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El siglo XIII es, no s´olo por sus m´etodos, sino tambi´en por su contenido doctrinal, de una multiformidad extraordinaria, mucho m´as multiforme de lo que antes se cre´ıa. De aqu´ı la dificultad para una ordenada divisi´on de los grupos. Es m´erito de Mandonnet haber esparcido m´as luz sobre esta cuesti´on. Su agrupaci´on en tres corrientes: agustinismo, averro´ısmo y tomismo ha hecho escuela. Pero tampoco han faltado quienes la hayan atacado, como veremos a continuaci´on.
Sobre el averro´ısmo latino, acaudillado por Sigerio de Brabante, nos dar´a noticias m´as exactas la nueva publicaci´on del Prof. Grabmann. Los seguidores de esta corriente fueron entusiastas admiradores de Averroes, al cual exim´ıan de toda cr´ıtica. Ya con las fuentes que est´an a disposici´on de todos: las obras de Sigerio publicadas por Mandonnet, el tratado an´onimo
De erroribus philosophorum y las dos listas de proscripciones de Par´ıs, que datan de 1270 2
y 1272 3
, se puede reunir un amplio thesarium de errores averro´ıstas. Esto puede verse por las proposiciones siguientes: negaci´on de la Trinidad4
, de la creatio ex nihilo en sentido estricto5
, de la contingencia de las cosas naturales6
; las tesis de la actio necessaria Dei en la producci´on
1
... y la corriente agustiniano-ar´abiga en el siglo XIII. Hemos abreviado el t´ıtulo para que pueda encabezar las p´aginas del cap´ıtulo. N. E.
2
Chart.-Univ. Par´ıs. I, n. 432. 3
Ib., n. 473 4
De erroribus Phil.-, c. V; Decreto de 1277, prop. 1. 5
Decreto de 1277, prop. 38, 46, 62, 184, 185, 192, 217. 6
Ib. prop. 5 y 21; Sigerio,Tractatus de necessitate et contingentia causarum; Mandon- net,Siger de Brab., t. II, 111 ss.
120 8. La doctrina tomista del acto y la potencia del mundo 7
, de la eternidad del mundo8
y del hombre -de aqu´ı la negaci´on del primer hombre9
-; el principio:((quod a nullo agente possint simul progredi inmediate diversa))10; la negaci´on de la potencialidad en la actividad de los
´angeles 11
, del conocimiento y providencia de Dios con relaci´on a las cosas singulares de la tierra12
; la admisi´on de un entendimiento humano universal y ´unico13
y, en consecuencia, la negaci´on de la libertad14
de la inmortalidad personal y de la recompensa y el castigo individuales en la vida futura15
, de la uni´on substancial entre el alma espiritual y el cuerpo del hombre16
, el cual estar´ıa espec´ıficamente constituido por el anima sensitiva17
; finalmente, la doctrina del influjo determinante de los astros sobre los animales y los hombres18
, hasta el punto de que incluso la religi´on cristiana tendr´ıa que ser concebida como nuevo resultado de los cambios producidos en las cons- telaciones de los astros19
. Acaso la condenaci´on de esta ´ultima proposici´on afectara tambi´en a Rogerio Bacon, que efectivamente la ense˜n´o.
Sea de ello lo que quiera, el averro´ısmo latino era manifiestamente an- ticristiano20
. Por eso lo combatieron tanto los llamados agustinianos, como Alberto y Tom´as, especialmente el ´ultimo. Como es notorio, los averro´ıstas latinos derivaron sus doctrinas de Averroes y Arist´oteles. Sus relaciones con ambos son manifiestas. Pero durante demasiado tiempo se ha subestimado en
7
Decreto de 1277, prop. 49, 50, 51, 52, 54, 58, 59, 64. 8
Decreto de 1270, prop. 4; Decreto de 1277, prop. 87, 88, 89, 98, 99, 205; De error. Phil., c. 2; Sigerio,De aeternit. mundi; Mand., II, 131 c.
