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cooperación social y el aprendizaje, dos de ellos son psicólogos sociales estadounidenses Johnson y Johnson (1998) en su obra “Cooperative Learning”, quienes notaron que las situaciones que implican intercambios sociales, es decir las colaborativas, son superiores a las individuales, ya que se logran mayores aprendizajes.

Por su parte, para Vigotsky (1973), se basa en la premisa de que el conocimiento es algo social, y se construye a partir de los esfuerzos cooperativos para aprender, comprender y resolver problemas. De esta teoría nace el aprendizaje como resultado de la actividad e interacción social, ya que, el pensamiento humano debe ser comprendido a partir de los diferentes contextos, a su vez da origen a los procesos interpersonales. Según, Glinz (2005) aduce que el aprendizaje colaborativo se refiere a la actividad que

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efectúan pequeños grupos de estudiantes en las aulas de clase, integrándose a un proceso de formación guiado por el docente. En este proceso se intercambia información a partir de los conocimientos previos, para luego trabajar en la tarea propuesta y lograr los objetivos del aprendizaje. Cuando un equipo tiene un objetivo y metas compartidas, esto se convierte en un factor de motivación para el estudiante, al darse cuenta que su

conocimiento se está multiplicando con la ayuda de los demás integrantes.

Según Ormrod (2004), es necesario tener en cuenta que el aprendizaje colaborativo no se refiere exclusivamente a la agrupación de los estudiantes en determinados equipos y permitir el trabajo independiente alrededor de una actividad específica. Es evidente que en algunas ocasiones a los estudiantes se les dificulta el trabajo grupal y prefieren trabajar individualmente, sin comprometerse en esfuerzos conjuntos.

Para Barkley, Cross y Howell (2007), en el aprendizaje colaborativo se contemplan varias características, entre ellas, que los docentes estructuren las

actividades de aprendizaje intencional para los alumnos, todos los participantes deben comprometerse a participar activamente, y finalmente que el aprendizaje colaborativo facilite la enseñanza significativa.

En los esquemas de aprendizaje apoyados por herramientas virtuales o tecnologías de la información, es igual de importante el papel del facilitador, ya que es él quien debe diseñar un ambiente virtual de aprendizaje que genere ruptura con el esquema de la clase tradicional y propicie la evolución de los estudiantes hacia papeles más activos. En dicha dirección, el aprendizaje colaborativo permite generar espacios dinámicos de trabajo, discusión y socialización, lo que resuelve una de las grandes problemáticas de la

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educación, la relacionada con la diversidad y la heterogeneidad, inherentes a todo grupo (Zañartu, 2003).

Por lo tanto, el planteamiento didáctico de las actividades académicas guiadas por este tipo de aprendizaje representa un factor importante en la motivación y construcción del conocimiento por parte de los estudiantes. Tanto, que Schmuck y Schmuck (2001) establecen que los docentes facilitadores de la interdependencia entre los estudiantes son aquellos que conceden gran valor a la cohesión del grupo, permiten intercambios

positivos, y respetan y promueven la diversidad. Y como refiere Salinas (2000), el aprendizaje colaborativo requiere, no solo de destrezas, sino también de actitudes.

A este aspecto, Arnold (2002) añade que los docentes a cargo de la formación en niveles superiores deben propender por un desarrollo de competencias integral que trascienda los aspectos técnicos y se centre igualmente en la parte actitudinal del ser humano. De ahí que, el aprendizaje colaborativo permite que los aportes que hace cada estudiante a sus compañeros de equipo, en cuanto a experiencias, comentarios,

sugerencias y reflexiones sobre el trabajo que ha de desarrollarse, se retroalimenten recíprocamente.

Trabajar en colaboración para construir el aprendizaje, el intercambio de significados y aprendizajes adopta un nuevo patrón de construcción colectiva. El aprendizaje colaborativo invita al estudiante a interactuar con otros y a su vez esta interacción permite un crecimiento intelectual asociado con el ganar-ganar, la confrontación de posturas, compartir puntos de vista y conocer otras opiniones incrementa las concepciones de nuevos aprendizajes, (Herrera y Lozano, 2013).

