• No results found

Largest Current Competitors

c. Fe muerta. A veces los cristianos proclaman el evangelio del Señor sin tener en cuenta para nada las necesidades físicas de sus oyentes. Le hablan a la gente acerca de la salvación, pero parecen olvidar que la gente empobrecida necesita ropa y comida para hacer que el evangelio sea relevante. A menos que la palabra y el hecho vayan juntos, a menos que la predicación del evangelio vaya acompañada por un programa de acción social, a menos que la fe sea demostrada por medio de un cuidado y preocupa- ción amorosa, esa fe está muerta.

Al enseñar la parábola del sembrador, Jesús distingue entre la fe transitoria y la fe verdadera. La fe transitoria es como la semilla sembrada sobre el terreno rocoso; no tiene raíz y dura solo un poco de tiempo (Mt. 13:21). Una fe así termina en una muerte inevitable.

En contraste con eso, la verdadera fe es como la semilla que cae en buen terreno y produce una cose- cha abundante. La verdadera fe está firmemente enraizada en el corazón del creyente.

Particularmente en este versículo el escritor contrasta la fe que está viva con la fe que está muerta.141

Describe una fe vibrante al recordarle a sus lectores el ejemplo de Abraham ofreciendo a su hijo Isaac (v.21). Y usa un sinónimo para representar el término muerto. Es así que él escribe [p 112] que “la fe sin obras es estéril” (v.20) bastardillas añadidas). Entonces, la fe que está muerta todavía es fe, pero es inútil, carece de valor.

Un ejemplo de la fe que no tiene valor es la fe del rey Agripa en los profetas. A causa de su trasfon- do cultural, Agripa conocía el contenido de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Pablo afirma que Agripa creía los profetas (Hch. 26:27). Pero la fe intelectual en sí misma, está muerta.

Consideraciones doctrinales acerca de 2:14–17

Para Santiago, la fe y las obras deben ir juntas y no se pueden separar. La verdadera fe resulta en obras que demuestran una forma de vida peculiarmente cristiana y prueban que el creyente está en una relación salvadora para con Dios. Una fe carente de obras no es genuina y por lo tanto es completamente diferente de la fe que está comprometida con Cristo.

Santiago dirige su enseñanza en contra de aquellas personas que opinan que solamente la fe importa, y que la fe consiste en realidad en una confesión intelectual (2:19). Esa fe puramente objetiva que se expresa en una decla- ración confesional, está muerta. Difiere de la fe subjetiva que exhibe una relación personal con Jesucristo. La ver- dadera fe tiene características subjetivas y objetivas. Subjetivamente, el cristiano pone su fe en Dios porque sabe que Dios recompensa a la persona que diligentemente le busca (Heb. 11:6). Ha aprendido que “todo lo que no viene de la fe es pecado” (Ro. 14:23). Su fe se manifiesta en amor a Dios y al prójimo, de modo tal que en lo obje- tivo sus obras son un testimonio elocuente de su fe en Dios.

Para Pablo y para Santiago las obras son consecuencia natural de la verdadera fe (Fil. 1:27; 1 Ts. 1:3; Stg. 2:20– 24). Por supuesto, el hombre no puede usar sus obras para obtener el favor de Dios. El hombre obtiene la salva- ción por la gracia por medio de la fe como don de Dios (Ef. 2:8), “no por obras”, dice Pablo, “para que nadie se gloríe” (v.9). De allí que las obras no tengan en si mismas poder salvador. No obstante, en el marco en que San- tiago escribe su epístola, él “proclama la necesidad de las obras para la salvación”.142 Santiago no le está suge-

141 Consultar Ropes, James, p. 207.

142 Referirse a Thorwald Lorenzen: “Faith without works does not count before God! James 2:14–26”, ExpT 89 (1978):

riendo a sus lectores que por medio de sus obras ellos pueden obtener la paz con Dios. Al contrario, él enseña que las obras fluyen de un corazón que está en paz con Dios.

Palabras, frases y construcciones griegas en 2:14–17 Versículo 14

ἐὰν πίστιν λέγῃ—el orden de las palabras es algo irregular en esta oración con la intención de dar énfasis. La cláusula condicional con el subjuntivo en el tiempo presente enfatiza la probabilidad. La partícula adversativa δέ es fuerte.

