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ESTIMATION OF MEAN RAINFALL BY SPATIAL INTERPOLATION

5.3.1 Kriging Method

Edipo que se ha convertido en clásico/',Su interpretación presenta dos caracteres. Por un lado, los helenistas la consideran, como mínimo, dis­ cutible; por otro, ha transformado de manera tan radical el campo de los estudios mitológicos que a partir de ella la reflexión sobre la leyen­ da cdípica ha emprendido rutas nuevas y, según creo, fecundas, tanto en la obra de Lévi-Strauss como en la de otros doctos.

N o retendré más que un aspecto de esta renovación. Hasta donde alcanzan mis conocimientos, Lévi-Strauss fue el primero en descubrir la importancia de un rasgo común a las tres generaciones de la estirpe de los Labdácidas: desequilibrio en los andares, falta de simetría entre las dos partes del cuerpo y defecto en uno de los dos pies. Lábdaco es el cojo, el que no tiene las dos piernas iguales en tamaño o en fuerza; La·

* Ü presente estudio fue objeto de una primera publicación en Le temps déla re- flfxum . II. 1981. pÍR$. 255*255.

I. Amhrof-oht^ic slrn¿turj!c, vt>l. I, Parí», 1958, pjps. 227-255 (trad, cast.: Antro-

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M ITO Y Τ»Λ0ΐ;01Α KN J.A GRF.CIA ΛΝ ΤΚίΟ Λ, II

yo es el disimétrico, el torpón, úl zurdo;

Oidipous

es el que tiene el pie hinchado. En principio, Lévi-Strauss creyó poder leer estos nombres de personajes griegos, que evocan un defecto en los andares o una defor­ mación del pie, inspirándose en los mitos amerindios, según los cuales, los hombres nacidos de la tierra, los autóctonos, permanecen unidos al suelo del que acaban de emerger por una anomalía en su modo de lo ­ com oción, en la forma en que se desplazan sobre la tierra al andar. Una interpretación difícil de sostener, pues la aplicación de los modelos americanos a los hechos griegos se reveló gratuita y arbitraria.2

Pero el propio Lévi-Strauss, como obsesionado por este mito que retoma sin cesar, ya sea directa o tangencialmente, abandonó esta pri­ mera hipótesis ampliando y modificando su lectura en puntos esencia­ les. Señalaré dos de ellos. Prim ero, en su

Lcqon inaugurate du College?

relacionó el tema del enigma — que, curiosamente, había olvidado en su primer análisis— con el lema de los andares: el enigma debe ser en ­ tendido como una pregunta independiente de su respuesta, es decir, debe ser formulado de manera que la respuesta no logre alcanzarlo, no consiga reunirse con él. Así, el enigma traduce una falta o im posibili­ dad de com unicación en el intercam bio verbal entre dos interlocuto­ res: el primero plantea una pregunta a la que sólo puede responder el silencio del segundo. Después, en un estudio más reciente,4 situándo­ se al nivel de abstracción más alto y tratando de despejar los límites puramente formales del armazón m ítico, propuso la siguiente hipóte­ sis: la cojera, cuando un hom bre no anda derecho; la tartamudez, cuando un hom bre, cojeando de la lengua en lugar del pie, arrastra su discurso y no proyecta directamente la trama hacia su auditor y, final­ mente, el olvido, cuando un hom bre no puede retomar en su propio interior el hilo de sus recuerdos, son tres signos convergentes utiliza­

2. En los mitos r.ricpns de autoctonía, los hombres «nacidos de la tierra» no pre­ sentan como tales ninguna anomalía en el pie o en la forma de andar. En ci caso con ­ creto dcTebas, iosSpjrtoi— es decir, los «Sembrados», salidos directamente de la tie­

rra y cuyos descendientes interfieren con la estirpe de los Labdácidas en la leyenda soberana de la dudad— llevan, efectivamente, en el cuerpo la marca de su origen, pe­ ro no tiene nada que ver con el pie. La lanza representada en la espalda de los Hijos de la Tierra es la firma de la autoctonía, que garantiza su raza y recuerda su vocación guerrera.

} . AtíikropdogicSfrudurj/c, op. (it., vol. II. París, 197). páfts. 31-35.

4. «Mythe ct oubli», en Lan&u'. discours, sodéte. Pour Úwtlv Bcntem itc. París,

b l TIRA NO C O JO : 0Γ. h lllP O A PCHlANDKO

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dos por el mito en relación con los lemas de la indiscreción y el m alen­ tendido, para expresar los defectos, distorsiones y bloqueos de la c o ­ m unicación a diferentes niveles de la vida social: en la comunicación sexual o transmisión de la vida (oponiéndose el alumbramiento normal a la esterilidad o a la monstruosidad), en la comunicación entre genera­ ciones sucesivas (al transmitir los padres a sus hijos su condición social y sus actividades), en los intercambios verbales o en la comunicación con­ sigo mismo (contrastando la presencia de ánimo y el conocimiento de sí mismo con el olvido, la división y el propio desdoblamiento, como en el caso de Edipo).*

Esta nueva orientación — más cercana a la lectura del mito pro­ puesta por Terence Turner y que yo, por mi parte, había sugerido en un análisis de la tragedia de Sófocles— es la que quisiera poner a prueba, como ejercicio experimental, en lo que a la cojera se refiere. Por ahora dejare de lado la tartamudez a la que, desde la perspectiva de los hele­ nistas, remiten los relatos referentes a los orígenes de Cirene, cuya fun­ dación, retrasada y desviada por un «olvido» de los Argonautas y com ­ plicada por los bloqueos en la comunicación con el dios de Delfos, fue llevaba a cabo, tras muchas errancias y rodeos, por Bato, el «Tartamu­ do», epónimo de la dinastía real de los Batíadas que finaliza con un úl­ timo Bato, el cual era «cojo y no se sostenía de pie» (χ ω λ ό ς τε ¿ών κ α ί ο ύ κ ά ρ τίπ ους), como dice Heródoto.6

Exam inaré en qué medida este plan interpretativo permite distin­ guir los rasgos comunes a dos relatos de género muy diferente, por una parte un mito, la leyenda de los Labdácidas, por otra el relato «históri­ co» de H eródoto referente a la dinastía de los tiranos de Corinto, los Cipselidas, nacidos de Lahda, «la Coja».

Tal intento supone una condición previa. Es preciso que, para los propios griegos, la categoría de «cojo» no se limite estrictamente a un de­ fecto del pie, de la pierna o de la forma de andar, sino que pueda exten­ derse de forma simbólica a otros ámbitos diferentes del simple desplaza­ miento en el espacio, que pueda expresar metafóricamente todos los tipos de conducta que aparecen desequilibrados, desviados, lentos o blo·

5. Véase en el A nnujirc J e l'Ccole pratique Jes kúutes eluden, V' Section, Sciences

• rlw ruscs, 197 3-197*1, elaefa del seminario que J.-P. Vcrnani consagró a estas cuestio­ nes, 161 -162, y Rciigtnr.s, htiliurcj, rjiions. París, 1979, p.tgs. >0*31.

6. 1 leródoto. IV, 161. 2: hay que leer todo el pasaje del libro IV, de M7 a 162. y

5 0 .MJTO Y TKAGI-WA Γ.Ν LA CW'.^IA ANTICUA. II

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