9
Decreto de 1270, prop. 5; Decreto de 1277, prop. 9. 10
Ib. prop. 43, 44;De error. Phil.c. V. 11
Ib. c. V; Decreto de 1277, prop. 71, 76, 79. En prop. 79 se niega la distinci´on real de esencia y existencia en los ´angeles.
12
De error. Phil., c. V; Decreto de 1270, prop. 2 y 3; Decreto de 1277, prop. 3, 42, 46. 13
De error. Phil., c. V; Decreto de 1270, prop. 6 y 7; Decreto de 1277, prop. 27, 81, 96, 97, 117, 121, 123, 187; Sigerio,De Anima intellectiva, VII; Mand. II, 165 ss.
14
Decreto de 1270, prop. 12, 13; Decreto de 1277, prop. 130, 133, 134, 135, 158, 159, 160, 162, 163, 173.
15
Decreto de 1270, prop. 8, 10; Decreto de 1277, prop. 15, 19, 41, 116, 120, 176, 178. 16
De error. Phil., c. V; Decreto de 1277, prop. 13, 119, 123; Sigerio,De Anima intellec- tiva, III; Mand., II, 150 ss.
17
De error. Phil., c. V; Decreto de 1277, prop. 11, 105, 119. 18
Decreto de 1270, prop. 11; Decreto de 1277, prop. 30, 74, 112, 133, 143, 161, 162, 167, 189, 195, 206, 207.
19
Sigerio, De aetern. mundi, III; Mand., II, 139-40; De error. Phil., c. V; Decreto de 1277, prop. 6, 10, 152, 174.
20
De esta censura no salva a los averro´ıstas la declaraci´on de que las mencionadas tesis no eran m´as que conclusiones filos´oficas, que la fe ense˜naba lo contrario y que a ella hab´ıa que someterse. Cient´ıficamente eran adversarios del cristianismo, tanto m´as cuanto que consideraban aquellas conclusiones filos´oficas como stringentes. Vid. Sigerio, De Anima intellectiva, VII; Mand., II, 166.
121 la historia de la filosof´ıa la infiltraci´on de la filosof´ıa ´arabe, hist´oricamente de- mostrada, a trav´es del neoplatonismo. Acaso el averro´ısmo latino tenga una ra´ız todav´ıa mucho m´as profunda en un pensamiento plotiniano que, bajo una falsa etiqueta de aristotelismo, domina fuertemente en toda la filosof´ıa ´arabe. Tal fue la idea, nunca explicada con claridad, de que las cosas del mundo proced´ıan por necesidad natural y, por tanto, eternamente de Dios, el ser absolutamente uno, del cual no pod´ıa proceder inmediatamente m´as que un ´unico ser espiritual -´esta es una idea manifiestamente plotiniana den- tro del averro´ısmo latino-, el cual, despu´es, mediatamente, produciendo en emanaci´on descendente la multiplicidad de las cosas, hac´ıa siempre que lo inferior fuera determinado por lo superior en su ser y en su actividad. En todo caso, el averro´ısmo latino es evidentemente monista, como el sistema de Plotino. Y esto no fue sino una consecuencia de la desestimaci´on del ser potencial en lo producido. De aqu´ı la negaci´on de la creatio ex nihilo, de la contingencia de las cosas naturales, de la potencialidad en la actividad de los ´angeles.
De esta manera se distingue el averro´ısmo latino de los otras dos corrien- tes del siglo XIII por tres caracter´ısticas esenciales: su rid´ıcula imitaci´on de Averroes, su car´acter anticristiano y su car´acter monista, el cual, a su vez, no fue m´as que una consecuencia del desconocimiento de la doctrina del acto y la potencia.
