Para pensar y compartir entre colegas
Los chicos de 3° 1° están preocupados porque desde hace unos días Pamela no aparece. Juan, su compañero de banco dice que los padres están muy angustiados y la buscan por todos lados. Marcela, su mejor amiga, estuvo hablando con Pamela acerca de esa chica con la que chateaba y que le había ofrecido trabajo para poder ayudar a la economía de su casa. Inquietos, los compañeros y compañeras de clase, hablan con el director de la escuela, quien les dice: “No se preocupen, Pamela debe estar bien, últimamente estaba faltando mucho”.
¿Hemos tenido situaciones en las que estudiantes se ausentan de la escuela y del hogar? ¿Qué pensamos de los chicos y chicas que pasan o pueden pasar por estas situaciones? ¿Solemos responsabilizar a las chicas y chicos en función de la idea que tenemos de ellos personalmente? Cuando un/a estudiante se ausenta de la escuela, ¿la escuela puede desinteresarse por él/ella? ¿Qué puede hacer la escuela en situaciones como ésta?
Presentación general
Resulta difícil imaginar que en los tiempos actuales todavía podamos hablar de esclavitud. Sin embargo, la trata de perso- nas constituye una evidencia da las formas de privación de la li- bertad y de explotación de las personas que aún persisten, que implican prácticas de vulneración de los derechos humanos.
¿Qué es la trata de personas? Antes de reflexionar sobre el lugar de la escuela en relación con esta problemática, analice- mos algunas de sus dimensiones: en primer lugar acudamos a
la Ley de Prevención y sanción de la trata de personas y asistencia a sus víctimas 26.364, del año 2008 y su modificatoria, Ley 26.842 de 2012. Esta última define el delito de trata de personas como: “el ofrecimiento, la captación, el traslado, recepción o acogida de personas con fines de explotación, ya sea dentro del territorio nacional como desde o hacia otros países […]. El consentimiento dado por la víctima de la trata y explotación de personas no constituirá en ningún caso causal de eximición de responsabilidad penal, civil o administrati- va de los autores, partícipes, cooperadores o instigadores”.
En el marco de esta ley, se entiende por explotación: reducir o mantener a una persona en condiciones de esclavitud o servidumbre; obligar a realizar trabajos o servicios forzados; forzar al matrimonio o a cualquier unión de hecho; promover, facilitar o comercializar la prostitución ajena, la pornografía infantil, la extracción forzada o ilegítima de órganos, fluidos o tejidos humanos.
En nuestro país las dos formas de trata más extendidas son la trata laboral y la explotación sexual. La trata laboral implica en general una oferta engañosa de trabajo, en la que no se aclaran las condiciones en las cuales se va a realizar. Empuja a trabajadores, a veces con sus hijos e hijas, a realizar tareas -frecuentemente agrícolas o textiles- mientras los mantienen en cautiverio y son explotados económicamente. Por su parte, la trata con fines de explotación sexual se ha extendido de modo inquietante durante los últimos años en
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la región. Esta modalidad abarca casos de captación de niños, niñas y adolescentes para transformarlos en verdaderos esclavos, carentes de todos sus derechos, tratados como “objetos” bajo el poder y sometimiento de otros que dirigen sus acciones y su vida misma.
Cualquiera sea su modalidad, la trata se vincula a la esclavitud porque hay pérdida de libertad, de digni- dad y de identidad de las víctimas. Estas se ven imposibilitadas de ejercer sus derechos, retenidas mediante amenazas, deudas, mentiras, coacción, violencia, sometidas a condiciones de vida infrahumanas: alimentación y condiciones de salud deficientes, condiciones habitacionales denigrantes, aislamiento, etc. Las personas dejan de ser consideradas como tales y empiezan a ser tratadas como objetos o mercancías.
Hay una multiplicidad de condiciones que se entrelazan dando lugar al delito de la trata de personas: • La trata genera grandes ganancias y beneficios económicos cuantiosos para los tratantes y proxene-
tas59.
• La demanda de consumo sexual y la legitimidad social del mismo, que favorece que se pague por tener sexo con niños, niñas y adolescentes.
• La existencia de prejuicios y estereotipos sociales que generan desigualdad y reproducen circuitos de dominación masculina y subordinación de la mujer en la sociedad.
• La inequidad y exclusión social: la necesidad económica y las escasas oportunidades de inserción labo- ral y social, elevan la vulnerabilidad ante los tratantes.
• La influencia de los medios de comunicación, al reflejar la imagen de la mujer como objeto sexual y reproducir los patrones de dominación masculina que están presentes en las representaciones y prác- ticas sociales.
• Escaso conocimiento, información y difusión sobre la problemática en la sociedad, lo que genera poca sensibilización y actitudes discriminatorias hacia las víctimas, reproduciendo así la cadena de impunidad.
No perdamos de vista, entonces, que la trata de personas y la explotación sexual son delitos que estan penados en nuestro país. Además dichas prácticas constituyen una violación a los derechos humanos60, ma- nifiestan una forma de violencia sexual que expresa relaciones de poder y de dominación entre sexos y/o entre generaciones y, cuando se trata de menores, constituyen también formas de maltrato infantil.61
Como ya dijimos, las víctimas de trata son vistas como mercancías y objetos por los tratantes. Pero tam- bién se debe problematizar la figura del denominado “cliente” o “usuario”, ya que es quien fomenta el círculo de explotación. Cuando en una sociedad se tolera o acepta el consumo de sexo con menores de edad, esta, de alguna manera, se convierte en participe de la explotación y vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. De este modo, se favorece la perpetuación de este delito, permitiendo que la figura del “cliente” o “usuario” quede invisibilizada en la cadena de la explotación. Todo esto contribuye a que la atención recaiga sólo en la víctima, estigmatizándola y muchas veces también culpabilizándola de la situación.
