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Chapter 6: Synthesis and sample offshore monitoring template 6.1 Monitoring Aims
6.2 Offshore issues
6.2.2 Logistics and processes
La proclamación de la República de Bolívar, después nombrada Bolivia, tuvo lugar en 1825 con Bolívar como Presidente y Sucre como Vicepresidente. Una de las principales características de la vida de la República ha sido la marginación y exclusión de la mayoría de la población campesina, originaria e indígena, de las estructuras políticas, sociales y económicas, mientras el poder perma- necía en manos de las minorías blancas-mestizas de un considerable nivel económico.
Desde la fundación de la República hasta que en 1982 se instaurara el periodo considerado demo- crático más prolongado de Bolivia, el panorama político del país estuvo marcado por la inestabi- lidad y, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, por reiterados golpes de Estado militares. Entre éstos resaltan los dirigidos por Barrientos en 1964, que puso fin al periodo revolucionario e impuso una importante represión a los movimientos guerrilleros derrocando, entre otros, al lide- rado por Ernesto Che Guevara; Hugo Bánzer en 1971 o García Meza en 1981, quien instauró un régimen especialmente corrupto y represivo contra los movimientos y partidos de izquierdas. Después de varias dictaduras militares, en 1982 Hernán Siles Zuazo asumió el gobierno de un Estado completamente debilitado y en plena crisis económica. A pesar de los esfuerzos por redu- cir el gasto público, se dio un incremento del déficit cuyas principales consecuencias fueron una importante expansión monetaria y el gran alza de precios en los años 1984-85.
La coyuntura de crisis económica y social favoreció el adelanto de las elecciones que dieron la pre- sidencia a Victor Paz Estensoro. Lo más característico de este mandato fue la sustancial modifica- ción de los sistemas político y económico del país que básicamente consistió en la adopción de un modelo de desarrollo liberal “sugerido” por organismos internacionales. Así se ponía fin al modelo de Estado que los mismos Siles y Paz Estensoro habían contribuido a crear durante el periodo de la Revolución Nacional iniciada en 1952 en cuyo marco tuvo lugar la revolución agra- ria, la nacionalización de las minas, el establecimiento del voto universal, etc.
La instauración del modelo neoliberal en Bolivia supuso el establecimiento, entre 1986 y 1993 y siguiendo las recomendaciones del Consenso de Washington, de un programa de privatización de empresas públicas que fue sustituido por la capitalización legislada en 19941. Además de la pri-
1El objetivo de la capitalización era el logro de socios externos para duplicar el valor del patrimonio del sector públi-
co. Algunas empresas capitalizadas fueron: Empresa Nacional de Electricidad, Empresa Nacional de Telefonía, Lloyd Aéreo Boliviana y Yacimientos Petroleros Fiscales de Bolivia.
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vatización, las medidas de ajuste que se implantaron supusieron la reducción masiva de salarios y empleos, la apertura económica y la reducción de gastos públicos. Estas medidas neoliberales y las posteriores reformas favorecieron la estabilización monetaria y el control de la inflación, sin embargo, y a pesar del importante apoyo financiero internacional recibido, la reacción de la eco- nomía boliviana fue lenta y moderada.
A pesar de la valoración positiva que realizaron organismos multilaterales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) e instancias de cooperación bilateral, las políticas neoliberales supusieron el incremento de los índices de pobreza y de desigualdades sociales, la precarización de las condiciones de trabajo y el deterioro de las condiciones de vida de la mayo- ría de la población, especialmente la originaria e indígena.
Los niveles de pobreza y de deuda alcanzados en Bolivia fueron tales que supusieron su clasifica- ción como país HIPIC2, lo cual posibilitó la reducción de una parte de la deuda multilateral y bila-
teral que el país había ido contrayendo. La primera fase de HIPIC se prolongó durante los años 1997 y 1999, y la segunda fase se condicionó a la elaboración participativa de una estrategia de reducción de la pobreza para el país que nunca llegó a consolidarse.
La combinación de todos estos elementos tendrá como principales resultados la profundización de la crisis económica, el deterioro de un sistema democrático que nunca llegó a consolidarse y el correspondiente descontento social que se traduciría en crecientes movilizaciones sociales especialmente a partir del año 2000.
Estas movilizaciones representarán el emerger de un nuevo nacionalismo boliviano impulsado por la población campesina, originaria e indígena que, desde sus estructuras ancestrales, se proyecta- rán hacia el ámbito nacional con una propuesta alternativa de país.
Entre las primeras movilizaciones sociales que se dieron en este contexto, tuvo lugar la marcha de los pueblos indígenas del oriente boliviano (1990) en demanda del reconocimiento de los territo- rios indígenas y la reconfiguración territorial del Estado. Esta marcha se consolidaría como prece- dente en las demandas populares de implantar un proceso de Asamblea Constituyente que final- mente se iniciaría en agosto de 2006.
