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1.2 Protostellar Outflows

1.2.2 Launch Models

Como ya se ha desarrollado a lo largo del trabajo, existe una estrecha relación en- tre el lenguaje-discurso-cultura en tanto que son órdenes sociales que le dan sen- tido a la realidad; es una construcción de la realidad a partir de nuestros modelos conceptuales e interpretativos en donde, sólo a partir de éstos, podemos darle un significado a nuestro pensamiento y nuestra acción ¿pero hasta qué punto el indi- viduo tiene la elección de crear su propio universo de sentido y significado? Berger y Luckmann dirán al respecto:

En realidad, no puedo existir en la vida cotidiana sin interactuar y comunicarme continuamente con otros. Sé que mi actitud natural para con este mundo corres- ponde a la actitud natural de otros, que también ellos aceptan las objetivaciones por las cuales este mundo se ordena, que también ellos organizan este mundo en torno de “aquí y ahora” de su estar en él y se proponen actuar en él. (…) sé que hay una correspondencia continua entre mis significados y sus significados en este mundo, que compartimos un sentido común de la realidad de éste.126

Los órdenes sociales y sus representaciones sociales están organizados en un aquí

y en un ahora, es decir que, se encuentran situados dentro de un espacio y tiempo, sobre los cuales se construye la vida cotidiana.

126 Peter Berger L. y Thomas Luckmann, La construcción social de la realidad, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2003. p. 39.

Sin embargo, como ya se había dado a notar, la existencia social de los cuer- pos como sociales se da a partir de la interpelación de las representaciones socia- les, culturales y discursivas. Los actores sólo pueden ser pensados como tales a partir de su materialización con respecto a los órdenes sociales que permiten la inteligibilidad de las cosas. De no ser así, no existiría la posibilidad de que las y los actores sean reconocidos como tales. Hay que recordar también que toda subjeti- vidad e identidad se encuentra mediada y posibilitada por las normas regulado- ras de los órdenes sociales, en donde aquellas primeras representaciones sociales constitutivas que interpelan a los cuerpos son las normas del género.

Todas estas representaciones culturales y de lenguaje constriñen su posi- bilidad de existir a partir de las prácticas sociales, sobre las cuales se producen, reproducen, resignifican y, en su resignificación, toda norma y orden social es sus- ceptible de ser transformado. Por lo tanto, es imposible pensar en un yo como anterior de toda práctica social, ya que todo cuerpo encarna en sí las representa- ciones sociales. En esta investigación hay una relación constante entre las estruc- turas sociales y las prácticas sociales producidas por los actores, en donde éstos se encuentran atravesados por los órdenes sociales pero al mismo tiempo es a través de sus prácticas sobre las que producen, reproducen y reestructuran esas mismos órdenes de inteligibilidad.

De tal forma que Schütz, Berger y Luckman hablarán de el mundo de la vida cotidiana. No habrá un análisis de dicha tradición sociológica, pero si se tomarán ciertos elementos teóricos de ésta para poder pensar y colocar al amor romántico no sólo como forma estructural sino también como producto de las interacciones sociales que se dan en el ámbito de lo cotidiano: colocarlo como experiencia, actos que son reproducidos, revisados, reconfigurados y consolidados a través del tiem- po. Experiencias producidas por sujetas y sujetos, los cuales reproducen todos los órdenes sociales, sus condiciones históricas, los discursos, la cultura, identidades, etcétera. Es esta tradición la que permitirá ver la expresión corpórea de dichas re- presentaciones sociales.

Será en los actos en donde se deposite, produzca y reproduzcan los discursos y la cultura. Por ende, es en los cuerpos materializados ya por los órdenes socia- les, donde se expresa toda norma regulada, ya sean las del género, ya sean las del amor romántico. Habrá así que pensar en los cuerpos sociales y sus actos constan- tes como dramatizaciones de esas representaciones sociales y sus normas.Los actos serán pensados como actos constitutivos y bajo su concepción teatral. Articularlos dentro del performance los colocará como: “Experiencia compartida y una acción colectiva.”127 Así, los actos encarnarán la cultura, el lenguaje, discursos tales como

el género y el amor romántico, de tal manera que ningún acto puede ser colocado dentro del ámbito individual. “El acto que uno hace, el acto que uno ejecuta, es, en cierto sentido, un acto que ya fue llevado a cabo antes de que uno llegue al escena- rio.(…) un acto que ya estuvo ensayado, muy parecido a un libreto que sobrevive a los actores particulares que lo han utilizado, pero que requiere actores individua- les para ser actualizado y reproducido una vez más como realidad.”128

