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Chapter 2 LITERATURE REVIEW

2.12 Factors Influencing SDMP

2.12.1 Knowledge Sharing and Knowledge Resources

El seguimiento a las trayectorias sociales permite establecer la conexión de los individuos en los diferentes campos del espacio social (Arango, 1998). En esta forma, es posible establecer la interrelación entre familia y trabajo, sin atender a visiones deterministas. Arango observa que al revisar estudios latinoamericanos sobre las relaciones entre familia y trabajo referidos a mujeres obreras, las trayectorias laborales y vitales están determinadas por las estrategias de sobrevivencia de los hogares. En esta forma, la familia es un intermediario “decisivo” entre las oportunidades socioeconómicas y las opciones individuales de las mujeres, pero no se le da peso a sus estrategias individuales. Para estas mujeres obreras, el matrimonio habitualmente significa el estancamiento o descenso en el estatus económico y laboral.

Las ejecutivas se diferencian en que hay un mayor peso de las estrategias individuales. Si bien la familia de origen define la estructura de oportunidades para los dos grupos, actúa de manera distinta, cerrando oportunidades a las mujeres obreras en tanto que para las mujeres profesionales les transmite un capital social de base, en el cual la educación

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y los valores son factores fundamentales de ascenso. (Arango, 1998: 178). Las mujeres profesionales y ejecutivas más jóvenes tendrán la disyuntiva de renunciar a la maternidad, o ejercerla de manera tardía. En mujeres de clase media habría una mayor inclinación a definir proyectos de vida tradicionales como amas de casa. Las mujeres obreras de nuevas generaciones tratarán de construir relaciones de pareja más equitativas.

En síntesis, mientras para las mujeres ejecutivas “las familias de origen aportan un capital social y cultural que las estimula a buscar un desarrollo educativo y profesional, el matrimonio y sobre todo la maternidad determinan limitaciones en los ritmos y posibilidades de sus carreras. Aunque su situación en la vida reproductiva y el ciclo de vida familiar repercuten sobre sus oportunidades laborales y determinan desventajas con respecto a las trayectorias masculinas, no les impiden desarrollar una carrera profesional relativamente exitosa” (Arango, 1998: 181). La identidad en las mujeres ejecutivas se modifica; replantea el papel de madres y esposas, para encontrar nuevos significados en la vida laboral e incluso en otras dimensiones (artística y espiritual), si bien con frecuencia el acceder a esferas de poder puede impedirles ver aspectos de dominación de género, “al interiorizar valores masculinos y reproducir inequidades de género en su familia” (Arango, 1998: 195). Algunas situaciones contradictorias pueden encontrarse en estas historias de vida, como la influencia decisiva del padre para que la hija rompa con el papel tradicional de la madre…

A partir de las entrevistas realizadas se puede plantear que hay una trayectoria que tienden a seguir el conjunto de los negocios: Entre las empresarias más jóvenes predominan las empresas informales y por cuenta propia, a diferencia de las empresarias de mayor edad cuyos negocios son de mayor tamaño y con predominio de lo formal. Ello indica que a lo largo del tiempo se recorre una trayectoria de crecimiento y maduración empresarial. Sin embargo, hay excepciones a este patrón: son las empresas de las mujeres de mayor edad o que trabajan por cuenta propia en negocios con limitado potencial de crecimiento, así lleven años de funcionamiento; sus propietarias se caracterizan por su menor nivel educativo y escaso capital simbólico.

Los negocios han seguido distintos caminos para llegar a su estado actual. De una parte están los que iniciaron a partir de emprendimientos, sin capital alguno; solo con el

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aporte en trabajo de las empresarias. Después de muchos años de trabajo persistente y de sortear adversidades, este tipo de negocios apenas llega a convertirse en una microempresa o pequeña empresa. En contraste, cuando contaron con aportes iniciales de capital por parte de las mujeres y/o de sus esposos, además de un capital simbólico representado en mayores niveles de educación y contactos, las empresas alcanzan un mayor tamaño, sea pequeña, mediana o grande. Es discutible, a partir de lo conocido en esta experiencia, que el emprendimiento determine la conformación de microempresas. Algunas de las mujeres que trabajan por cuenta propia, en actividades que pueden calificarse de emprendimiento, no logran conformar una microempresa en tanto actúan como mujeres jefas de hogar, carecen de capital y tienen menores niveles de educación. Todas las entrevistadas afirman que la experiencia laboral previa fue determinante para adquirir la experiencia necesaria para montar un negocio. Catorce de las entrevistadas trabajaron con anterioridad en actividades similares a los negocios que luego establecieron; las otras seis iniciaron negocios diferentes a la experiencia que traían consigo, aunque les sirvió de base para realizar adaptaciones o cambios en su entorno de negocios.