La explotación sexual comercial de menores degrada el cuerpo social. En los niños, niñas y adolescentes víctimas produce daños severos que interfieren en el desarrollo y su integridad física, psíquica, espiritual, 59 Se llama proxenetas a las personas que inducen a la prostitución y viven de sus ganancias.
60 Establecido en los tratados internacionales como la Convención de los Derechos del Niño, el Protocolo Facul- tativo de la Convención sobre los Derechos del Niño Relativo a la Venta de Niños, la Prostitución Infantil y la Utilización de Niños en Pornografía, el Protocolo Facultativo de la Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; el Protocolo de la Convención de las Naciones Unidas contra el Cri- men Organizado Transnacional para Prevenir, Suprimir y Sancionar la Trata de Personas, especialmente Mujeres y Niños, entre otros.
61 Adaptado de “Guia de formación de formadores para la prevención de la trata, tráfico y explotacion sexual co-
mercial de niños, niñas y adolescentes” en http://www.savethechildren.org.ar/index.php?option=com_content &task=blogsection&id=5&Itemid=34.
129 moral y social. Las secuelas pueden permanecer durante mucho tiempo y es necesaria una intervención es-
pecializada desde diversos ámbitos profesionales para poder superarlas. Las principales consecuencias de la trata con fines de explotación sexual son:
• Daño en la autoestima, sentimientos de vergüenza, culpa; las víctimas se sienten indignas de ser ayudadas. Otras niegan la realidad y se convencen a sí mismas de que eligieron libremente esta situación, algunos/as con el fin de ayudar a sus familias.
• Alto índice de intentos de suicidio, que da cuenta de la imposibilidad de elaborar la situación de explotación vivida, y la denigración a la que fueron sometidos/as.
• Altos niveles de deserción y abandono de la escuela. • Alto riesgo de embarazo precoz y no deseado. • Sometimientos a abortos con riesgo de muerte.
• Mayor posibilidad de contraer enfermedades de transmisión sexual con riesgo de muerte.
• Adicciones a drogas, estupefacientes y alcohol, inducido por los explotadores como métodos de sometimiento.
• La estigmatización social de las víctimas se basa en falsas creencias, tales como: la trata es algo que les sucede a niñas, niños y adolescentes de los sectores más pobres; ellas son culpables de la situa- ción; su entorno incide en su despertar sexual temprano; para ellas constituye un trabajo, etc. Esta problemática, que afecta principalmente a mujeres, niñas, niños y adolescentes, puede ser abordada en la escuela con miras a trabajar factores de protección. La escuela secundaria es un espacio propicio para analizar todas las dimensiones implicadas en este delito, y desarrollar un pensamiento crítico que interrogue los supuestos subyacentes en los discursos y prácticas sociales que aún lo sostienen. En este sentido, por ejemplo, poder reflexionar sobre las formas de explotación sexual y la trata implica poner en entredicho tam- bién una cierta mirada sobre la sexualidad y el lugar de las mujeres, de los hombres, de sus cuerpos y de las relaciones de poder de género en nuestra sociedad.
Desde el Ministerio de Educación de la Nación y desde el Programa de ESI, partimos del principio de que deben respetarse y cumplirse los derechos de todos y cada uno de los niños, niñas y adolescentes. El Estado, como principal garante, tiene la responsabilidad de crear el marco legislativo, definir las políticas a imple- mentar y también proporcionar recursos de forma tal que se garantice el cumplimiento de esos derechos. Familias, adultos y comunidad toda son los principales protectores del cuidado de la niñez y adolescencia. En este contexto, la escuela se erige como uno de los pilares protectores de la niñez, ya que forma y educa a los y las adolescentes acerca de sus derechos y de su posible vulneración, vinculados en este caso a las conductas criminales de trata de personas. La educación sexual integral trabaja aspectos que favorecen una conciencia del cuidado de sí mismos, en base al conocimiento del propio cuerpo, el reconocimiento y expresión de las propias emociones y sentimientos, el aprendizaje de herramientas de au- toprotección frente al maltrato y el abuso sexual, entre otras cuestiones. También es importante para el fortalecimiento de la autoestima promover la activa participación de estudiantes varones y mujeres, escuchar sus pun- tos de vista, partir de sus saberes, tener en cuenta sus intereses, generando un clima de confianza y diálogo. En este sentido, la propuesta es fortalecer el trabajo que la escuela ya viene realizando en relación a la participación activa del estudiantado, de la comunidad y de otras instituciones en la búsqueda, construcción y consolidación de respuestas eficaces que garan- ticen la protección integral y plena de los derechos de cada adolescente.
Los docentes ocupan un lugar privilegiado para ayudar a difundir las necesarias acciones de protección basados en el intercambio y diálogo cotidiano con estudiantes y el compromiso que asumen en su educación. Además, los docentes, preceptores, tutores u otro personal de la escuela
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que cotidianamente convive con adolescentes, están en condiciones de percibir oportunamente las situacio- nes que pueden estar viviendo: de abuso sexual, maltrato, explotación sexual y todas las formas de violencia –física, psíquica, emocional, sexual–, que atentan contra su integridad.
Actuar para la protección, la prevención, la identificación oportuna de vulneración de derechos y la inter- vención adecuada, es una obligación de todos. Por ello se considera necesario fomentar instancias de partici- pación activa en la escuela con estudiantes, padres y madres y la comunidad, donde se pueda poner en discu- sión esta problemática, sensibilizando así a la sociedad y canalizando la acción hacia las vías institucionales que correspondan. Como primer paso, es necesario contar con información específica sobre el tema para conocer sus alcances y dramáticas consecuencias en el bienestar y el desarrollo de niños, niñas y adolescentes.