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4.2 Research Strategy

4.2.3 Limitations

El filósofo australiano Peter singer recogió las banderas del utilitarismo que había ondeado Bentham dos siglos antes con su famosa teoría del sufrimiento de los animales, ini- cialmente recuperadas por salt a finales del siglo xix, y en

una novedosa interpretación de ese legado teórico planteó una revolucionaria teoría del bienestar animal. En su clásico libro Liberación animal hace una impactante descripción de los terribles sufrimientos a que son sometidos, entre otros, perros, monos, ratas, delfines, caballos, ratones y ponis en los centros de experimentación militar o civil, donde son

irradiados, golpeados, drogados, envenenados, sometidos a descargas eléctricas o puestos a correr ininterrumpida- mente en cintas con temperaturas superiores a los 40 grados centígrados, etc., para determinar su resistencia a eventos extremos, y comparar esas proyecciones con las posibles consecuencias de tales eventos en los seres humanos.

Señala que en la gran mayoría de los casos no se utiliza ningún tipo de anestésico, por ejemplo, cuando se prueban líquidos limpiadores, cosméticos, tintas u otras sustancias fuertemente irritantes en los ojos de animales atados de tal manera que no pueden ni sacudir la cabeza ni rascarse los ojos con sus patas, perdiéndolos en algunos casos a los pocos días de aplicada la sustancia. En otro tipo de experimen- tos son sometidos a situaciones traumáticas para inducir depresión, sicopatologías o inclusive la muerte sicológica, utilizando para ello principalmente primates, sin que se haya podido comprobar que tales experimentos, que se cuentan por millones, hayan producido un verdadero beneficio a los humanos (singer, 1999a: 72).

El recorrido por las diversas formas de maltrato y crueldad también incluye las granjas industriales, donde (según Sin- ger) los animales padecen unas vidas miserables desde que nacen hasta que son sacrificados, lo cual se demuestra con las técnicas de cría y manejo del estrés animal producto del hacinamiento, la manipulación del crecimiento, la pérdida del ciclo de vida natural de los ejemplares, especialmente pollos y gallinas ponedoras, las deficientes condiciones ambientales en la cuales malviven54, o su realidad como vícti-

54 según una publicación especializada en la industria agropecuaria, la gallina ponedora que todavía miles de campesinos y campesinas de países subde- sarrollados cuidan con esmero y dedicación para que produzca una cierta cantidad de huevos, era definida hace más de treinta años como: “una máquina de conversión muy eficiente, que transforma la materia prima –sustancias alimenticias– en un producto acabado –el huevo–, descontando, por supuesto, los gastos de mantenimiento”; cfr. Farmer and Stockbreeder, 30 de enero de 1982, citado por Singer, Liberación animal, Madrid, Editorial trotta, 1999a, p. 148.

mas de cazadores; para evitar lo anterior el autor reivindica una especie de dignidad animal, la cual progresivamente haría que los animales, a pesar de que siguieran sirviendo a algunos de los, según él, discutibles fines de la humanidad (como el consumo desaforado de carne), fueran objeto de un mejor trato y de una muerte benigna e indolora. La in- fluencia benthamiana es reconocible en sus palabras acerca del sufrimiento animal:

si un ser sufre, no puede haber justificación moral alguna para negarse a tener en cuenta este sufrimiento. al margen de la naturaleza del ser, el principio de igualdad exige que –en la medida en que se puedan hacer comparaciones grosso modo– su sufrimiento cuente tanto como el mismo sufrimiento de cualquier otro ser. Cuando un ser carece de la capacidad de sufrir, o de disfrutar o ser feliz, no hay nada que tener en cuenta… (singer, 1999a: 44).

