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3. Methodological Choices

3.4. Evaluation

3.4.4 Major outcomes of the field study

Siendo las artes circenses una disciplina escénica, su estudio resulta fundamental para comprender el contexto espectacular en el cual se desenvolvían las expresiones de caracter representacional como el teatro y la lírica. A pesar de tratarse de espectáculos con diferencias marcadas, el gusto del público pone en evidencia sus propias costumbres y sus preferencias hacia ciertas diversiones públicas. Las artes circenses* y las artes de feria* encontraron espacios urbanos, rurales, formales e informales para su exhibición. Sin ningún compromiso con el buen gusto y la etiqueta, los atletas pudieron apropiarse de las preferencias del espectador de Toluca en el siglo XIX. Los modos para captar al público siempre fueron cuestionados por alegar arrojo, proeza, salvajismo, morbo y crueldad. Los saltimbanquis presentaron actos con efecto impactante en el espectador, quien a la luz del voyerismo y la ignoracia, introdujeron algo cada vez más asombroso.

Las atracciones circenses y de feria no tuvieron reglamentos a diferencia del teatro, lo cual favoreció una expresión mucho más fluida respecto de las diversiones escénicas existentes. Este tipo de espectáculos no se limitó a las demostraciones gimnásticas sino también alcanzaron las exhibiciones extravagantes y los artificios ópticos, incluyendo los entretenimientos raros como el transformismo gestual o las demostraciones de animales inteligentes.

Primeras evidencias 1824-1866

Una vez instalado el Segundo Congreso Constituyente, tras haber desterrado al Emperador Iturbide, se procedió a colocar un Supremo Poder Ejecutivo en la representación de Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo y Pedro Celestino Negrete. Ya instalado este gobierno, hubo intentos separatistas y de anarquía en todas las diputaciones provinciales: Guanajuato, Morelia, San Luis Potosí, Zacatecas y Oaxaca. Lo mismo ocurrió con Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. En consecuencia, el Congreso hizo valer su condición en torno de la única alternativa política antes de evitar la fragmentación territorial y recurrió a las armas en innumerables ocasiones. Bajo este caldo de cultivo tan intenso en la vida política de México, en la tesorería del Ayuntamiento de Toluca se localiza –en la cuenta general de ingresos y egresos, del 9 al 30 de enero de 1824–, la cobranza respectiva sobre establecimientos en la plaza. En ella

específicamente se da fe, de una temporada que unos maromeros realizaron a la ciudad de Toluca (AHMT/Tesorería/C. 1/F. 1).

Los levantamientos y pronunciamientos para nombrar a Vicente Guerrero como Presidente de la República en los Estados de México y Veracruz, no parecieron obstáculo para que el 17 de marzo de 1829, en el Ayuntamiento de Toluca, los Sres. J. Robert y André Perinor hicieran una solicitud para una función de física divertida y de equilibrio. Olavarría y Ferrari describe a Perinor como un aeronauta* quien tuvo su primera presentación en la ciudad de México hacia 1827 (1961, 227) y a finales de 1828 (Reyes de la Maza 1968, 108) exhibió un aparato solar llamado megascomicroscópico que permitía ver la circulación de la sangre en los insectos y una pulga. Nada difícil que hubiera llevado este aparato a Toluca en los meses siguientes. La licencia se extendió a dos funciones en el Coliseo de Toluca de San Juan de Dios* a un costo de cuatro pesos por cada noche y, si las condiciones se prestaban, dicen “podrían subsistir hasta la semana de ramos” (AHMT/DP/2/4/1/F. 1/1824-1848/f. 4). La larga estancia de esta compañía podría explicarse en no depender del transporte de vestuario o escenografía ostentosa, pues el espectáculo estaría centrado en el rendimiento corporal y la acrobacia. También es posible que la compañía de J. Robert y André Perinor quisiera permanecer fuera de la ciudad de México hasta la toma de protesta del Generalísimo Vicente Guerrero el 1 de abril como segundo presidente de México y evitar las peligrosas revueltas en la capital.

