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Chapter 5 Towards a gridded cartogram projection

5.3 Gridded cartograms as a basemap

5.3.4 Light and shadow

verse afectadas por los problemas financieros del Norte. En su lucha por superar una crisis de deuda y grandes déficits

presupuestarios, muchos países desarrollados están implementando estrictos programas de austeridad que no solo causan

dificultades a sus propios ciudadanos, sino que además están poniendo en riesgo las perspectivas de desarrollo humano de

millones de personas de todo el mundo.

El primer Informe sobre Desarrollo Humano en 1990 presentó una visión de progreso económico y social que trataba fundamentalmente sobre la posibilidad de las personas de ampliar sus oportunidades y capacidades. Desde entonces, el progreso ha sido sustancial: muchos países en desarrollo siguen creciendo rápidamente y elevando los estándares de desarrollo humano. El ascenso del Sur es una de las características de este mundo en constante cambio. Actualmente, el Sur es responsable de prácticamente un tercio de la producción y el consumo mundial. De  no haber contado con el sólido crecimiento de estas economías, liderado por China e India, la recesión económica mundial habría sido incluso peor.3

No obstante, se observan signos de contagio, con la preocupación real de que en un mundo interconectado, la crisis del Norte pueda disminuir el progreso de los países en desarrollo. En los países industrializados, con algunas notables excepciones, los Gobiernos están implementando duras medidas de austeridad que reducen su papel en el bienestar social y recortan el gasto y los servicios públicos, lo cual provoca dificultades y exacerba las contracciones económicas. El nivel de vida de muchos ciudadanos del mundo desarrollado está bajando. En muchos países se han organizado importantes manifestaciones callejeras, y se evidencia una decepción generalizada frente a los políticos y la gestión económica.

El mundo ya ha vivido crisis similares: en Europa y Estados Unidos, en la década de 1930; en América Latina, en la década de 1980; y en Asia, en la década de 1990. Esta vez, bien entrada la segunda década del siglo XXI, la crisis afecta nuevamente al corazón de Europa.

Los Gobiernos imponen programas de austeridad por su legítima preocupación por la sostenibilidad de la deuda soberana. Sin embargo, se corre el riesgo de que las medidas a corto plazo causen daño a largo plazo al desgastar las bases de bienestar social y desarrollo humano que permiten a las economías

crecer, facilitan la prosperidad de las democracias y garantizan sociedades más igualitarias y menos vulnerables a las crisis.5

También se ha demostrado que la aplicación de drásticos programas de austeridad muy rápidamente puede profundizar, e incluso prolongar, las recesiones. La consolidación fiscal ya ha tenido efectos contradictorios sobre la demanda privada interna y el producto interno bruto (PIB) al debilitar las condiciones económicas y aumentar el desempleo. Los recortes en salud, educación y otros servicios públicos podrían deteriorar la salud de la población, la calidad de la fuerza de trabajo y el nivel de la investigación científica y la innovación durante los próximos años (recuadro 1.1). Así, el progreso en desarrollo humano podría verse reducido durante algún tiempo (recuadro 1.2). A su vez, el estancamiento económico reduce la recaudación impositiva que los Gobiernos precisan para financiar los servicios sociales y bienes públicos.

Gran parte de este daño puede evitarse. Los datos históricos indican que el momento ideal para reducir el déficit es una vez que se ha conseguido el crecimiento económico. Como John Maynard Keynes lo resumió 75 años atrás, “Las épocas de prosperidad, no las de depresión, son el momento indicado para la austeridad”.9

También es muy importante considerar no solo la cantidad de gasto público, sino además su composición y la manera en que puede modificarse. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, un cambio fiscalmente neutral en la composición de los ingresos y los gastos del Gobierno, diseñado para fomentar el empleo y promover el desarrollo humano, podría generar entre 1,8 y 2,1 millones de empleos en 33 economías avanzadas, durante los dos próximos años.10

Si bien los países cuentan con distintos grados de libertad para ajustar sus prioridades de gasto, muchos de ellos tienen amplio margen para redefinir sus prioridades. Por ejemplo, el gasto mundial en defensa superó los US$1,4 billones en 2010, lo cual

es superior al PIB combinado de los 50 países más pobres del mundo. Aunque la consolidación fiscal sea necesaria, no necesariamente debe implicar recortes en servicios sociales. La consolidación a través de una mayor eficiencia y de la reducción en subsidios a los combustibles fósiles, por ejemplo, permitiría no recortar prácticamente el gasto social.11

Los países del Sur han demostrado tener mayor resiliencia ante la actual crisis económica mundial. Tras superar contratiempos pasajeros tras la crisis de 2008, los países de África y América Latina han reanudado sus recorridos ascendentes en desarrollo

humano y crecimiento. Esto se debe, en parte, a que han sido más pragmáticos y han aplicado medidas anticíclicas y han pospuesto la reducción de la deuda hasta un momento más oportuno. La constante demanda del Sur también ha permitido mantener las exportaciones de muchos países en desarrollo, compensando así los efectos de la letárgica actividad económica del Norte.12

A su vez, muchos países en desarrollo siguen invirtiendo en desarrollo humano a largo plazo. Estos países reconocen una clara relación positiva entre la pasada inversión pública en infraestructura física y social y el progreso alcanzado en el Índice

