Placing the System into the Test/Equalize Mode of Operation
Method 2 (Manually Initiated Timed Test/Equalize) Procedure
Cataluña
Atlas de las praderas marinas de España
Las praderas de C. nodosa profundas aparecen a partir de los 10 metros, en forma de manchas de diversa extensión y con una cierta variabilidad temporal. En las zonas donde hay praderas de P. oceanica, C. nodosa puede aparecer como una orla que la precede batimétricamente. Caso de no existir pradera de P. oceanica, las manchas de C. nodosa se pueden extender a mayor pro- fundidad, aunque en general estas praderas pro- fundas son poco densas. Encontramos buenas representaciones de estas formaciones de C. no- dosa extensas y profundas en áreas de la Costa Brava, como en la bahía de Pals, o entre Tossa de Mar y Lloret, así como en el Maresme, Garraf, Costa Daurada y también más al sur.
Zostera noltii aparece de manera esporádica, en forma de poblaciones de extensión muy limita- da, siempre en lugares muy bien protegidos, y a poca profundidad (desde la superficie a 2-3 me- tros como mucho). Las poblaciones de mayor extensión se han detectado en las bahías del del- ta del Ebro y otras, más reducidas, en algunas ca- las del cabo de Creus (por ejemplo, Portlligat), y en alguna laguna costera (por ejemplo, en l’Amet- lla de Mar, Margalef-Mir, 1981).
Ruppia cirhosa es muy escasa en ambientes marinos. Es abundante en lagunas del delta del Ebro (por ejemplo, en l’Encanyssada), ocasional en zonas de las bahías del delta muy influidas por descargas de agua dulce y excepcional en las mismas bahías, pero en zonas de salinidad próxima a la marina.
Finalmente, no disponemos de evidencias re- cientes de la presencia de Zostera marina en la costa catalana. Aparte de unos pocos pliegos de herbario conservados en el Institut Botànic de Barcelona, la especie fue identificada en los 80 y principios de los 90 en al menos dos localida- des del norte de la costa, Port-Lligat y Es Jonquet (cercanas al cabo de Creus), a la que cabe añadir una tercera localidad en la bahía de Alfacs, de la que pudo observarse un ejemplar pero no la po- blación in situ. No ha vuelto a observarse la pre- sencia de Z. marina en ninguno de estos sitios a partir del 2000 por lo que, a salvo de nuevas informaciones, la especie debe considerarse lo- calmente extinguida.
docenas de trabajos cartográficos, no existe, hasta el momento, una herramienta cartográfi- ca única, por lo que subsisten incertidumbres al respecto. El único intento de cartografiar toda la costa fue en 1992, en una actuación promovida por dos entidades de la administración catalana (Departament de Medi Ambient y Direcció Gene- ral de Pesca Marítima).
La ejecución corrió a cargo de la empresa Tec- nología Ambiental S.A. y se empleó el sistema RoxAnn. El resultado, con alrededor de 40 km2
de praderas mapeadas, cabe calificarlo de éxi- to relativo, ya que si bien fue la primera base de datos extensiva sobre las praderas, y a este res- pecto es un trabajo de referencia, pronto se hi- cieron evidentes algunos puntos débiles, como poca resolución, inespecificidad (no se distingue
P. oceanica de C. nodosa) e insuficiencia notable en las praderas situadas en calas de costas ro- cosas y recortadas. Por otra parte, la superficie total propuesta estaba, muy probablemente, por debajo de la real. Desde entonces, no ha habido
barcable. No consideramos necesario presentar un inventario exhaustivo de este ingente volu- men de información cartográfica, y sólo mencio- naremos unos pocos ejemplos o tipologías: - Cartografías derivadas de estudios de impacto, especialmente los relacionados con la extrac- ción de arenas para alimentación artificial de pla- yas. Fueron cartografiadas, entre otras, extensas áreas del Maresme y del Garraf (al N y al S de Barcelona, respectivamente). En este apartado se incluyen cartografías más locales relaciona- das con proyectos de construcción o ampliación de puertos.
- Cartografías relacionadas con estudios en áreas protegidas, como el cabo de Creus o las islas Medes (J. Romero & col.), el Parc Natural del Montgrí i Baix Ter (B. Hereu & col.) o el delta del Ebro (M. Pérez & col.).
- Cartografías a cargo de proyectos de investiga-
ción, como las asociadas a los proyectos INDE- MARES (R. Sardá & col.), en el cabo de Creus, y RIACON (J. Romero & col.), en la Costa Daurada. - Cartografías promovidas por entidades locales, como por ejemplo Mataró, donde se llevaron a cabo dos cartografías en los años 2001 y 2011, por parte de la Universitat de Barcelona (M. Man- zanera, J. Serra & J. Romero) y por parte de la empresa TECNOAMBIENTE, respectivamente. - Cartografías promovidas por ONGés, como la del litoral del Garraf (a cargo de E. Ballesteros & col.).