En lo que concierne a la trayectoria de las mujeres empresarias, difieren de las trabajadoras y de las ejecutivas en que modulan el tiempo según sean los requerimientos de su vida personal y familiar o su vida laboral puesto que la flexibilidad de la actividad se los permite. Así, pueden ser madres a temprana edad, retirarse parcialmente de la actividad productiva para volver a ésta con mayor intensidad cuando han cumplido con la maternidad y la crianza, lo que pocas veces sucede cuando se trata del mundo ejecutivo.

Vistas de manera individual, las trayectorias de las empresarias estudiadas son tan heterogéneas como lo es su composición. A partir de este escenario diverso se pueden definir tres tipos de trayectorias: la primera corresponde a las empresarias que, a semejanza de las ejecutivas que caracteriza Arango (1998) tienen una mayor posibilidad y disposición para definir sus proyectos de vida individuales. Pertenecen al grupo de empresarias cuyas edades oscilan entre 35 y 50 años; estas empresarias han tenido oportunidad de incorporar las nuevas opciones y cambios del entorno en su patrón de vida. Una mínima base económica obtenida a través del tiempo en sus

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negocios (propiedad de activos) y de capital social y simbólico (educación universitaria o acceso a redes de contactos sociales y económicos) les permite tener la suficiente libertad económica como para plantearse alternativas de vida y trazar un camino a seguir. A este grupo, que podemos llamar de empresarias “de vanguardia”

Un contraste con este tipo de empresarias lo ofrecen aquellas que forjaron su empresa a partir de un bagaje prácticamente ausente de capital simbólico y que hacen parte de la generación de mayor edad (más de 60 años); estas empresarias, que podemos denominar “tradicionales” orientan su vida en función de la preservación del orden familiar, que se amplía hasta velar por la familia extensa. A pesar de contar con capacidad económica y activos, se asemejan a las empresarias de “subsistencia”, las cuales son equiparables a las trayectorias de las obreras descritas por Arango (1998). En este caso las tradicionales se preocupan por brindar, con los recursos alcanzados en sus negocios, oportunidades a los miembros de la familia con su mediación, pero no hay proyectos de vida individuales. El legado o transmisión familiar enfatiza en educación o activos. En una trayectoria intermedia están las empresarias “familiares”, en su mayor parte microempresarias; este tipo de mujeres han empezado a avanzar hacia una mayor autonomía, pero como lo ha descrito Pineda (2003), en procesos que no están libres de múltiples contradicciones. Los negocios que se adelantan en actividades altamente competidas como producción, procesamiento y comercialización de alimentos y de confecciones componen la mayor parte de las microempresas y de los negocios por cuenta propia. En cambio, las empresarias de vanguardia tienen productos o servicios exclusivos, por lo que la generación de valor es relativamente alta a la vez que la competencia es mínima.

5.2.1 Las empresarias tradicionales

Tres de las empresarias se pueden clasificar en este grupo. Las empresarias tradicionales se forjaron bajo las condiciones restrictivas de la época, con bajos niveles de educación o con el tipo de educación femenina ofrecida para el momento (bachillerato con énfasis en educación); iniciaron su actividad independiente obligadas por las circunstancias, con un aprendizaje empírico; en el momento de la entrevista trataban de de darle continuidad a sus empresas a través de hijos hombres, en quienes depositan su confianza.

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Los negocios iniciados por las empresarias tradicionales surgieron de evaluaciones espontáneas acerca de la posibilidad de obtener ingresos de sus iniciativas. Si bien la experiencia laboral contribuyó a concretar los negocios, este grupo de empresarias debieron crear buena parte de su camino a través de ensayos de prueba y error.

El crecimiento de sus empresas estuvo limitado por los alcances definidos por los esposos varones cuya autoridad fue aceptada, aunque fuera tardíamente objeto de cuestionamiento debido a la poca participación económica y al bloqueo persistente implícito o explícito a la iniciativa de las esposas. En este grupo es clara la prioridad de educar a la familia o apoyar la compra de bienes raíces en contraste con la inversión en la empresa; se aprecian las cualidades del ahorro de las mujeres en beneficio de los hijos y nietos. Los riesgos empresariales son mínimos, puesto que hay mayor orientación hacia las inversiones seguras y confiables.

Estas empresarias tradicionales tuvieron un acercamiento temeroso al crédito, que luego vencieron a través de las políticas amigables de entidades bancarias como el Banco Caja Social, entidad que facilitó el acceso bancario a partir de los pocos trámites y requisitos. Las posibilidades de rentas o de una pensión fueron sacrificadas por algunas de estas mujeres en beneficio de la familia.

