Este modelo se configuró con la ruptura del proceso caracterizado por la inserción al mer- cado mundial como productor de materias primas como consecuencia de la crisis del ‘30 y se consolidó hacia mediados del siglo XX, con el advenimiento del peronismo.
El contexto de crisis económica mundial, Crisis de Wall Street, arrastró no solo al núcleo du- ro del capitalismo de aquella época, sino que constituyó una crisis que se fue extendiendo a todas las economías emergentes, en especial a nuestro país impactando en el sector externo por la limitación en la capacidad de compra de los países centrales de productos (materias primas de origen agropecuario).
Se instituyó un nuevo modelo de desarrollo que adoptó como ejes centrales nuevas políticas de industrialización del país; basándose en la sustitución paulatina de insumos y bienes ante- riormente importados; dándole impulso a un incipiente mercado interno de consumo y apunta- lando las inversiones en esos sectores.
El Estado argentino toma un papel protagónico, influenciado por las políticas del término inglés Welfare State o Estado Benefactor, financiado a través del excedente agropecuario.
A mediados de la década del ´40 se profundiza el modelo denominado Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), impulsado desde “Estado Benefactor”, orientado hacia el desarrollo del mercado interno. La industria nacional comienza una etapa de despegue y de fortalecimiento en áreas urbanas y suburbanas; generando fuentes de trabajo y convirtiéndose en polos de atracción de nuevas corrientes poblacionales; produciéndose un importante proce- so de migración interna, desde provincias con estructuras productivas menos dinámicas o bien estancadas. En este último período se consolida el fenómeno de expansión del área metropoli- tana de Buenos Aires. Además del aporte de mano de obra desde las provincias hacia las grandes ciudades, desde los países limítrofes llegan importantes flujos migratorios atraídos por las condiciones favorables en el país.
La puesta en marcha de los planes quinquenales propulsó la generación de fuertes in- versiones en infraestructura y equipamiento social –principalmente en las áreas periféricas de las zonas urbanas–, lo que permitió la inclusión de vastos sectores económicos y so- ciales y el desarrollo de esas áreas junto a otras históricamente desarticuladas del territo- rio nacional.
Durante el período 1958-1962, el “desarrollismo” encaró un proyecto de modernización del país que tuvo como ejes el desarrollo regional y la diversificación industrial, fundamentalmente en base a la industria pesada. En virtud del mismo se pusieron en marcha importantes obras de infraestructura, conducentes a superar el histórico desequilibrio del territorio.
Estos procesos complejos se deben contextualizar en términos históricos del clima econó- mico y político latinoamericano. Se despliega una etapa de inestabilidad institucional, con su- cesivos gobiernos civiles y militares –durante los cuales alternaron políticas conservadoras y/o de industrialización– que desemboca en el golpe militar del año 1976.
Mapa Nro. 8: Modelo Territorial Industrialización por sustitución de importaciones
Fuente: Plan Estratégico Territorial. 1816-2016 Argentina del Bicentenario.
En el último cuarto de siglo, el modelo territorial que se consolida tiene como pauta predomi- nante la integración al mercado mundial a través del proceso de “globalización”. Desde el punto de vista territorial, este proceso agudiza los desequilibrios heredados y la configuración espacial centralista e inequitativa, en la medida que las inversiones en infraestructura y equipamiento – pautadas por el mercado– se concentran en las regiones económicamente más competitivas, abandonando literalmente a las regiones consideradas económicamente “inviables”.
Heredero de la historia nacional, el escenario actual muestra tendencias contradictorias que plantean nuevas amenazas y oportunidades. Se destaca la configuración de nuevos corredores de desarrollo, expresión visible de la dinámica territorial que imprimen los intercambios del co- mercio regional, hecho que se verá consolidado a partir de los acuerdos del MERCOSUR (Mer- cado Común del Sur). Esto plantea nuevos procesos de división y especialización productiva territorial, a partir de los cuales adquieren valor recursos naturales no explotados y se dinami- zan ciertas áreas de la periferia extrapampeana, históricamente rezagadas. En este contexto,
actividades tales como la minera, el turismo y las derivadas del corrimiento de la frontera agro- pecuaria, constituyen nuevas oportunidades, en tanto y en cuanto se desarrollen de manera sustentable, atendiendo a los beneficios colectivos presentes y futuros.
Referencias
Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios (2007). Plan Estratégico Terri-
torial. 1816-2016 Argentina del Bicentenario. Avance I. 1ª ed. Buenos Aires.284 p.
Sellier, J. (2007). Atlas de los Pueblos de América. Ed Paidós. España.
