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otra ley icónica, la Reichsjagdgesetz o Ley de Caza, sancionada el 3 de julio de ese año, la cual establecía regulaciones para el ejercicio de la caza dentro del territorio alemán. Esa norma, que había sido propuesta y respaldada por Göring en su cali- dad de Reichsjaegermeister o Maestro de Caza del reich, honor autoasumido desde 1933 (Harrison y Paterson, 2002), fue del total agrado de Hitler, quien se consideraba un verdadero amante de los animales, inclusive desde sus épocas de cabo del ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial, cuando mantuvo una perrita de compañía en medio de las trincheras (Kershaw, 2002) y luego en sus épocas de gloria, haciéndose acompañar de su perra pastor alemán blondie, a la cual mató personalmente con una pastilla de cianuro, momentos antes de suicidarse en su bunker de Berlín en 1945 (Trevor Roper, 2000). La Ley de Caza prohibió la caza a caballo de lobos, zorros, jabalíes, liebres y ciervos en cuya persecución se incluían perros, uno de los deportes favoritos de la aristocracia alemana, porque, según los nazis, ello era absolutamente antideportivo, lo que levantó bastante ampolla en la clase terrateniente que no pudo hacer mucho para incumplir la norma teniendo en cuenta la naturaleza totalitaria del régimen nacionalsocialista (Harrison y Paterson, 2002). Así mismo, estableció cuotas de caza anuales para determinadas especies de animales, prohibió las trampas dolorosas y toda acción de caza que implicara crueldad hacia las presas, al igual que los deportes de campo que implicaran el entre- namiento y uso de animales para matar otros animales y especímenes considerados plagas.

Sorprende que hoy en día en Alemania se mantengan casi incólumes las mismas regulaciones de caza que implantó el mariscal Göring, incluidos los estrictos exámenes que se deben aprobar para acceder a un permiso de caza, la prohi- bición de la caza a caballo, el uso de perros para dar muerte

a la presa y el envenenamiento de zorros. A ese singular personaje, as de la aviación en la Primera Guerra Mundial, coleccionista de obras de arte robadas de los museos euro- peos, apasionado cazador y morfinómano, se debe también haber consagrado con fuerza de ley un código moral de caza llamado Justicia Deportiva (Waidgerechtigkeit)39, el cual está aún vigente, en el que se determina que es antideportivo usar animales como perros para matar a presas de caza y otras criaturas consideradas perjudiciales.

En la consabida justificación ideológica de Giese y Kahler, juristas reconocidos por su celo proteccionista en materia de legislación animal, la nueva ley constituyó un hito unificador que terminó con la dispersión normativa representada en más de veinte leyes regionales de caza, alentando su conservación por considerarla uno de los bienes culturales más valiosos de la nación alemana, a la vez que fomentaba la “educación del pueblo pensando en el amor y comprensión hacia la naturaleza y sus criaturas”. Para estos nazis convencidos se debía “preservar eternamente para el pueblo alemán el arte de la caza y la caza como bienes muy valiosos para el pueblo”; Giese y Kahler (1939) citados por Ferry (1994: 163-164)40.

39 En 1935, Göring, comandante de la fuerza aérea alemana y mariscal del Reich, además de Reichsfortsmeister y Reichjaegermeister, fue nombrado supremo Comisionado para la Conservación de la naturaleza; cfr. M. iMort. “Eternal Forest-Eternal Volk. The Rhetoric and Reality of National Socialist Forest Policy”, en F. BruggeMeier; M. cioc y T. zeller (eds.). How Green were the Nazis, Ohio University Press, 2005, p. 62.

40 Destacados líderes nazis como Walther Darré, Fritz Todt, Heinrich Himmler y Rudolf Hess fueron reconocidos por sus fuertes inclinaciones verdes y se manifestaron en contra de la laxitud de algunas normas de protección animal del régimen, exigiendo una prohibición total a la caza. De Himmler se dice que recriminó fuertemente a su médico personal por su afición a la caza considerándola un asesinato puro; terrible contradicción en un ser humano que en muchas ocasiones supervisó personalmente las masacres en masa de judíos en los bosques de Polonia, Ucrania y Eslovenia, o en los campos de concentración, y exigió a sus subalternos mejoras en ese proceso; cfr. “La protección de los animales en el tercer reich” (s.f.); también a. reeS Auschwitz.