La corriente agustiniano-ar´abiga predomin´o, sin duda, en m´as de la mitad del siglo XIII. No pretendemos aqu´ı dar una lista completa de todos sus defen- sores. Esto nos llevar´ıa demasiado lejos. Baste con mencionar los m´as conoci- dos jefes de grupo, para hacer m´as comprensible al lector la fuerza y el influjo continuado de esta corriente. De la primera mitad del siglo mencionamos: el sacerdote secular Prepositino de Cremona (†1231), Pedro de Capua (en 1218 profesor en Par´ıs), Roberto de Cour¸con (1218), Esteban de Langton (†1218), Sim´on de Tournai (en 1216 profesor en Par´ıs), Guillermo de Auxerre (†hacia 1231-37), Guillermo de Auvernia-Parisiensis (†1249); los dos m´as destaca- dos representantes de la primitiva escuela franciscana en Par´ıs: Alejandro de Hales (†1245) y Juan de Rupella (†1245); los primeros dominicos en Par´ıs: Rolando de Cremona (en 1228 profesor en Par´ıs), Juan de S. Giles (en 1230 all´ı mismo), Hugo de Sancto Charo (†1263); en Oxford, del clero secular, Roberto Grossetˆete (†1253), el Magister Petrus, Rogerio Wesham, Thomas Wallensis; all´ı mismo, el dominico Ricardo Fitzacker (†1248), los franciscanos Adam de Marsh (†1258), Ralph de Colebruge, Tom´as de York (†1260). Tam- bi´en en la segunda mitad del siglo pertenece la Orden franciscana en masa a esta corriente; as´ı: S. Buenaventura (†1274), Aquasparta (†1302), Juan Peck- ham (1292), Rogerio Bacon (†1294), Raimundo Lulio (1235-1315), Guillermo de la Mare (†1298), Ricardo de Mediavilla (†1307), Guillermo de Ware († a
122 8. La doctrina tomista del acto y la potencia fines del s. XIII), Pedro Juan Olivi (†1298), Rogerio Marston (†1303), Duns Escoto (†1308). Pero, aun en esta ´epoca, estuvieron los hijos de S. Francisco lejos de ser los ´unicos partidarios de la corriente mencionada. Al lado de En- rique de Gante, en el clero secular (†1293), la corriente plat´onico-agustiniana tuvo como amigos a los dominicos Vicente de Beauvais († hacia 1264) y Pe- dro de Tarantaise (†1267) y un ardiente fomentador en el tambi´en dominico Roberto Kilwardby (†1284), Primado de Inglaterra, mientras que Dietrich de Friberg, O.P., (†1310) rend´ıa tributo, junto con los fil´osofos iluministas, a ideas neoplat´onicas todav´ıa m´as extremas.
Evidentemente, esta corriente sigui´o siendo a´un muy poderosa hasta fines del siglo. Lo dicho demuestra tambi´en que no se ha tenido raz´on ninguna para denominarla simplemente ((corriente franciscana)). Pero tampoco la denom-
inaci´on de ((agustinismo)) nos ha satisfecho nunca por completo. Cierto es
que sus adeptos apelan continumente y para todo al gran obispo de Hipona. Y muchas, much´ısimas cosas, las han tomado efectivamente de ´el. Tambi´en en el campo filos´ofico lo consideran como primera autoridad, mientras que los tomistas ponen en su lugar a Arist´oteles. A trav´es de Agust´ın recibieron numerosos elementos doctrinales neoplat´onicos, en aquella nueva forma que ´el les hab´ıa dado. Es absolutamente indudable: Agust´ın es para ellos una fuerza fundamental. Pero, a nuestro juicio, no es la ´unica. Bebieron tam- bi´en las aguas de una segunda fuente importante, important´ısima, que fue la filosof´ıa ´arabe. Algunas de sus tesis, que son espec´ıficamente peculiares, se encontraban planteadas en los ´arabes con m´as claridad que en Agust´ın, y de fuentes ´arabes las tomaron ellos. De estas fuentes recibieron un nue- vo caudal de neoplatonismo con matices ´arabes y en conexi´on ´arabe, junto con otras doctrinas. As´ı construyeron, como los ´arabes, pero en oposici´on a Agust´ın, el conocimiento del mundo terrenal aristot´elico-abstractivamente, ajust´andose por completo