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Dentro del radio de acción del cordón pueden producirse muchos fenómenos curiosos: repercusión del propio cuerpo astral, repercusión de la sensibilidad, repercusión del movimiento, sensibilidad dual, falta de sensibilidad, catalepsia, inestabilidad del cuerpo, etc. Consideraremos en primer lugar, la repercusión del cuerpo astral.

La causa más común, probablemente, de repercusión corporal es el despertar de la conciencia durante una proyección inconsciente. El espíritu puede hallarse proyectado a cualquier distancia, dentro del radio de acción del cordón, en estado inconsciente, cuando de pronto, la conciencia hace su aparición. Casi antes de que estalle la primera chispa de conciencia, el astral repercute dentro del físico con inconcebible velocidad. Cuando la coincidencia tiene lugar en esta forma, un sacudón recorre todo el organismo físico —como si cada músculo del cuerpo se hubiera contraído en el mismo momento— haciéndose particularmente notable en los miembros. La conciencia, causa determinante de la repercusión corporal, ha entrado en actividad y, en consecuencia, inmediatamente después de la repercusión el sujeto se halla consciente y ya en el cuerpo físico.

Existen cientos de personas (todos los que duermen) cuyos cuerpos astrales salen ligeramente de coincidencia noche a noche a fin de cargarse de energía cósmica. ¿Le ha pasado alguna vez al lector hallarse muy fatigado y, al entrar en el estado hipnagógico (cuando uno empieza a dormirse), dar un brusca salto espasmódico y recobrar la conciencia? El médico llama a esto "nervios" pero eso no explica nada.

La solución del problema no es difícil. Cuando el condensador, el cuerpo astral, se halla descargado, el subconsciente lo saca de coincidencia en la primera oportunidad, a fin de recuperar energías lo antes posible. De este modo, cuando uno se halla fatigado o enervado por cualquier otra circunstancia, al entrar en el estado hipnagógico el astral sale de coincidencia. Un destello de conciencia se hace entonces presente, o se oye un ruido repentino, o algún agente excita las emociones, como el miedo, por ejemplo. El cuerpo astral repercute, entonces, sacudiendo al físico, aunque sólo haya estado separado de éste por escasos centímetros.

Debe tenerse presente que el fantasma se halla en estado cataléptico por lo cual, al coincidir vigorosamente, obliga a los músculos relajados del cuerpo físico a conformarse a su propio estado. Si el astral regresa al físico sin violencia, en estado cataléptico, y el sujeto se torna consciente, la sensación experimentada será la de una parálisis momentánea. El shock producido por la repercusión es siempre desagradable y unas veces más violento que otras. La violencia depende del espacio que deba recorrer el cuerpo astral para entrar en coincidencia nuevamente, como así también de la velocidad con que tenga lugar la interiorización.

La velocidad de interiorización está regulada, a su vez, por la preponderancia relativa de los factores negativos. Cuanto mayores sean la velocidad y la distancia, tanto más violento será el sacudón. La velocidad y la distancia combinadas producen la repercusión máxima; pero de estos dos factores es el primero el más importante; en efecto, aun a la distancia de treinta centímetros, si el regreso al cuerpo físico se produce con gran velocidad, éste sufre un shock violento.

El resultado más aparente de esta súbita reanimación —cuando velocidad y distancia se hallan combinadas— es la sensación de ser desgarrado longitudinalmente a lo largo del eje central del cuerpo. La expresión "desgarrón longitudinal" describe esta dolorosa sensación con más exactitud que cualquier otra palabra. Es un agudo dolor repentino, como si un afilado instrumento hubiera atravesado el cuerpo en toda su longitud.

Este serio efecto no es experimentado con tanta frecuencia como el "salto", debido a que la mayoría de la gente no alcanza grandes separaciones. Sin embargo, los dos son sumamente desagradables. No podría decir si estas penosas repercusiones encierran algún peligro para el cuerpo astral, pero es probable que sólo se trate de accidentes más desagradables que perjudiciales. Cuando el regreso se halla controlado, como es lo normal, por el subconsciente —con predominio equilibrado de los factores positivos y negativos— el sujeto no advierte la regresión al estado de coincidencia.

Si el principiante que intenta realizar este fenómeno (proyección) sufre serias repercusiones corporales, entonces tendrá un índice de que, en cierta medida, ha logrado realizar la proyección; si bien en medio de un conjunto de serios factores negativos. Una repercusión seria suele poner punto fina1 a estas experimentaciones debido al temor del sujeto de experimentar nuevos shocks, pues este miedo reprimido acarrea consigo, a su vez, fuertes emociones que, al primer destello de la conciencia, "barren" al astral hacia el cuerpo físico con nuevas y desagradables repercusiones.

Pero si el sujeto desea realmente ejecutar proyecciones de más vastos alcances y experimenta repercusiones corporales, lejos de fijarse en el dolor que ocasionan (que sólo es pasajero) o de temerlas por peligrosas, deberá aceptarlas como la mejor prueba del éxito de su tentativas, persuadiéndose de que no encierran ningún peligro y de que no deben perturbar la marcha de sus proyecciones. Esto eliminará el miedo reprimido que pone en marcha las emociones perturbadoras durante la proyección. Los ruidos, sensaciones y emociones producen repercusiones corporales, siempre que el astral se encuentre dentro del radio de acción del cordón. Claro está que fuera del radio de acción del cordón estas influencias son nulas. El principal factor es, quizás, el emocional; los ruidos, sensaciones, etc., son factores secundarios. Y aquí nos encontramos con otra paradoja. La proyección astral de tipo inconsciente es de tal naturaleza ¡que acarrea sensaciones! Estas sensaciones determinan la aparición en la mente de emociones o sueños. Y la emoción nacida del sueño hará que el cuerpo sutil se interiorice.

Quizás pueda llamarse a esto "un círculo vicioso". Y lo es en cierto sentido; sin embargo, sucede aquí lo mismo que con los sueños; la irritación o sensibilización de la vejiga hará soñar al sujeto que la vacía. Y el sueño de vaciar la vejiga, hará que ésta sea vaciada. Por regla general, las sensaciones producidas por la actividad del cuerpo astral, determinan la aparición de sueños del tipo de volar, que pasaremos a discutir de inmediato

CAPITULO IV

In document Wind River Linux USER'S GUIDE 5.0.1 (Page 101-111)

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