• No results found

LOCATION OF PATTERNS

In document Fire Arson Investigation Manual pdf (Page 42-46)

Determining the Point of Origin INTRODUCTION

LOCATION OF PATTERNS

Fuente: apuntes seminario Actores colectivos, territorios y prácticas de resistencia, Octubre de 2014. Las expresiones indignación y rabia son un aporte mío a este modelo, pues en la propuesta inicial de Osorio, se mencionan las actitudes que acompañan los marcos de cognitivos de injusticia, tales como la asignación de responsabilidades y el empoderamiento. No obstante quise identificar, coherente con el modelo de las prácticas de los actores externos y con las expresiones resignación y miedo, las emociones en juego. Actualmente la propuesta está en construcción lo que no impide que sea tomada en cuenta acá para completar el análisis.

Mi contribución a esta analítica, recogiendo los aportes de los autores citados, es la inclusión de las escalas para analizar el problema del desplazamiento forzado. Por ejemplo, pensar cómo se encadena cada práctica con la rica e intensa tradición de movilización social del Sur de Bolívar, con las dinámicas las del país y con la geopolítica internacional; y también, cómo podemos reconocer los flujos de capital que pretende desarrollarse frente a tales prácticas

***

Atendiendo al propósito de este estudio de reconocer las configuraciones subjetivas que están en la base de la resistencia a las fuerzas que producen el desplazamiento forzado y en la base de la recuperación afirmativa frente a sus efectos, analizaré la experiencia de una comunidad que se ha resistido exitosamente a abandonar el territorio; se trata del Proceso Soberano por la Vida, la Justicia y la Paz de Micoahumado (que presentaré en detalle en el quinto capítulo). Esta comunidad ha sido objeto de tentativas de destierro por parte de los actores armados del conflicto y hoy en día se cierne sobre ellos la amenaza de despojo por la llegada de capital extranjero pues está arraigada a un territorio rico en cobre. La

SUMISIÓN RECHAZO

SALIDA,

HUIDA ACEPTACIÓN NEGOCIACIÓN ALIANZA INCONFORMIDAD OPOSICIÓN

RESIGNACIÓN

51 perspectiva propuesta en este capítulo y sus herramientas analíticas, iluminarán la comprensión sobre el proceso de esta comunidad y las configuraciones subjetivas que subyacen a sus prácticas de resistencia.

Después de disertar acerca del problema del desplazamiento forzado interno en Colombia y su lugar en la historia y la actualidad mundial, pasaré en el capítulo dos a argumentar los alcances y limitaciones de las intervenciones psi es este contexto, para mostrar el punto muerto de estas prácticas y cómo este trabajo de tesis contribuiría a superarlo.

52

2

T

RÁNSITOS Y DEVENIRES DE LAS

INTERVENCIONES PSI EN DESPLAZAMIENTO

FORZADO INTERNO

Como se expuso en el capítulo anterior, el desplazamiento forzado implica para sus víctimas una doble condición de vulneración: i. Haber vivido en un ambiente de guerra y el consecuente impacto de la violencia, lo que supone el terror cotidiano, el silenciamiento, la legitimación de la violencia que deriva en la supresión de la solidaridad con los afectados y la imposición de una lógica maniquea en relaciones sociales (para una ilustración léase Vega, (2002). ii. El destierro que es desarraigo y choque cultural: desarraigo que cobra matices particulares en la cultura campesina cuya relación con la tierra trasciende la simple posesión material, y choque cultural en el encuentro con un contexto muy distinto. A esto se suma la alta vulnerabilidad de las condiciones de huida y el estigma de la guerra (Osorio, (2004), Arias y Ruiz, (2002), entre otros).

