6 summary and conclusions
6.1 How to make parenting programmes accessible and acceptable to all parents
Al inicio del proceso psicoterapéutico la consultante explica que una de sus principales preocupaciones son sus hijos y el papel que ella ha tenido en su crianza, ya que reconoce que “su mal genio” la ha llevado a recurrir al castigo físico para
reprenderlos: “…yo de pronto yo a veces soy de un temperamento fuerte con mis hijos y a veces se portan mal… yo les digo las cosas dos o tres veces y si no juete en esa cola… sí, yo no digo que soy una mamá perfecta, no!”. Así mismo en otra oportunidad comenta que sus hijos estaban peleando entre ellos, ante lo cual explica que “…a veces me estresan demasiado que yo quisiera estrellarlos el uno contra el otro así (palmadas con las manos) pero como que prefiero mejor salir un rato a sentarme por allá afuera así me toque llorar… entonces, por qué quiero pautas de crianza? para saber qué más puedo hacer porque a veces siento que esto se me está saliendo de las manos…”.
Así mismo, más adelante en el proceso hace referencia a una situación de conflicto que se presentó con su hija mayor que también desembocó el castigo físico: “…intentó alzarme la mano… y le fue mal… porque yo si le dije a ella: así me pase lo que me pase, así me traigan lo que me traigan acá, pero el día que usted me alce la mano o el día que usted me mande a comer la que sabemos, le volteo la boca de una sola cachetada!”. Esta última cita, además de evidenciar “su temperamento fuerte”, también deja ver un significado de madre relacionado con la importancia de ser respetada por sus hijos, aspecto que justificaría la utilización del castigo físico hacia éstos últimos.
JM explica que este trato hacia sus hijos se asocia con su propia historia personal: “…porque a mi francamente me daban era palo cuando pequeña y ese fue en el mundo en el que crecí, ya?”. Específicamente en varias ocasiones en el proceso psicoterapéutico la consultante realizó valoraciones negativas sobre su madre, relacionadas principalmente con los pocos límites que puso ante las peleas entre ella y
su hermana, incluso la culpa de la mala relación que hoy existe entre ambas, aspecto que no quiere que suceda con sus hijos: “…yo a los niños les he dicho… bueno la forma de que yo les pegue es que… de pronto se peleen entre hermanos, porque los hermanos cuando se llegue a morir la mamá entonces que van a hacer? uno por allá el otro por acá?... el otro se está muriendo y mentiras que ninguno le lleva un vaso de agua, eso no lo voy a permitir, y nunca lo voy a permitir mientras yo esté viva, ya?…” Es importante destacar que, como se puede apreciar en el extracto, la consultante realiza un esfuerzo por no repetir la historia de su madre promoviendo la unión fraternal, sin embargo al profundizar sobre esto también muestra un descontento por reprenderlos físicamente para lograr este fin.
Tomando en consideración todo lo anterior, se puede apreciar que JM ha construido una imagen negativa de sí misma como madre, específicamente como aquella que, por sus comportamientos, aleja a sus hijos, aspecto que se puede apreciar claramente en el siguiente extracto: “…no me han vuelto a decir porque yo soy como el ogro de la casa, no quiero que me vean como una mamá fastidiosa, no! Que me vean como una amiga: “mami mire que me gusta ese niño, mami yo quiero hacer esto, mami apóyeme en esto” eso me gusta””. Relacionado con esto último, JM deja ver un sentimiento de desagradecimiento por parte de sus hijos hacia ella, lo cual se pudo apreciar a lo largo de todo el proceso psicoterapéutico: “querer no es solo de palabra… cómo quieren que yo llegue a decirles “! Ay mis amores los amo¡” y darles un abrazo si yo qué recibo? Nada!”. Así mismo, en sesiones posteriores la consultante muestra preocupación por las mentiras y las escapadas de su hija mayor para verse con un vecino, ante lo cual nuevamente señala su desagradecimiento: “…una niña (ella a sus 15 años) criando
otra niña (su hija) y así me paga ella?, mire doctora tengo veintisiete años y si yo quisiera dejarlos salgo y me voy lejos, todavía estoy joven…”.