Posteriormente, en febrero del 2000 tuvo lugar en Cochabamba la conocida “Guerra del Agua” que fue provocada por la privatización del servicio de agua potable. La privatización fue una con- dición del BM, el FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la renegociación de la deuda externa, que el gobierno boliviano aceptó. El consorcio Aguas del Tunari3obtuvo la conce-
sión del servicio de agua potable, pero ésta duró pocos meses que se caracterizaron, básicamen- te, por la ausencia de nuevas inversiones para la adecuación y mantenimiento de las redes de agua y por el incremento de las tarifas entre un 40% y un 300%.4
En un país muy empobrecido, con una importante presencia de población rural y una población mayoritariamente perteneciente a los pueblos originarios e indígenas cuya cultura incorpora la relación y manejo de los recursos naturales como parte imprescindible de su cosmovisión y super- vivencia, la privatización del también conocido como “oro azul”, supuso una importante agresión. Frente a la misma se consolidó la Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida que reivindicó la consolidación del agua como un derecho humano y denunció su mercantilización.
2País Pobre Altamente Endeudado, por sus siglas en inglés.
3Este consorcio estaba liderado por la empresa norteamericana transnacional Bechtel, partícipe de la “reconstrucción”
de Irak, además de cuatro pequeñas empresas bolivianas y la vasca Abengoa.
187 3. Incidencia política y participación ciudadana de las mujeres
El enfrentamiento entre los movimientos sociales y las fuerzas de seguridad del Estado se originó cuando estas últimas intentaron prohibir una concentración multitudinaria en la plaza central de Cochabamba. Desde este momento los enfrentamientos fueron constantes y se prolongaron durante todo un mes, dejando un saldo de un joven muerto, decenas de personas heridas y otras tantas detenidas en Cochabamba. El conflicto adquirió tales dimensiones que mantuvo en vilo a todo el país y obligó al gobierno a retirar la concesión a Aguas del Tunari. Esta movilización social se consolidó en referente nacional e internacional en tanto supuso un logro del poder autóctono local frente a la vorágine neoliberal global.
Entre los años 2000 y 2001 se sucedieron importantes movilizaciones aymaras organizadas desde la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), que ponían de manifiesto la reaparición y el reforzamiento de las estructuras comunales y del discurso étnico- nacional de los pueblos originarios e indígenas. La capacidad auto organizativa y de rechazo a un gobierno excluyente se tradujo en la expulsión de las autoridades oficiales y el establecimiento de un sistema de autoridades comunales en sus territorios y la creación del cuartel general de Q’alachaka como el Estado mayor de las fuerzas aymaras movilizadas.
El generalizado descontento popular en el país, volvería a expresarse de manera contundente en el mes de febrero del año 2003 cuando el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada decretó un “impuestazo” para reducir el déficit fiscal y cumplir con las exigencias del FMI. Las protestas ini- ciales de las ciudades de La Paz y El Alto derivaron en una revuelta popular que ocupó durante dos días las calles de estas ciudades y que se saldó con más de 30 personas muertas y muchas más heridas víctimas de la represión.
Ocho meses después, en octubre del mismo año, tuvo lugar la “Guerra del Gas” que representa las jornadas más duras de convulsión social en la historia democrática de Bolivia. Los anteriores Presidentes habían optado por la venta del gas5como una fuente de ingresos que nunca repercu-
tió en mejoras para el país ni para el bienestar de su población.6Por ello, cuando Gonzalo Sánchez
de Lozada hizo públicas sus intenciones de exportar este recurso natural por Chile, se levantó una insurrección popular con el fin de evitarlo.
Si bien es cierto que la principal demanda popular de esta movilización fue la nacionalización del gas, detrás de la misma se entreveía la reivindicación de recuperar la soberanía nacional y la redis- tribución equitativa de los recursos y productos autóctonos.
La insurrección de octubre estuvo gestándose desde el mes de septiembre, cuando empezaron las marchas masivas de protesta de diversos sectores, una huelga de hambre que se prolongó extensamente, importantes paros cívicos que paralizaron diferentes ciudades y bloqueos de las principales vías de comunicación que mantuvieron incomunicado al país. A principios de octu- bre las diferentes expresiones de las movilizaciones populares se multiplicaban por todo el país incorporándose en todas ellas la consigna que clamaba por la renuncia del Presidente de la República y empezándose a proponer la creación de una Asamblea Constituyente para reformar el país.
Durante el conocido como “Octubre negro”, se evidenció la inoperancia del gobierno boliviano en su tarea de asegurar las condiciones mínimas de dignidad y la vulneración cotidiana de los dere-
5El gas es el recurso más importante de Bolivia, situando a este país en el segundo lugar de América Latina (después de
Venezuela) con más reservas de gas.
