colectiva, los habitantes de la ciudad visitan los shopping
malls como antiguamente hacían con los parques.
(C.B.D.), que está en expansión aún con todos los problemas derivados de las crisis económico-finan- cieras de 1999 y sus secuelas de quiebras bancarias
y embargos de edificios y agencias. El desarrollo de
estos ejes viales ha marcado y resaltado las diferen- cias urbanas y los niveles de segregación socio-re- sidencial, agudizando en la aglomeración guayaqui-
leña las situaciones de desigualdad y de exclusión
socioeconómicas y residencial-urbanísticas6.
Otra de las características de este proceso de urbanización es que en la parte norte del área me-
tropolitana se ha consolidado y extendido un nú- mero creciente de urbanizaciones y de pequeños programas de viviendas para estratos sociales de ingresos altos y medio altos, que se caracterizan por vender, a más de confort, funcionalidad y lujo, la seguridad –nuevo elemento en la composición del precio de un bien inmobiliario y de la canasta bási-
ca– a partir de una urbanización cerrada, con filtros de seguridad, guardias privados y tecnologías sofis- ticadas de protección y vigilancia.
De acuerdo a los informantes calificados7, alre- dedor del 65% de la inversión municipal de los años
noventa se localizó en el norte de la ciudad y sus áreas inmediatas, lo que hizo que este sector apro- veche los ejes viales rápidos, como los viaductos y pasos a desnivel construidos a partir de 1992, desde el inicio de la administración socialcristiana de Fe- bres Cordero, y haya provocado la localización de una serie de centros comerciales o shopping malls,
edificados por la inversión privada, cuyo origen se
remonta a los años setenta con la construcción del Policentro. En la actualidad hay nueve grandes y alrededor de ocho pequeños centros comerciales,
6 Meritan citarse las nuevas áreas de suburbios como Chongón
(hacia la vía a la Costa-noreste) y Pascuales (hacia el noroes- te), parroquias rurales integradas dentro de los límites urba- nos; como también a lo largo de la vía Perimetral y en la vía a Daule, hasta el puente Luciano límite con el cantón Nobol. 7 Ver al respecto los medios de comunicación locales, particu-
larmente El Universo y Expreso de la época.
que llegan inclusive hasta el centro de la ciudad. En este momento, ante la ausencia de una seguridad ciudadana y el crecimiento del miedo y la insegu- ridad colectiva, los habitantes de la ciudad visitan los shopping malls como antiguamente hacían con los parques, lo que los ha convertido en sitios de esparcimiento y recreación y, en menor medida, de intercambio de la urbe, provocando la privatización del espacio público (Andrade, 2006 agosto).
Un elemento muy particular y que sobresale en
el proceso de urbanización de este momento histó- rico, tanto en América Latina como en el país y en Guayaquil, es el de la “conquista del cuadro cons-
truido”, como lo llama Fernando Carrión (2014:
193-222), especialmente del casco central histórico
a través de la rehabilitación o remodelación/recu-
peración de las antiguas edificaciones de cemento
de los años veinte hasta los sesenta. En general, en las décadas de los años setenta y ochenta esta zona fue poco atendida, o abandonada, debido a que no produce votos para la gestión clientelar por el va- ciamiento de población. Es por ello que no ha habi-
do inversiones urbanísticas significativas; pero las
dos últimas administraciones cantonales han im- pulsado dos grandes obras de revitalización urbana como son el Proyecto Malecón 2000 y los túneles de los cerros de El Carmen y Santa Ana; estos últimos permiten romper una limitación natural para unir el norte con el centro histórico de la urbe (C.B.D.), lo que refuerza contradictoriamente la centralidad
urbana guayaquileña frente a las limitadas expe-
riencias de descentralización existentes al interior
de la aglomeración8 y la compleja vinculación entre
8 Innegablemente que la crisis bancaria de 1999 afectó al desa- rrollo de la promoción inmobiliaria paralizándola, pero de todas maneras dejó establecidas pautas y tendencias a seguir a futuro cuando se reactive la economía nacional, cuestión que se ha venido dando desde 2006 hasta la actualidad, pro- vocando una serie de zonas urbanas relativa e incompleta- mente desconcentradas con algunos servicios y comercios como Entreríos-Samborondón, Avda. Barcelona-Guasmo
la cuidad y el suelo urbano; mientras que la primera es toda una gran operación de renovación urbana del Malecón Simón Bolívar, desde las escalinatas Diego Noboa del Cerro Santa Ana, pasando por todo el Malecón, hasta el mercado Sur; actualmente se ha ampliado al rescate de las riveras del Estero Salado, como se señala en la publicidad inmobiliaria y muni- cipal, que “busca rescatar el potencial turístico, recreacional y comercial del centro histórico de
Guayaquil” con las fundaciones9, que se han con-
formado como operadoras de esta “regeneración ur-
bana”, como la denominan institucionalmente.