Pero singer no aboga por los derechos de los animales, como lo han puesto en evidencia algunos autores (francione, 1996, Sztibel, 1999, Regan, 2010), sino que deja claro que aquellos no son autoconscientes, no tienen una existencia mental continua ni deseos para el futuro, tienen interés en no sufrir, pero no tienen interés en seguir viviendo (francione, 1999), por lo que el asunto de sus derechos es solo un atajo político práctico para lograr que se reconozca un principio de igual consideración de intereses en favor de todos los seres sensibles y así lograr el fin último del bienestar (Ost, 1996: 215). Tampoco es un abolicionista que busca acabar con todo tipo de explotación de los no humanos, sino que es partidario de realizar ciertos experimentos cuyos resultados puedan ser útiles para la humanidad pues, desde el enfoque utilitarista, el daño causado al animal debe estar justificado y contribuir a disminuir el sufrimiento o la infelicidad de los humanos como animales (rachels, 2006: 160). al respecto singer sostiene:

El conocimiento adquirido de algunos experimentos con animales salvará vidas y reducirá el sufrimiento y si hay condiciones estrictas relacionadas con la importancia del conocimiento que se va a obtener, la falta de disponibilidad de técnicas alternativas que no involucren a los animales y el cuidado que se tenga para evitar el dolor, la muerte de un animal en un experimento puede ser defendida… (singer, 1980, citado por sztibel, 1999: 6).

Sin embargo, la lucha de Singer tiene que ver primordialmen- te con el tratamiento que los humanos dan a sus congéneres y a los animales basados en una regla de consideración moral diferenciadora. singer revela el profundo abismo creado por el pensamiento tradicional occidental que consagra que el mundo natural está al servicio del hombre y para ser dominado por él, siendo el único ser de la creación con significancia moral (singer, 1999b). según el autor, la regla que no permite otorgar iguales prerrogativas a los animales y a las personas (p. ej., mantener con vida en estado vege- tativo a un niño o a un adulto) se basa en el solo hecho de que un perro, un cerdo o un chimpancé no pertenecen a la raza humana y, por ende, no cuentan con el derecho a la vida, moralmente aceptado por todos. En ese orden de ideas, la filosofía utilitarista del bienestar animal rechaza la idea de que la comunidad moral debe ser delimitada en razón de la capacidad racional de sus miembros, pues muchos humanos con discapacidad quedarían excluidos de ella, al igual que los animales. Esa discriminación, o más bien “especismo”, como lo denomina Singer, constituye una distinción arbitraria y en tal sentido debe desaparecer, permitiendo que todas las especies tengan el mismo derecho a la vida (singer, 1999a: 54-55).

El autor establece un principio ético claro que consiste en desechar la idea del humanismo antropocéntrico que ha permeado desde hace siglos la relación de los humanos con los no humanos (Singer, 1999b, p.13), y considerar por igual

los intereses de todos los animales, pudiendo determinar cuáles de las actitudes y actividades con los animales no- humanos son justificables y cuáles no. Para el filósofo, se debe buscar reducir el dolor, el sufrimiento y la miseria en que viven los animales, eliminar el especismo que privilegia la superior consideración moral de los humanos frente a los animales y justifica las actitudes crueles hacia ellos, así como el total desprecio por sus vidas, y reconocer el hecho de que los animales son seres sintientes que sufren y deben ser protegidos de cualquier clase de maltrato o crueldad. Ello, como un paso preliminar en la búsqueda positiva del bienestar de todos los seres sintientes (Lara, 2004), pues los animales, al igual que los hombres, pueden sentir placer o dolor, o desear escapar a una situación estresante (singer, 2004: 80).

Singer ha sido el sostén y referente teórico del movimiento denominado “Liberación animal”, el cual surgió en gran parte a raíz de la publicación de su libro Animal Liberation:

A New Ethics for our Treatment of Animals en 1975, y que ha

logrado importantes avances a través de la famosa People for the Ethical treatment of animals (Peta), organización

de gran influencia mundial en materia de protección y bienestar animal que cuenta con más de dos millones de miembros, y cuyos principales nodos de activismo son las granjas comerciales, la vivisección y experimentación con animales, la cría de animales para utilizar su piel, el mal- trato y abandono animal, y el trato ético de los animales, y cuyo lema principal es: “Los animales no son nuestros para comer, experimentar con ellos, usarlos para entretenimiento o abusar de ellos de alguna forma” (Peta, 2017).

