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5.2 Lubrication System

como una patología de los individuos agresores y de las víctimas, sino como una violación a los derechos humanos de alcance universal, la cual es mediada en cada caso por aspectos de la identidad que van más allá del género, como la raza, clase, casta, religión, orientación sexual, situación geográfica y grupo étnico. Para las mujeres mayas, la violencia de género es definida no sólo por la discriminación de género dentro de los contextos mayas y no-mayas, sino también por un contexto de continua colonización y militarismo, racismo y exclusión social, políticas económicas y de “desarrollo” que aumentan la pobreza.

Por otro lado, la disponibilidad de datos estadísticos completos, confiables y desagregados es un requisito para la creación de programas y actividades de promoción y defensa efectivas para combatir la violencia contra las mujeres. Existe la necesidad urgente de aumentar la di- sponibilidad de información estadística en las municipalidades, para saber la prevalencia de la violencia contra las mujeres mayas y para comprender mejor las consecuencias de las múl- tiples e interactivas formas de discriminación en la vida de las mujeres y establecer si realmente existen unas diferencias significativas entre las distintas comunidades culturales y cuáles son exactamente estas diferencias.

En este caso no es que las categorías de familia, comunidad y Estado no sean aplicables a las mujeres mayas, sino que las definiciones mayas y sus relaciones con estas categorías necesitan ser tomadas en consideración. Personas que formulan políticas, profesionales de derechos hu- manos y activistas por los derechos de las mujeres asumen que la designación de “familia” se refiere a la familia nuclear atomizada de padre, madre, hijas e hijos en un hogar individual. Las estrategias para combatir la violencia contra las mujeres que son predicadas en este modelo de familia posiblemente no sean útiles para todas las mujeres mayas, muchas de las cuales no viven bajo estas formaciones, sino en familias más extensas y con vínculos muy complejos con la comunidad y otras familias, o con sus maridos emigrados, etc.

Las estrategias efectivas de lucha contra la violencia y de promoción de la participación ciu- dadana deben reconocer y abordar las formas específicas en que las mujeres mayas son ata- cadas, algunas de las cuales no son aplicables a las mujeres no mayas, cuya participación no es sometida a la misma descalificación ya que a la discriminación de género se le suma el racismo imperante en la sociedad guatemalteca.

En cooperación al desarrollo, el debate que en el seno de nuestras propias organizaciones existe al respecto es muy complejo. ¿Cómo compaginamos el respeto a otras manifestaciones culturales y el respeto a los derechos humanos de las mujeres? Quienes pensamos que no hay práctica cultural que pueda ser valorada en positivo si atenta contra la dignidad y los derechos de las personas, tenemos el temor de estar imponiendo unos valores culturales ajenos; sin em- bargo, conviene recordar que el feminismo como teoría crítica de la sociedad ya lleva más de dos siglos poniendo en tela de juicio los valores machistas en cualquier cultura, por lo que su vocación es precisamente la de cuestionar y transformar los sistemas culturales allí donde supongan una discriminación.

Para las ONGDs, el respeto a los derechos humanos de las mujeres se convierte en un referente común. El debate con respecto a la forma de abordaje, puede estar en el “cómo” pero no en el “objetivo”. El “cómo” debe atender a las particularidades de la victima y del agresor pero el objetivo debe ser que la mujer (siempre que ella lo decida) pueda salir de la situación

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de violencia que está sufriendo y que siempre se tengan en cuenta las estrategias que dicha mujer considera más adecuadas para proteger su integridad y la de sus personas dependien- tes, sus ritmos, prioridades, etc.

Conociendo los debates recientes respecto a multiculturalidad y feminismo Lagun Artean apuesta por una sociedad donde promover la interculturalidad sea un valor fundamental, donde todas las personas independientemente del grupo cultural al que pertenezcan tengan reconocidos sus derechos y donde la sociedad que vayamos construyendo sea el resultado de las aportaciones de todas y todos, sin que esto suponga mantener las discriminaciones por tradición. En este sentido, consideramos que es imprescindible incorporar el trabajo contra la violencia y la desigualdad en los planes de desarrollo y en las intervenciones de los gobiernos locales, los operadores de justicia y las organizaciones, teniendo siempre en consideración que dichas intervenciones deben ser adaptadas culturalmente para que sean eficaces y no gene- ren rechazo en la población.

En este sentido, podemos hacer nuestras las palabras de Ana Miguel y Rosa Cobo5 cuando

reclaman que existe una “urgente necesidad de construir colectivamente criterios éticos uni- versales que resten legitimidad a todos los valores y las prácticas basadas en la dominación y

la discriminación. Esta ética debe ser lo suficientemente universal para que no sea una mani- festación de etnocentrismo y para que las poblaciones del Sur no la perciban como tal. Es ur- gente una ética, aunque sea de mínimos, que no sea la expresión de los intereses económicos y culturales de Occidente. Es decir, una ética basada en los derechos humanos como el dato más inequívoco de humanización y de civilización”.

Desde esta posición, asumimos la existencia de una serie de marcos conceptuales diferentes, desde los cuales se realizaría una evaluación del impacto de género de cualquier intervención, más allá de la seleccionada en este caso concreto, muy distinta en ambición, lógica y en la aplicación posterior de los resultados a sus acciones de desarrollo. Lagun Artean-Entreamigos se encuentra más identificada con el Marco conceptual que considera que las causas de la violencia hacia las mujeres se derivan del contexto patriarcal en la que se relacionan los gé- neros, y afecta y se ve afectado por la exclusión de las mujeres y sus intereses de género en la participación social y política.

Por este motivo, nos planteamos la necesidad de elaborar una propuesta en conjunto con las organizaciones que comparten nuestra orientación, y desde ahí realizar la propuesta de indica- dores de evaluación de impacto de género, que nos aporte una información relevante y que nos sirva para mejorar nuestras acciones en pos del fortalecimiento del poder local en clave de género en Sololá y la erradicación de todas las formas de discriminación hacia las mujeres, incluyendo, la violencia de género.

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