Casi una década después se localiza un nuevo registro el primero de enero de 1839, los recibos testifican llanamente una función de circo sin que se precisen protagonistas o lugar de la presentación. Otras funciones similares tuvieron verificativo los días 6, 14, 20 y 28. Más adelante, se habla del pago de una licencia para la presentación de una función de suertes por la

cual se cobraron seis reales por dos funciones del 14 y 17 de enero (ídem., f. 8). En el ámbito

político mientras tanto, el 5 de diciembre de 1838, Santa Anna perdió una pierna contra los franceses en una acción ridícula en el puerto de Veracruz, y para las fechas de estas presentaciones circenses, el héroe de Xalapa había recobrado popularidad al grado de que, el 23 de enero, el Supremo Poder Conservador determinó que era voluntad de la Nación que Santa Anna se hiciera cargo del gobierno interinamente.

A finales del mismo año, se conserva también una licencia para la presentación de una función

de fantasmagoría* (ídem., f. 13) verificada el día 1 de noviembre por la noche. El país para

entonces estaba hecho poco más que una ruina debido a la inestabilidad política, el problema con Texas y el debilitamiento ante el conflicto con Francia. Al año siguiente, la situación en todo México y en particular en la ciudad de México no iba mejor. Las tensiones políticas entre federalistas y centralistas habían llegado a un punto de ebullición. En contraste, pareciera que en Toluca las cosas podían tomar otro rumbo, ya que el 31 de mayo de 1840 se presentó Guadalupe Díaz a solicitar permiso para presentar funciones de circo el 3, 10, 17, 24 y 31 de mayo, sin que se defina tampoco programa o lugar de representación. La licencia le fue expedida por la cantidad de 10 pesos por cinco funciones con una extensión por otras cinco los días 7, 8, 14, 18 y

21 del mismo mes de junio (ídem., f. 15). Posteriormente, sobrevive también otro recibo para dar

funciones de maroma y comedia los días 24, 28 y 29 de junio. Las licencias tuvieron un importe de dos pesos, y hay una de tres a favor de Mariano Selisco.

Desafortunadamente, para el país las cosas no mejoraban y el 15 de julio de 1840 estalló la

guerra civil llamada “Docena trágica” (Sordo 2001, 198), que convirtió a la ciudad de México en

un campo de batalla destruyendo incluso parte de Palacio Nacional. El final del centralismo dejaría ver una racha interesante de espectáculos transitando por la ciudad de Toluca durante la primera mitad del año. Así, se localiza un recibo por la cantidad de 16 pesos por concepto de una temporada de cuatro funciones de circo verificadas los días 3, 6, 10 y 24 del mes de enero de

1841 a favor del equilibrista Sr. Ignacio Osornio (ídem., f. 19). Este cirquero había participado

dos años atrás, en el intermedio de unas corridas de toros y mojigangas*, alusivas durante la celebración del 27 de septiembre en la ciudad de México (Olavarría 1961, 339).

Inmediatamente después de la breve temporada de la compañía de teatro de Justo Sánchez, Leonardo Palomino pagó 28 pesos por licencia de siete funciones de maroma y teatro los días 2, 3, 9, 16, 20, 23 y 31 de mayo. La diversidad espectacular seguía a la alza porque a los pocos días

la ciudad de Toluca tuvo oportunidad de presenciar dos funciones de suertes químicas*,

ejecutadas por Rafael Castrejón los días 24 y 29 de junio de 1841. Así mismo se documenta una presentación de maroma y comedia verificada por Sebastián García quien pagó tres pesos por función el 4 de julio. Enseguida, los días 11, 13, 15, 16, 18, 19 y 21 de julio fueron presentadas

funciones de circo a cargo de una agrupación de América del Norte. Los extranjeros pagaron 56 pesos por las licencias respectivas (AHMT/DP/2/4/1/F. 1/1824-1848/f. 25). Este mismo mes, Rafael Castrejón permaneció presentándose, y de manera simultánea con el circo, expuso otra

vez sus suertes químicaslos días 5, 9 y 25 de julio. Sin lugar a dudas, este había sido el año de

las artes circenses en Toluca por la variedad y la frecuencia de espectáculos presentados. Dos años más tarde, en 1843, se nombró a dos peritos para que pudieran reconocer el estado en el que se encontraba el Coliseo de Toluca de San Juan de Dios* debido a que se pretendía dar algunas funciones de toros en el interior, tomando las precauciones debidas a fin de evitar un accidente. Los peritos fueron José María González Arratia* y José Guerra González. La Secretaría

Municipal tomó acuerdo del hecho131.