Como se puede ver en este último extracto, lo anterior pareciera estar relacionado con el hecho de haber sido madre a una edad temprana y, por lo tanto, haber sacrificado varios aspectos de su juventud: “…porque es que mamá solo es una y yo a ustedes,… he estado en las buenas y en las malas con ustedes, donde yo quisiera tener algo de libertad doctora… simplemente si yo quisiera irme a hacer lo que se me diera la gana, pago a alguien que cuide los niños y me voy y vuelvo hasta los tres días, cuatro días! tengo veintisiete años doctora, y hay muchas mujeres que a mi edad lo hacen, dejan sus hijos y se van dos tres días a pasear, a melgar a un lado al otro, porque a mí me lo han propuesto…” Esto es de gran importancia porque, en primer lugar, pareciera que JM no se encuentra satisfecha con la vida que hasta ahora ha construido, mostrando a sus hijos como un impedimento para realizar ciertas actividades que, según ella, son propias de la etapa del ciclo vital en la que se encuentra.
En relación a esto último, es de gran relevancia mencionar que la consultante, en una oportunidad, efectivamente se fue de la casa: “… me fui… dejé los niños, fui e hice un viaje porque pensaba irme para otra parte, hice un viaje, trabajé unos días, no lo niego… aparte de eso dejé a los niños unos cuatro o cinco meses… yo sin embargo cuando él no estaba yo iba a la casa, yo llamaba “mami como están los niños, mami se los encargo que las tareas”, el señor llegaba era tomado… si doctora yo dejé los niños,
en ningún momento los dejé tirados porque estaban en su casa porque por eso les conseguí casa, estaban bajo la protección de mi mamá y de mi hermana”.
En el extracto, aunado a lo que se observaba en la sesión, la consultante deja ver un sentimiento de vergüenza o culpabilidad por haber dejado a los niños, lo cual también es reforzado por el discurso de OP en relación a este evento: “… (ella fue a) verse con el señor, a quedarse allá solo a que el señor como dicen vulgarmente la castigara, le diera pipí como dicen vulgarmente, y yo con mis hijos en la casa, yo era el que le daba el diario, yo era el que estaba pendiente y sí, mi suegra me ayudó, yo reconozco que esa señora me colaboraba y mi ex cuñada…”. Ante este reclamo la consultante se excusa en la violencia que existía entre ambos, afirmando que se vio en la necesidad de irse de la casa por las amenazas de muerte que recibía por parte de él.
Luego de lo anterior la consultante regresa a la casa, momento a partir del cual, según ella, se ha concentrado en proteger y cuidar a los tres niños, evitando que OP o la situación de violencia ejerzan una mala influencia en ellos: “…en diciembre yo les dije a mis hijos “me los llevo así sea debajo de un puente vamos a vivir”… yo no puedo ponerlos bien bonitos todo el tiempo, bien moldeaditos y un fin de semana se me van y (chasquea los dedos como signo de cambio)… entonces tomé la decisión de que mis hijos se quedaban conmigo, fuimos a la comisaria de familia y expuse el caso, quiero la custodia de mis hijos…”. Así mismo, más adelante en el proceso la consultante narra una situación donde, según ella, OP “les dijo (a los policías) “yo prefiero ver esos chinos en un bienestar familiar y que se los quiten porque son unos gamines”, ante lo cual ella respondió de una manera violenta hacia él: “…me sacó la piedra y me le fui
encima y cogí un palo de la escoba y se lo puse en las costillas… primera y última vez que hice eso… los policías me miraron y me sentí como una cucaracha…”.
A partir de lo anterior se puede ver cómo los niños constituyen una herramienta para violentar al otro, especialmente por parte de OP al saber la importancia que le otorga la consultante a su rol de madre, lo cual se pudo apreciar cuando, en varias sesiones, JM irrumpía en llanto cada vez que mencionaba la intención que, según ella, tenía OP de promover la institucionalización de los niños: “…le dije “sabe qué? no le voy a dar el gusto de que me quiten a mis hijos y el día que me los quiten vea OP se va a acordar de mis palabras porque usted me la paga (llora), porque yo no tuve hijos para dárselos a una entidad que no me ha dicho tenga para un mercado o venga yo le doy una capacitación para que usted aprenda a ser una buena madre…”. De esta manera, pareciera que la consultante culpabiliza a entidades del estado por no brindarle orientación para cumplir adecuadamente su función de parental, de manera que expresa un sentimiento de injusticia ante la posibilidad de que le quiten a los niños, incluso siempre se mostró suspicaz en relación a las recomendaciones que serían enviadas al CAVIF al culminar el proceso psicoterapéutico.
