CHAPTER 4. ANALYSIS OF SHINSAKU GENRE ADAPTATIONS
4.1.5 Language of the play Adapting the style of speech
3.1.1. Alfarería
Para el Hierro I es poco lo que sabemos sobre la cadena técnica de la cerámica, manufactura no especializada que, según Sánchez Romero (2002: 279), formaría parte de las actividades de mantenimiento llevadas a cabo fundamentalmente por mujeres. En Guaya se ha planteado el uso de los hornos descubiertos en varias cabañas, entre otras cosas, para la cocción de cerámica (Misiego Tejeda et al. 2005: 211 y lám. I). Asimismo, en el Cerro de la Cabeza se ha documentado un gran vaso troncocónico enterrado in situ, localizado a 15 m de un horno considerado doméstico, relleno con piezas cerámicas con defectos de cocción (Blanco González 2009a: vol. II (1): 75). En La Mota los análisis realizados con lentes binoculares a cinco muestras de cerámica han evidenciado la utilización como desgrasantes de arenas semejantes a las que se encuentran en el propio cerro sobre el que se asienta el poblado, así como el poco control existente sobre las condiciones de cocción de los recipientes estudiados (García Alonso y Urteaga Artigas 1985: 73-74). Éstos son siempre realizados a mano, cocidos en ambientes reductores, presentan acabados rugosos, espatulados o bruñidos y generalmente no están decorados.
Ya hemos comentado en el capítulo anterior la dificultad existente a la hora de distinguir entre la cerámica del Soto Inicial y Pleno a partir de materiales recuperados en prospección, debido fundamentalmente a la notable estabilidad que caracteriza a la tradición alfarera sotense a lo largo del tiempo y a la presencia de una serie de rasgos comunes durante las dos fases (Quintana López y Cruz Sánchez 1996: 14; Blanco González 2009a: vol. I: 196-197), como se ha podido comprobar, por ejemplo, en El Soto de Medinilla (fig. 3.1) (Delibes de Castro et al. 1995b: 171-172 y figs. 3, 5 y 7). Nosotros mismos hemos podido constatar dicho problema al estudiar un conjunto
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Atributo Soto Inicial Soto Pleno
Mayor variedad formal y decorativa X
Vasitos carenados bruñidos X Menos
frecuentes Vasos bitroncocónicos u ovoides con cuellos cilíndricos
claramente diferenciados X
Menos frecuentes Vasos de perfiles más suaves, en S, y cuellos menos
acentuados X
Vasos de bordes rectos decorados bajo el borde con líneas de
digitaciones y/o ungulaciones X
Cuencos con un pequeño hombro o troncocónicos X
Tapaderas X
Cubiletes de pie anular X
Cerámicas con decoración incisa de triángulos rayados o
líneas en zigzag X X
Cerámicas pintadas, a peine o grafitadas X
Asideros de mamelón perforado X X
Asas de cinta u orejetas X
Pies anulares con una línea de digitaciones entre la base y el
pie y/o en el borde del pie X
Menos frecuentes Pies anulares sin decorar, con un baquetón entre base y pie o
moldurados X
Pies más altos X
Fig. 3.1. Rasgos característicos de la cerámica del Soto Inicial y Pleno, detectados en las
producciones descubiertas en El Soto de Medinilla (tabla elaborada a partir de los datos proporcionados por Delibes de Castro et al. 1995b: 171-172 y figs. 3, 5 y 7).
cerámico procedente de El Cogote II, recogido durante las prospecciones del Valle Amblés dirigidas por Ruiz Zapatero, Álvarez Sanchís y Collis. Este lote contiene algunos elementos que parecen remitirnos a la etapa de plenitud del mundo soteño (fig. 3.2), aunque los materiales conocidos hasta ahora apuntan hacia un momento previo (Fabián García 1999: 173; Blanco González 2009a: vol. II (1): 195-198). En el caso de un segundo conjunto de cerámicas recuperado en Los Castillejos de Sanchorreja (fig. 3.3), en el marco de estas mismas prospecciones, su adscripción al Soto Pleno viene determinada por la presencia de un fragmento con decoración a peine blando.
