• No results found

1. El difícil manejo del tema del abandono con los pacientes

Fue muy difícil acercarse y tratar con ellos el tema del abandono, a veces la terapeuta también prefería negar el tema y hacer de cuenta que no existía, pero poco a poco se pudo hablar de lo sucedido y de muchos aspectos relacionados con esta vivencia. Los pacientes mismos fueron eligiendo su manera de expresarse y por medio del proceso terapéutico se logró mostrarles aspectos de sus maneras de actuar, sentir, y pensar, así como construir un estado mental y relacional que permite pensar lo impensable, desde esta perspectiva se puede afirmar que la terapeuta cumplía como la función Alfa, aclarada por Bion en su texto Elementos de Psicoanálisis (1988).

Cada uno tenía una forma diferente de haber vivido la expulsión y separación de sus familias, unos con tristeza, otras con odio y mucha rabia y otros con pasividad y resaltando los buenos recuerdos, pero todos ellos estaban acompañados de un fuerte sentimiento de soledad, desconcierto y búsqueda de un lugar en una familia donde se pudieran sentir identificados, integrados y respaldados.

A veces la terapeuta se acercaba al tema abordándolo de frente a pesar de lo incómodo que era para ellos hacerlo, y ellos se abrieron al dialogo y a la expresión de las consecuencias de esta dolorosa separación y expulsión de sus familias, de esta forma lograron soportar el dolor elemento que implica pensar. La relación terapéutica permitió que ellos encontraran un momento y un lugar para ellos. Junto con la terapeuta iniciaron el trabajo conjunto. Al estar siempre disponible ellos sintieron constante, empática, estable emocionalmente y pudieron darse cuenta que esta psicóloga no era como otras que habían tenido antes que se limitaban con preguntarles: “¿cómo estás?” “¿Cómo te va en el colegio y en el hogar?”, y las comunes llamadas de atención para que corrigieran sus comportamientos. Por lo contrario, dentro de la terapia se logró conformar una relación de confianza, estable y respetuosa que promovía que ellos defendieran y le dieran valor a sus deseos y necesidades. A pesar de todas sus

dificultades, allí se creó un “grupo de trabajo”

2. La encrucijada de la terapeuta entre la necesidad psíquica de sus pacientes y las

demandas normativas de la institución.

En su trabajo la terapeuta solía tener dos intenciones claras: estar plenamente presente con los pacientes comprometida con el desarrollo emocional de cada uno de ellos, así como llevar a cabo un seguimiento y dar el respectivo informe de cada uno de ellos a la institución, basada en lineamientos técnicos que de base ponían el énfasis en la protección del menor y su situación de adoptabilidad, elemento que prohibía enfáticamente las relaciones con sus familiares, pues ellos ya habían perdido su patria potestad.

Desde estas premisas empezaron a desencadenarse encrucijadas para la terapeuta: mientras desde fuera del consultorio existían estas exigencias dentro de él, en relación con los niños y adolescentes, se manejaba un ambiente de tristeza y rabia por estar en la institución, de no querer estar allí, así como peticiones de volver a verse con sus familias biológicas. Estos elementos desencadenaron en dos de los integrantes de este estudio evasiones del hogar sustituto ya que querían volver al lugar donde por última vez habían vivido con su familia. Uno de ellos sin manifestarlo a la institución se seguía viendo con sus familiares, elemento que fue contado luego a la terapeuta.

Ella también sentía la necesidad de buscar el contacto con estas familias, ya que al ver destrozado el estado mental de los adolescentes no veía otro camino, pero al mismo tiempo se encontraba con la duda de si sería bueno hacerlo, tanto por el bienestar de los pacientes como por el cuidado de su puesto de trabajo.

La terapeuta se había creado un imaginario de los personajes de las familias, imaginario del que tomaba distancia, pues desde un principio tuvo una posición de apatía y juzgamiento hacia ellos, y por esto dentro de la terapia tuvo que luchar contra los prejuicios para poderse acercar a ellos sin este tipo de mirada. Sintió que era necesario lograr un acercamiento empático a través de procesos imaginativos que permitirían recuperar en la propia mente del terapeuta las situaciones que vivieron y las reacciones que tuvieron que asumir por la calidad de vida de los niños abandonados en su realidad externa.

Así mismo, pudo darse cuenta de la mirada de los funcionarios desde la parte institucional, pues eran usuales los juzgamientos, el hablar mal de las familias de los niños y adolescentes, los regaños cuando ellos se portaban mal, entre otros comportamientos en los que ella también cayó. Esta era una tendencia común dentro de las personas en la institución: un acercamiento superficial hacia las problemáticas de los niños y adolescentes, pues no se

contactaban con sus experiencias emocionales, lo cual podría pensarse como una respuesta defensiva de parte de los funcionaros para no hacer contacto con el dolor de los niños frente al maltrato y el abandono.

Los postulados de Bion, en los que resalta la importancia de las funciones de reverie y contención del objeto como elemento fundamental del desarrollo psíquico se hacen vigentes en los niños. Pero este hecho produce en los niños un alejamiento de la institución, un distanciamiento que promueve desconfianza y apatía. Situación que empeora e imposibilita la intervención con estos niños y adolescentes, perturbados por objetos externos ausentes y evasivos.