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Limitations of Existing Research and Need for Further Research

De forma más detallada, este nuevo régimen de la quinta Kondratieff también repercute de manera aguda en la relación salarial, modificándola respecto a la correspondiente al período anterior. Buena parte de esta tesis se dedica a analizar estos cambios, dedicando el próximo capítulo a un análisis más exhaustivo de esta cuestión.

El nuevo régimen, que se inicia primeramente en Estados Unidos, sucede al fordismo en la medida en que su entrada en crisis se manifiesta por un agotamiento de las fuentes anteriores de incrementos de la productividad, ya sea por razones puramente tecnológicas (dificultad para perseguir incrementos de productividad frente a la demanda de diferenciación de los productos) o sociales (por el cuestionamiento de la lógica de trabajo fordista). Como a la crisis de un paradigma productivo no sucede necesariamente otro dotado de características equivalentes, los años 1970 están marcados por una vuelta a una acumulación dominante extensiva (que, como se expondrá en la introducción del siguiente capítulo, se manifiesta por un mayor peso relativo de la plusvalía absoluta). Esto conlleva a que se intensifican los esfuerzos de innovación, pero, sin embargo, no se reflejan en una recuperación de los incrementos de productividad, la cual sólo empezará a repuntar en los años 1980 y más aun en los 1990. Es lo que Solow denominó la «paradoja de la productividad», como se verá en el capítulo tercero.

Un segundo componente de este régimen de acumulación deriva de la erosión, incluso la descomposición, de la relación salarial fordista, bajo el efecto de la pérdida de poder de negociación de los sindicatos frente al desempleo resultante de la crisis del fordismo. Descentralización de las negociaciones en el nivel de las empresas,

individualización de los contratos de trabajo según las competencias, supresión de las cláusulas de indexaciones de los salarios con respecto a la inflación y a los incrementos de productividad, son factores que permiten un desarrollo de las desigualdades entre los asalariados. «Las luchas de clasificación tienden a reemplazar las luchas de clases y este factor contribuye al estallido de la relación salarial anterior.» (Boyer, 2007: 70). En esta tesis se sostiene que una de las manifestaciones más claras de esta descomposición en los mercados de trabajo de las economías occidentales es la precariedad laboral.

El actual régimen está basado, por tanto, en una profundización de la diferenciación de los productos en respuesta a un auge de las desigualdades, ya que ese es el principio del cierre de la acumulación. Por su parte, la «flexibilización» de las relaciones salariales autoriza reducciones de costes mediante la moderación salarial, y ya no la búsqueda de técnicas ahorrativas de trabajo, como era el caso del fordismo, caracterizado por la anticipación de la permanencia del crecimiento del salario real. Así, la apertura cada vez más marcada a la competencia internacional ejerce un efecto sobre la moderación de los costes salariales. Con ello, las trayectorias sectoriales y nacionales se diferencian según el grado de competitividad.

Teniendo en cuenta lo anterior y utilizando una terminología marxista, el nuevo régimen de acumulación es, entonces, un intento de recomponer la tasa de ganancia que se había desmoronado con la crisis del fordismo. Aquí intervienen, como se ha visto, factores de toda índole, tanto de carácter económico como extraeconómico, que se interrelacionan de manera muy compleja, pero, en cualquier caso, están orientados hacia una estrategia muy concreta. En definitiva, a aumentar la tasa de plusvalor, a disminuir la composición orgánica del capital y a elevar su circulación, así como también a incrementar la masa de plusvalor y a desplazar el capital hacia países (y/o a sectores) donde la composición orgánica media del capital sea significativamente inferior que en los sectores industriales básicos de los países capitalistas más avanzados (deslocalización). Todo ello supone, como se ha señalado, una reconfiguración de las formas institucionales básicas del nuevo modo de regulación y, en este contexto, la precariedad laboral juega un papel determinante, si bien no tanto para elevar la tasa de plusvalor (reflejada en el escaso resultado del crecimiento de la productividad), sí al

menos para incrementar la masa de plusvalor sometida al proceso de acumulación capitalista.

Una última observación importante: este modo de desarrollo brinda desempeños globales inferiores a los del fordismo porque está caracterizado por una clara desaceleración de la progresión del nivel de vida, un desempleo más elevado, ganancias más inciertas y una acentuación de las desigualdades sociales que no deja de tener consecuencias sobre la aceptabilidad de este régimen. Y, sin embargo, sucede al fordismo, lo que invalida la hipótesis de una evolución de los regímenes de acumulación en función de su capacidad para brindar una mayor eficacia. Es un desmentido tanto para la construcción neoclásica como para las concepciones marxistas que suponen un papel determinante, respectivamente, de la productividad sobre el crecimiento y de las fuerzas productivas sobre la reconfiguración de las relaciones sociales. La inviabilidad del nuevo régimen, reflejada en la actual crisis financiera global, se debe, desde el punto de vista que aquí se considera, a la inexistencia de una correspondencia armónica entre la «microrregulación» y la «macrorregulación»25 de este modo de desarrollo, tal como ocurrió durante los años 1930; o si se prefiere, en términos neoschumpeterianos, entre la esfera tecnoeconómica y la esfera socioinstitucional. Este último aspecto se volverá a tratar en las conclusiones de este trabajo.

25

Ambos términos, «microrregulación» y «macrorregulación» son tratados en el siguiente capítulo, pp.133 y ss. y 157 y ss.