[p 113] ἡ πίστις—el uso del artículo determinado es “prácticamente equivalente a un pronombre demostrativo”.143 Entonces, el artículo determinado significa “tal”. “¿Puede una fe tal salvarle?”144

Versículo 15

γυμνοί—el adjetivo está en masculino nominativo plural aunque el antecedente inmediato es ἀδελφή (her- mana), que es el femenino nominativo singular. La combinación hermano o hermana sirve como un plural, y el género masculino predomina.

ὑπάρχωσιν—el presente activo subjuntivo expresa probabilidad. Este verbo se usa generalmente como susti- tuto de εἶναι (ser).145

ἐφημέρον—el adjetivo modifica a τροφῆς (comida). Nosotros utilizamos el derivativo efímero.

Versículo 16

τις αὑτοῖς ἐξ ὑμῶν—el orden de las palabras manifiesta énfasis.

θερμαίνεσθε—el presente, medio imperativo, antes que el pasivo, expresa la idea que Santiago quiere trans- mitir: “Caliéntate”.

χορτάζεσθε—el presente imperativo puede ser o medio o pasivo. El medio en este verbo y en el que le pre- cede indica que los lectores tenían que depender de sus propios recursos para satisfacer sus necesidades. El verbo χορτάζω (yo alimento, lleno) tiene la connotación de comed hasta saciaros.

Versículo 17

καθʼ ἑαυτήν—esta expresión idiomática, traducida “por sí misma”, debe ser tomada con πίστις.

2. Fe, obras y credo 2:18–19

Santiago redacta con sumo cuidado su presentación de la fe y las obras. Comienza con una ilustra- ción acerca de un hermano y hermana necesitados (vv. 15–17). Acto seguido, entra en diálogo con una persona que dice que tiene obras y que se adhiere al credo (vv. 18–19). Y finalmente, Santiago presenta pruebas de que en su desarrollo histórico la fe y las acciones siempre van juntas (vv. 20–26).146

Santiago las obras son el presupuesto necesario de la salvación y el elemento soteriológico decisive sin el cual la fe está muerta y no puede salvar”.

143 Hanna, Grammatical Aid, p. 418.

144 Moule disputa en su Idiom‐Book, p. 111, el. uso del pronombre demostrativo. Sugiere que la palabra él, y no el artícu-

lo determinado es la que recibe el énfasis. El traduce: “¿Puede su fe salvarle a él?”

145 Bauer, p. 838.

18. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe; yo tengo obras”. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostra‐ ré mi fe por lo que hago. 19. Tú crees [p 114] que hay un solo Dios. ¡Haces bien! Hasta los demonios  lo creen—y tiemblan.

Dividimos esta sección en tres partes:

a. Argumento. No debe preocuparnos en este momento si Santiago debate con una persona real o imaginaria. El desarrolla su argumento como sigue:

Alguien dice: “Tú tienes fe; yo tengo obras”. Esta persona no quiere decir que Santiago tiene fe y ella tiene obras. No, quien habla se refiere a dos personas, una que afirma que tiene fe pero no tiene obras, y otra que insiste que tiene obras pero carece de fe. Separa la fe de las obras.

Supongamos entonces que una persona sólo tiene fe y otra sólo tiene obras. En tal caso, es posible que aquel que dice tener fe llegue a Dios más prestamente que el que sólo tiene obras a su favor. Y por eso, a causa de su fe, se considera superior a la persona que carece de fe pero tiene obras.

b. Desafío. Santiago rehusa aceptar una división entre la fe y las obras. La verdadera fe no puede existir separada de las obras, y las obras aceptables ante los ojos de Dios no pueden ser hechas sin la verdadera fe.

Santiago le lanza un desafío al que habla: “Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por lo que hago”. Vale decir que Santiago quiere ver qué tipo de fe posee su interlocutor. Si la fe no ha echado raíces en el corazón del entonces dicha fe no llega a ser nada más que palabras huecas—es esté- ril. Lo contrario es la verdadera fe, la que está inseparablemente unida a obras de amor. Pablo resume este punto brevemente cuando dice: “Lo único que cuenta es la fe que se expresa por medio del amor” (Gá. 5:6).

