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El área de estudio abarca el litoral atlántico de la Península Ibérica, desde el Golfo de Vizcaya hasta el cabo de San Vicente (figura 9). Esta área se encuentra entre los 37 y los 44º de latitud Norte, y está limitada hacia el norte y oeste por el océano Atlántico. El sector del océano que baña a la costa septentrional ibérica se denomina mar Cantábrico. La costa Cantábrica (desde el Golfo de Vizcaya hasta el cabo de Finisterre), está enmarcada hacia el sur por la cordillera Cantábrica, cadena montañosa de plegamiento alpino paralela al litoral y de cotas superiores a los 2500 m (2619 m en los Picos de Europa). En el sector noroccidental se encuentra sin embargo una extensa área montañosa que sólo en Orense y en el límite con Portugal supera los 1200 m de altitud. Igualmente, la mitad norte de Portugal se caracteriza por la presencia de una serie de sierras aisladas cercanas al litoral de menos de 1000 m de altitud.

Figura 9. Mapa altitudinal de la Península Ibérica (U.T.M. 30), donde se destacan los elementos geográficos a los que hace referencia el texto. 1: Vinuesa del Castillo. 2: cabo de Finisterre. 3: sierra de Gerés. 4: Viana do Castelo. 5: Aveiro. 6: cabo Mondego. 7: desembocadura del río Tajo. 8. desembocadura del río Sado.

La red hidrográfica del sector atlántico-norte de la Península Ibérica que tiene su origen en la cordillera Cantábrica, se caracteriza por ríos de corta longitud y fuerte poder erosivo que han labrado profundos cañones sobre muy diversos materiales litológicos. La cordillera Cantábrica desciende bruscamente hacia el norte, quedando delimitada por un sistema escalonado y discontinuo de plataformas litorales alargadas y planas, denominadas rasas (10% a 20% de inclinación hacia el mar), ubicadas entre los 20 y 260 m de altitud (Mary, 1983; Mary, 1990). Se extienden desde La Guardia (Pontevedra), hasta Plentzia (Vizcaya), aunque la zona de mayor continuidad se encuentra entre Foz (Lugo) y San Vicente de la Barquera (Cantabria). Su origen como superficies de arrasamiento marino o continental, aún no ha quedado claramente establecido.

A lo largo del sector oriental del litoral cantábrico, existen pequeñas superficies erosivas de menor altitud que atestiguan distintos niveles marinos cuaternarios. El nivel situado a 1-3 m sobre el nivel medio del mar, que se encuentra en Nois (Lugo) y en Oyambre y San Vicente de la Barquera (Cantabria), corresponde a la posición que alcanzó el nivel del mar durante el Último Interglacial (Alonso & Pagés, 2000, 2001). La transgresión holocena ha sido estudiada en distintos estuarios a lo largo de la costa Cantábrica, desde el País Vasco hasta Galicia, fundamentalmente mediante el análisis de sondeos. En el País Vasco se ha interpretado como una transgresión en dos pulsos transgresivo – regresivos (Cearreta, 1994; Gutiérrez Elorza, 1994; Rivas, 2000). La regresión última (denominada Dunquerquiense, Xivares o Jaizquibel) situada en el periodo Subboreal, queda reflejada en distintos depósitos en el litoral cantábrico. En el sector occidental (Alonso, 2005; García Antón et al, 2006; Bao et al. 2006) se han obtenido modelos de evolución del nivel del mar que apuntan a una subida rápida desde el inicio hasta los 7000 años aproximadamente, una ralentización alrededor de los 5000 y un ritmo medio de ascenso hasta la actualidad, en la que se ha acelerado.

Por tanto, aun cuando en los estuarios del País Vasco se interpreta la secuencia holocena como el resultado de dos ciclos transgresivo – regresivos, existen evidencias en la costa occidental de la Península Ibérica y en el sector occidental del litoral cantábrico, que indican que el nivel del mar no ha superado a lo largo del Holoceno su posición actual. En este caso los diferentes registros holocenos del nivel marino a lo largo de la costa estudiada, han sido atribuidas al distinto comportamiento geotectónico y movimientos eustáticos que ha sufrido la costa ibérica a lo largo de este periodo del

Cuaternario (Zazo et al., 1997; Alonso & Pagés, 2000; Dias et al., 2000; Rivas, 2000; Chao et al., 2002; Soares de Carvalho et al., 2002; Pagés et al., 2003; Bao et al., 2006). La etapa de ralentización y/o parada de la subida del nivel del mar detectada en el sector occidental fue la responsable de la formación de numerosas turberas a lo largo de la costa Cantábrica en este periodo, que han sido estudiadas por distintos autores (Mary, 1990, Garzón et al. 1996). Es en estas turberas y en los depósitos relacionados con la transgresión marina de los últimos 10.000 años, exhumados en sondeos, pozos y excavaciones, en los que se ubican la mayoría de los yacimientos estudiados.

Climáticamente, la costa Atlántica de la Península Ibérica se caracteriza por poseer unas temperaturas medias anuales moderadas, entre 12ºC y 16ºC, con ausencia de heladas y temperaturas máximas estivales que no superan generalmente 24ºC en el sector septentrional, pero que en el sur de Portugal, fuera ya de nuestra área de estudio, alcanzan los 28ºC (Font Tullot, 1983). El corto periodo de sequía estival que caracteriza las costas del noroeste peninsular, va adquiriendo mayor importancia hacia el sur, donde en la región del Algarbe llega a superar los tres meses de duración (Allué, 1990). Igualmente, los más de 1000 mm de precipitación anuales que recibe la costa Cantábrica (en Guipúzcoa superan los 1500 mm anuales), se reducen a la mitad en el extremo meridional de Portugal (Font Tullot, 1983). Nos encontramos por tanto, en una zona de transición entre el clima Atlántico Europeo y el Mediterráneo (Ozenda & Borel, 2001; Rivas-Martínez et al., 2002).

Los yacimientos explorados se encuentran en sedimentos cuaternarios que rellenan los valles excavados por el entramado hidrológico de este periodo. Los materiales recolectados han sido expuestos en playas y acantilados costeros por la erosión marina, o con motivo de la realización de obras civiles en el litoral.