De acuerdo con el autor francés, la novedosa Ley de Caza del tercer reich cambió de manera radical el estatus del cazador, el cual pasó de ser un mero depredador a convertirse en artífice de la protección del entorno natural, buscando con ello la verdadera unidad entre lo natural y lo cultural, y llamando a una profunda reflexión ecológica. Ya no se consideraba al hombre dueño y poseedor de una naturaleza humanizada y socializada, sino responsable de devolver el medio natural a su estado salvaje originario y de conservarlo (Ferry, 194: 164-165), afirmación que puede ser aplicada a las demás leyes de protección animal y a la robusta legislación sobre protección de la naturaleza ela- borada por los nazis.

A la paradigmática Ley de Caza del Tercer Reich le siguieron disposiciones como la promulgada el 27 de marzo de 1936, que establecía la mejor forma de sacrificio de langostas y cangrejos obligando a sumergirlas en agua hirviendo para disminuir su sufrimiento (Cockburn, 2005), norma que generó hasta un tratado sobre la forma más humana de matar esos animales escrito por dos altos fun- cionarios41 del Ministerio del Interior (Arluke y Sax, 2002). El transporte cargue y descargue de animales fue regulado mediante un Decreto del 17 de marzo de 1937, con el objeto de disminuir el estrés asociado a ese tipo de recorridos y mitigar el sufrimiento animal. así mismo, se promulgó una norma que establecía medidas de protección de los animales durante su transporte en tren, fechada el 8 de septiembre de 1938, normas que claramente constituyeron un avance en materia de protección de la fauna que debía ser manejada o manipulada de manera constante (sax, 2013).

41 El preámbulo de un Decreto sobre caza promulgado el 27 de marzo de 1935, con un claro propósito racista y eugenésico, consagraba: “El deber de un ver- dadero cazador no es sólo cazar, sino también nutrir y proteger a los animales salvajes, para que una raza más variada, más fuerte y más saludable surja y sea preservada…”; cfr. arluKe y Sax (2002: 8).

Sin embargo, resulta tristemente paradójico que mientras se cuidaba con especial celo que los animales transportados en vehículos a motor o en tren no sufrieran las consecuen- cias asociadas a ese tipo de viajes, los judíos eran llevados a los campos de concentración desde el Este europeo en vagones de tren utilizados para el transporte de ganado, en terribles condiciones de higiene, sin alimento ni agua, y con niveles de hacinamiento inimaginables, provocando miles de muertos durante esas travesías de días y semanas, lo cual, irónicamente, los libró de las cámaras de gas y de la diaria tortura psicológica y física de los campos de con- centración (rees, 2007).

Una de las últimas normas relacionada con la fauna fue dictada por los nazis el 15 de febrero de 1942 prohibiendo a los judíos mantener mascotas y animales de compañía (Sax, 2013)42; esa disposición significó uno de los más humillantes pasos dados por los nazis en la senda de la discriminación total de los judíos y su posterior aniquilación, logrando aislarlos aún más de la comunidad germana al otorgarles una categoría jurídica inferior a la de los animales pues, en el sentir de los dominadores, una raza de subhumanos no merecía la compañía de mascotas y otros animales. La preocupación de la dictadura por el bienestar animal se extendió incluso a la academia, con la creación en 1943 de un programa de sicología animal en la Escuela de Medicina Veterinaria de Hannover (Arluke y Sax, 2002).

En total, durante el régimen nacionalsocialista se expi- dieron treinta dos normas entre leyes, decretos y órdenes

42 otro ejemplo perfecto de normas ecológicas con claro contenido ideológico fue la Ley de Protección de la Pureza Racial de plantas forestales, promulgada el 13 de diciembre de 1934, mediante la cual se buscaba evitar el crecimiento de árboles débiles o torcidos, por lo que se exigía certificar los mejores fenotipos para la producción de semillas, principio de orden racial aplicado posterior- mente por el régimen en sus investigaciones eugenésicas y como justificación para el exterminio de los judíos; cfr. M. iMort. “Eternal Forest-Eternal Volk…”, cit., p. 61.

ejecutivas, referidas de manera directa a la protección de los animales o relacionadas con ella43. su alcance varía ampliamente, pues mención aparte de las descritas en el presente texto, existieron regulaciones relacionadas con la forma de cumplimiento de la Tierschutzgesetz de 1933, entre ellas, la promoción de la cría de animales, la protección de los ejemplares de fauna salvaje, la importación de aves con propósitos científicos, la iluminación y ventilación de los establos, la regulación de los espectáculos circenses con ani- males, la protección de la fauna en las tierras conquistadas por el Reich en Europa occidental y el herraje de caballos.