El interlocutor de Santiago presenta un argumento adicional; dice que la fe no es necesaria. Aboga por un cristianismo práctico. Argumenta que hacer buenas obras es más importante que creer en una determinada doctrina. No se da cuenta de que esas obras suyas, llamadas “de caridad”, nada tienen en común con las obras de gratitud que se originan en el corazón agradecido de un creyente.

c. Corrección. Santiago se dirige aquí a todos los que intentan separar la fe de las obras. Los desafía a que le muestren una verdadera fe sin obras, u obras aparte de la fe. Y luego les dice que él les mostrará su fe por medio de su conducta. O sea, que en todo lo que él hace, la fe es el ingrediente principal. Así como un motor produce poder a causa de la corriente eléctrica que fluye en su interior, del mismo mo- do un cristiano produce buenas obras cuando la verdadera fe le da poder.

Oímos en esto un eco de aquella enseñanza de Jesús que dice que conocemos al árbol por su fruto; un árbol sin “buen fruto es cortado y tirado al fuego” (Mt. 7:19). Aquellos que hablan pero no actúan oirán a [p 115] Jesús decir: “Nunca os conocí. ¡Alejaos de mí, hacedores de maldad!” (v.23). La fe sin obras es muerta.

En este capítulo, Santiago se refiere a dos clases de fe; la verdadera fe y la fe fingida. La primera cla- se es característica del verdadero creyente que muestra su fe “por medio de obras hechas en la humil- dad que viene de la sabiduría” (Stg. 3:13). La segunda clase es una demostración de una ortodoxia muerta que no va más allá de ser una serie de afirmaciones doctrinales que reflejan adecuadamente la enseñanza de las Escrituras. Por ejemplo, los judíos recitan su credo y dicen: “Oye, oh Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Dt. 6:4). Pero si la fe no es más que una recitación de las palabras fami-

liares de este credo—aunque estas palabras son totalmente bíblicas—la misma se ha transformado en un frío ejercicio espiritual que nada tiene que ver con una fe que fluye del corazón.

Santiago llega al quid de su ilustración. Dice: “Tú crees que hay un solo Dios. ¡Haces bien! Hasta los demonios lo creen—y tiemblan.” Pero lo cierto es que ningún ángel caído puede reclamar para sí la salvación en base a esta fe puramente objetiva. De modo similar, el hombre que sólo da su asentimiento intelectual a la verdad de las Escrituras, sin demostrar adhesión al Dios que confiesa, carece de

verdadera fe. Su fe, que no es nada más que una pretensión, está muerta. La persona tiene sólo el conocimiento de que Dios es uno y que no tiene verdadera fe en Dios por medio de Jesucristo es peor que los demonios. Los demonios, dice Santiago, lo creen y tiemblan.

Lo que quiere decir es que aun entre los demonios prevalece la verdad doctrinal. Ellos confesaron el nombre de Cristo durante el ministerio de Jesús (Mr. 1:24; 5:7; Lc. 4:34). Su conocimiento del Hijo de Dios les hizo temblar, pero tal conocimiento no podía salvarlos. El conocimiento sin fe es inútil.

Observaciones adicionales

La cita. Los traductores difieren acerca del alcance de la frase que va entre comillas en el versículo 18. Los traductores de la Biblia de Jerusalén, por ejemplo, toman el versículo 18 como palabras dichas por el adversario de Santiago: “¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por mis obras mi fe”. El problema gira, por supuesto, alrededor de la interpretación de los pronombres tú y yo en este versículo. Lamentablemente, los escritos antiguos no exhibían ni puntuación ni comillas, y por consiguiente cada traductor debe llegar a su propia decisión.

