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5. SUBJECT-SPECIFIC PRACTICE ELEMENTS

5.4. Level of immersion

En una generación, se han producido cambios radicales en el modelo de esco- larización y educación superior. Los jóvenes de todas las clases sociales tienden a permanecer en la educación con dedicación plena hasta una edad más avanzada, y la educación superior se está convirtiendo en una experiencia para muchos, y no para una elite relativamente pequeña (EGERTONy HALSEY, 1993). Las rutas a través del sistema educativo se han diversificado, mientras que los jóvenes han adquirido experiencia de una mayor variedad de cursos académicos y vocacionales (CHITTY, 1989). Sin embargo, aunque las experiencias educativas se han hecho más varia- das, la clase social y el género siguen siendo determinantes importantes de las vías y del logro educativo. JONESy WALLACE (1990, pág. 137) han defendido que “las vías a la edad adulta, lejos de estar individualizadas, se pueden predecir, toda- vía en gran parte, a partir de los orígenes de clase social tanto en Gran Bretaña como en Alemania Occidental”, mientras que BOURDIEU(1977) predijo que las ven- tajas sociales y culturales que poseen los niños de clase media tendrían un mayor efecto sobre los niveles de logro a medida que políticas educativas meritocráticas se hicieran más generales, teoría que es apoyada por la idea de ZINNEKER(1990) de que el “capital cultural” se ha hecho en realidad cada vez más central para la repro- ducción de la ventaja social. BALLy cols. (1996) han sostenido que la elección de los padres y la introducción de la competición entre las escuelas han llevado a la polarización de clase social y étnica (por ejemplo, BROWNy LAUDER, 1996). Además, la educación se ha “empaquetado” como un producto de consumo con “tablas cla- sificatorias” para estimular a los padres “clientes” a que acudan a buscar la escue- la más apropiada para sus hijos (por ejemplo, FURLONGy CARTMEL, 1997).

Considerando los adolescentes y la escolarización, los datos alemanes, suecos y británicos, por ejemplo, revelan el mismo cuadro. Aunque el nivel de edu- cación ha aumentado a través de toda la población, “la desigualdad de oportuni- dades educativas simplemente se ha consolidado en un nivel superior de educa- ción” (APEL, 1992, pág. 368). Los datos suecos muestran que los hijos de los trabajadores manuales asisten a la universidad en un grado significativamente inferior que los hijos de los trabajadores no manuales; tienen menos probabilida- des de completar la escuela secundaria o recibir educación posterior relacionada con el trabajo, obtienen menos ayuda de sus padres con las tareas escolares, y las aspiraciones de sus progenitores respecto a sus logros educativos son más bajas (SOU, 1994). La movilidad de clase intergeneracional en relación con la educación y el trabajo, investigada por HENDRYy cols. (1993) en una gran muestra de jóvenes

en Escocia en el grupo de edad de 17 a 22 años, reveló un poderoso efecto del ori- gen social en la determinación del actual nivel educativo y económico actual de la juventud moderna. APEL(1992) comunicó datos similares respecto al nivel educa- tivo de los padres después de entrevistar a 3.142 jóvenes alemanes en el grupo de edad de 13 a 29 años. Los padres de más del 70% de los alumnos en la escuela secundaria superior (Gymnasium) habían completado la escuela secundaria superior. Por otra parte, los padres de más del 80% de los que aspiraban al nivel educativo más bajo (Hauptschule) tenían las mismas cualificaciones educativas que sus hijos, mientras que sólo el 6% de los niños cuyos padres completaron la escuela secundaria superior se encontraban en este tipo de escuela.

Las desigualdades en la educación parecen comenzar pronto en la vida. JONSSONy ARNMAN (1991, por ejemplo, siguieron a 3.600 niños en su camino a través del sistema escolar sueco. Lo que encontraron fue una segregación clara de clase social desde el principio de su carrera escolar. A menudo encontraban clases de elevado nivel académico que constaban de una mayoría de niños de clase alta (75% habitaban viviendas del sector privado), y una proporción muy baja de niños inmigrantes (1%). En cambio, las aulas de nivel académico bajo presentaban a menudo una mayoría de niños de clase trabajadora (sólo el 10% habitaban en una vivienda del sector privado) y una proporción elevada de niños inmigrantes (25%). Las desigualdades en la escuela primaria dejaban sus hue- llas: el 59% de los niños y el 48% de las niñas de las clases sociales alta y media, pero sólo el 16% de los niños y el 15% de las niñas de las clases trabajadoras, “escogieron” los tipos de escuela secundaria que proporcionan la mejor prepara- ción para los estudios universitarios posteriores.

