Tomando particularmente la relación del diseño con la innovación, y ésta como necesaria dentro del mundo de la empresa, en sus estrategias de generación de nuevos productos o captura de mercado se puede llegar a definiciones como la de Zalman 1973 que considera la innovación como “cualquier idea, práctica u objeto percibido como nuevo”.
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Sin embargo, la innovación puede ser entendida también como “un proceso a través del cual, nuevas ideas, objetos y prácticas son creados, desarrollados o inventados”. Dicho proceso incluiría una fase previa y esencial de diseño, seguida de otras de desarrollo, adopción, implantación y difusión.
De esta manera se entiende al diseño también como “la esencia de la innova- ción, el momento en el que un nuevo objeto es imaginado, materializado y forma- do en forma de prototipo”. Asimismo, dicho proceso de innovación en la empresa se concibe como un “proceso de aprendizaje individual y colectivo, que responde a un patrón de búsqueda constante de planteos para la resolución de problemas, lo cual vincula la innovación al aprendizaje organizativo”.
La innovación de la empresa depende fundamentalmente de su capacidad para organizarla como un proceso interactivo de aprendizaje a través del cual se crea un nuevo conocimiento tecnológico y modifica la base del conocimiento utili- zado. Por lo tanto, las particularidades organizativas son esenciales para la innova- ción. Bruce y Cooper (1997) defienden que “el diseño es la esencia de la innovación tecnológica, ya que permite imaginar y formar un objeto. Incluso la innovación tecnológica más radical debe transformarse o materializarse en una forma deter- minada vía el proceso de diseño”.
Sin embargo, en ocasiones hay nuevos productos que no llevan implícito un cambio tecnológico y de cualquier forma han sido diseñados. Por lo tanto, el diseño no sólo es parte importante del proceso de innovación (tecnológica), sino también de las actividades no innovadoras de las empresas: el diseño contribuye al marketing de productos existentes a través de la imagen de producto, empaquetado, etc.
El diseño tiene papeles diferentes, según el estadio en el ciclo de vida de un producto o de una tecnología: la primera fase implica diseñar para desarrollar la innovación tecnológica; la segunda fase diseña para lograr una mejora técnica, disminuir costo o facilitar la producción; y la tercera y última fase plantea al diseño variaciones de estilo, y forma del producto.
“El diseño es una disciplina que ocupa un papel fundamental en las innovaciones graduales, introduciendo cambios con efectos económicos reales”, (Nueno,1989).
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El diseño es crucial para la innovación porque: representa el aspecto creativo, donde las ideas son materializadas; y porque implica la unión o ensamblaje entre las posibilidades técnicas y las demandas de los consumidores.
El diseño innova en las áreas que afectan a la competitividad de los productos y de las empresas:
- Racionaliza los procesos productivos reduciendo los costos y colaborando en la búsqueda del liderazgo de costos.
- Optimiza la comunicación diferenciando al producto y a la empresa creando clientelas cautivas.
- Mejora las prestaciones del producto aumentando su valor de uso y, por tanto, diferenciándolo.
- Diversifica la oferta de productos a partir de la tecnología existente contri- buyendo a la diferenciación y a la reducción de costos.
- Sustituye las líneas de productos en declive por nuevos productos.
- Mejora la comunicación e imagen de la empresa al actuar sobre sus comuni- caciones externas e internas.
- Introduce calidad y estética en el producto contribuyendo a su diferenciación.
La innovación y, en consecuencia, el proceso de diseño, como parte del proceso de innovación, requieren un estado mental que combine creatividad, espíritu emprendedor, capacidad para afrontar riesgos calculados y la acep- tación de cierta movilidad social, geográfica o profesional. Además, la inno- vación requiere habilidad para anticipar necesidades, organización rigurosa y flexible, capacidad para fijar fechas de finalización de los proyectos y para controlar los costos.
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Como en otras actividades, la innovación vive en un mundo de contradic- ciones. Para ser innovador hay que aceptar paradojas y convivir con ellas. Así, la organización innovadora ha de ser centralizada y descentralizada al mismo tiem- po, global y local, hacer planes a largo plazo y ser flexible en el corto.
El personal de una empresa innovadora ha de ser autónomo y ser capaz de trabajar en equipo. La estructura de la empresa innovadora ha de ser flexible, pero dirigirse a objetivos comunes. La estructura del sector del diseño con la incorporación de profesionales “freelance” permite esta estructura y combinar equipos internos y externos.
Un aspecto clave en el proceso de innovación y, en consecuencia, en el pro- ceso de diseño, es la comunicación, tanto interna como externa. La eficacia de la comunicación en la empresa, tanto en el ámbito interno entre departamentos o personas que intervienen en el desarrollo de un producto, como en el ámbito externo deben captar las demandas del mercado, la aparición de nuevas tecnolo- gías o pulsando los cambios y las tendencias futuras. Este es uno de los principales factores que discriminan el éxito y el fracaso de las innovaciones, algo que está identificado en numerosos estudios.
Es necesario conocer los cambios externos que afectan tanto a consumidores como a competidores; es más, incluso hay que anticiparse, y todo esto requiere tener buenos sistemas de comunicación que transmitan información del exterior. Pero tam- bién son necesarios sistemas que permitan una eficaz comunicación entre las diferen- tes personas que intervienen en el proceso de diseño de un producto o de un servicio.
Las empresas innovadoras tienen una enorme capacidad para conseguir y or- ganizar información, utilizando lo relevante y descartando lo que no lo es; son organizaciones ávidas de información. Suelen tener sistemas de vigilancia tecno- lógica. En ellas suele existir uno o diversos “technological gatekeepers”, personas que actúan como “porteros tecnológicos” que consiguen, dejan pasar y difunden información al resto de la empresa. Pero la clave en todas estas compañías es la utilización inmediata de esta información. Los diseñadores por su formación y por las características del ejercicio de su profesión son buenos “gatekeepers”.
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Las empresas con éxito saben cómo utilizar ventajosamente el diseño. Por ejemplo, integrar al cliente en el proceso de desarrollo, algo común en la práctica del diseño, reduce considerablemente el tiempo de introducción en el mercado de sus innovaciones. El diseño adaptado a la distribución y a la logística, por ejemplo, puede influir en la reducción considerable del ciclo completo de intro- ducción del producto.
Al mismo tiempo, un diseño inteligente, pensado en la producción que inte- gre los proveedores y usuarios finales, puede conseguir lo que podríamos denomi- nar producción en masa de lotes unitarios, consiguiendo dar la máxima utilidad a cada usuario con el mínimo costo.