También es necesario reseñar que en el centro de la ciudad, como en las periferias urbanas y subur- banas, hay áreas de la aglomeración que necesitan ser recuperadas a través de programas de atención y rehabilitación urbanísticas, para que adquieran vitalidad y se articulen mejor en el tejido urbano, lo que se debería lograr con el aporte del sector públi- co y de los actores urbanos. Para enfrentar lo rese- ñado se impulsó por parte de las administraciones de Febres Cordero y Nebot un programa municipal
de “Regeneración Urbana”10 basado en la inversión
pública por parte de la fundación Guayaquil Siglo XXI, y su recuperación a través de los impuestos
municipales revaluados fijados a los corredores via-
les-prediales beneficiados, como es el caso también de la recuperación del patrimonio edilicio existente,
especialmente con las operaciones realizadas a lo largo de los corredores 9 de Octubre, Portete-Vene- zuela, Víctor Emilio Estrada, Malecón de El Salado, calles del casco central, de Las Peñas, el barrio de
El Centenario, del barrio de La Quinta Pareja y el
barrio del Astillero, principalmente en su primera
la, Vía a la Costa-Chongón, Pascuales-La Aurora-la T de Sa- litre, entre otras.
9 Desde 1997, la Municipalidad de Guayaquil ha venido impul- sando la conformación de fundaciones para realizar diferen- tes programas de intervención social, buscando soslayar lo engorroso y demorado de la contratación pública. En la ac- tualidad hay un total de ocho fundaciones: Guayaquil Siglo XXI para la regeneración urbana, Malecón 2000, Transporte Masivo-Metrovía, Terminal Terrestre, Autoridad Aeropor- tuaria-Aeropuerto J.J. Olmedo, Corporación Registro Civil y Corporación de Seguridad Ciudadana. Hay también en el or- ganigrama institucional una Dirección Municipal de Control de Gestión de Fundaciones y Corporaciones Municipales. 10 La denominación conlleva un alto contenido ideológico y
axiológico que nos presenta el pensamiento de sus impulsa- dores y referentes políticos. El término tiene como sinóni-
mos “renovación, renacimiento, restauración o restableci-
miento” y tiene como antónimo el de “degeneración”, que
estructuran el marco para la interpretación semántica y sim- bólica del mismo.
etapa. Este programa se amplía cada vez más en la ciudad, inclusive a los suburbios a partir de 2006 hasta la actualidad. Según Xavier Andrade,
La regeneración urbana es una máquina que fundamenta su operación en la terceri- zación de las obras municipales. De hecho, esta estrategia es promulgada como un ejemplo de la eficiencia del sistema de fun- daciones privadas que –aunque hacen uso de fondos públicos en base a la canaliza- ción de los impuestos de los ciudadanos y de concesiones municipales– tienen a car- go distintos aspectos de la regeneración: desde la transformación espacial, hasta la vigilancia de los espacios semipúblicos creados (2007: 44).
De otra parte, es necesario destacar la locali- zación en el norte de la urbe, especialmente en el sector de la vía a la Costa-Chongón, de un conjunto de grandes equipamientos colectivos aún en pro- yecto, como el nuevo aeropuerto de Daular, a en- tregarse en concesión; o ejecutados y en funciona- miento, como el trasvase del Daule a la Península de Santa Elena y la autovía Guayaquil-Salinas, los cuales están induciendo a un fuerte crecimiento de la ciudad en esa dirección con nuevas lotizaciones y urbanizaciones, como también están generando un proceso de acaparamiento y de especulación del suelo rural en este sector de la aglomeración, el cual ha sido integrado al límite urbano gracias a la Or- denanza de 1991, que está afectando inclusive a las tierras comunales y desalojando a los comuneros de sus terruños ancestrales.
Desde el año 2007 el gobierno de la revolución ciudadana también ha hecho, en la misma lógica clientelar y de estrategia política, una gran inversión pública en obras dentro del conjunto urbano guaya- quileño, que la población ha agradecido a través de una votación creciente para él y otras dignidades, menos para la alcaldía, que es para Nebot, así como Correa para la presidencia. Esta premiación es una
expresión de la “cultura política” en reciprocidad y
reconocimiento a las obras realizadas como las es- cuelas del milenio o las réplicas, la ampliación y me- joramiento de los dos hospitales públicos más con- curridos, el del niño y el del suburbio; el macro par-
que de Los Samanes (851 hectáreas), según la propa- ganda gubernamental el más grande de Sudamérica; el proyecto ecológico-turístico de la isla Santay con el puente recién inaugurado; las ciclovías, las cua-