a aquel maridaje que el aristotelismo y el neopla- tonismo hab´ıan llevado a cabo, en muchos aspectos, dentro de la filosof´ıa ar´abigo-jud´ıa. No se comprender´a nunca en toda su amplitud esta corriente llamada agustiniana, sin tener tambi´en en cuenta esta segunda fuente. Es mu- cho m´as aristot´elica que Agust´ın y, al mismo tiempo, influida por los ´arabes, ha entretejido en su sistema puntos doctrinales neoplat´onicos que Agust´ın no tiene o que, por lo menos, no son en ´el f´acilmente demostrables. Baste con recordar la enorme influencia que sobre los seguidores de esta corriente ejercieron: Avicenna, la Fons vitae de Avicebr´on y el pseudo-aristot´elico y neoplat´onicoLiber de causis. S´olo despu´es de aceptar el saber ar´abigo como segunda fuente, se puede explicar suficientemente aquella mezcla heterog´enea de espiritualismo y experimentalismo, tal como la encontramos en Rogerio Bacon y otros. En Agust´ın no exist´ıa tal mezcla. Lo mismo hay que decir de Arist´oteles. Pero entre los ´opticos y alquimistas ´arabes, como ha indica-
123 do Berthelot21
, se encontrar´an las bases de aqu´ella. Estos son los motivos de que no hayamos denominado esta corriente sencillamente ((agustinismo)),
sino corriente agustiniano-ar´abiga.
Con ella tiene mucho de com´un una tercera corriente iniciada por Alber- to Magno y desarrollada por Tom´as de Aquino: la corriente tomista. Ambas se apoyan en principios fundamentalmente cristianos. Ambas tienen como supuesto el ejemplarismo y el trascendentalismo plat´onicos. Ambas se encuen- tran fundamentalmente en el terreno de la concepci´on ontol´ogico-din´amica del mundo, es decir, de la doctrina del ser y devenir, del acto y la potencia. Ni siquiera la c´elebre distinci´on de esencia y existencia es en su origen una doctrina espec´ıficamente tomista. Rupella la ense˜no antes que Alberto, clara y conscientemente22
. Cierto es que, m´as tarde, fue rechazada ya por Enrique de Gante23
.
Hemos considerado oportuno poner de relieve, no s´olo lo que separa, sino tambi´en lo que une a ambas corrientes.
No obstante, hay, efectivamente, divergencias entre ambas. ¿En qu´e con- sisten estas divergencias? La respuesta a esta pregunta ha dado lugar a una controversia entre dos merit´ısimos investigadores en el terreno de la Escol´asti- ca medieval, controversia que s´olo despu´es de una aclaraci´on hist´orica nos har´a ver con exactitud cu´al fue la posici´on del tomismo.
mandonnet-de wulf
Es m´erito innegable de Pedro Mandonnet el haber sido el primero que intent´o establecer una distinci´on clara entre las dos corrientes dominantes del siglo XIII, por medio de un grupo determinado de concepciones y prin- cipios doctrinales. Mandonnet achaca al llamado agustinismo, en primer lu- gar, la carencia de una distinci´on formal entre ambos campos, la filosof´ıa y la teolog´ıa, la naturaleza y la gracia24
. Adem´as, los agustinianos dan a Plat´on la preferencia sobre Arist´oteles y, en consonancia, a lo bueno sobre lo verdadero, a la voluntad sobre el entendimiento, tanto en Dios como en los hombres. Es- to y la directa iluminaci´on divina en la teor´ıa del conocimiento, como ´ultimo fundamento de la seguridad de nuestros conocimientos, caracterizan la base del misticismo agustiniano, al cual rindieron pleites´ıa efectivamente los adep- tos de esta corriente, aun cuando hubiera entre ellos diferencias te´oricas y pr´acticas25
. Al acervo doctrinal agustiniano pertenecen, adem´as, las tesis de
21
Berthelot, M.,La chimie au moyen ˆage. 1893. En tres tomos 22
Summa de Anima, p. I, XXIII, p. 134; I, XLIII, 187; I, XIII, 119-120. (Edici´on Domenichelli, 1882).