El amor a los animales, y un código ético centrado en el respeto a los no humanos como criaturas sintientes y nece- sitadas de protección, alentaron la producción normativa animalista de la dictadura nazi. En un régimen totalitario fundado y sostenido en la figura del caudillo, tal como lo han descrito Arentd (1982), Burleigh (2002) y Kershaw (2002), las fuertes inclinaciones animalistas de Hitler no podían ser ignoradas por la legislación. su vegetarianismo, su rechazo a los espectáculos con animales, su probada admiración por el lobo y las águilas (Cockburn, 2005), y su verdadero amor por los perros, como el que le profesaba a su perra Blondie, sumado al entusiasta apoyo provenien- te de otros líderes nazis, fueron factores definitivos en el diseño de leyes progresistas de protección de los animales de profundo contenido ético, que reflejaban una verdadera preocupación por el bienestar de la fauna en general y plan- teaban un nuevo paradigma de la relación hombre-animal, que aún no ha podido ser superado por gran parte de las legislaciones posteriores.

43 Los datos han sido tomados de la juiciosa recopilación realizada por Boria Sax. Animals in the Third Reich, uno de los textos más relevantes sobre la le- gislación animal nazi, que también describe con cierto sesgo las creencias e ideología nacionalsocialista asociadas a la escalada del animalismo durante la dictadura de adolf Hitler.

Sin embargo, y como se ha insinuado a lo largo de estas páginas, la rigurosidad de las normas de protección animal y el reconocimiento de que los animales eran el “centro de la ley”, eran directamente proporcionales con la negación de los más mínimos derechos a los judíos y el desprecio total hacia los negros, los homosexuales, los asociales y los gitanos a los que se consideraba “subhumanos” y no arios, por lo que fueron perseguidos, encarcelados y asesinados a lo largo del tercer reich (Dirscherl, 2012). Durante ese período los animales alcanzaron una posición privilegiada y superior a la de algunos grupos humanos como los judíos, a quienes se les despojó de todos sus derechos y fueron tratados de manera mucho peor que los no humanos, lográndose su casi total exterminio en Europa44. La ideología nacionalso- cialista llegó a considerar a los animales como un elemento esencial de la comunidad racial germana, y cualquier ataque a un animal fue considerado como un ataque a esa misma comunidad (Dirscherl, 2012, citado por sax, 2013: 165)45.

Esa tendencia naturalista que, siguiendo a Foucault, se podría catalogar como un proceso de “estatalización de la

44 Como prueba de la absoluta insensibilidad del régimen nazi con la situación de los judíos, estos y prisioneros de guerra fueron usados vivos en aberrantes experimentos conducidos por médicos que estaban prohibidos en animales e incluían congelamiento total, ahogamiento, inoculación de enfermedades infecciosas, amputaciones, disparos, cirugías experimentales, esterilización, golpes deliberados, entre otros, los cuales tenían por objeto probar la resistencia del cuerpo humano en situaciones extremas o traumáticas, todo ello dentro de un trasfondo de interés militar. igualmente, en el campo de exterminio de buchenwald se permitió a los guardias de la ss mantener un zoológico para su esparcimiento y diversión; cfr. A. reeS. Auschwitz. Los nazis y la solución final, cit.; M. MuSSer. “Mixing Green with Red Makes Brown (Shirts)”, 2010, disponible en [http://www.americanthinker.com/2010/10/the_original_environazis. html]; también S. Witt-Stahl. “Tierschutz als Propaganda-Waffe”, cit. 45 Sin embargo se dieron algunos casos de discriminación racial que alcanzaron

incluso a los animales, tan protegidos por el tercer reich; así, en 1936 un grupo de granjeros compró un toro para sus vacas, sin embargo las autori- dades locales decretaron que el animal era judío y que no podía montarlas; cfr. PatterSon (2009: 193).