El movimiento aboga igualmente por la masificación del vegetarianismo, aduciendo y demostrando con eviden- cias claras que el consumo de carne no es una necesidad esencial para los humanos, y en cambio puede llegar a afectar su salud. al reducirse el consumo de carne se reduce también la cría industrializada de animales, que

es considerada de lejos una de las actividades que más causa maltrato y crueldad a las especies utilizadas; así las cosas, ese consumo sería permitido en un contexto de cría no intensiva y con la única finalidad de saborear su carne en algunas ocasiones. no obstante Peta ha sido

blanco de fuertes críticas por sus cuestionables alianzas con movimientos políticos y líderes conocidos por sus posiciones excesivamente conservadoras en materia de derechos humanos, su apoyo a prácticas de explotación animal supuestamente humanas, la eutanasia masiva de animales, con fines de terminar con su sufrimiento y su estrategia de figuración mediática para recabar fondos, que a ojos de sus críticos desvirtúa en gran parte su anunciado animalismo (francione, 1996; torres, 2014).

El llamado bienestar animal o bienestarismo, al cual Singer dotó de un fuerte marco teórico y que aún domina la inmensa mayoría si no toda la legislación sobre los ani- males, acepta su uso para alimento, obtención de pieles, entretenimiento, vivisección, experimentación farmacéutica, médica y militar, caza, exhibición en zoológicos, etc., siempre y cuando el tratamiento sea “amable” y humanitario, y la muerte de los animales, en el caso de su aprovechamiento como recurso alimenticio, se realice con el mínimo dolor y sufrimiento (francione, 1996).

Los partidarios del movimiento del bienestar animal, del cual Singer es su preclaro representante, sostienen que el principio de imparcialidad propuesto por bentham, requiere que, al evaluar las consecuencias de las acciones se consideren los intereses de los animales; sin embargo, afirman que los animales no tienen interés en seguir vi- viendo y que su interés en no ser víctimas de sufrimiento tiene menor valor que los intereses humanos con los que compiten, de forma que los no humanos tienen un valor moral menor que los humanos, por lo que les es permitido a estos tratar a los animales como propiedad, utilizarlos

y matarlos con fines humanos, siempre y cuando se haga “humanamente”. Por otro lado, los defensores del bien- estarismo han planteado una seria de máximas éticas a tener en cuenta en el trato con los animales denominadas las cinco libertades:

– Hambre y sed. Deben tener acceso a agua fresca y a una dieta que los mantenga en buenas condiciones de salud y vigor;

– Incomodidad. se les debe proveer un ambiente apropiado para vivir, incluido abrigo y un área confortable de descanso. – Dolor, heridas o enfermedades. Es necesario prevenirlas, diagnosticarlas y tratarlas adecuadamente.

– Conducta normal. Deben poder desarrollarla, prove- yéndoles un amplio espacio, facilidades y la compañía de animales de su propia especie.

– Miedo y estrés. se les deben asegurar las condiciones y los tratamientos que prevengan su sufrimiento (rollin, 2011: 106-107).

sin embargo, una de las grandes contradicciones teóricas que se le atribuye tanto al movimiento del bienestar ani- mal como a Singer, es el hecho de que dentro de su radical crítica al antropocentrismo permitan el uso y muerte de animales para necesidades o placeres no esenciales de los humanos, convirtiéndolos en seres manipulables, explota- bles y reemplazables, cuando de otro lado parten de una consideración equitativa de los animales en relación con los hombres, y abogan por su inclusión en la comunidad moral bajo un principio de igualdad (Lara, 2004: 153). Ese tipo de contradicciones obligaron a un replanteamiento de la concepción de Singer, en el sentido de que los animales son seres sintientes y, por ende, merecedores de derechos, y no simplemente seres capaces de experimentar dolor, cambio que no tardó en llegar de la mano de un nuevo movimiento filosófico animalista.

4. Tom Regan. Los animales como seres morales

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