En relación a esto último, a mi parecer, la consultante siempre intentó mostrarse como una madre protectora y preocupada por el bienestar de sus hijos, sin embargo se observaban contradicciones en su discurso relacionadas con este aspecto. Específicamente, por un lado, se quejaba de la negligencia por parte de OP hacia sus hijos, resaltando siempre sus cualidades como madre, incluso esto lo realizó cuando se conversaba sobre la situación en la que ella se fue de la casa por ocho meses: “… yo
sin embargo cuando él no estaba yo iba a la casa, yo llamaba “mami como están los niños, mami se los encargo que las tareas”, el señor llegaba era tomado…”.
Sin embargo, por otro lado, JM ponía en riesgo a los niños al permanecer bajo el mismo techo con OP con el fin de “reclamar lo suyo”, manteniendo así interacciones de violencia que afectaban el bienestar de sus hijos: “(Terapeuta)…así como reconoces varias cosas que esta situación te está afectando… como crees tú que estén también afectando a tus hijos?... (JM) bueno de sed de venganza y eso, de pronto no lo comparto con los niños porque van a vivir ese mismo mundo, pero de pronto ellos están pidiendo a gritos que los saque de ahí… (terapeuta) tú sientes entonces que estás en esa casa por venganza también?... (JM) no es tanto por venganza, sino que es por reclamar el derecho, el derecho que me corresponde… porque es que yo se lo he dicho a él: “esta casa es de mis hijos, y yo soy la que estoy ahí con los niños no usted”…”.
Es importante destacar que lo anterior se le señaló en varias oportunidades, sin embargo la consultante se mantenía en su discurso, mostrándose resistente a mudarse de la casa, no obstante hacia el final del proceso psicoterapéutico se evidenció una mayor consciencia sobre el daño que la interacción violenta entre ella y OP podía tener sobre sus hijos, de manera que comenzó a considerar y realizar acciones que buscaban protegerlos. Específicamente, en la séptima sesión, la consultante explica que se ha visto en la necesidad de pedirles a los niños que se vayan para la habitación con el fin de que no presencien las discusiones que ocurren en la casa, expresando sentir un gran malestar ante esta situación: “yo prefiero verlos allá, pero es tan horrible
tener uno que esconder a sus hijos en su propia casa para que vean una película para que no escuchen…” Así mismo, en la última sesión, JM comenta que quiere arrendar la vivienda a escondidas de OP, ante lo cual la terapeuta intenta mostrarle que esto sólo aumentaría la violencia y por consiguiente su intranquilidad, no obstante JM insiste en que el dinero que obtenga del arriendo podría utilizarlo como inicial para pagar otra vivienda donde “mis hijos se acuesten a dormir tranquilos que no digan “ay ahorita llega mi papá a decirle a mi mamá que es una pe…”
Lo anterior pareciera estar relacionado con la experiencia que la consultante tuvo en su infancia donde fue víctima y observadora de la violencia de sus padres, así como también de las parejas de su papá con quien vivió después de la separación: “…de pronto no vale la pena pelear la casa pero sí vale la pena porque donde yo me llegue a morir qué va a pasar?, yo sé que él les va a conseguir una madrastra y va a permitir que los trate como quiera… donde yo le hubiera dejado a mi hijo créame que tuviera un brazo partido, porque uno no sabe cómo podría ser su pareja….”. De esta manera se vuelve a observar cómo la consultante intenta diferenciarse de sus padres, buscando ser una mejor madre para sus hijos, lo cual también se observa en algunas sesiones donde la consultante resalta la importancia y el deseo de que éstos últimos no repitan su historia, principalmente las dos niñas: “…no vayan a ser huevonas como lo fue la mamá, que se enamoró y le entregó todo a una persona que no valía la pena, que le hicieron tres vueltas y chaolin…”. Así mismo en otra sesión se muestra preocupada por la relación de su hija con el vecino, explicando que ella debería estar interesada en los estudios para “no terminar en una cocina de guisa” como le pasó a ella por quedar embarazada a los quince años.
Es importante destacar que esta preocupación porque su hija mayor no repita su historia también es motivada por su entorno social: “…sabe cuál es el dicho allá en el barrio? “ay no ya está igual de pe… a la mamá”, “la hija de tal palo tal astilla”, “la hija es igual que la mama es pura zo…” ¡por Dios!... ella sabe que yo la voy a meter a un internado…. me duele doctora, me duele pero yo no voy a perder a esa niña, es una niña de cuido y ella no quiere que la cuiden pero no la quiero perder (llora)…” Adicionalmente, este extracto, en relación a las categorías anteriores, permite pensar en la posibilidad de que JM no es congruente entre lo que dice sobre sí misma como mujer y lo que demuestra a los demás, aspecto que, al ser puesto en evidencia por OP, genera un gran malestar en la consultante.