Al tiempo que México fue invadido por los norteamericanos, de que se redactaron los tratados para la venta de la Alta California y de que el Congreso Mexicano pudo reunirse en Querétaro para analizarlos, en Toluca se conserva un documento donde se solicita una licencia para la presentación de una compañía de volatines por parte de Gregorio Arcos en el Coliseo de Toluca de San Juan de Dios*, en mayo de 1848 (AHMT/DP/2/4/1/F. 1/1824-1848/f. 27). Un caso particular es saber de una diversión pública en operación durante plena invasión yanqui. A los pocos meses, el 12 de agosto, las últimas tropas norteamericanas se embarcaban de regreso en Veracruz (Velasco 2001, 279). Posteriormente, por un largo periodo de 10 años tuvieron poca efervescencia las artes circenses* y de feria* en Toluca. Para 1858 se desató la “Guerra Civil de los Tres Años” marcada en un inicio por el pronunciamiento de Zuloaga en contra de Comonfort el 11 de enero. A finales de ese mismo mes, Agustín Sánchez, director de una compañía de volatines, solicitó permiso para dar dos o tres funciones de maroma y vueltas acrobáticas con unos individuos árabes que lo acompañan. La licencia se le otorgó a un peso por cada función (AHMT/DP/2/4/1/F. 2/1855-1860/f. 15). El 16 de junio del mismo año, arribó a la ciudad Quirino Tapia para presentar algunas funciones de cosmorama* y fantasmagoría* que serían dadas en un local del Portal de Allende 15, con funciones cinco noches a la semana, comenzando a la oración de la noche y finalizando a las 22:00 hrs. Las entradas fueron: a un real las personas grandes y medio real los niños. Se le fijó una cuota de cuatro reales por cada función. Respecto a

131Cfr. “Nombramiento de peritos para el reconocimiento del edificio del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios*

los árabes, se tiene indicio de un gigante árabe quien en 1861 protagonizó la obra Novio y medio, ¡Qué primor! Meses atrás este actor había trabajado exhibiéndose en una accesoria de la ciudad de México pero fue “muy censurado por sus osadías de lenguaje” (Olavarría 1961, 670).

Unos cuantos días después el 23 de julio, Petronila Perea se acercó al Ayuntamiento para solicitar permiso para dos funciones aerostáticas* que habrían de partir de la Plaza de Toros de Toluca*. De los registros más cercanos a esta función, en la ciudad de México, sólo se localizan las exhibiciones del aeronauta* don Joaquín de la Cantolla y Rico quien se presentó en julio de

1863 (ídem., 673). Quizá este personaje haya sido el mismo que se presentó en Toluca. Más

adelante se localiza una licencia para seis funciones de circo y Hércules presentadas en el Teatro

de la Plazuela del Alba*132 el 24 de junio de ese mismo año. Este año en particular abundaron las

artes circenses. Por una parte, estas disciplinas no tenían el inconveniente de las dedicatorias, contenidos temáticos o alusiones tan vigiladas que tenían en ese mismo tiempo los espectáculos teatrales, y por la otra, había un relativo estado de calma social distinto a ciudades como Guadalajara, Zacatecas, Mérida, Villahermosa, San Luis Potosí y Xalapa donde los pronunciamientos estaban a la orden del día (Pani 2001, 33). A finales de la guerra civil, en 1860, sobreviven dos expedientes: una solicitud para celebrar una función de circo y un expediente donde se obligaba a cerrar los comercios para ir a esta presentación, probablemente de manera obligatoria (AHMT/Presidencia/1860/F. 927 y 1006) No se cuenta con datos específicos.