Entre las producciones del Soto Inicial destacan los “vasitos de carena resaltada”, que se caracterizan por sus reducidas dimensiones, su cuidada superficie bruñida y su carena sobresaliente (fig. 3.4) (Romero Carnicero 1980; Balado Pachón 1987; 1989: 75-77; Quintana López y Cruz Sánchez 1996: 23-25). Aunque este tipo de recipientes de cerámica fina se ha vinculado en alguna ocasión a un supuesto contexto funerario (Balado Pachón 1987: 174), su origen y función hay que buscarlos en los contactos a larga distancia con el mediodía peninsular (Romero Carnicero 1980: 139- 145; Quintana López y Cruz Sánchez 1996: 41, 46 y 55; Marín Suárez 2011: 167-168). Así, los primeros prototipos de estas producciones llegarían a nuestra zona de estudio en
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Fig. 3.2. Cerámica a mano procedente de El Cogote II: 1) borde de recipiente hemiesférico con impresiones en el labio; 2) borde recto; 3) borde con impresiones en el labio y una línea de digitaciones; 4) mamelón perforado verticalmente; 5) arranque de asa; 6-7) galbos con líneas incisas oblicuas y horizontales; 8-12) fondos planos.
forma de importaciones desde algún punto del sur de la Península. Y con ellos se estarían importando también los ritos de comensalidad asociados ya posiblemente al mundo masculino y de elite, lo que corroboraría la creciente individualización de ciertos personajes en el seno de la comunidad (González Ruibal 2006-07: 153-159 y 235; Marín Suárez 2011: 167-168).
Durante el Soto Pleno, a las cerámicas lisas se les unen especies decoradas a peine blando, caracterizadas por sus diseños decorativos sencillos (figs. 3.3.14 y 3.5) (p. ej. Martín Valls 1986-87; González-Tablas Sastre 1989; 1990: 61-65; Seco Villar y Treceño Losada 1993: 159-163; González-Tablas Sastre y Domínguez Calvo 2002: 121-133; Álvarez-Sanchís 2003c: 83-85). La génesis de estas cerámicas se ha situado en
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Fig. 3.3. Cerámica a mano procedente de Los Castillejos de Sanchorreja: 1) recipiente de perfil
recto con el borde exvasado y una perforación en el cuerpo; 2) borde de vasito troncocónico con impresiones en el labio; 3) borde con impresiones en el labio; 4-6) bordes de cuencos hemisféricos; 7-8) bordes de vasitos globulares; 9) borde abierto curvo; 10) borde abierto; 11) borde exvasado; 12) borde entrante de labio aplanado; 13) carena media; 14) galbo con decoración a peine; 15) fondo plano; 16) posible fusayola de piedra.
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Fig. 3.4. Vasitos de carena resaltada: 1, 5 y 8 procedentes del yacimiento de La Monja
(Aguasal, Valladolid); 2-4 y 6-7 descubiertos en el enclave de la Dehesa de Doña María (Olmedo, Valladolid) (modificado a partir de Quintana López y Cruz Sánchez 1996: fig. 2).
ciertas piezas soteñas decoradas con rayados muy finos, formando triángulos (Martín Valls 1986-87: 65). Así, los vasos decorados con esta técnica, que aparecen por norma general de forma muy minoritaria en los sitios de este momento, formarían parte de la normal evolución experimentada por las cerámicas soteñas. Por ello, deben ser incluidos en la misma cadena tecnológico operativa que las especies lisas de tipo Soto (Marín Suárez 2011: 327).
