doscientos cincuenta ejemplares, decorados de forma exquisita por Charles Ricketts.19 Pero, lo que es aún más importante, en esta segunda reedición Wilde, aprovechando quizás que tanto su novela, como su persona, para bien o para mal, estaban en boca de todo el mundo, hizo algo que fue novedoso para su época y que jugó además con la idea de hacer único un libro que, de por sí es, en palabras de Walter Benjamin, reproducible. Wilde firmó y enumeró esas doscientas cincuenta copias confiriéndoles así la idea de producto exclusivo, y adquiriendo así su firma como autor reconocido. Esto le ha hecho perpetuar su nombre en el tiempo, ya no como escritor, sino como objeto susceptible de ser coleccionado. De hecho, y este dato se aporta como algo anecdótico, hoy día las copias de esos doscientos cincuenta ejemplares oscilan entre los tres mil y quince mil dólares aproximadamente, dependiendo del grado de conservación y otro tipo de factores, tal y como recogieron en su The Complete Works of Oscar Wilde: The Picture
of Dorian Gray los estudiosos de Wilde, Russell Jackson, Joseph Bristow y Ian Small:
In 1891 Ricketts’s remarkable design for The Picture of Dorian Gray fulfilled Wilde’s enduring requirement that the material attributes of his books should accentuate his commitment to aestheticism. … Ricketts’s unique lettering on the title-page –which is the same in both the small-paper and large-paper editions– rejects ‘many of the conventions of the Victorian publishing’ (Introduction: xxv).
Así, en su faceta de artesano, Wilde está creando un ‘objeto’ de gran valor que, aunque se (re)produce en serie, se convierte en una serie limitada. Aunque el artista no pudo esconderse en el ‘contenido’ del libro, pues la prensa y demás le achacaban que se veía a
Wilde por todas partes, quizás sí que consiguió crear un libro que, como objeto artesanal,
cumpliría el propósito de individualismo y de sobreponerse al paso del tiempo.20
19 Charles Ricketts fue un artista polifacético, reconocido por su labor como ilustrador, aunque también fue
escritor e impresor inglés. También se reconoce a Charles Ricketts por sus diseños de libros, y sus diseños de vestuarios y decorados para la escena.
20 En el capítulo cuarto se verá como The Picture of Dorian Gray, es un avance más hacia la verdadera
En Dorian Gray se ve en todo momento a Wilde como artesano a través de las descripciones minuciosas a las que nos referíamos al principio, ya que suponen el contexto de reubicación de los distintos objetos artísticos. Para vislumbrar la significación latente en la elección y mediación de dichas piezas en el texto, nos referiremos a estudios cercanos al análisis cultural, como es el caso con el llevado a cabo por Anne Anderson, en el cual realiza un detallado examen de los objetos que se coleccionaban en ese momento, así como una propuesta sobre lo que éstos podían significar. Pero, al mismo tiempo, nos alejaremos de algunas de sus posturas y aportaremos las nuestras propias, ya que también se ve cómo en su análisis no solo aparece el acercamiento cultural a ciertos objetos de la novela, sino que además se ve como este enfoque convive en armonía con una visión en la que dichos objetos están en estrecha relación con una recepción de ellos desde la Queer Theory. Insistimos que, tal y como explicamos en el capítulo anterior, nuestro acercamiento completará entonces el análisis de los objetos, pero en referencia a la faceta de Wilde como artesano, como concepto estético del que él mismo se valió, para sobresalir y proponer una especie de reconciliación entre el arte y el artista creador y el mundo industrial en constante auge. Podemos ver, por tanto, que los objetos que son elegidos para ello son los que darán soporte a la función del artista como artesano en su labor de ocultar y como creador de verdaderos contextos para éstos. Una de las formas es precisamente a través de la creación de colecciones de objetos, donde se nos permite ver qué matices se consiguen soterrar en ellos y qué muestran, al mismo tiempo, desde el punto de vista artístico.
