INTRODUCTION TO CLOUD COMPUTING
1.3 LAYERS AND TYPES OF CLOUDS
Lo peor de todo ello era que el hombre gradualmente se transformaba a semejanza de su religión. Primero imputaba sus propios vicios a los dioses, y luego imitaba los vicios de sus dioses. Verdaderamente, las naciones paganas eran el hijo menor en la parábola,1 que había dejado la casa de su padre con la parte de los dioses que le pertenecía, (ciencia pagana, arte, literatura y poder) para encontrarse finalmente llevado a comer las algarrobas de las que se alimentaban los cerdos, sin conseguir con ello satisfacer los apremios de su hambre. Bendito sea Dios por esa revelación de sí mismo en Cristo Jesús, que ha vuelto el pródigo a la casa y al corazón del Padre.
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«De la magnificencia de Babel, la capital del imperio de Nimrod, “el cazador poderoso”, es difícil aportar un concepto adecuado, sin introducirnos en detalles ajenos a nuestro propósito».
La terraza del templo (zigurat) de Ur, construida hacia 2100 a.C. por el rey Urnammu, nos ofrece una sugerente evocación de la Torre de Babel.
Pero a pesar de todo ello, Dios no se quedó sin un testimonio. El estudio hacia el interior del hombre en busca de un Dios, la voz acusadora de su conciencia, el intento de ofrecer sacrificios, y los remanentes de antiguas tradiciones de la verdad entre los hombres; todo parece apuntar hacia arriba. Y luego, del mismo modo que no todos los que eran de Israel, eran verdaderamente de Israel, así también Dios tuvo en todo tiempo los suyos, incluso entre las naciones gentiles. Job, Melquisedec, Rahab, Rut, Naamán, pueden ser mencionados como ejemplos de esto. Se entenderá rápidamente que el número de los «nacidos fuera de tiempo», por así decirlo, de entre los gentiles, debe haber sido mayor cuanto más ascendemos en el río de la vida, y cuanto más nos acercamos al período cuando las tradiciones todavía estaban conservadas con su pureza en la tierra. El ejemplo más completo de esto se nos presenta en el libro de Job, el cual también nos da una imagen muy interesante de aquellos días.
Podemos considerar dos cosas como bien establecidas sobre el libro de Job. Su escena y actores se colocan en tiempos de los patriarcas, y fuera de la familia o antepasados inmediatos de Abraham. Es una historia de vida gentil durante los primeros patriarcas. Y, no obstante, no se encuentra fuera del libro de Job nada más noble, grande, devoto, o espiritual «ni aun en Israel». Éste no es el lugar para exponer la historia de Job, o para señalar la profundidad de pensamiento, la viveza de su imagen, y la belleza y grandeza del lenguaje con el que está escrito. Sirva echar una ojeada rápida al repaso de la vida religiosa y social que se nos presenta.
Job
Si nos referirnos aquí a las palabras de Eliú, Job tenía evidentemente un conocimiento perfecto del Dios verdadero y era un adorador humilde y deseoso de Jehová. Sin tener ninguna relación con «Moisés y los Profetas», conocía las cosas sobre las que hablaron Moisés y los profetas. Reconocimiento de Dios, creyente y reverente, sumisión y arrepentimiento espiritual formaban parte de su experiencia, lo cual era aprobado por Dios mismo. Además, Job ofrecía sacrificios; habla sobre el gran tentador; espera la resurrección del cuerpo; y espera la venida del Mesías.
Hemos seguido las líneas principales de la religión de Job. Los amigos que acuden a él, aunque no comparten su piedad, por lo menos no tratan sus opiniones como algo muy extraño y nunca oído. Esto, pues,
es una imagen bendita de cierta clase en aquella edad. A partir de varias alusiones en el libro de Job
podemos vislumbrar cuánto había avanzado la cultura y la civilización en aquellos días. Job era un hombre de gran riqueza y alto rango. Como dice un escritor reciente:2 «El jefe vive con notable esplendor y
dignidad… Job visita la ciudad con frecuencia, y es recibido con gran respeto como un príncipe, juez y guerrero destacado.3 Se hace alusión a tribunales de justicia, acusaciones escritas y formas normales de procesos.4 El hombre había empezado a observar y razonar sobre los fenómenos de la naturaleza, y las observaciones astronómicas eran relacionadas con especulaciones curiosas sobre tradiciones primitivas.
Leemos acerca de operaciones mineras, grandes edificios, sepulcros en ruinas… Grandes revoluciones habían sucedido durante el tiempo del escritor; naciones, que en otro tiempo habían sido independientes, habían sido derrocadas y razas enteras habían sido reducidas a la miseria y la degradación. Pero tampoco deberíamos pasar por alto las observaciones que nos da esta historia sobre la vida social. A pesar de existir violencia, robo y asesinato en la tierra, felizmente, también encontramos el otro lado de la moneda. «Cuando yo salía a la puerta de la ciudad, y en la calle preparaba mi asiento, los jóvenes se retiraban al verme; y los ancianos se levantaban y se quedaban en pie.» Junto con este adecuado tributo al valor, encontramos que la relación entre los ricos piadosos y los pobres se describe como sigue: «Los oídos que me oían me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían me daban testimonio, porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que carecía de ayudador. La bendición del que iba a perecer venía sobre mí, y al corazón de la viuda yo daba alegría». Ciertamente no hay nada de todo esto que quisiéramos alterar ni siquiera en tiempos del Nuevo Testamento. Pero, en contraste, lo más terrible debe haber sido la idolatría y la corrupción de la gran mayoría de la humanidad; una idolatría que debieron heredar de antes del diluvio, y que rápidamente alcanzó proporciones gigantescas, y una corrupción que continuó aumentando durante los «tiempos de esta ignorancia».
Capítulo 10
Antes de seguir adelante con nuestra historia sería adecuado dar unas breves explicaciones sobre la tabla cronológica ofrecida en este volumen, y de la cronología temprana de la Biblia en general.