A lo largo del Primer Hierro también aparecen una serie de recipientes de cuidada factura y posible uso ceremonial, decorados con pintura monócroma, bícroma y ocasionalmente polícroma poscocción. En los mismos se aplica pintura de color rojo, amarillo, blanco, azul y negro; formando composiciones geométricas (figs. 3.5 y 3.6). La presencia de este tipo de producciones en la Meseta se ha interpretado habitualmente como una prueba de la existencia de una política de intercambio de regalos entre elites para garantizar alianzas o de meras relaciones comerciales con el mediodía peninsular (Romero Carnicero y Ramírez Ramírez 1996: 322). Pero, a partir de su amplia
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Fig. 3.5. Cerámica a mano lisa, con decoración “a peine” y a base de motivos geométricos y
florales pintados en rojo y amarillo; descubierta en La Mota (según Seco Villar y Treceño Losada 1995: fig. 3).
dispersión por el espacio geográfico meseteño, González-Tablas y Domínguez Calvo (1995: 190) han propuesto revisar el carácter alóctono atribuido tradicionalmente a estas cerámicas. En efecto, este tipo de piezas decoradas comparecen en un buen número de sitios del suroeste de la Meseta Norte: La Aldehuela (Santos Villaseñor 1990: 228-229 y láms. 1-3; 2005), La Mota (Seco Villar y Treceño Losada 1993: 156-157), Sieteiglesias (Bellido Blanco y Cruz Sánchez 1993: 266), La Calzadilla (Balado Pachón 1989: 79- 81), Coca (Blanco García et al. 2012-2013: 77, 81 y 129), Ledesma (Benet et al. 1991: 129-130), Cerro de San Vicente (Benet et al. 1991: 134; Macarro Alcalde y Alario García 2012: 71 y lám. 43), Cerro de San Pelayo (Benet 1990: 84-85 y figs. 3-4; López Jiménez y Benet 2004: 160 y fig. 4), El Castillo de Herguijuela de Ciudad Rodrigo (Martín Benito y Martín Benito 1994: 119-120), Las Paredejas (Fabián García 1986-87: 281-283), Los Castillejos de Sanchorreja (Maluquer de Motes 1957; 1958: 43-47) o
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Fig. 3.6. Cerámica a mano pintada postcocción procedente del Cerro de San Vicente (según
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Guaya (Misiego Tejeda et al. 2005: 214). Además de aparecer en la tumba de la Casa del Carpio, en el occidente toledano (Pereira Sieso 1989: figs. 1-2). Así, Álvarez- Sanchís (2003c: 83) defiende que la mayoría de estos recipientes fueran productos autóctonos, aunque inspirados en modelos meridionales. Recientemente, se ha puesto de manifiesto la complejidad de influencias presentes en estas producciones, que incluirían las procedentes del foco riojano y del Alto Ebro (Blanco González 2009a: vol. I: 199).
En la Alta Extremadura la cerámica del Hierro Inicial se caracteriza por estar realizada a mano, por presentar tonos negros, marrones y rojizos y superficies generalmente sin ningún tipo de tratamiento. Las formas más comúnmente documentadas son las ollas de formas sencillas y los cuencos, algunos de ellos de carena alta (fig. 3.7). En la mayor parte de los casos los vasos de este momento no están decorados, aunque se han encontrado piezas con incisiones y ungulaciones, situadas en el borde, en el cuello o en la parte superior del cuerpo (Martín Bravo 1999: 111-113). Por otra parte, inmediatamente al sur del Sistema Central, en los núcleos de la Cañada de Pajares (González Cordero et al. 1990; Celestino Pérez y Martín Bañón 1999; Celestino Pérez 1999; 2008a), El Castañar (p. ej. Fernández Gómez 1986: tomo II; 1993; 1997; 2003: 158-161; 2008) y sus correspondientes necrópolis, destaca la presencia de cerámica decorada a peine como la descubierta en la Submeseta Norte.