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Esto, por cuanto se produce la unión y el intercambio de esfuerzos entre los

estudiantes, entre estudiantes y docentes, e incluso, entre los docentes, de tal manera que el objetivo que se persigue se logre al final del proceso traducido en beneficios, tanto individuales como grupales.

Cabe indicar que debe propenderse por la conformación de grupos homogéneos, con la finalidad de facilitar sus funciones, dado que pueden presentarse diferencias entre los objetivos que guían la formulación y el funcionamiento de los grupos de aprendizaje, con la homogeneidad se comparten el compromiso activo de los estudiantes en su

aprendizaje, en un contexto social estimulante que a su vez les brinda apoyo Barkley et al. (2007).

En consecuencia, el aprendizaje colaborativo es un sistema de interacciones cuidadosamente diseñadas, organizadas por un docente capacitado en este tipo de

metodologías, que induce a la influencia recíproca entre los integrantes de un equipo. En él, los estudiantes son mutuamente responsables del aprendizaje, lo que potencia su colaboración por medio de la interdependencia. Esta interdependencia se describe como la necesidad de compartir información que permita entender conceptos y llegar a

conclusiones, así como de definir funciones complementarias alrededor de temáticas determinadas (Collazos y Mendoza, 2006).

Sólo si los estudiantes reconocen las responsabilidades en un trabajo colaborativo, pueden alcanzar las metas planeadas. Para ello, tener una actitud positiva posibilita compartir conocimientos y construir ideas. En el trabajo colaborativo los estudiantes son los verdaderos protagonistas del aprendizaje; él les enseña a trabajar en equipo y a potenciar las habilidades de interacción social.

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El trabajar en equipo, es una de las condiciones que influye en el proceso de aprendizaje y los resultados, por ello, Stewart (2008, p.4) señala, que “un equipo es un conjunto de individuos que existe dentro de un sistema social, que puede identificarse a sí mismos y son interdependientes y que realizan tareas que afectan a los demás”.

A la vez señala que un equipo puede lograr lo siguiente (Stewart, 2008, p.45): (1) Cumplir metas y proyectos conforme a las necesidades y objetivos de aprendizaje, (2) Adquirir conocimientos y experiencias, que individualmente una persona no puede lograr, (3) Hacer posible el cambio, hacia la promoción en el aprendizaje y el cambio de comportamiento que se requiere para crear una nueva cultura.

Para llevar a cabo el trabajo en equipo según Sánchez y Otálora (2006), la habilidad social es esencial, considerada como la capacidad de ejecutar aquellas

conductas aprendidas que cubren nuestras necesidades de comunicación interpersonal, al hablar de comunicación se refiere a la exposición de ideas por parte de una persona a otra, de una persona a un grupo, donde la finalidad es culminar con eficiencia un intercambio de ideas, otro aspecto, es saber escuchar en los equipos de trabajo.

Es importante el trabajo coordinado del equipo y el resultado final visto como producto de las aportaciones colectivas. Según Trechera (2004), destaca los aspectos que debe tener el trabajo en equipo, a saber: (1) El equipo tiene una meta definida, el trabajo es asignado según las habilidades y capacidades personales, (2) Cada miembro del equipo está en comunicación con los demás para asegurar los resultados, (3) Existe un coordinador que articula los avances y comunica la dificultades, informa los avances parciales a todo el equipo, (4) Las conclusiones son colectivas, todos los miembros

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desarrollan nuevas experiencias de aprendizaje, (5) Se crea una práctica de valores: honestidad, responsabilidad, liderazgo, innovación y espíritu de superación personal, (6) La autoevaluación está presente a lo largo de todo el trabajo de equipo.

Según Sánchez y Otálora (2006) indica que en el modelo, Belbin se investigó diversos equipos, algunos de los cuales habían tenido éxito y otros no, existen algunos principios para su creación, cada miembro del equipo debe contribuir con una función y con un rol de equipo, el equipo debe tener un equilibrio óptimo entre los roles

funcionales y los roles de equipo, dependiendo de la actividad específica.

2.2.3. Diferencias entre trabajo colaborativo y cooperativo. Existen algunas

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