El 30 de marzo de 1865, se acercó al municipio Secundino Espinosa de los Monteros para presentar unas funciones de física divertida* en el Teatro Principal de Toluca* (AHMT/DP/2/4/1/F. 3/1862-1866/f. 32). Se le impuso la cuota de un peso por la licencia respectiva. Meses más tarde, nuevamente volvió a la ciudad Soledad Aycardo –después de presentarse en 1858 con aquellos individuos árabes–, en su representación acude a las oficinas de la tesorería municipal Ramón Miranda. En esta ocasión, presentó funciones dramáticas, zarzuelas*, circo, títeres* y una lucha con un oso el día 12 de mayo. Previa la cuota de dos pesos, se pidió la verificación de la mansedumbre del animal y las seguridades, a fin de prevenir una

132 Este documento es importante porque podría justificar la existencia del Teatro de la Plazuela del Alba, a pesar de

desgracia. Al parecer, Soledad Aycardo permaneció en la ciudad hasta el 8 de julio del mismo

año, presentándose en la Plaza de Toros de Toluca* (ídem., f. 48). Paralelamente, en el contexto

político, durante la administración de Maximiliano se registran los primeros intentos para poner en funcionamiento el tren de Toluca a la ciudad de México. En el contexto espectacular, el domingo 19 de agosto de 1866, se anunció una gran función a beneficio* de las familias pobres socorridas por las asociaciones de Toluca, donde participó una cuadrilla de aficionados lidiando a cuatro toros de muerte. En el sexto acto, intervinieron, con unos vistosos ejercicios gimnásticos, varios jóvenes de la ciudad. Para ese entonces, Napoleón había dispuesto la retirada paulatina de fuerzas armadas francesas, con lo cual se enfatizaban cada vez más los enfrentamientos. Para el 21 de diciembre, se le dio licencia a Juan Espejo para dar algunas funciones de acróbatas* aficionados en la séptima casa del segundo callejón de López, a las 16:00 hrs. Como si hubiera sido en el teatro, se pagó un peso de licencia previa verificación del local. El programa de la función en formato manuscrito dice:

1.– Gran partición de plaza por la compañía; 2.– Trapecio sencillo por un niño de ocho años; 3.– Trapecio sencillo por toda la compañía; 4.– Trapecio doble por los Sres. San Martín y Colín, los que harán diferentes evoluciones y equilibrios de mucha fuerza; 5.– Y último La percha egipcia

por los dos hermanos San Martín. Si el tiempo lo permite se dará la graciosa pantomima El barbero de Sevilla (ídem., f. 119)

En diciembre 24, Juan Espejo dio una nueva función en el mismo lugar y a la misma hora. El mismo mes llegó a la ciudad de Toluca la compañía del empresario Longino Miranda para dar funciones de acróbatas* en el Teatro de Urteaga*. Las funciones fueron el domingo 23 y el domingo 30. La caída del Segundo Imperio estaba a la vuelta de la esquina.

El triunfo de la República y de las artes circenses y de feria en Toluca 1867-1876

Al siguiente año, el 10 de marzo de 1867, se presentó una compañía de acróbatas* encabezada por José María Carmona, quien solicitó permiso para presentar algunas atracciones donde exhibieran un dromedario (AHMT/DP/2/4/1/F. 4/1867-1868/f. 2). El Ayuntamiento ratificó la Plaza de Toros de Toluca* y demandó prestar todo tipo de prevenciones con el fin de asegurar las condiciones del lugar donde se presentaría. Una de ellas fue solicitar un perito a fin de

verificar la solidez del local, donde colocaron algunos puntales y repusieron algunas tablas. Toluca ya era administrada entonces por los republicanos, después de haber sido tomada por Riva Palacio. Después del evidente éxodo de artistas de la sitiada Ciudad de México, el 4 de mayo se presentó de nueva cuenta Soledad Aycardo con algunas funciones de circo y acróbatas* más sin el oso del año anterior. Aycardo prefirió la Plaza de Toros de Toluca*, previa verificación del espacio realizada por Andrés Castro y Pulgar, ingeniero topógrafo. También se

le cobraron cinco pesos por la licencia (ídem., f. 8). Pasados unos días, el 15 de mayo, Soledad

Aycardo se cambió de local para continuar sus funciones en el Teatro de Urteaga*, pero ahora con títeres*. Nuevamente Castro y Pulgar haría el reconocimiento sin encontrar inconveniente alguno. En el ámbito político, en esta misma fecha cayó Querétaro después de un sitio de 61 días. Maximiliano fue apresado junto con sus dos generales Miramón y Mejía. Mientras tanto en Toluca, el 28 de Mayo, José M. Monroy solicitó permiso para presentar algunas funciones de acróbatas* en el Teatro de Urteaga*. Se le cobró un peso con 50 centavos por el permiso y no se solicitó perito esta vez.