6Las principales empresas privadas que explotan y procesan el gas boliviano desde la privatización de este recurso son
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chos económicos, sociales y culturales de mujeres y hombres de la República. Su desenlace se tra- dujo en:
• Más de 60 personas muertas, entre ellas varias de corta edad, y 400 personas heridas, en su mayoría alcanzadas por disparos del ejército.
• La renuncia, y posterior huida a Estados Unidos, del Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y el Ministro de Defensa Carlos Sánchez Berzaín.
• Generalización de la demanda de una Asamblea Constituyente y convocatoria de un refe- réndum sobre la propiedad de los hidrocarburos del país.
• La exigencia popular de la realización de un Juicio de Responsabilidades contra Gonzalo Sánchez de Lozada y sus colaboradores.
Los últimos puntos se consolidarían como la “Agenda de Octubre” que los movimientos sociales de Bolivia exigirían cumplir al nuevo Presidente.
El Presidente sucesor Carlos Mesa fijó para el 18 de julio del año 2004 la celebración del referén- dum sobre los hidrocarburos. Acompañados de importantes críticas por su forma y contenido, los resultados obtenidos darían la oportunidad al Presidente de elaborar una nueva agenda política y un plan económico que reorientase el rol del Estado frente a las empresas transnacionales que controlaban los recursos hidrocarburiferos. Ante esta posibilidad, el Presidente optó por solicitar al BM la elaboración de la futura Ley de Hidrocarburos, lo cual fue interpretado por los movimien- tos sociales del país como una falta de compromiso gubernamental con una posible política hidro- carburífera soberana que permitiera salir de la crisis a la República.
A principios del año 2005 importantes movilizaciones populares se retomaron en el país foca- lizadas, sobretodo, en la ciudad de El Alto, cuya población demandaba la salida de la empresa privada proveedora del servicio de aguas “Aguas del Illimani”, perteneciente a la transnacional francesa Suez.
En febrero del 2005, cobró fuerza e intensidad el movimiento autonomista de Santa Cruz de la Sierra liderado por la oligarquía del oriente boliviano que se mantiene hasta la actualidad cues- tionando con un fuerte potencial la división político administrativa del país.
En un contexto de generalizadas movilizaciones y conflicto entre diferentes agentes sociales y las fuerzas de seguridad del Estado, el Presidente Carlos Mesa renunció a la presidencia definitiva- mente el mes de mayo de 2005, después de haber generado una enorme polarización en el país que exacerbó y potenció el odio y el racismo entre la población indígena y no indígena. El Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez, asumió la presidencia para con- vocar las correspondientes elecciones presidenciales.
Todo lo sucedido desde el año 2000 en Cochabamba pone de manifiesto la importancia y capaci- dad de incidencia política de los movimientos sociales en Bolivia. Todas estas movilizaciones “revirtieron una etapa de derrotas que duró una década y media, y dieron origen a un nuevo ciclo de protestas indígenas y populares que comenzaron a cuestionar el paradigma neoliberal domi- nante y a proponer ideas-fuerzas alternativas7”. En el trasfondo de las diversas movilizaciones se
observa la recuperación de las demandas populares, originarias e indígenas de los siglos anterio- res para formar un Estado en el que se respete y cuente con la mayoría de la población campesi- na, originaria e indígena que quedó excluida en la fundación de Bolivia.
7STEFANONI HERVÉ DO ALTO, Pablo (2006): Evo Morales, de la coca al Palacio. Una oportunidad para la izquierda indí-
189 3. Incidencia política y participación ciudadana de las mujeres
Bajo un liderazgo mayoritariamente masculino, en todas estas movilizaciones sociales participaron plenamente y asumieron importantes roles las mujeres bolivianas. En el transcurso de las mismas se puso de manifiesto su gran potencial organizativo y su elevado nivel de conciencia política. Las reivindicaciones planteadas en las mismas incorporaban temas fundamentales para la mayo- ría de la sociedad boliviana como pueden ser la no privatización del agua o la nacionalización del gas y los recursos naturales, pero no hubo espacio para la incorporación de las demandas especí- ficas de género. Sin embargo, con estas movilizaciones se hacía frente a políticas privatizadoras cuyas potenciales consecuencias hubiesen recaído especialmente en las espaldas de las mujeres. La participación de las mujeres en estos contextos reivindicativos no representa una novedad en la realidad boliviana. Ya en las luchas por la independencia fueron relevantes las figuras de Bartolina Sisa y Gregoria Apaza, mujeres aymaras que no fueron más que el reflejo del resto de mujeres originarias e indígenas que lucharon junto a los hombres en esta empresa revolucionaria. Las primeras manifestaciones de las organizaciones de mujeres como tales, datan de las décadas de los 20 y 30 del siglo XX. En aquel entonces ya se pudo observar la existencia de estrategias e intereses diferenciados entre ellas: por una parte, las mujeres obreras se organizaron alrededor de la Federación Obrera Femenina con el fin de sostener reivindicaciones sindicales como la jornada laboral de ocho horas y, por otra parte, las mujeres de las elites celebraron el Primer Congreso Feminista de Bolivia.