biología”, implicó un control total del Estado sobre el patri- monio ecológico y sobre las decisiones públicas y privadas que implicaran su protección, conservación y afectación, aspecto que se vio reflejado con total fuerza en otras leyes de profundo contenido ecológico, como la celebrada Rei-

chsnaturschutzgesetz, o Ley del Reich de Protección de la

Naturaleza, promulgada el 26 de junio de 1935 y considerada una de las normas del régimen nacionalsocialista de mayor alcance conservacionista que haya conocido el mundo occi- dental (Closmann, 2005). Dicha ley, al igual que las normas animalistas de la Alemania nazi, marcó un punto de quiebre a nivel mundial en relación con la protección ambiental, y cumplió en gran parte con las expectativas de los conser- vacionistas germanos que durante décadas habían luchado en el ámbito legislativo por una norma que protegiera la naturaleza en la totalidad del su territorio (Lekan, 2005).

Para otros, la Ley de Protección de la Naturaleza de 1935 fue un intento muy bien estructurado de desarrollar más fácilmente objetivos ecológicos estatales sobre la pro- piedad privada, labor facilitada por el concepto totalitario y tecnocrático del régimen nazi, pues la norma permitía la expropiación a propietarios privados sin ningún tipo de compensación y por razones netamente ecológicas (Musser, 2011)46. otros objetivos de la nueva legislación se centraban en la creación de áreas protegidas en el territorio alemán (imort, 2005); también se disponían medidas de protección

46 La Ley nazi de protección de la naturaleza estaba muy enfocada en la pro- tección del paisaje y la planeación del territorio; otro de sus objetivos era reconciliar la protección ambiental con el desarrollo industrial y reforzar el papel de los ecologistas en la planeación regional y como administradores de los paisajes, los cuales reflejaban el espíritu del Volks germano, que para los nazis había sido desconocido y menospreciado durante la República de Weimar; cfr. T. leKan. “It Shall the Whole Landscape. The Reich Nature Pro- tection Law and regional Planning in the third reich”, en f. BruggeMeier; M. cioc y T. zeller (eds.). How Green were the Nazis, Ohio University Press, 2005, p. 93.

de especies de fauna y flora, y de parajes directamente rela- cionados con el mundo animal, incluyendo árboles, cercas de árboles, arbustos, setos, avenidas, viejas fortificaciones y cementerios (Clossman, 2005: 21). Adicionalmente la ley obligaba a todas las autoridades gubernamentales a consul- tar previamente con expertos en protección de la naturaleza y tomar las medidas respectivas antes de emprender cons- trucciones o cualquier otro uso de la tierra (Lekan, 2005).

Mediante una estrategia perfectamente planeada y bri- llantemente ejecutada, los nazis trastocaron el orden natural que se creía inmutable desde el principio de los siglos, e instauraron un régimen jurídico de la naturaleza y de los animales que mezclaba, de manera inteligente e ideolo- gizada, visiones etnocéntricas extremas de superioridad racial con una ética biocéntrica de dignidad animal, todo ello a costa de la negación de atributos humanos a ciertos grupos de su población, lo cual constituyó un ejemplo absolutamente perverso de los usos a los que puede verse sometido el derecho cuando lo alimentan ideologías que desconocen la condición innata del hombre, fundiéndola en mitos omniabarcantes, como la superioridad de la raza, la voluntad del pueblo y el orden natural como fundamentos de la existencia y fortaleza de la Nación.

El racismo de Estado practicado en la alemania de los años treinta privilegió el reforzamiento de la vida de los animales a costa de la muerte de seres humanos (torrano, 2014), utilizando mecanismos jurídicos que paradójicamente permanecieron inalterables en los años posteriores a la caída del régimen e insuflaron en el espíritu nacional germano el amor a los animales y a la naturaleza, como exitosa estrategia de unificación social y política47.

47 Sin embargo, se podría examinar la otra cara de la moneda y es la situación en la que la economía de guerra puso a los animales tan protegidos por el régimen nazi. Durante estos terribles años el sacrificio de ganado fue siste- mático y alcanzó tasas tan altas que para el final de la conflagración el ritmo

F. Las primeras acciones judiciales

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