Desde finales de los 80 del siglo XX en Colombia, un conjunto importante de profesionales psi, dentro de los que se encuentran psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, antropólogos y sociólogos, ha visibilizado las consecuencias psíquicas y relacionales de esta situación bajo las denominaciones de efectos psicosociales y culturales

53

la experiencia ( (Sacipa 2003) y Sacipa, Tovar, Galindo y Vidales (2007). Al mismo tiempo, han asumido de suyo la tarea de contrarrestar tales efectos, para lo cual han desarrollado cuerpos técnico–conceptuales a manera de alternativa de sentido para quienes llegan a los ambientes urbanos en busca de modos de sobrevivir y con la esperanza de algún día volver a vivir.

Pero esta tarea no se desarrolló en el vacío. El reconocimiento de la existencia de las víctimas de violencia política, su dolor, sus necesidades y sus derechos, aparece a mediados del siglo XX en Europa Occidental a partir de la segunda Guerra Mundial, con las denuncias sobre el holocausto operado por los nazis, cuando por primera vez se tenía en cuenta el daño a una población no combatiente que era atacada de manera sistemática y generalizada por razones políticas. Incluso, desde el siglo XVIII hay formulaciones relacionadas con los derechos de todas las personas y finalizando el siglo XIX ya habían convenios internacionales que evidenciaban una conciencia sobre la necesidad de regular los excesos en las guerras21; pero fue particularmente comenzando el siglo XX, en 1907, cuando la Convención de la Haya regula las normas que deben observar los beligerantes22.

No obstante, la conciencia mundial frente a la protección de los indefensos (civiles, heridos y enfermos) sólo se despierta al finalizar la Segunda Guerra Mundial; quizás las imágenes mostradas al mundo, gracias a los avances tecnológicos, jugaron un papel crucial en la sensibilización frente al dolor de quienes sufrían los rigores de la guerra. Los ataques nucleares a Hiroshima y Nagasaki y la ocupación estadunidense en Vietnam son ejemplos de esto, que consolidaron un rechazo masivo a la guerra que había sido naturalizada como vía de resolución de conflictos internacionales. Este rechazo mundial frente a la ilimitada devastación y al sufrimiento de los inocentes, unido al más aterrador balance de destrucción y muerte, fue uno de los factores que condujeron a la idea de una entidad supranacional que congregara a las naciones del mundo en la tarea de construir un mundo mejor. Fue así que

21 En la Declaración de San Petersburgo (1868), se enuncia el principio según el cual «el único objetivo

legítimo que los Estados deben proponerse durante la guerra es el debilitamiento de las fuerzas militares del enemigo».

22 De acuerdo con la Convención, los beligerantes deben tener límites en el modo de infligir daño al enemigo

pues se deben preservar la vida, la dignidad y la salud de las víctimas cuyos derechos están por encima de los intereses de la guerra.

54 se dieron las condiciones para la conformación de la Organización de las Naciones Unidas y sus instrumentos internacionales. En este mismo contexto, los países buscaron hacerse cargo de las secuelas humanas del desastre, a lo cual se dedicó buena parte de la investigación científica y tecnológica. En materia de salud mental, se avanzó en la descripción y tratamiento de la fatiga de combate o neurosis de guerra (Kardiner 1941), exclusiva de los combatientes y los fenómenos de hospitalización en los bebés huérfanos recluidos en los centros asistenciales (Spitz 1945).

Estas fueron las primeras intervenciones psi, entendidas –en el sentido de Nikolas Rose– como las intervenciones en el campo de la salud mental y el comportamiento que incluyen las prácticas de psicólogos, terapeutas, psicoanalistas, trabajadores y asistentes sociales y psiquiatras23, que aparecieron en contextos de guerra. No obstante, estas intervenciones se dirigieron principalmente a los combatientes y no a las víctimas. Incluso se extraña hoy en día la atención sobre las secuelas psicológicas que persistieron para muchas de las víctimas por el resto de sus vidas.

Quizás los únicos que abordaron aspectos psicológicos (afecciones morales y espirituales cercanas a la pérdida del sentido de la vida, desesperanza, entre otros) fueron los representantes de comunidades religiosas católicas y judías de varios países, que llegaron con las tropas aliadas tras la derrota nazi; sus misiones estuvieron enfocadas principalmente en atender las necesidades de subsistencia de heridos, enfermos, hambrientos y desamparados, como actos de caridad24.