CAPÍTULO 6
Población
La población es un conjunto de personas que se encuentran en un territorio en un momento dado, mientras que la sociedad se define por las relaciones y las organizaciones que se esta- blecen entre las diferentes personas en diferentes marcos territoriales y temporales.
Se denomina estudios demográficos a los que se ocupan de los rasgos poblacionales ele- mentales; como el estado civil, nivel de instrucción, nacionalidad, pertenencia a un grupo étni- co, etc. Para conocer y construir indicadores demográficos y estadísticos se necesita contar con información precisa y actualizada, por lo cual los estados suelen organizar relevamientos periódicos, como los censos de población, hogares y viviendas en todo el territorio.
La importancia del análisis demográfico se basa en la definición de políticas sectoriales adecuadas, en la gestión de recursos, la previsión de escenarios a corto y largo plazo, etc. En términos ambientales, resultan de vital importancia, ya que componen análisis supeditados a la presión que se ejerce sobre los recursos naturales en cuanto a demanda y acceso, incluyendo los efectos ambientales de la producción y consumo; cuestión que, lamentablemente, muchas veces pasa desapercibida para las gestiones políticas en ámbitos locales y regionales.
El tamaño, composición, estructura por sexo y edad y el ritmo de crecimiento de una deter- minada población revisten gran importancia a la hora de analizar sus características y condicio- nes de vida. De igual relevancia, es conocer su distribución espacial y densidad de ocupación según diferentes regiones de un determinado territorio.
La población mundial ronda actualmente los 7.500 millones de habitantes; América Latina supera los 600 millones de habitantes y en el caso de la Argentina la estimación actual es de 43.5 millones de habitantes. Desde 1950 la población mundial ha crecido 172,4%, pasando de alrededor de 2.532 millones de habitantes a 6.895 millones en 2010 (Instituto Nacional de Es- tadística y Censos INDEC; 2012).
Tabla Nro. 11: Población estimada según proyección (millones de habitantes) Escala 2016 2025 2050
Mundial 7433 8100 9600
América Latina 626.6 680 779
Argentina 43.5 47.4 56.5
Dicha evolución se explica, entre otros factores que afectaron su crecimiento y su estructu- ra: descenso de la mortalidad infantil, avances en los sistemas de prevención de enfermedades y de salud, ampliación de la esperanza de vida al nacer, aumento del uso de métodos anticon- ceptivos, entre otros factores, son los responsables de estas transformaciones. A su vez, exis- ten diferencias en el comportamiento demográfico en el que se encuentran atravesando dife- rentes continentes o países y al interior de estos y en relación a la etapa de transición demo- gráfica en la que se encuentran según áreas geográficas, grupos socioeconómicos y étnicos.
Ya desde mediados del siglo XX el porcentaje de población mundial que reside en áreas ur- banas está en aumento. Es notorio que el ritmo de la tasa de urbanización es creciente, en detrimento de la población que se asienta en áreas rurales, tanto en nuestro país como en América latina. En el caso argentino el 90 % de la población reside en áreas urbanas.
Retomando el tema del análisis del comportamiento demográfico, en Argentina el primer censo nacional fue instituido bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento y tuvo varias particularidades; para ese entonces lo que era considerado el territorio “percibido” a ser censa- do se limitaba a un sector reducido de lo que actualmente conocemos de la extensión total del país; ya que se limitó al área central de la Pampa, Cuyo, Córdoba, la Mesopotamia y el Norte argentino, excluyendo gran parte del Chaco, el sector sur de la región Pampeana y casi exclu- yendo a la Patagonia.
Los años censales en el país fueron diez (10): 1869; 1895; 1914; 1947; 1960; 1970; 1980; 1991; 2001; 2010.
Gráfico Nro. 6: Evolución de la población argentina según años censales (1869-2010)
Los territorios no poseen una distribución homogénea de su población. Dado varios factores que inciden en ello: económicos, ambientales, culturales, históricos, etc. Por otro lado, las grandes aglomeraciones urbanas se caracterizan por localizarse próximas a las costas y gran- des cuerpos de agua; lo cual nos plantea enormes desafíos en relación al crecimiento del ejido urbano, construcción de infraestructura, disposición final de residuos, provisión de agua pota- ble, sistemas de alcantarillado, etc.
La distribución de la población guarda una estrecha relación con la organización del territo- rio en épocas pasadas y actuales. El proceso por el cual se fue configurando y organizando el territorio nacional, como se vio en el capítulo 5 de ocupación y organización del territorio es clave para comprender desde el presente las huellas territoriales que definen el modelo actual con sus dificultades y potencialidades del mismo. Pero fundamentalmente, con la formación de mercados de trabajo, inversiones e infraestructura, tendencias de los procesos migratorios en relación a la atracción o expulsión de población, etc.