En un estudio británico longitudinal en gran escala, HENDRYy cols. (1993) con- sideraron las actitudes de los jóvenes hacia diversas instituciones sociales. Se encontró que los elementos principales de sus interacciones con el ambiente social que les rodea se relacionan con el descontento con la escuela, la integra- ción en el grupo de iguales, la relación con los padres y las actitudes hacia la autoridad adulta. En la adolescencia intermedia, diferentes combinaciones de estos elementos parecían representar a tres tipos distintos de jóvenes, a saber: los convencionales, orientados a la escuela y a la familia; los jóvenes orientados a los iguales, y los descontentos orientados a los iguales. Los hallazgos de HENDRYy cols. (1993) indicaron que se puede describir a la mayoría de los jóve- nes como “convencionales”, mientras que se podía describir a los de una minoría sustancial como “descontentos”. Examinando el origen de los jóvenes, HENDRYy colaboradores mostraron que los diferentes “tipos” se asociaban con el nivel so- cioeconómico de la familia. Por ejemplo, era más probable que los jóvenes del grupo “descontento” procedieran de hogares de trabajadores manuales, y era mucho más probable que dejaran la escuela con pocas cualificaciones educati- vas y estuvieran inactivos económicamente en la adolescencia avanzada.

El descenso en las oportunidades laborales para los que abandonan pronto la escuela ha llevado a muchos a decidirse por seguir cursos de educación post- obligatoria. Aunque las tasas de participación en la educación post-obligatoria han aumentado sustancialmente comparados con los niveles de participación de muchos otros países desarrollados, en Gran Bretaña se mantienen relativamente bajas. A principios de la década de 1990, entre el 80% y el 90% de los jóvenes seguían recibiendo educación o formación en muchos países europeos, mientras

que en Gran Bretaña la proporción estaba sólo justo por encima del 50%. Las cifras comparativas aparecen en la Figura 9.1.

En un intento por fomentar tasas más altas de participación educativa en Gran Bretaña, se introdujeron diversos cursos vocacionales (como TVEI y GNVQ *) en las escuelas y colegios de educación superior. Los datos indican que las opcio- nes vocacionales son populares entre los alumnos (por ejemplo, LOWDEN, 1989). Pero, como la educación vocacional tiende a presentar una categoría más baja, se ha propuesto que esta nueva forma de diferenciación aumentaría las desi- gualdades asociadas con la clase, el género y la raza (por ejemplo, BLACKMAN, 1987; BROWN, 1987). Las opciones vocacionales en la escuela las han adoptado sobre todo alumnos de clase trabajadora en los niveles de logro académico infe- rior, dejando que el currículum tradicional lo sigan los alumnos de clase media. Con respecto a las diferencias étnicas, DREWy cols. (1992) han mostrado que a los 16 años de edad, el rendimiento académico de los jóvenes blancos era apro- ximadamente el doble que el de los afrocaribeños, y el logro de los asiáticos esta- ba bastante próximo al de la mayoría blanca. Algunos estudios han destacado también diferencias de género significativas. CROSSy cols. (1990), por ejemplo, muestran que entre los afrocaribeños, como entre la población blanca, las chicas superan en rendimiento a los chicos. En términos generales, las jóvenes parecen haberse beneficiado más de los recientes cambios educativos. A mediados de la década de 1990, las jóvenes adolescentes:

Figura 9.1.NParticipación en la educación y la formación de los jóvenes de 18 años en paí- ses europeos en 1991-1992.

Fuente: COLEMAN(1997a).

*nTVEI: Technical and Vocational Education Initiative. *nGNVQ: General National Vocational Qualification. (N. del R.)

mantenían su ventaja de la escuela primaria sobre los chicos a lo largo de la educa- ción secundaria y en la superior. Las chicas aventajan hoy a los chicos en rendimien- to en los GCSE, rinden mejor en los niveles A y es más probable que accedan a la educación superior. También han hecho incursiones en materias tradicionalmente masculinas. Ahora tienen mejores resultados que los chicos en las matemáticas del GCSE y cada vez constituyen una proporción mayor de los estudiantes de sexto cur- so y educación superior en ciencia y medicina. En las facultades de medicina, se for- man en la actualidad más mujeres que hombres.

(ROBERTS, 1995, pág. 47.) Las “derivas” sociales y educativas también han tenido efectos sobre la educa- ción superior. El aumento continuado de jóvenes que salen cualificados de la escue- la, junto con el incremento de las cuotas para la admisión en la educación superior ha llevado también a un mayor número de admisiones en los cursos de grado (por ejem- plo, SMITHERS y ROBINSON, 1995; SURRIDGE y RAFFE, 1995). Se ha producido un aumento de la educación universitaria en la mayoría de los países industriales en el mundo, aunque los incrementos en Gran Bretaña han sido particularmente rápidos desde finales de la década de 1980. A pesar de estos cambios, las diferencias de cla- se social en el acceso a la educación superior se han mantenido (HALSEY, 1992; BLACKMANy JARMAN, 1993). Las perspectivas de los graduados se han estratificado cada vez más, y los graduados que estudiaron en las universidades “nuevas” en Gran Bretaña hacen frente a los mayores problemas en el mercado laboral (BROWNy SCA- SE, 1994). Como propuso BROWN(1995), una licenciatura de Oxford o de una Univer- sidad de la Ivy League americana tiene mayor valor “capital” que la de otra institución menos conocida. A este respecto, es poco probable que un aumento en las plazas universitarias en general lleve a una equiparación de las oportunidades de empleo.

La salida del hogar familiar: Una transición