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In document Essays on capital structure (Page 30-39)

ciertos conceptos básicos que Freud estudio a lo largo de su vida.

Freud (2007) desarrolla el concepto de ello como una instancia psíquica en la que su propósito vital consiste en satisfacer necesidades congénitas. Las pulsiones serían las fuerzas tras las tensiones de necesidad del ello. Esta representa los requerimientos que hace el cuerpo a la vida anímica. Pueden clasificarse en Eros, que es la pulsión que liga afecto, y busca la conservación. La pulsión de destrucción busca disolver nexos y se relaciona con la destrucción.

El yo tiene una función de mantener con vida al organismo y protegerse de peligros mediante la angustia. Es una parte del ello que se habría diferenciado bajo la influencia del mundo exterior. (Chemama, 2004, p.699). El yo no está netamente separado del ello, se fusiona con él en su parte inferior” 700. Las funciones del yo son operar la represión, es la sede de las resistencias, la sublimación.

El superyó limita las satisfacciones y fija montos considerables de la pulsión de agresión en el interior del yo y ejerce efectos autodestructivos.

Uno de los estudios más controversiales de Freud fue utilizar el término sexualidad para describir procesos psíquicos que ocurren en la temprana infancia. Freud afirma que el desarrollo de la función sexual inicia poco después del nacimiento. Para poder comprender estos estudios es importante distinguir entre el concepto de sexual y genital. Para Freud el concepto genital se refiere específicamente al órgano sexual. Para Freud (2007) el concepto sexual es más extenso y no tiene que ver con los genitales, se relaciona con la función de la ganancia de placer a partir de zonas del cuerpo.

Existen dos tiempos de la vida sexual del sujeto, la primera infancia hasta los cinco años y la pubertad, donde vuelve a aflorar la vida sexual.

El primer órgano que aparece como zona erógena es la boca, ya que toda actividad anímica procura satisfacer dicha necesidad. La segunda fase la llama sádico anal, ya que durante esta etapa la satisfacción es buscada en la agresión y la función excretoria. La tercer fase, llamada fálica, desempeña un papel genital masculino, llamado también falo y coincide con la fase edípica.

Según Chemama, (2004, p.183) el complejo de Edipo se define como conjunto de investiduras amorosas y hostiles que el niño hace sobre sus padres durante la fase fálica. Para Freud el complejo de Edipo tiene mucha importancia en la vida del niño, así como en el inconsciente del adulto.

“El niño encuentra placer en el quehacer manual con el pene, junto con fantasías en relación con la madres, esto conjugado se convierte en la amenaza de castración, y la visión de la mujer sin pene se convierte en máximo trauma.” (Freud, 2007, p.152). Durante este período de seducción a la madre, el niño considera al padre como un rival. Se resuelve con sentimientos ambivalentes y una tendencia tierna hacia la madre. El complejo de Edipo se termina por medio del complejo de castración. Cuando el niño admite la posibilidad de castración “ninguna de las dos posiciones edípicas es ya sostenible: ni la posición masculina, que implica la castración como algo del incesto, ni la posición femenina, que la implica como premisa. El varón

deberá abandonar la investidura objetal de la madre, que se transformará en una identificación, y una identificación primaria con el padre en la mayoría de las veces.” (Chemama, 2004, p.185). Las identificaciones posteriores a la elaboración del complejo de Edipo se convierten en el núcleo del superyó, se introyecta la autoridad de dichas figuras parentales.

En el caso de la niña el complejo de Edipo presenta características diferentes. Según Freud, la niña también tiene como primer objeto de amor a su madre, para poder orientar su deseo hacia el padre debe desprenderse de su madre. En la mujer este proceso es más largo y más complejo y más largo que en el varón. Inicia con el discernimiento de su falta de pene genera sentimientos de inferioridad y se siente castrada. “ puede entonces desviarse de la sexualidad, o no desistir de su masculinidad o, por último, elegir una tercera vía muy sinuosa que desemboca en la actitud femenina normal final que elige al padre como objeto” (Chemama, 2004, p. 186). El complejo de Castración abre vía a la niña para la resolución del complejo de Edipo. En el transcurso del proceso, en etapa inicial la niña siente envidia del pene, y esto hace que se separe de su madre, un sustituto simbólico sería tener un hijo varón como sustituto del pene que no tuvo. Para esto pone al padre como objeto de amor. A partir de este momento se identifica con la madre y la quiere remplazar, esto genera odio y celos edípicos. Según Freud el proceso del complejo de Edipo en la mujer no es tan claro y tan fácil de elaborar, con frecuencia se reflejan residuos de él en la vida de la mujer, debido al superyó más feroz que influye la vida psíquica de la mujer, más que la del hombre.

Luego de estas etapas inicia la etapa de latencia.

En la etapa genital, se conservan investiduras libidinales tempranas, se vuelven a manifestar durante esta fase.

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