Considérese esta afirmación: “Tú tienes fe; yo tengo obras”. La persona que dice esto, ¿está diciendo: “Tú Santiago, tienes fe; pero yo, por el [p 116] contrario, tengo obras”? ¿Continúa luego lo que acaba de decir con el desafío: “Muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré mi fe por lo que hago”? Difícilmen- te. Estas dos afirmaciones se contradicen si vienen de la misma persona. Aparentemente, el contraste presente en el versículo 18a—“Tú tienes fe; yo tengo obras”—no se establece tanto entre Santiago y el que habla como entre los conceptos de fe y obras, ejemplificados en una u otra persona. Martin Dibelius llega a la siguiente conclusión: “El punto principal del oponente en el versículo 18a no es la distribución de la fe y de las obras entre “tú” y “yo”, sino más bien en la total separación de la fe y de las obras en ge- neral”.147

Por esta razón muchos traductores y expositores han adoptado la lectura ejemplificada en la versión en inglés llamada Good News Bible: “Pero alguien dirá: “una persona tiene fe, la otra tiene acciones”. Esta traducción le quita la ambigüedad a los pronombres yo y tú, Pero puede objetarse que si Santiago hubiese querido decir esto, podría haberse expresado mucho más claramente usando los términos el uno y el otro.148 En vez de hacer eso, Santiago emplea los pronombres personales que encontramos en los

versículos 18 y 19.

Aunque siempre aparecen dificultades en cualquier interpretación que se haga de este pasaje, la su- gerencia de que entendamos el versículo 18a en términos de “uno” y “otro” encuentra una aceptación general. Los versículos 18b y 19 son la respuesta que Santiago presenta ante su interlocutor.

El interlocutor. ¿Quién es este interlocutor? Algunos intérpretes opinan que la persona que dice las palabras del versículo 18a es un cristiano que muestra buena disposición para con Santiago. Es una per-

147 Dibelius, James, p. 155. 148 Davids, James, pp. 123–24.

sona que desea mediar entre dos partes, una de las cuales enfatiza la fe y la otra las obras. “Esta amable persona, que no desea ser demasiado dura con nadie, sugiere que hay un lugar tanto para el hombre que enfatiza la fe como para el que insiste en las obras”.149 Esto significa que la primera palabra del ver-

sículo 18 no puede ser pero, que es demasiado adversativa. Muchos intérpretes prefieren la afirmación sí.150

Sin embargo, si consideramos las carácteristicas de la epístola de Santiago, vamos a tener

dificultades en aceptar el argumento de que no es Santiago sino otra persona la que se está dirigiendo a las partes de este conflicto entre la fe y las obras. A todo lo largo de su epístola es Santiago quien entra en debate con sus lectores. Es él quien les habla, los [p 117] corrige y los alienta.151 Y si tenemos en

cuenta su referencia al credo: “Oye, oh Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Dt. 6:4), el interlocutor a quien Santiago se dirige debe ser un cristiano judío.

Finalmente, opino que demostramos buen criterio si nos mantenemos alejados de dogmatismos en un área donde abundan tanto las interpretaciones y las soluciones a los problemas. Por consiguiente, dado que la última palabra no ha sido dicha ni escrita, las explicaciones sólo pueden ser tentativas.

Palabras, frases y construcciones griegas en 2:18–19 Versículo 18

ἀλλʼ ἐρεῖ τις—el adverbio ἀλλά es el adversativo pero, seguido por el futuro definido del verbo ἐρῶ (diré). Acerca de este tipo de diálogo, véanse Ro. 9:19; 11:19.

ἐκ—esta preposición transmite el remoto significado por medio de (véase Ro. 1:17; 3:30; 1 Jn. 4:6).152

Versículo 19

σὺ πιστεύεις—la mayoría de los editores del texto griego y la mayoría de los traductores entienden esta cláu- sula como una afirmación. Otros la consideran como una pregunta.

δαιμόνια—en el Nuevo Testamento, un plural neutro que tiene una connotación personal o colectiva usa un verbo en plural.153

3. La fe de Abraham 2:20–24

En la parte final de su consideración de la fe y de las obras, Santiago va a las Escrituras para demos- trar que desde el punto de vista histórico la fe y las obras son las dos caras de una misma moneda. Se dirige a su adversario directamente y le insta a aprender de las enseñanzas de la Palabra de Dios.

Related documents