Se ven constantemente en Dorian Gray objetos que están hechos por la mano del hombre y que suponen una pieza única e individual frente a las producciones en cadena, cuyo objetivo es intrusivo y actúan como un impostor en su disputa silente porque se les considere arte. Por otra parte, aparecen también los objetos industriales que llevan aparejados una carga negativa en su significación y que, quizás de una forma maniqueísta, aparecen confrontados a los objetos artesanales, que gozan de una absoluta consideración artística, así como de Belleza. No obstante, adelantamos que habrá contadas ocasiones donde este rol, intercambie sus papeles y cambie por tanto su significado por completo. Por supuesto, cuando esto sucede, hay una intencionalidad manifiesta en llevar a cabo esta alteración. En consecuencia, cuando esto ocurre, los objetos artesanales y bellos
el artesano. Su novela le facilitó su avance hacia el teatro, como género donde realmente conseguirá este propósito.
obtendrán una significación negativa –ya que no están ocupando el contexto adecuado, o se les está otorgando una utilidad que no han de desempeñar, y como ejemplo de esto tenemos el propio retrato– en cambio, veremos como aparecen algunos objetos industriales con una acepción más amable o positiva de ellos mismos –como puede ser el caso de la fotografía.
Para empezar a rascar un poco más en la superficie de lo que los objetos pueden esconder y de cómo estos pueden mediar en el conjunto global de la novela, nos centraremos, a modo de ejemplo, en el momento en que aparece la taza de té. La taza de té, así como el resto de piezas que conforman el juego de té que se menciona en la novela, ha sido realizada por un artesano experto en ese campo, y lo hace bello no solo para que deleite como una pieza artística en sí, sino para que además sea un objeto útil al mismo tiempo. Pero, por otra parte, se puede inferir también de esa taza de té que las condiciones de trabajo o el contexto de su creación no han sido quizás los más adecuados para ese creador artesano, ni tampoco lo son para la finalidad con que dicho objeto se ha producido. Por tanto, ese mismo objeto, desubicado de ese contexto de ficción, trae detrás de sí esa realidad de condiciones laborales deplorables, pero, en el contexto que Wilde le proporciona en la ficcionalidad que recrea en la novela, este objeto sólo trae consigo la información referida anteriormente, a saber, que se trata de un objeto artesanal, bello y útil.21
Este hecho de las condiciones de producción se hace patente de forma expresa en algunos de los cuentos de Wilde, en concreto lo podemos ver en The Young King, donde el joven rey no puede aceptar que sus joyas y sus galas de rey vengan de manos de la tiranía de una forma de gobierno que explota a aquellos que están a su servicio, pero que, por otra parte, nos muestra las diatribas de los propios oprimidos que no quieren cambiar esa forma de vivir porque muy probablemente, eso les supondría el morir de hambre, por lo tanto, la problemática de la creación artística bella está unida a la intrusión constante del estado en el proceso y se ve la incapacidad por parte de nadie de plantearse tan siquiera que pueda haber otra forma de sociedad que permita romper esa dependencia. Parece que entonces es mejor que las cosas sigan como están. En este punto, no podemos olvidar que Wilde esbozó una forma de sociedad idílica para que la creación artística se diese bajo
21 Cf.: “[A]ll things are either beautiful or ugly, and utility will be always on the side of the beautiful thing”
unas nuevas condiciones que, además, beneficiaría a todos y cada uno de sus miembros. Aunque este modelo de sociedad sería – según expresa él mismo en The Soul of Man – una utopía y, por lo tanto, de difícil cabida en la práctica de la realidad.
Wilde como artesano, en Dorian Gray, es más efectivo que en sus cuentos, pues es capaz de, a través de la ficción, crear las condiciones contextuales a un producto artístico y situarlo frente a las producciones industriales como única posibilidad de preservar el individualismo del hombre.