El distanciamiento entre las organizaciones de mujeres indígenas y no indígenas ha caracterizado la historia de los movimientos de mujeres en Bolivia, donde la adscripción étnica ha primado sobre la pertenencia a un determinado sexo. De este modo, las mujeres campesinas, originarias e indí- genas se han vinculado y se han identificado mayoritariamente con las agendas políticas de las organizaciones tradicionales de base y mayoritariamente mixtas, llegando a percibir las propues- tas de las organizaciones de mujeres urbanas, de cierto nivel económico y mestizo-blanco, como excluyentes y discriminatorias.
Las organizaciones de mujeres no indígenas han sido las que, especialmente en el transcurso del periodo democrático, han interactuado con el ente gubernamental y, por medio de la incidencia política y la negociación, han ido logrando la institucionalización de diferentes puntos de sus agendas. El mayor impulso a la igualdad de mujeres y hombres conocido hasta el momento en el escenario boliviano tuvo lugar en la década de los 90. En aquellos momentos convergieron, por una parte, el fortalecimiento de las organizaciones de mujeres (que mayoritariamente sucumbie- ron frente al fenómeno de la “ONGeización” de la sociedad civil) y por otra parte, una coyuntura internacional que permitió colocar en la agenda global desafíos, propuestas y exigencias a los gobiernos nacionales para la incorporación de las demandas de las mujeres en políticas públicas y la ampliación de sus derechos.
Fruto de este impulso tuvo lugar la institucionalización de los asuntos de género y, sobre todo, una serie de avances legales y normativos favorecedores de los derechos civiles, políticos, econó- micos y sociales de las mujeres. Entre éstos es importante señalar la ratificación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) en 1988; la Ley de Participación Popular en 1994 que especifica el derecho de las mujeres a integrarse en el proceso de participación popular; la Ley de Partidos Políticos, que favorece la igualdad de opor- tunidades en el acceso a la representación política de mujeres y hombres militantes; la Ley de Cuotas en 1997 que fija una participación mínima del 30% de mujeres en las listas para los car- gos de diputadas y diputados; y senadores y senadoras; el Decreto Supremo para la Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres en 1997, que garantiza la igualdad jurídica entre hom- bres y mujeres en los ámbitos político, social y cultural, y que además incorpora la transversalidad de género en las políticas públicas; la Ley del Trabajo Doméstico; la Ley Contra la Violencia
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Intrafamiliar en 1995 y la implementación de servicios municipales de atención a la Violencia Intrafamiliar.
Las divergencias y distanciamiento existentes entre las organizaciones de mujeres indígenas y las no indígenas han llevado a que las primeras no sientan como propios todos estos logros, y que en cambio, se hayan sentido excluidas de los correspondientes procesos. Esta realidad quedó reflejada en la declaración de las Mujeres Indígenas Sudamericanas frente a la 49° Sesión de la Comisión del Status de la Mujer-ONU8en la que participó una representación de mujeres indígenas bolivianas:
1. “… A pesar de los esfuerzos realizados para incluir, en las políticas públicas, acciones orien- tadas a mejorar las condiciones de las mujeres en general, aún están pendientes la inclusión de políticas específicas para las mujeres indígenas…”
2. “Pese a los avances del Programa de Acción del Cairo, y la puesta en marcha de la Declaración y Programa de Durban, las políticas de los Estados-Nación no han logrado lla- gar a los pueblos indígenas con acciones apropiadas culturalmente…”
3. “El proceso iniciado por las mujeres indígenas desde Nairobi, pasando por Cairo, Beijing y Durban, ha fortalecido progresivamente nuestra conciencia de derecho, contribuyendo a la articulación y al desarrollo de nuestras capacidades de participación propositivas, compro- metiéndolos a continuar en el esfuerzo para el reconocimiento de nuestros derechos funda- mentales en tanto género, cultura y pueblo”.
Situación socio-económica actual
La evolución histórica de Bolivia ha ido perfilando la realidad actual que puede observarse en la fotografía que a continuación se expresa en un conjunto de datos estadísticos.
La población de Bolivia9 es de 8.274.325 habitantes, con un 50,16% de mujeres y un 49,84% de
hombres. La edad media de la población es de 20,12 años, alcanzando la esperanza de vida al