23
Quodlib., I, q. 9; X q. 7. 24
Siger de Brabant. Louvain, 1911, p. I, 55. 25
124 8. La doctrina tomista del acto y la potencia la materia prima como algo ya actual, de lasrationes seminalesen la materia, de la compositio de materia y forma en las substancias espirituales creadas, la negaci´on de la materia como principio de individuaci´on y la pluralidad de formas substanciales en el hombre26
.
Contra la caracterizaci´on del agustinismo hecha por Mandonnet ha pre- sentado reparos de importancia el Profesor de Lovaina, Mauricio de Wulf. Ya la misma denominaci´on de((agustinismo))le resulta, lo mismo que a nosotros,
no del todo simp´atica27
. Por lo dem´as, distingue cuatro grupos diversos de principios doctrinales, propios de esta corriente: unos, que son manifiesta- mente agustinianos; otros, que est´an formalmente en oposici´on con la filosof´ıa de Agust´ın; otros, que son m´as bien de origen peripat´etico que agustiniano; finalmente, un cuarto grupo de principios, que son ajenos a Agust´ın o que, por lo menos, est´an, con respecto a ´el, en una relaci´on de indiferencia28
. 1.- Manifiestamente agustiniana es la preferencia de la voluntad sobre el entendimiento, la independiencia substancial del alma con relaci´on al cuerpo, la identidad substancial del alma y de las potencias, la producci´on puramente activa de las im´agenes sensibles por el sujeto cognoscente y la doctrina de las
rationes seminales29 .
2.- En contradicci´on con la doctrina de Agust´ın estaba aquella teor´ıa de la iluminaci´on divina. Por lo dem´as, fueron pocos los escol´asticos del siglo XIII que la defendieron, como Guilermo de Auvernia, Rogerio Bacon, Rogerio Marston y Enrique de Gante, mientras que a S. Buenaventura, el m´as fiel representante de la tradici´on agustiniana, le es completamente ajena. Semejante teor´ıa es de origen ar´abigo-oriental30
.
3.- La concepci´on de la materia prima como algo actual y la composi- ci´on de materia y forma en las substancias espirituales creadas pertenecen al tercer grupo. Estas teor´ıas se desarrollaron mucho m´as bajo el influjo del aristotelismo ar´abigo-judaico que bajo el de Agust´ın, que, personalmente, concibi´o la materia como algo meramente potencial31
.
4.- Completamente ajena a las doctrinas de Agust´ın es la tesis de la plura- lidad de las formas substanciales. Es producto exclusivo del esp´ıritu ´arabe32
. La carencia de una distinci´on formal entre filosof´ıa y teolog´ıa, que Mandonnet pone de relieve, no s´olo no es agustiniana, sino que incluso es absolutamente
26 Ib. 57. 27
Les Philosophes du moyen ˆage.De unitate formae: Gilles de Lessines. Louvain, 1902, p. 16. 28 Ib. 17. 29 Ib. 17-18. 30 Ib. 18. 31 Ib. 19-21. 32 Ib. 21.
125 ajena a los llamados agustinianos del siglo XIII. Enrique de Gante escribi´o, en efecto, varias p´aginas excelentes sobre esta distinci´on formal de ambas ciencias33
.
Como se ve, Mandonnet y De Wulf, a pesar de tener varios puntos de contacto, se apartan efectivamente en concepciones importantes. Y tambi´en los juicios sobre la posici´on de ambos son, a su vez, divergentes. El problema es muy dif´ıcil, y la completa explicaci´on del mismo s´olo podr´a d´arnosla el progreso de las investigaciones medievales. Con todo, acaso las siguientes observaciones cr´ıticas puedan cooperar en algo a dicha explicaci´on.
aclaraci´on hist´orico-cr´ıtica
No todas las tesis que han sido puestas de relieve por Mandonnet y De Wulf como puntos de diferenciaci´on tienen la misma importancia. Esto lo afirmamos de completo acuerdo con los dos merit´ısimos historiadores. Ellos mismos lo indican a cada paso.