De tal manera, estos actos ya actuados anteriormente, necesitarán de su re- petición constante para reproducirse y reactualizarse. La acción social será vista, entonces, como un performance repetido sobre el cual se reproducirán y readapta- rán las formas simbólicas culturales y discursivas. Esta ritualización dramática permitirá su legitimación como órdenes de sentido y su posible transformación: “(…) una acción social requiere de una performance repetida. Esta repetición es a la vez, reactuación y re-experimentación de un conjunto de significados ya social- mente establecidos; es la forma mundana y ritualizada de su legitimación.”129 Esto

dará cuenta del performance dentro del ámbito de la vida cotidiana, con dimen- siones tanto temporales como colectivas.

La acción social como performance reproduce las mismas normas regulado- ras de la cultura y los discursos como es el caso del género, sobre el cual, a partir de su performatividad dada en los cuerpos materializados y generizados, se repro- duce aquella matriz heterosexual. Esta repetición y reproducción de toda norma reguladora se da debido a que, como ya se había visto, ningún actor social se en- cuentra como pre-cultural o pre-discursivo. Su existencia como ser social depende de aquellos órdenes sociales que hacen inteligible al mundo, de tal manera que toda acción se encuentra constreñida por los mismos órdenes sociales sobre los cuales se hace comprensible.

Los órdenes sociales al delimitar lo que es verdadero y real constriñen a su vez a todo acto social y todo performance, los cuales deberán de encontrarse den- tro de aquellas delimitaciones. Habrá actos que se encuentren en el límite de lo real, pensados como ilusorios o falsos, pero como ya se había dicho, tales modali- dades de acción social seguirán encontrándose dentro del entramado cultural y discursivo por el simple hecho de ser reconocidos como tales. Se encontrarán como excluidos, abyectos, en los límites de las estructuras, pero siempre adentro de es- tas, de no ser así, no serían posibles de ser conocidos y mucho menos actuados.

Esto no niega la composición de los actores sociales como agentes de ac- ción, razonamiento e interpretación. Como ya se había dicho, no se piensa en los 128 Judith Butler. Loc. cit.

cuerpos como meros receptores de estructuras fijas y determinantes; sino que los agentes actúan, piensan e interpretan sobre lo que ya está dado, dentro de un es- pacio culturalmente restringido.

Habrá que hacer acá una aclaración ante una problemática que se puede pre- sentar debido a relación entre los actos y su expresión teatral o performativa. Si se habla de performance o teatro, generalmente, se lleva a relacionarlos con aquello que no es real sino que es ficción. Pero habrá que pensar en estas nociones dota- das de sentido debido a que se encuentran dentro de la cultura, el lenguaje y los discursos.

De tal manera, se colocará a todo acto u acción social como performativa, de- bido a que toda práctica se encuentra constreñida por los mismos órdenes sociales que le brindan sentido. Ningún acto puede ser posible de ser comprendido si no surge dentro de lo inteligible. Los actos performativos repetirán toda norma social que los constriñen y posibilitan, reproduciendo y legitimando toda representación simbólica encarnada, como los discursos de la modernidad, la identidad de géne- ro sustentada en un sistema de heterosexualidad sobre el cual se naturalizan los sexos e identidades heterosexuales, el discurso del amor romántico, etcétera. Sin embargo, son los mismos actos los que van a conformar los mismos órdenes y normas que los constriñen. Los actos, en tanto performativos, no son la mera ex- presión de aquellas formas simbólicas si no que toda significación cultural y dis- cursiva se encontrará posibilitada como social por aquellos actos que configuran y legitimizan su existencia. Por eso, no son estructuras fijas sino que son producto de su constante ritualización mediante la acción social. Parte de esa performativi- dad de los actos se encuentra en que la repetición constante de los órdenes sociales y sus normas reguladoras no es una mera copia de un “original”, sino que en la re- petición se encuentra la resignificación y la posible disrupción y reestructuración de aquellas formas simbólicas imperantes.

Será importante centrarnos en los actos como constructores de lo social y como aquello en donde se puede encontrar la posible reestructuración de los órde- nes sociales creados, en primera instancia, por la misma sociedad actuando den- tro de sí misma. Es la sociología comprensiva e interpretativa la que da pauta para pensar en la centralidad de los actos y así pensarlos como: “socialmente comparti- do[s] al mismo tiempo que históricamente constituido[s].”130

Se colocarán ciertas nociones de George Mead y Erving Goffman, que dieron pauta para pensar en los actos como producto social y configurador de lo social, dándole fuerza a la noción de la interacción social. Explicar elementos de sus teo- 130 Ibíd. p. 313.

rías permitirá pensar al amor romántico no sólo como producción discursiva y cultural que constriñe a los individuos sino que también la interacción entre éstos produce y reproduce este discurso. Pensar al amor romántico en términos de la interacción permitirá verlo como producto de las relaciones sociales entre las y los sujetos. Así, podrá hablarse de la experiencia romántica.