23 Quien utilizó inicialmente el término fue Michael Foucault, con el fin de agrupar las prácticas de poder

enmarcadas y avaladas por los saberes sobre el alma, el comportamiento y los sentimientos humanos. Se usa normalmente como una forma de señalar críticamente el papel de tales intervenciones y su función dentro de la compleja trama del ejercicio del poder.

24 Sobre este extrañamiento no hay una documentación académica. Mis conversaciones con personas

conocedoras y el hallazgo de foros de conversación por internet que revelan testimonios de esta naturaleza, son las pruebas vidas de estas afirmaciones. En uno de estos foros encontré esta conmovedora afirmación: ―Auch nach Ende des Krieges kam niemand auf die Idee, psychologische Hilfe anzubieten (wie auch, die hätte ja Jeder gebraucht und es waren in dem Moment wichtigere existenzielle Fragen und Probleme zu lösen). Und bis heute sind die psychischen Folgen in der Kriegsgeneration zu spüren.‖ (Incluso después de la guerra a nadie se le ocurrió la idea de ofrecer ayuda psicológica (y que, efectivamente, se debería haber hecho, justo en el momento en que se estaban resolviendo los problemas y las preguntas existenciales de mayor importancia). Y aun los efectos psicológicos se sienten en la

55 En América Latina sólo a partir de la década de los 70 en países del Cono Sur que vivieron dictaduras como Chile y Argentina, se empieza a considerar el tratamiento a las secuelas psicológicas de la represión. En Chile, con el trabajo de algunos psicólogos y psiquiatras que, casi en la clandestinidad y bajo el amparo de cierto sector de la iglesia católica, iniciaron una acción de atención a partir de la identificación de la necesidad de atención psiquiátrica y psicológica que hicieron los abogados encargados de recoger los testimonios de los crímenes de Estado (Lira 1984).

Pese a la larga historia del conflicto armado en Colombia, el reconocimiento de esta necesidad de intervenir en el sufrimiento psi surge, como se dijo, sólo hasta finalizar la década de 1980, a partir del, ya descrito acá, recrudecimiento de la violencia política que se da entre 1986 y 1993, caracterizado por una oleada de masacres, asesinatos de candidatos a la presidencia y sindicalistas y el consecuente registro de numerosos desplazamientos forzados masivos.

Esta situación alertó a algunos sectores religiosos, particularmente a los relacionados con la teología de la liberación, y a grupos profesionales comprometidos, tales como la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, Corporación AVRE, Centro de Investigación y Educación Popular, CINEP, Programa por la Paz, Servicio Jesuita a Refugiados, Fundación Dos Mundos, entre otros, quienes emprendieron un trabajo intencionado de visibilización de e intervención con las víctimas del conflicto armado con un enfoque de Derechos Humanos.

El objetivo de este segundo capítulo es presentar tres perspectivas de intervención psi que han ido emergiendo paulatinamente en Colombia para afrontar el problema de las víctimas de desplazamiento forzado y del conflicto armado en general: la atención en salud mental, luego, la intervención o atención psicosocial y, más recientemente, el

acompañamiento psicosocial. A lo largo del capítulo destacaré que la segunda perspectiva

(que introduce el término ―psicosocial‖) se acuñó con el propósito de ampliar la perspectiva de trabajo mientras que la tercera dio un nuevo sentido a esta práctica; de tal manera que

generación de la guerra. Disponible en http://www.talkteria.de/forum/topic-13895.html. Consultado el 29 de abril de 2011.

56 junto con estas denominaciones, la intervención misma ha cambiado de manera sustantiva. Finalmente, cierro el capítulo argumentando que una de las más graves limitaciones de las intervenciones psi aparece cuando la voluntad política del tecnócrata se convierte en el punto muerto de la exigibilidad de derechos de las víctimas.

