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5.2 Assessing Interdependent Security of Service Compositions

5.2.2 Building Domain Models

5.2.2.4 Known Limitations

En nuestro esquema hablamos de tres tipos de predisposición: la socio-cultural, la biológica y la psicológica. Aunque pueda parecer que cada una va separada de la otra, por lo que llevamos visto hasta aquí ello no es así, sino que interaccionan unas con otras a un tiempo y se influencian mútuamente en una persona concreta e individual. La clave del ser humano está en su maduración biológica y en el aprendizaje para ser autosuficiente en el medio social en el que ha nacido. Esto va ocurriendo desde el nacimiento a través del desarrollo físico (ej., peso, altura, habilidades motoras), desarrollo cognitivo (ej., adquisición de conceptos, memoria, lenguaje) y personalidad y desarrollo social (ej., cambios en autoconcepto, identidad de género, relaciones interpersonales).

Por tanto, desde la predisposición psicológica, o elementos psicológicos de la persona que van a marcar sus acciones futuras, los tres elementos centrales que podemos diferenciar respecto a la conducta que va a emitir esa persona son el aprendizaje, la personalidad y la inteligencia. Sin aprendizaje no hay conducta y, en el ser humano, no hay vida. La persona se moriría si no es capaz de poner en marcha cualidades mínimas de aprendizaje del tipo más simple, las incondicionadas o biológicamente dadas. A partir de ellas se va produciendo en función de la madurez biológica del individuo los distintos procesos de aprendizaje en la esfera motórica, lenguaje, memoria, habilidades, etc. Mediante el mismo se desarrolla la persona, su personalidad, teniendo también gran relevancia la inteligencia, o capacidad o habilidad de aprender de la experiencia, pensar en términos abstractos y funcionar adecuadamente en su propio ambiente.

Para poder estimar lo poderoso que es el refuerzo que produce una droga hay que saber con qué otros refuerzos compite esa droga, como pueden ser en los humanos, aparte de la comida, el agua y el aire, el dinero, el matrimonio, la crianza de los hijos, una buena profesión, etc. Desde la perspectiva de la economía conductual

(ej., Carroll, 1993), por ejemplo, si el consumo de cocaína se debe a no tener alternativas adecuadas a la misma, buscarlas a través de reforzadores adecuados es una buena alternativa terapéutica (Higgins, Bickel y Hughes, 1994). También pueden aparecer refuerzos nuevos a lo largo del tiempo, o los refuerzos de un grupo social o de una cultura cambiar con el tiempo, mudando unos por otros (ej., del honor y de la honradez de otras épocas, como valor esencial, al dinero y estatus económico como uno de los valores actuales más importantes).

Distintos estudios (ej., Falk, 1996) encuentran que el consumo de drogas no depende siempre de sus propiedades farmacológicas, sino de sus propiedades esperadas (expectativa). Hay una amplia línea investigadora sobre el efecto de las expectativas, en donde a consumidores habituales o recreativos se les hace ver un efecto de una sustancia, no necesariamente el farmacológico, y cuando se les da a elegir consumir entre varias drogas, eligen la que se adecúa al efecto “esperado” más que al efecto “farmacológico”. De ahí que los estímulos discriminativos son de gran importancia aquí.

A su vez el genotipo y el ambiente influencian a la personalidad del sujeto y a su conducta desde el nacimiento. Sin embargo, son tres variables que interaccionan entre sí a lo largo de la vida. Aunque el componente genético es relativamente fijo, el ambiente y la personalidad son variables, cambiables e incluso manipulables, dado que tenemos cierta capacidad de elección de unos u otros ambientes (ej., si decidimos cambiar de ciudad de residencia). Esta variabilidad es la que explica, por ejemplo, el que haya diferencias de unos a otros hermanos e incluso entre hermanos gemelos. De este modo se consigue que el componente genético tenga solo una importancia relativa en el desarrollo de la persona, aunque tampoco hay que dejar de considerarla junto a los otros dos componentes.

La personalidad puede definirse como “el modo característico y habitual en que cada persona se comporta, siente y piensa” (Bermúdez, 1997, p. 13), o “los patrones característicos y distintivos de pensamiento, emoción y conducta que definen un estilo personal del individuo de interactuar con el ambiente físico y social” (Atkinson et al., 1996), abarcando los comportamientos habituales del individuo, sus modos de ver la realidad y sus emociones y motivaciones. Lo que se pretende con el conocimiento de la personalidad es saber como es la persona y, a partir de ahí, poder interpretar y

predecir su conducta, dado que “la manera de ser de cada persona tiene mucho que ver con la forma en que se comporta, piensa y siente” (Bermúez, 1997, p. 13). Pero la personalidad está igualmente influenciada por la situación y por el resto de las variables anteriores. Lo que se pretende a nivel operativo para conocer la personalidad es evaluar lo que se han denominado “rasgos de personalidad”, los cuales son las tendencias habituales de comportamiento de las personas que se pueden operativizar a través de escalas psicométricas. Aunque se han propuesto un gran número de rasgos de personalidad, recientemente se ha planteado la identificación de la estructura básica de la personalidad mediante cinco rasgos básicos (Digman, 1990): extraversión, estabilidad emocional, escrupulosidad, afabilidad y apertura mental.

Como un ejemplo de lo anterior, Daugherty y Leukefeld (1998), aplicado al caso del alcoholismo, consideran que los componentes psicológicos a considerar son de tres tipos. El primero, los rasgos de personalidad, como los de búsqueda de sensaciones, rebeldía, gregarismo e impulsividad, que se ha encontrado que influyen en la conducta de beber. Por tanto, si la persona tiene este tipo de rasgos tiene una mayor predisposición psicológica a beber, antes incluso de que haya probado este tipo de sustancia. El segundo son las actitudes que tiene el individuo hacia el alcohol. Y, en tercer lugar la psicopatología subyacente, en la que se incluye el trastorno de personalidad antisocial, tan conocido en su relación con las distintas drogas y los trastornos de conducta infantil, los cuales predicen un mayor consumo de alcohol en la vida adulta.

Finalmente, debemos tener en cuenta la inteligencia. La inteligencia, o capacidad de aprender de la experiencia, pensar en términos abstractos y funcionar adecuadamente en su propio ambiente, es un elemento básico de la persona. Mediante ella se va produciendo el aprendizaje y de modo mútuo, el aprendizaje permite su desarrollo, al tiempo que ambos junto a los otros elementos interactuantes (biología y cultura) conforman lo que es la persona.

14.1.4. La predisposición biológica, psicológica y socio-cultural actuando a un