5.2.2 Las empresarias de vanguardia o innovadoras

Siete de las empresarias, de un total de 20, se pueden incluir en este grupo. Se desempeñan principalmente en la oferta de servicios (pirotécnia, hotelería y restaurantes, servicios veterinarios, venta de software). Algunas de las empresarias de vanguardia tienen características semejantes a las descritas por García de León (2002) en las trayectorias de las herederas. Hijas mayores, sus padres o madres profesionales fueron un incentivo importante para culminar los estudios universitarios y en ocasiones, hicieron aportes en capital monetario o simbólico para que sus hijas iniciaran sus negocios (en cuatro de los casos estudiados) o su enseñanza fue un factor fundamental en los emprendimientos.

Uno de los casos (la empresaria de la pirotecnia) ilustra la doble condición descrita por García de León (2002) de herederas y heridas, en el cual el padre transmite a su hija

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tanto el capital monetario como simbólico, incluidas algunas de sus características de empresario, como seguridad en sí mismo, cualidades organizativas y de manejo. Pero a la par, surgieron contradicciones y rupturas con la empresaria-hija con la figura doméstica de la madre.

Las empresarias de vanguardia pertenecen a una generación intermedia; son mujeres entre 30 y 55 años, con mayor nivel educativo, una mirada más flexible hacia la familia y con mayor disposición o información que les permite utilizar los servicios públicos y privados para la empresa; hay mujeres que optaron por la separación de sus cónyuges; La mayor parte de estas mujeres tratan de generar una pensión a futuro a partir de rentas obtenidas de ahorros en activos fijos.

Las iniciativas de creación de empresas surgieron para aprovechar buenas oportunidades del momento así como experiencias afines en trabajos anteriores. Todas las empresarias de este grupo tuvieron experiencias laborales de intensa formación y exigencia en el aprendizaje, base para el futuro emprendimiento.

La presencia de un tutor (padre, amigo, esposo, consejero) marca una diferencia apreciable con el resto de las empresarias. Los mayores niveles educativos, de tipo técnico o profesional y el acceso a redes de relaciones sociales favorables les han permitido potenciar sus negocios y generar posibilidades de innovación hacia nuevos productos, nuevos servicios o nuevos mercados.

Aunque manifiestan una percepción de mayor libertad y autonomía en su vida personal y familiar coinciden con las ejecutivas en la gran soledad que con frecuencia sienten, puesto que el peso de las decisiones recae sobre ellas, y no cuentan con alguien en quien puedan delegar por completo. Como las ejecutivas, en este grupo de empresarias de vanguardia es mayor la proporción de mujeres separadas o solteras.

5.2.3 Las empresarias familiares

Ocho de las veinte empresarias pertenecen a este grupo. Se desempeñan principalmente en el ramo de confección y alimentos. Las empresarias familiares son aquellas mujeres que empezaron con una iniciativa de emprendimiento y han madurado hacia una microempresa luego de muchos años de trabajo y dedicación. Todas sus iniciativas surgen de actividades tradicionalmente signadas como femeninas (confección) o

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predominantemente femeninas (comercio y servicios). La mitad de mujeres de este grupo tienen propiedad compartida con el esposo, en cuyo caso la actividad tiende a tener una mayor influencia masculina (industria, ebanistería). El mayor número de mujeres que tienen su lugar de trabajo en su vivienda está en este grupo. Su principal objetivo y proyecto de vida gira alrededor de la familia, la cual es predominantemente nuclear completa.

Los negocios, planes y estrategias se subordinan a los propósitos principalmente familiares. El orden de género se preserva, con la primacía masculina particularmente cuando es clara la condición de los hombres como proveedores. En caso contrario, en las generaciones de mujeres jóvenes, se subvierte dicho orden y las mujeres pueden empezar a ganar autonomía de tipo económico, confirmando lo ya encontrado años atrás por Pineda (2000).

En algunos casos, los tutores masculinos, principalmente los esposos con un mayor nivel educativo o con experiencia administrativa, han alentado algunas de las experiencias de negocios y en ocasiones han llegado a incidir activamente en la estructura productiva, organizativa o en los contactos comerciales. Desempeñan el papel de “mecenas multifacético” al que alude García de León (2002).

5.2.4 Las empresarias de subsistencia

Dos de las entrevistadas hacen parte de este grupo; su trabajo es principalmente el comercio itinerante. Está conformado por las trabajadoras por cuenta propia, quienes están en las condiciones laborales más precarias en la medida en que carecen de oportunidades laborales y de medios de subsistencia. Un rasgo común a este tipo de empresarias es que carecen de un lugar fijo de trabajo, por lo que son itinerantes.

En la perspectiva de García de León (2002) se podría denominar a estas empresarias como “doblemente heridas” en la medida en que carecieron de apoyo familiar o los modelos paterno y materno están a contravía de las aspiraciones e intereses de las entrevistadas. Las contradicciones familiares son notorias en este tipo de trayectorias. Las políticas públicas tratan de incidir en este grupo con una variada capacitación, la cual pierde eficacia ante el mínimo acceso a capital y a activos productivos por parte de

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este estrato de empresarias, como se podrá apreciar cuando se presenten los casos correspondientes.