Terminada la Segunda Independencia de México, y a algunos meses de celebrar la Primera Independencia, el 6 de diciembre, Secundino del Pozo trajo a la ciudad una diversión de panorama*, que habría de instalarse en un domicilio particular dando funciones entre semana y los viernes en la Plaza de los Mártires. Las autoridades le cobraron cuatro reales semanales y le pidieron pagar por adelantado para presentarse en cualquiera de los dos lugares, incluyendo la

Alameda (ídem., f. 26).

1868

A principios de año, el 4 de enero de 1868, se presentó Daniel Alva a solicitar permiso para la presentación de unas funciones de prestidigitación en el Teatro de Urteaga*. Se aprobó su solicitud y se le asignó un peso por la licencia. Las autoridades administrativas denominaron a esta presentación como una función de suertes*. El 6 de febrero arribó a la ciudad una Compañía de Circo de Norteamérica* que deseaba dar algunas funciones de acróbatas* y una exhibición de animales en la Plaza de Toros de Toluca*. El representante George Courtney consiguió la

aprobación y el buen visto del perito Andrés Castro y Pulgar para la certificación del espacio. A esta compañía se le cobraron solamente dos pesos por cada una de las funciones (AHMT/DP/2/4/1/F. 4/1867-1868/f. 31). En febrero 14, La compañía de Courtney se trasladó al Teatro de Urteaga* para continuar las funciones, y nuevamente Andrés Castro y Pulgar dio su aval como perito en reconocimiento del buen estado del espacio. Cuatro funciones habrían de ser las que daría esta gran compañía circense en Toluca. Hasta el momento, la documentación hallada comprueba que se trató de la más espectacular y exótica presentada de que se tenga registro. La agrupación entonces auto nombrada como Gran Menagería Americana y Compañía

Acrobática Habanera* hizo su presentación inicial el 13 de febrero133 con una colección de

animales feroces entre los que destacaban un oso, una leona, una alpaca, un jabalí, un mono, un tecolote, un leopardo y, disecados, una avestruz y una boa, todos ellos, bien asegurados en jaulas

de hierro. Como actos acrobáticos se presentaron La antiora volante, La espada de Satanás, La

cuerda romana y el terrible acto Profesor Hotter dentro de la jaula del Oso Sansón. En la

segunda función134, del día siguiente, se incluyeron los actos acrobáticos El barril mágico, El

palo de Paol, La percha fantástica y La segunda Antípoda. Como acto final se presentó nuevamente el profesor Hotter al lado del oso Sansón. De esta función se conserva una

benevolente breve crítica en el periódico135. Al día siguiente, el sábado 15, la compañía, ya

dividida, se presentó en el Teatro de Urteaga* con nuevos actos como Las argollas gimnásticas,

Los tres clowns ingleses, Las fraguas de Vulcano y Los hombres mosca136. En su última función

y de despedida, el domingo 16 de febrero, incluyó la gran novedad titulada La caza del jabalí

que convocaba al público para llevar a la Plaza de Toros de Toluca* a sus perros; de entre ellos se escogería al más fiero para enfrentarse al jabalí. Si la mascota resultaba ganadora, se le daría

al participante un escudo de media onza. En otro acto se presentaría El leopardo y el perro

133 Ver Anexo III-1. 1868. “Gran Menagería Americana y Compañía Acrobática Habanera*” (AHMT/DP/2/4/1/F.

4/1867-1868/f. 62).

134 Ver Anexo III-2. 1868. “Compañía Acrobática Habanera*; segunda y última función” (AHMT/DP/2/4/1/F.

4/1867-1868/f. 63).

135 “LOS HERMANOS NELSON.- Ayer dieron una función en la Plaza de Toros de Toluca* estos hábiles

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