3.1.2. Metalurgia
Nuestra zona de estudio, como hemos visto en el capítulo 1, es rica en mineralizaciones de cobre, plomo, pero sobre todo de estaño (fig. 1.8). Sin embargo, contamos con muy pocos indicios de la extracción de estos minerales. En este sentido, se ha planteado la obtención desde época calcolítica de carbonatos de cobre (malaquita) en el Cerro de la Cabeza/Bascoarrabal y en las cercanías del sitio de La Viña
Fig. 3.7. Cerámica a mano del castro del Cancho de la Porra (Mirabel, Cáceres) (según Martín
149 (Fernández Manzano et al. 1997). Afortunadamente, en el Cerro de San Cristóbal de Logrosán (Cáceres), relativamente cerca del límite meridional de nuestro ámbito espacial de análisis, se ha podido documentar la cadena operativa de la extracción de la casiterita en un momento fechado en la transición Bronce Final-Orientalizante. Ésta comenzaría con la apertura de una serie de trincheras o ‘rafas’ por medio de martillos- mazas de piedra, siguiendo los filones de cuarzo (que albergaban la mineralización de casiterita) visibles probablemente en superficie. Después se trituró el cuarzo con machacadores de piedra, para extraer la casiterita. Posteriormente, se procedería a la separación, afinado y molturación de la casiterita en una serie de molinos barquiformes y su añadido al cobre ‘prefundido o fundido’ en pequeños crisoles de barro. El paso final sería la elaboración de piezas de bronce en moldes de piedra (Rodríguez Díaz et al. 2013: 102-105).
Según Delibes et al. (2001: 79) la reducción del mineral de cobre se habría realizado en vasijas de reducción o vasijas-horno (Renzi 2010: 126-133), como las documentadas en El Soto de Medinilla (Delibes de Castro et al. 1995a: 151) y posiblemente en La Viña (Blanco González 2009a: vol II (2): 104), aunque en el yacimiento de Guaya se cita la presencia de hornos destinados a la “fundición metalúrgica” (Misiego Tejeda et al. 2005: 211). En este último sitio la actividad broncística está atestiguada también a partir de la aparición de crisoles, moldes y restos de fundición (Fabián García 1999: 173; Misiego Tejeda et al. 2005: 215). En La Mota se han descubierto numerosos fragmentos de crisol con restos de fundición, tanto de bronce como de hierro (Seco Villar y Treceño Losada 1995: 233). Asimismo, en Los Arenalones y La Viña se han encontrado restos de fundición (Fabián García 1999: 173; Blanco González 2009a: vol II (2): 103). Jiménez Ávila (2002: 311 y 375), a partir de la identificación de un ejemplar de fíbula de doble resorte sin terminar, procedente del Cerro del Berrueco, propone la fabricación in situ de la misma. Al sur del Sistema Central, se ha planteado la existencia de un taller de orfebre en la Cañada de Pajares, debido al hallazgo en la zona excavada, donde se localizó el conjunto áureo (Celestino Pérez 1999), de dos toberas de arcilla, varios punzones y agujas para el trabajo de grabado repujado, un plato de una balanza, un carrete de trefilar y un parahuso cilíndrico de arenisca con una escotadura sobre la que se enrollaban los hilos de metal para fabricar cadenetas (Celestino Pérez et al. 2009: 205). Además, en los núcleos menores de Rabinche, El Tudal y Rocastaño 1, todos ellos situados alrededor de la
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Cañada de Pajares, en Villanueva de la Vera (Cáceres), se llevaron a cabo actividades metalúrgicas, como puede deducirse de la gran cantidad de toberas encontradas en los tres enclaves (Fernández Freire 2008: 277, 347-348 y 353), especialmente en Rabinche (fig. 3.8.3). Por su parte, en Arroyo Manzanas se descubrieron cuatro moldes de fundición de arcilla y un crisol de barro cocido (fig. 3.8.1-2). Al menos tres de los moldes serían bivalvos y estarían destinados a la producción de regatones y puntas de flecha (Urbina et al. 1992: 312-313 y 317-318). Con respecto al hierro, en El Castillo de Herguijuela de Ciudad Rodrigo se hallaron en superficie una serie de escorias de hierro y un fragmento de una tobera de fuelle, lo que permite plantear la práctica de la siderurgia en este sitio, en un momento que López Jiménez y Benet (2005: 1022) sitúan hacia finales del siglo VI-inicios del siglo V a.C.