Mead dirá: “El cuerpo no es un yo, como tal; solo se convierte en persona cuando ha desarrollado un espíritu dentro del contexto de la experiencia social.”131

Estamos hablando, entonces, de la creación de todo individuo como un proceso social, mediado por el lenguaje: “Lo que el lenguaje parece expresar es una serie de símbolos que responden a cierto contenido mensurablemente idéntico en la experiencia de los distintos individuos. Si ha de haber comunicación como tal, el símbolo tiene que significar lo mismo para todos los individuos involucrados.132

Cuando Mead habla del acto lo coloca como la unidad básica de análisis, es el eje central y por lo tanto es una totalidad, pero no es una totalidad cerrada y fija sino que es una articulación entre las partes, las cuales se relacionan todo el tiempo. Es de esta manera que el acto es una totalidad de elementos tanto inter- nos como externos, y ésta, es la base de toda emergencia de la acción. El acto, de esta manera, son los estímulos y respuestas que implican conductas reflexivas, es a partir del acto que se da la ocasión para actuar de manera reflexiva y consciente.

Sin embargo, el acto sólo involucra a un agente. Es así que el acto social se da entre dos o más actores, implica una serie de interacciones en donde hay estímu- los y respuestas, las cuales se dan a partir del gesto. Este gesto es el impulso del acto social, debido a que es el estímulo que realiza una persona para que reaccione otra, son aquellos movimientos corporales y expresiones que todo ser vivo realiza. Es aquí en donde hay que diferenciar entre gesto no significante y el significante ya que mientras el animal realiza una acción provocando una respuesta no reflexiva, los actores en cambio, por medio de un proceso reflexivo, realizan una acción per- mitiendo la respuesta de otros: “(…) El individuo reacciona a sus propios estímulos del mismo modo en que reaccionan las otras personas. Entonces el estímulo se torna significante; entonces uno dice algo133.

Es así que los gestos son significativos en tanto que tienen sentido tanto para el que los produce como para los otros, es común a todos, y es en el lenguaje en donde están todas las ideas compartidas, los acervos de conocimiento común. Es de ésta manera, que a partir de éste el gesto deja de ser una expresión significativa y 131 George Mead, Espíritu, persona y sociedad, Ediciones Paidós, Buenos Aires, 1973. p. 92.

132 Ibíd. p. 96.

se convierte en un símbolo significante. El lenguaje permite que adoptemos la mis- ma imagen, el contenido de la imagen permite la comunicación y la predicción de la reacción del otro, es así que el gesto significante permite reconocer al otro y anticipar (por medio de experiencias pasadas) su reacción.

Por lo tanto, el gesto comienza a ser significativo cuando una acción evoca una reacción en el otro a partir de la misma imagen. El lenguaje permite que el actor pueda ser estimulante en sus propias acciones y al mismo tiempo ser receptor de los estímulos de los otros. A partir de esto se dan una multiplicidad de relaciones, por lo que, estos gestos constriñen y posibilitan la interacción. Podría decirse que éstos son aquellas normas que regulan la acción y al mismo tiempo la posibilitan.

Se mostrará el carácter de los actos sociales dentro de la vida cotidiana, me- diados por los órdenes sociales que le dan sentido y coherencia a la acción misma. Goffman, retomando a Mead, también intentará dar cuenta de esto, pensando en la construcción de la realidad social como producto de las interacciones sociales, que en Goffman serán pensadas como las interacciones cara-cara. Éste, intentará comprender la estructuración de los encuentros cara-cara, colocándoles dentro de un orden de interacción.

Para Goffman, toda interacción social se da dentro de situaciones sociales: “(…) contextos en los que dos o más individuos están físicamente en mutua pre- sencia.”134 El énfasis de su análisis se encuentra en este orden de interacción, sin

embargo, habrá en Goffman una intensión de relacionar este ámbito con el de las estructuras sociales, las cuales se encuentran interiorizadas en los individuos; no hay forma de que los actores sociales puedan existir como tales así como sus inte- racciones si no se encuentran dentro de los órdenes sociales, aquellas representa- ciones sociales que le dan inteligibilidad al mundo, y es que sólo a partir de éstos se le puede dar sentido y significado a toda acción social.