I.- As´ı, la preferencia, en principio, de lo bueno sobre lo verdadero es, seg´un ambos cr´ıticos, una doctrina manifiestamente agustiniana34
. Es, as´ımis- mo, una tesis fundamental de los llamados agustinianos, de la cual se deriva toda una serie de puntos doctrinales y, en general, toda la doctrina sobre la relaci´on entre la voluntad y el entendimiento en Dios y en el hombre, sobre la volici´on y el saber, sobre la libertad y la ciencia, sobre la voluntad y la ley, sobre la fe y su relaci´on con el entendimiento y la voluntad. No todos los agustinianos se manifestaron acerca de esta preferencia con tanta claridad como un Escoto Eri´ugena, Anselmo. Hugo de St. V´ıctor, Pedro Lombardo, Alejandro de Hales, Buenaventura, Aquasparta, Enrique de Gante, Roge- rio Bacon y Duns Scoto. Pero el mismo Alberto Magno se encontraba a´un, hasta cierto punto, bajo la influencia de esta concepci´on plat´onica, con su opini´on de que la teolog´ıa no era una ciencia especulativa sino ´unicamente afectivo-pr´actica35
, y que el acto de la bienaventuranza eterna no consist´ıa formalmente en la contemplaci´on de Dios, sino en el goce -fruitio- de Dios, es decir, en una actividad de la voluntad36
.
II.- Incomparablemente m´as fundamental para el platonismo del siglo XIII, combatido por Sto. Tom´as, es la tesis de la iluminaci´on divina como
33 Ib. 21. 34
La posici´on de San Agust´ın acerca de esto no es tan clara, como indic´o muy bien Mausbach (Die Ethik des hl. Agustin, 75-76). En realidad, Agust´ın pone el acto de la suprema bienaventuranza en unavisio Dei(Civ. Dei, XXII, 29), y la raz´on ´ultima de las esencias de las cosas en las ideas divinas (ib. XI, 10). ¡Acaso lucharan en ´el el plat´onico y el converso!
35
Summa Theol., p. I, tr. I, q. 3, m. III;Sent.d. 1 a. 4. 36
126 8. La doctrina tomista del acto y la potencia ´
ultima raz´on explicativa del conocimiento natural. Esta iluminaci´on condi- ciona el conocimiento directo del mundo espiritual, del alma de Dios y de los primeros conceptos y principios trascendentales, conocimiento indepen- diente, en cuanto a su contenido, del mundo sensible. Da, por consiguiente, a toda la teor´ıa del conocimiento una forma propia, diversa de la tomista. Ya S. Agust´ın37
la describi´o como aquella luz procedente actual y directa- mente de Dios, en la cual y por la cual y por medio de la cual vemos todo lo espiritual que llega a ser objeto de nuestro conocimiento, y sin la cual el entendimiento, de suyo, no es capaz de conocer lo espiritual; aquella luz que ilumina el objeto espiritual como el sol ilumina el objeto corp´oreo, luz sin la cual no podemos en modo alguna verlo38
. La comparaci´on es de Plotino, pr´ıncipe del neoplatonismo, y la doctrina es asimismo de Plotino. Primero, el gran Aurelio Agust´ın hab´ıa rendido homenaje al innatismo del platonismo antiguo39
; luego se hab´ıa retractado de ´el40
, sustituy´endolo por la doctrina neoplat´onica de la iluminaci´on. Mandonnet, con raz´on, ha hecho referencia a esto41
, y el P. Bernardo K¨alin, O.S.B., ha demostrado, a mi juicio con- cluyentemente, que S. Agust´ın no conoci´o siquiera la doctrina aristot´elica de la abstracci´on42
. El conocimiento sensible tiene en ´el, por lo dem´as, lo mismo