2.1

Enfoque de salud mental

2.1.1 Modelo médico y Enfoque de estrés posttraumático

En los primeros acercamientos a la atención de las víctimas civiles del conflicto armado, se reconoció que la violencia política y que el desarraigo traía consigo consecuencias traumáticas para sus víctimas; tales consecuencias requerían de atención y se contaba con un buen bagaje de conocimiento en la psiquiatría y la psicología acumulada sobre traumas (perspectivas de trauma). En segunda instancia, se entendió que particularmente en el caso del desplazamiento forzado, era evidente que los cambios abruptos del destierro planteaban una situación de crisis vital, e igualmente se contaba con toda una psicología de la crisis que además tenía avances técnicos bien probados y documentados (perspectivas de crisis). Finalmente, la situación de muchas personas desplazadas suponía la pérdida de seres queridos, la mayoría de los cuales habían muerto de manera violenta y muchos, desaparecido sin rastro alguno, lo que era identificable con la categoría de duelo, especialmente de duelo demorado, no resuelto o patológico (perspectivas de duelo). Fue así como las perspectivas de trauma, crisis y duelo constituyeron la primera caja de herramientas para el trabajo de atención a las víctimas.

Estas teorías se habían desarrollado en su mayoría bajo enfoques cognitivo–

conductuales y algunas, como la de la crisis, tomaban elementos del psicoanálisis o de la psicología sistémica; en todos los casos estos avances se circunscribieron en un modelo médico bajo el esquema de diagnóstico (basado en síntomas), pronóstico y tratamiento (o terapia). De esta manera, la tarea consistía en identificar la sintomatología derivada de la vivencia adversa y combatirla con los métodos en salud mental ya bien probados y difundidos por más de un siglo de conocimiento psicológico y psiquiátrico.

57 Las primeras herramientas metodológicas que adoptaban y ponían en práctica este aparataje teórico eran los manuales internacionales de salud mental para la atención de desastres, elaborados principalmente por la OMS y la OPS, como se mencionó en el capítulo anterior. Dado que dentro de la definición de desastre se contemplaban las situaciones de guerra, estos manuales se presentaban como herramientas idóneas para ser tenidas en cuenta en la tarea de los profesionales psi.

La cita siguiente muestra que la diferencia percibida entre una y otra circunstancia (desastre natural y conflictos armados) era únicamente de magnitud, en vez de identificar diferencias cualitativas (relacionadas, por ejemplo, con la continuidad de la amenaza y con el hecho de saberse víctima de un agente intencionado):

Además de los desastres provocados por amenazas naturales, también los efectos generados por la violencia social masiva y las guerras han provocado un gran impacto sobre la salud mental de las personas que han tenido que huir presas del miedo, han sufrido heridas y mutilaciones, la muerte de seres queridos, y graves pérdidas económicas. Igualmente, la salud mental se ve afectada como resultado de los desplazamientos de grandes grupos humanos, de la vida en campamentos, o del hacinamiento en suburbios de muy difíciles condiciones sanitarias y económicas. En estas circunstancias las necesidades de atención psicosocial son especialmente altas debido al estrés al que la población está sometida y a los traumas específicos de grupos con mayor vulnerabilidad (OPS/OMS 2002, 5) (cursivas añadidas por mí).

Bajo esta mirada, el daño o el impacto negativo se ubica en la víctima impotente cuyas capacidades individuales de afrontamiento del suceso, están agotadas (Lazarus y Folkman 1986). Es preciso tener en cuenta que estos enfoques fueron pensados en y para sociedades que no están afectadas por conflictos armados internos y por lo tanto conciben las causas y los desencadenantes de traumas, crisis y duelos como episodios o sucesos transitorios y

poco frecuentes en un estado de cosas ―normal‖. Esta fórmula relativamente simple tiene

una serie de presupuestos que no se cumplen en casos como el del conflicto armado colombiano:

 En primer lugar, en ambientes sin conflicto armado, la persona afectada emocionalmente por un evento de violencia está en una situación tan extraña como su