El orden interactivo en donde “dos o más personas están físicamente próxi- mas la una de la otra”135, será pensado como una estructura autónoma de las de-

más estructuras sociales. Entonces, las mismas interacciones cara-cara tienen cierto ordenamiento interno y dinámica, construyendo sus propias normas, sobre lo cual se produce y reproduce la realidad social.

Toda acción social está condicionada por la situación, ubicada socialmente dentro de ciertos órdenes de sentido que le brindan inteligibilidad, de tal forma 134 Asael Mercado Maldonado y Laura Zaragoza Contreras, “La interacción social en el pensamiento sociológi-

co de Erving Goffman”, en revista Espacios públicos, Vol. 14, núm. 31, mayo-agosto, 2011. p. 167.

135 Manuel Herrera Gómez y Rosa María Soriano Miras, La teoría de la acción social en Erving Goffman, Uni- versidad de Granada/Departamento de Sociología, España, 2004. p. 62.

que siempre encarnará en sí al lenguaje, la cultura, etcétera. Es en torno a las situa- ciones, ubicadas en tiempo y espacio, en donde se realiza toda interacción. Dentro de todo proceso interactivo, los actores sociales se presentarán a sí mismos hacia otros, adoptando diferentes roles dependiendo la situación dada, con la finalidad de controlar la acción y logrando una impresión de los otros.

Los actores se convierten así en portadores de ciertas máscaras con las que se actúa para un público, de tal manera que la interacción se colocará en términos dramatúrgicos en donde la acción social será un performance. Sin embargo, acá habrá que cuestionarnos sobre esta noción de máscaras. Parece ser que Goffman hace referencia al uso y desuso de roles e identidades por voluntad de los agentes, pero, ya se dio a notar que la identidad y toda subjetividad está mediada por los órdenes sociales y sus normas reguladoras, de tal manera que la identidad y los roles sociales no pueden ser pensados como producto de la voluntad de los acto- res136. A pesar que la idea de las máscaras sea cuestionable es imprescindible darle

importancia a la noción del performance en la teoría de Goffman.

Así, Goffman mostrará la imagen que presentan los actores dentro de una in- teracción, dando cuenta que la interacción se encuentra ordenada en sí misma ya que las imágenes con las que se presentarán los agentes serán un “equipamiento expresivo de tipo estandarizado”137 sobre las cuales se intentará controlar la ac-

ción. Aún así, la acción social, en tanto performance, nunca será captada en su plenitud por los actores inmersos en ella. Habrá elementos de la acción tales como los gestos, los movimientos corporales, elementos no verbales, que escapan del mismo intento de controlar la acción; por ende, todo actor tendrá una definición de la interacción y situación pero siempre se dará con base a la definición compar- tida que se tenga de ella.

Para poder ser configurada, la interacción social necesita de ciertos consen- sos entre los participantes, sin embargo, esto no quiere decir que sean neutras; toda interacción se encuentra mediada por relaciones de poder, debido a que se encuentra constreñida por aquellos órdenes sociales construidos a partir de la ex- clusión, sobre los cuales se construye aquello negado, excluido y abyecto. La in- teracción social se encuentra dentro de los mismos márgenes y límites, porque habrá cuerpos sociales que se encuentren en los límites de las estructuras y habrá otros que se encuentren dentro del marco aceptado, verdadero y real de las mis- mas.Ya se ha visto como el amor romántico es discurso, construido a partir de re- 136 Es importante señalar que no se intenta negar la existencia de la capacidad de agencia y de elección de

los individuos. Todo sujeto es racional, elige y actúa. Sin embargo, como ya se había mencionado en los apartados anteriores, toda identidad depende de una serie de normas y roles aprendidos por los sujetos, que puede transformarse no meramente con actos de voluntad sino a partir de su repetición, reproducción y cuestionamiento.

presentaciones sociales, cultura y lenguaje. Sin embargo, su existencia depende de las prácticas sociales, y aquellas interacciones sociales sobre las que se construye dicha experiencia; prácticas y actos que construyen y reproducen dicha discurso para poder hacer inteligible la misma experiencia amorosa. Dicha experiencia se configura como tal a partir de la repetición de las representaciones sociales ya in- terpeladas en los actores, en donde habrá que poner atención en las características discursivas del amor romántico que lo diferencian de cualquier otra relación so- cial, esto es la fuerza emocional que produce y su sacralidad ¿cómo se reproducen en la experiencia amorosa? ¿Es posible pensar en la construcción de dichas fuerzas