De igual manera, este último extracto, permite observar un sentimiento de desesperación en la consultante, así como también una sensación de sobrecarga con la crianza de sus hijos, hasta el punto de pensar en medidas extremas como la posibilidad de internar a su hija mayor. En relación a esto, en varias oportunidades JM expresa sentirse cansada al ejercer su rol de madre sin ayuda de OP, específicamente, en la primera sesión, reporta que “…se me está saliendo de las manos, porque es como si fuera yo solamente hiciera el papel de papá y de mamá y las cosas no son así doctora”; así mismo en la quinta sesión explica una situación donde fueron citados en el colegio de los niños y, según ella, OP no quiso asistir porque se trataba de una situación que le corresponde a las madres resolver, ante lo cual JM expresa que “…yo prefiero ir al trabajo que ir a la cita porque… voy a la cita, los gastos, una cosa, la otra… y me quedo sin un verraco peso. Ahora los niños le piden: “papi regáleme para un lápiz”… (él) “dígale a la vieja esa de su mama… para eso trabaja las veinticuatro
horas… en el día trabaja y en la noche se revuelca con el mozo”. Usted cree que esas son palabras de un papá que respete a la mamá de sus hijos?”. Esto último también deja ver un significado relacionado con la importancia de que, por su condición de madre, debe ser respetada por el padre de sus hijos.
En la séptima sesión sigue expresando su malestar: “yo no puedo ser papá, ser mamá, corregir, hable, ayude… es que a veces me toca hasta tarde en la noche a estarles ayudando a las tareas de los niños porque salgo tarde a ayudar, a mirar qué hay que hacer, qué es lo que tengo que hacer, y él llega y se acuesta a ver televisión…”. Además de reclamarle a OP su poca participación en las actividades de los niños, también le reclama su escaza colaboración en la manutención económica de los mismos, comentando que él prefiere gastar el dinero en ropa nueva, mientras que por el contrario, ella “puede vivir con la misma ropa” con tal de cubrir los gastos de sus hijos. En definitiva, la consultante, como madre, experimenta un sentimiento de injusticia ante la poca responsabilidad que asume OP con los niños y, por consiguiente, la escaza ayuda que recibe de él en la crianza y el cuidado de los mismos: “…para mi seria rico y seria de pronto compensable poder decir “bueno yo no amo a Orlando pero sabe qué? Orlando es un papá muy bacano, mire me colabora con los niños… ama a sus hijos!” o sea a mí me da es tranquilidad que yo vea que quiera a sus hijos…”.
No obstante en la penúltima sesión, se observa un cambio en su discurso, específicamente ya no continúa realizando quejas y exigencias hacia OP, sino que más bien parece aceptar la desigualdad que existe entre ambos en relación a los hijos y así comenzar a apropiarse de su maternidad sin esperar a que él haga lo mismo: “…mire
yo qué hago con tener un acto de presencia de papá?... para esa gracia me quedo totalmente sola, yo sé que puedo!… cuántas mujeres no lo han hecho y tienen a sus hijos estudiando y son excelentes profesionales y porque yo no puedo? si para eso estoy estudiando, para ver si puedo tener una mejor opción de empleo ya?”. Es importante destacar que lo anterior pudo estar relacionado con los cambios que se apreciaron en sus narrativas de “ser mujer”. Específicamente, como se comentó anteriormente, JM había comenzado a construir una imagen donde se percibía como una mujer que se “valoraba” y por lo tanto se priorizaba ante los demás, todo lo cual facilitó una percepción de sí misma como una madre capaz de ser un ejemplo a seguir a partir de sus virtudes: “…por eso le digo a ella yo me he aprendido a querer pero me estaba cogiendo la tarde, eso es lo que yo no quiero que a ella le coja la tarde que aprendiera lo bueno mío “que a mi mamá le gusta estudiar”, cosas así…”.
Lo anterior se pudo seguir consolidando en las últimas sesiones gracias a la participación de sus tres hijos en el proceso psicoterapéutico. Específicamente, la terapeuta busca que los niños resalten aquellas cualidades de JM que valoran: “(terapeuta) de su mamá que les gusta? (hijo) a mí me gusta de mi mamá de que