RECuaDRo 1.1

Equidad, macroeconomía y desarrollo humano

La creciente desigualdad de ingresos en Estados Unidos y ciertos países europeos destaca la equidad en cómo se distribuye ingresos y de quiénes se benefician del crecimiento. Estas preocupaciones están apareciendo en el discurso político predominante de los países desarrollados, aunque hasta ahora con un efecto limitado sobre las políticas. El desempleo en los países desarrollados ha alcanzado su nivel máximo en años; además, una gran parte de la fuerza de trabajo no ha tenido aumentos significativos del salario real en las últimas décadas, mientras que los deciles más ricos han experimentado un incremento notable de sus ingresos. A la creciente desigualdad se han sumado los reclamos de muchas de las personas en mejor posición económica de que haya menos restricciones gubernamentales y fiscales: los más acaudalados no solo se han beneficiado desproporcionadamente del crecimiento anterior, sino que además ahora buscan proteger sus ganancias. Resulta sorprendente que en las democracias, a pesar de la gran presión por parte de la sociedad civil, las agendas gubernamentales se rijan por programas de austeridad y no por programas de protección social.

La aplicación de medidas de austeridad no se limita a los países de la zona del euro. El Reino Unido planea reducir la inversión pública en alrededor de un 2% del PIB, de acuerdo con el programa actual de austeridad. Esta inclinación

por la austeridad se produce en un momento de baja histórica de la inversión pública. Por ejemplo, la inversión pública neta en el Reino Unido para el año fiscal 2011-2012 es inferior al 2% del PIB. Un esfuerzo continuo por reducir los gastos sociales y de Gobierno podría empeorar las perspectivas de recuperación y crecimiento.

Las políticas macroeconómicas pueden tener fuertes consecuencias sobre el desarrollo humano. El recorte en gasto social para reducir la deuda pública puede tener efectos a largo plazo. Si las economías siguen contrayéndose, las sucesivas rondas de reducción de la deuda no ayudarán demasiado a favorecer la sostenibilidad de dicha deuda. El recorte en el gasto reduce la demanda total, lo cual, junto con una fuerte desigualdad en los ingresos, complica la reactivación económica y la recuperación del empleo. Para lograr pleno empleo, es necesario compensar la reducción en la demanda total. En Estados Unidos (y otros países industrializados), se logró a través de bajas tasas de interés que, sumadas a nuevos instrumentos financieros y una regulación permisiva, provocaron una burbuja que eventualmente condujo a la actual crisis financiera. Los países de la zona del euro, condicionados en el uso de instrumentos de política, no pueden aplicar políticas monetarias para salir de la crisis mediante una devaluación (o inflación).

Fuente: Atkinson 2011, 2012; Block 2013; Secretaría del Tesoro 2010; Nayyar 2012a; Sen 2012; Stiglitz 2012.

RECuaDRo 1.2

Los recortes a corto plazo tienen consecuencias a largo plazo: tasas de fecundidad en ascenso en África

¿Por qué las tasas de fecundidad de muchos países de África Subsahariana aumentaron entre 1970 y 1990 mientras disminuían en todas las demás regiones? Aparentemente, la evolución de las tasas de fecundidad está asociada a los recortes en gasto social, particularmente en educación, que se realizaron dentro de los programas de ajuste estructural en la década de 1980.

Los recortes en educación no solo limitan las capacidades humanas, sino que además afectan la estructura etaria de la población años más tarde debido a su impacto sobre las tasas de natalidad. Los países con niveles inferiores de educación, especialmente aquellos en que las niñas no acceden a la educación secundaria, suelen presentar tasas de fecundidad más elevadas. De manera casi universal, las mujeres con mayor grado de educación tienen menos hijos. Este efecto es particularmente fuerte en los países que están comenzando

su transición demográfica y en general aún tienen altas tasas de fecundidad. Con la educación disminuyen las tasas de fecundidad al tener acceso a más información, cambiar los incentivos ante el comportamiento y capacitar a las personas para defender su propias preferencias.

En la década de 1980, en África Subsahariana se vivió un retroceso parcial en el progreso hacia la transición demográfica, al caer el gasto real per cápita en educación un promedio cercano al 50%. Entre 1980 y 1986 la matriculación en escuelas primarias cayó del 79% al 73% en toda la región (se redujo en 16 países y creció en 17). La reducción de los gastos en educación afectó negativamente la educación de las mujeres; las tasas brutas de matriculación promedio de mujeres en escuelas primarias y secundarias combinadas aumentaron más lentamente que en el período previo a los programas de ajuste estructural.

Fuente: Lutz y KC 2013; Rose 1995.

Hay una clara relación positiva entre la pasada inversión pública en infraestructura física y social y el progreso alcanzado en el índice de Desarrollo Humano

de Desarrollo Humano (IDH). Los Gobiernos del Sur también reconocen que el progreso sostenible depende de la integración social. Brasil e India, por ejemplo, han fomentado aspectos del desarrollo humano subestimados en anteriores modelos de desarrollo, introduciendo esquemas de transferencias en efectivo y programas de “derecho al trabajo”.

En general, en las últimas décadas, muchos países del Sur han dados grandes pasos en lo que respecta al IDH, no solo impulsando el crecimiento económico y reduciendo la pobreza, sino también logrando importantes avances en salud y educación. Este logro a gran escala resulta notable ya que no siempre el aumento en los ingresos se traduce en mejoras de otros aspectos del desarrollo humano. El crecimiento puede ayudar a generar recursos para invertir en salud y educación, pero esta relación no se produce automáticamente. Es más, el crecimiento puede apenas influir sobre otras prioridades importantes del desarrollo humano, como la participación y el empoderamiento.

Hoy más que nunca, se precisa de indicadores para percibir estas dimensiones y confirmar la sostenibilidad ambiental de las acciones desarrollistas.