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Linear Relation between Origin Destination Matrix and Flow

Durante la realización de este estudio se han intentado poner de manifiesto cuales son los factores intrínsecos al individuo, que pudiesen influir en el tamaño y ecogenicidad del TSE, ya que según diferentes artículos, en la especie humana existen diferencias entre grupos de individuos, e incluso diferencias entre los tendones del mismo individuo.

7.2.4.1. Sexo

El sexo ha sido uno de los factores estudiados. En la especie humana parece existir diferencia en el tendón de inserción entre hombres y mujeres. Los tejidos tendinosos de las mujeres están influenciados por ciertas hormonas sexuales, no presentes en proporciones altas en el hombre, como los estrógenos. Por ello existe una diferencia sustancial en la incidencia de patología del hombro entre hombres y mujeres (Hart et al, 1998; de Zwart y Frings-Dresen, 2001).

Este punto es difícil de trasladar a la especie canina, ya que tanto la movilidad del hombro, como los niveles de hormonas sexuales son diferentes a las humanas. Aun así, se consideró factible realizar esta diferenciación en el estudio. Los resultados han eliminado esta posibilidad: el sexo no influye en el diámetro ni en la ecogenicidad del TSE, en ninguna de sus porciones.

Lafuente y colaboradores (2009) afirman no encontrar relación entre el sexo del animal y la presencia de cojera, confirmada mediante técnicas de imagen. Esta referencia es la única encontrada que analice el factor sexo en la patología del hombro. No se han encontrado referencias específicas de la imagen ecográfica del M. supraespinoso.

7.2.4.2. Edad

En el caso del perro no se han encontrado estudios sobre la relación de la edad y la imagen ecográfica del M. supraespinoso. Los resultados del presente estudio no demuestran diferencias entre los animales de diferentes edades. Tanto en el análisis de correlación, como en el de grupos divididos por edades, no se han encontrado diferencias que indiquen una influencia de la edad sobre el TSE.

No se han realizado estudios histológicos seriados de los tendones a diferentes edades. Este podría ser un buen punto de partida de estudios futuros.

El análisis del factor edad se realizó pensando en los cambios en la composición bioquímica de los tejidos en individuos de edad avanzada. En medicina humana se tiene conocimiento de estos cambios desde hace años. En 1992 se realizó un estudio

con resultados contradictorios: existía un adelgazamiento notable del tendón de inserción con la edad, definido por los autores como atrofia, pero las fibras de colágeno y el aporte sanguíneo local no presentaban diferencias. Se llegó a la conclusión de que los signos de degeneración articular no estaban relacionados con la edad (Clark y Harryman, 1992).

Mas cercanos en el tiempo quedan otros artículos en los que se reafirman las teorías de Clark y Harryman, pero se evidencian cambios en la composición de colágeno con la edad (Riley et al, 2001). Según este artículo, en edades avanzadas el colágeno del TSE pasa a distribuirse de la misma manera a como lo hace en la mayoría de los tendones, en una respuesta adaptativa a las situaciones de estrés dinámico.

Otros autores encontraron aumentos de incidencia de patología con la edad y la disminución del contenido en fibrocartílago de la articulación. Kjellin y colaboradores (1991), Dugas y colaboradores (2002) y Ziegler (2004) se centraban en la imagen ecográfica del tendón, demostrando que la edad está directamente relacionada con la ecogenicidad tendinosa (Ziegler, 2004). También se ha estudiado el cambio de tejido muscular por grasa y tejido conectivo que ocurre en los pacientes geriátricos, con imágenes ecográficas similares a los estudios anteriores (Nielsen et al, 2000, 2006) y en los tejidos que han sufrido algún tipo de lesión estructural, en los cuales se acumula tejido fibroso y graso de igual manera que en los pacientes seniles (Melis et al, 2010).

La vascularización del hombro también ha sido objeto de estudio y se ha demostrado una disminución en la perfusión vascular en la zona al incrementarse la edad de los individuos estudiados (Potter et al, 2007; Rudzki et al, 2008). Estos resultados chocan con los obtenidos en los primeros estudios realizados casi 20 años atrás (Clark y Harryman, 1992). Incluso un mismo autor obtiene resultados contrarios en varios estudios. Es el caso de Riley y colaboradores, que en 2001 no encontraron cambios en la composición del tejido tendinoso en función de la edad, mientras que años antes si los había encontrado (Riley et al, 1994). Esto demuestra la complejidad de estos estudios, ya que la edad no puede aislarse como un único factor de incidencia, pues siempre está asociada al ejercicio realizado, las posibles lesiones sufridas, etc.…

Los resultados presentados por Riley y colaboradores en 2001 tampoco dejan clara la relación de la edad con la imagen ecográfica del TSE. En este trabajo se

reafirma la teoría del incremento de lesiones con la edad, se demuestra un incremento del tamaño del tendón, en oposición a lo demostrado por Clark y Harryman (1992), y se vuelve a demostrar la diferencia en la composición bioquímica de los tendones en función de la edad.

También en otros animales se ha teorizado con la influencia de la edad sobre el tendón del M. supraespinoso. En 1999 y 2007 se realizaron dos estudios en caballos, donde se demostró un cambio en la composición bioquímica del tendón en función de la edad, aunque también se asoció este hecho a la realización de ejercicio físico durante la vida del animal (Cherdchutham et al, 1999; Dudhia et al, 2007).

7.2.4.3. Peso, altura e índice de masa corporal

El factor denominado peso se incluyó pensando en la posible afectación de los tendones por la infiltración grasa en los animales obesos. Al tener una muestra tan heterogénea se pensó en realizar una corrección por la altura, de un modo similar al índice de masa corporal que se utiliza en los estudios de medicina humana. Pero, como ocurre en esta última, incluso el IMC calculado durante el estudio no es representativo del grado de “obesidad”, ya que se ve influido por la conformación del individuo. Es por esto que se han realizado análisis de los tres factores por separado, intentando obtener algún dato significativo.

Existen en la bibliografía diferentes estudios en humanos intentado relacionar el peso y el ejercicio físico, con la imagen ecográfica del TSE. En ellos se demuestra que los tendones eran más anchos en los individuos que realizaban ejercicio físico frecuente que los de la población que no lo hacía (Tipton et al, 1975; Maffulli y King, 1992).

Desde los primeros estudios científicos consultados se encuentra una relación directa entre los tendones y la actividad física. Los individuos con mayor actividad física presentaban los tendones más fuertes (Tipton et al, 1975) y con menor tasa metabólica y necesidades de aporte sanguíneo (Maffulli y King, 1992), lo que les permite realizar esfuerzos más intensos y continuos sin sufrir lesiones. El problema reside en que al tener menor aporte vascular, tienen peor capacidad de recuperación en caso de lesiones.