cambio a la nueva Matriz Productiva del Ecuador.
Para que el mercado de valores deje de ser una quimera como un instrumento alternativo de financiamiento productivo se requiere un cambio de timón o un punto de inflexión de amplio espectro. Los cambios legales e institucionales que sin duda son necesarios deben formar parte de una gran propuesta para que el mercado de valores, conjuntamente con las finanzas populares y solidarias y el crédito desde la banca pública sean los mecanismos financieros de soporte del cambio de matriz productiva. Es decir, lo que se trata es de impulsar un modelo financiero integrado, con ciertos niveles de segmentación y diferenciación, que contribuya a la construcción de nuevas dinámicas productivas en las que se ponga por delante la generación de empleo, valor agregado, encadenamientos productivos, emprendimientos urbanos y rurales, economía campesina, negocios inclusivos, etc.
Para que esta reflexión tenga un piso racional de acercamiento a las actuales necesidades de transformación productiva, que el mismo Gobierno Nacional reivindica como su principal objetivo de política económica a ejecutarse en el período 2013-2017, es necesario dos cosas: primero, entender bien qué es cambio de matriz productiva, y segundo, efectuar una mirada hacia adelante para encontrar alternativas viables y sistémicas de cambio productivo.
Consideramos que esta reflexión no debería abstraerse del contexto internacional. Los efectos negativos de la gran crisis iniciada en el 2008, que la consideramos de orden sistémica, provocada inicialmente por la voracidad del capital financiero, todavía prevalecen con gran fuerza en un mundo que ve con gran preocupación, aunque sin la convicción política necesaria para sacudirse de esta realidad, el creciente deterioro ambiental y las escasas posibilidades de generación de empleos dignos como soporte para un bienestar mínimo, aspectos que todos ellos ameritarían un abordaje extenso que en esta oportunidad no lo podemos profundizar.
En tal sentido, consideramos indispensable ampliar el debate sobre el concepto de cambio de matriz productiva. Las definiciones oficiales se refieren a un cambio de especialización productiva, criterio acertado pero incompleto. Ciertamente que el gran
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objetivo es la superación de la estructura económica primario-exportadora, pero no es menos cierto que la transformación no solo es industrialización y tecnología, sino también la modificación de los ejes de acumulación hacia sectores de mayor contundencia social y ambiental, como son los casos del ecoturismo y las artesanías para citar dos ejemplos paradigmáticos de empleo y cuidado de la pacha mama. El funcionamiento y la consolidación autónoma de la pequeña producción agrícola y de la producción campesina también debería ser consideradas dentro de esta lógica de transformación.
Si miramos hacia atrás por un momento, podemos determinar que las principales políticas para el cambio de matriz productiva se han fundamentado en tres grandes mecanismos: sustitución de importaciones; inversión pública para la competitividad sistémica; y, gestión de recursos económicos financieros y no financieros.
Lo que podemos decir de la sustitución de importaciones es tan poco como reducidos han sido sus resultados. De todos modos, de los tres aspectos mencionados, seguramente la creciente inversión pública ha sido la más fructífera, multiplicándose por tres desde el 2005, cuando representó el 5% del PIB hasta llegar al 16% en el 2012. Sin embargo, cabe advertir, que ha sido insuficiente para la transformación productiva. El financiamiento de esta centralidad del Estado se ha fundamentado en tres elementos básicos: i) mayores recaudaciones tributarias, ii) una mayor captura de la renta petrolera por parte del Estado como consecuencia de los cambios legales e institucionales en el marco de la política de “soberanía energética”; y, iii) una dinámica creciente de endeudamiento externo.
Luego tenemos el manejo de los recursos no financieros y financieros. Los primeros se centran fundamentalmente en las compras públicas, instrumento que todavía no lograr desplegar todo su potencial para fortalecer cadenas productivas y para fomentar la economía popular y solidaria. Entonces, nos quedamos con la gestión de recursos financieros. Lo que podemos advertir es que ha existido una excesiva confianza en la banca pública y una baja importancia del mercado de valores y del sistema financiero popular y solidario.
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Las políticas se han dirigido a una mayor participación de la Banca Pública en el financiamiento para sectores productivos (colocación y captación), con valores que perfectamente se han triplicado entre los años 2006 y 2011, pero no se han desarrollado productos específicos para cadenas productivas, ni para innovación ni para otras prioridades como la generación de empleo. De tal forma que el problema principal no es de cantidad sino el hecho de que se coloca el crédito en sectores priorizados donde no están las PYMES ni las diferentes formas de la EPS, o por lo menos no son los grandes beneficiarios de estas acciones, ni tampoco son sectores desconcentrados sino fuertemente monopolizados. El financiamiento desde la banca privada enfocada en sectores productivos altamente rentables como el comercio y la importación, tampoco está a la altura de las circunstancias históricas del país en su búsqueda de un salto económico. Por lo expuesto y para concluir, algunas alternativas para el mercado de valores en la lógica antes comentada.
Trabajo interinstitucional público y privado para enfrentar las limitaciones
estructurales que impiden la canalización de recursos desde el mercado de valores a los sectores productivos: información, regulación, fortalecimiento institucional, etc.
Dinamizar las negociaciones de nuevos productos en el mercado relacionados con facturas electrónicas emitidas por proveedores, incluidos los productores de la EPS.
Emisión de valores más barata y con mayores facilidades.
Incrementar la participación del BIESS en el mercado de valores destinada a empresas que impulsen el cambio en la matriz productiva en sentido amplio.
Direccionar las inversiones de las empresas del sector asegurador hacia valores de empresas que apoyen el cambio de la matriz productiva también en sentido amplio.
En definitiva, una perspectiva integral e integrada del crédito de la banca pública, el mercado de valores y las finanzas populares y solidarias es el camino a recorrer en esta transición hacia una sociedad equitativa, justa y comprometida con el buen vivir. (García, 2013, págs. 1-3)
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