Como ya se ha comentado con anterioridad, el rasgo más notable de la metalurgia de base cobre durante la Primera Edad del Hierro sería el crecimiento
Fig. 3.8. Elementos relacionados con los trabajos metalúrgicos durante el Hierro I: 1) crisol
descubierto en Arroyo Manzanas (según Urbina et al. 1992: 317); 2) moldes de Arroyo Manzanas (según Urbina et al. 1992: 318); 3) toberas halladas en el yacimiento de Rabinche (según Fernández Freire 2008: 112).
151 experimentado por los bronces plomados (Fernández-Posse y Montero Ruiz 1998: 200; Gómez Ramos et al. 1998: 105 y 110; Delibes de Castro et al. 2001: 76-79, figs. 2-4 y 6). Sin embargo, a la vista de los análisis por fluorescencia de rayos X (XRF) consignados en la tabla de la fig. 3.9, parece necesario hacer una distinción entre las producciones realizadas durante el Soto Inicial y aquellas llevadas a cabo a lo largo del Soto Pleno. En dicha tabla todos los bronces son binarios, salvo en el caso de la varilla descubierta en el Cerro de la Laguna, que es un bronce ternario pobre en plomo. Este yacimiento y el de Solana Angosta están adscritos a un momento soteño indefinido, mientras que Guaya y Los Arenalones pertenecen al Soto Inicial. Así, se puede plantear una continuidad entre los bronces binarios cogotianos y los del momento inicial del mundo soteño, que contrastarían con los bronces ternarios típicos del Soto Pleno. En nuestra área de estudio entre los productos elaborados en bronce destacan las puntas de flecha, las leznas, las agujas, los punzones, las pulseras y los puñales.
A partir de las informaciones etnográficas se puede plantear que el desempeño de las actividades metalúrgicas estuviera en manos masculinas (p. ej. Eliade 1983; Haaland 2004: 5; Lévi-Strauss 2008: 20). En las sociedades preindustriales esta artesanía tiene un carácter ambiguo, ya que sirve para elaborar elementos destructivos
Yacimiento Tipo Ref. lab. Fe Ni Cu Zn As Ag Sn Sb Pb
Cerro de la
Laguna Varilla PA6349 0,24 0,15 83,37 nd nd 0,065 13,63 0,055 2,5 Guaya Punzón GU1 0,07 0,05 89,8 nd nd 0,004 9,4 0,005 0,6 Guaya Gota
fundición GU2 0,01 nd 90,8 nd nd 0,01 7,4 0,02 1,7 Los
Arenalones Puñal LA1 0,12 nd 90,6 nd 0,1 0,002 9,2 0,006 nd Los
Arenalones
Lámina con
nervadura LA2 tr tr 91,4 nd nd 0,03 7,8 0,08 nd Los
Arenalones ¿Pulsera? LA3 0,08 nd 85,6 nd nd 0,005 14,3 nd nd Los Arenalones Gota fundición LA4 0,06 nd 87,7 nd 0,3 0,004 11,6 0,08 0,2 Los Arenalones Gota fundición LA5 tr nd 87,3 nd 0,4 0,005 12,2 0,07 nd Los
Arenalones Varilla LA6 tr nd 94,1 nd 0,2 0,007 5,6 0,04 nd Los
Arenalones ¿Puñal? LA7 tr nd 90,4 nd 0,1 0,002 9,4 0,02 nd Los
Arenalones Lezna LA8 tr nd 90,8 nd 0,3 0,006 8,6 0,01 0,2 Solana
Angosta
Punta
pedunculada SA1 0,04 nd 89,7 nd nd 0,07 8,3 0,03 1,8
Fig. 3.9. Muestra de análisis por fluorescencia de rayos X (XRF) realizados por el Dr. Rovira
sobre piezas encontradas en contextos soteños del occidente de la Meseta. Valores expresados en % en peso (nd = no detectado; tr = trazas) (tabla elaborada a partir de los datos incluidos en Blanco González 2009a).
152 como las armas y objetos ligados a la producción como las herramientas (Eliade 1983: cap. 9; González Ruibal 2003: 50; Haaland 2004: 5; Giles 2007). De ahí que el estatus social del artesano dedicado a labores metalúrgicas oscile entre la marginación y la ocupación de una posición privilegiada.