58 causa. Por lo tanto, su situación no es generalizada y no afecta de manera directa a su conjunto social. Esto no sucede en varias de las situaciones de violencia política, en las que una comunidad en su conjunto sufre una victimización (particularmente en casos de masacre). Un ejemplo paradigmático es lo ocurrido en Bellavista, Bojayá en 2001, cuando 117 civiles perecieron en un enfrentamiento entre la FARC–EP y las AUC, al caer un cilindro bomba lanzado por la guerrilla en la iglesia en la que se alojaban. Dada la composición familiar de la sociedad chocoana –caracterizada por familias extensas y relaciones de parentesco entre la mayoría de las personas que conforman un poblado–

prácticamente todo Bellavista perdió algún familiar o un ser querido, todo Bellavista estaba en duelo; aquí las afectaciones emocionales no son un caso extraño, son ampliamente compartidas y requieren un trámite también compartido.

 En segundo lugar, los enfoques tradicionales suponen que la fuente del daño ha cesado o que se ha retirado a la víctima de su influjo. En el caso colombiano los profesionales deben actuar en medio de un conflicto armado que continúa; incluso cuando las personas afectadas huyen dentro del territorio nacional para protegerse, se encuentran con la reproducción de la dinámica de la guerra en los ambientes receptores.

 Particularmente en el caso de desastres ―naturales‖ o accidentes, las perspectivas clásicas suponen que no existe un victimario con claras intenciones de hacer daño, mientras que situaciones de destierro forzado, al igual que bajo otras maneras de violencia política, el victimario y su intención de perseguir y causar daño no son un delirio paranoide producto de una inadecuada generalización: son una innegable realidad.

 Finalmente, otro presupuesto que no se aplica a nuestro caso, es que, aun habiendo un agresor intencional (como en el caso de un robo, una violación callejera, entre otros), los aparatos de protección ciudadana y justicia, así como los servicios sociales y la red de apoyo informal de la víctima, cooperarán para que se sancione a los responsables y cese la amenaza. En un ambiente de guerra lo frecuente es el control social, la tensión cotidiana, la impunidad y por lo tanto, la revictimización es altamente probable.

59 En últimas, la principal contribución de este enfoque fue disminuir el malestar psíquico y ayudar al individuo a retomar la vida cotidiana: adaptación y curación, son términos que reflejan la orientación de estas intervenciones, de las que sin duda se registraron logros relacionados con la disminución manifiesta de los síntomas inventariados en la fase diagnóstica.

No obstante, resultaba recurrente una reaparición de los síntomas, a veces con más fuerza, desencadenada por una nueva amenaza o por la angustia de perder el período de apoyo humanitario sin lograr las condiciones mínimas para la supervivencia de sus familias25.

En el mejor de los casos las personas lograban ubicarse precariamente y gozar del beneficio de reducir su tristeza, su angustia y/o su estado de alerta permanente, pero

muchas veces otros aspectos relacionados con la ―pérdida de la dignidad‖ permanecían sin ser trabajados o transformados, pues los significados sobre las razones de su vulneración permanecían en el plano de la auto–culpabilización, la naturalización o la interpretación fatalista.

En este sentido, las intervenciones en salud mental resultaban funcionales a los intereses de los actores armados en tanto se limitaban al alivio del sufrimiento y a un llamado a los actores del conflicto a respetar el Derecho Internacional Humanitario, como únicas formas posibles de incidencia.

Esto suponía que, en la espera de una resolución del conflicto armado (que correspondía a las élites de cada bando involucrado), los afectados buscarían atención humanitaria y se las arreglarían para establecerse en los centros urbanos. La mayoría evitaban las expresiones de resistencia al proceso de despojo en términos de retorno, búsqueda de justicia por los crímenes y/o protesta social, porque desconocían sus derechos y para ellos

25 Sobre estos resultados no hay documentación publicada. Fui testigo de los informes de varias

organizaciones operadoras de varios departamentos del país y era una constante este espiral en los reportes

In document Fire Arson Investigation Manual pdf (Page 42-46)