Los métodos utilizados han sido muy diversos, e incluyen el buceo y la observación submarina directa, los vehículos tipo ROV, las sondas mul- tihaz o multifrecuencia, la fotografía aérea, el ví- deo submarino y, tal vez el más utilizado, el sonar de barrido lateral. Se dispone, por lo tanto, de mu- cha información, pero el conjunto resulta hetero- géneo en cuanto a escalas y precisiones, y es, en general, difícilmente accesible o consultable. Por otro lado, y si bien hay zonas que han sido muy estudiadas, otras lo han sido muy poco. Para co-
rregir, en la medida de lo posible, esta situación tan dispersa, la Direcció General de Pesca i Afers Marítims de la Generalitat de Catalunya empren- dió en 2013 la tarea de recoger toda esta infor- mación, unificarla sobre una base común (SIG) y depurar los contenidos con ayuda de expertos. A salvo de las consideraciones de provisionalidad de los datos ya expresadas, la extensión total de praderas de angiospermas marinas de la costa catalana ascendería a más de 90 km2 de las que
más de una tercera parte correspondería a C. nodosa y el resto a P. oceanica, con cantidades marginales para las demás especies. Las mayo- res extensiones de praderas se encuentran en la costa sur (Tarragona), mientras que el litoral de Girona es el que tiene menos superficie ocupa- da. Esto debe atribuirse al hecho, ya comentado, de que en la costa de Girona las praderas están sobre todo en el interior de calas. Cabe destacar que la mera mención de superficies ocupadas no explica bien las diferencias de importancia entre las dos especies. Así, mientras que en el caso de
P. oceanica corresponde en general a praderas estables, en el caso de C. nodosa corresponde a superficies potenciales, en ocasiones ocupadas por densidades muy bajas de haces.
Pradera de Zostera noltii en Portlligat. Fotografía: Àlex Lorente-SUBMON.
Cataluña
La producción primaria anual en las praderas de
P. oceanica (entre 5 y 15 m de profundidad) varía
entre 80 y 1.500 g peso seco/m2•año (Romero,
1989, Alcoverro et al., 1995), dependiendo sobre todo del número de haces por unidad de super- ficie o densidad. Dicha densidad, prácticamente carente de señal estacional, está fuertemente influida por la profundidad y oscila entre los 1.000 haces/m2 en praderas muy superficiales
(0,5 m, por ejemplo en Port-Lligat), de entre 300 a 700 haces/m2 en praderas superficiales (5-10
m) y de entre 150 a 250 haces/m2 en praderas
profundas (14 a 17 m de profundidad), sin tener en cuenta praderas degradadas donde la densi- dad es inferior.
La producción primaria de C. nodosa (estudiada en las bahías del delta del Ebro) es del orden de 550-650 g peso seco/m2•año (Pérez & Romero,
1994). Al revés que en P. oceanica, la densidad
de las praderas de C. nodosa es fuertemente estacional. Así, en las bahías del delta del Ebro nos encontramos valores máximos de unos 2.500 haces/m2 a principios de verano y valores
mínimos de 1.000 haces/m2 en invierno (Pérez
& Romero, 1994). Ahora bien, debe tenerse en cuenta que estas cifras fueron obtenidas en praderas superficiales densas, y que no son re- presentativas de praderas profundas, en gene- ral menos densas y productivas. Estas praderas profundas han sido menos estudiadas, aunque como ejemplo podemos citar datos recientes obtenidos en la bahía de Pals, a 12-14 m de pro- fundidad, donde se hallaron, en el momento de máximo desarrollo, densidades de entre 400 y 1.400 haces/m2 (Romero et al., 2012b).
Pesca i Afers Marítims que se menciona en el texto. Parte de los mapas en que se basa esta cartografía no especifican la especie de que se trata; el porcen- taje de la superficie total sin mención a una especie concreta, para cada pro- vincia y franja batimétrica,
se da como porcentaje de incertidumbre. A efectos de esta obra, se ha hecho una atribución provisional basándonos en criterios expertos. Tabla 1 Incertidumbre (%) 0 0 Barcelona C. nodosa 145 754 899 P. oceanica 15 1977 1992 Incertidumbre (%) 20 18 Tarragona C. nodosa 1592 836 2428 P. oceanica 1128 2444 3572 Incetidumbre (%) 34 73 Total C. nodosa 3612 Total P. oceanica 6123 TOTAL 9735 Total Z. noltii* 0,0125
Banco de chirrete o peje- rrey (Atherina sp) carac- terístico de los fondos someros colonizados por Posidonia oceanica. Fotografía: César Cachón.
E
n términos generales, la principal fuente de presiones sobre los ecosistemas litorales, y en particular sobre las praderas de angiospermas marinas, reside en la elevada ocupación humana de la franja costera y en los usos del territorio, tanto terrestre como marino, que de ella se de- riva. En efecto, el litoral, considerado como una franja de 500 m tierra adentro a partir de la línea de costa, representa el 7 % del territorio de Cata- luña, y concentra aproximadamente la mitad de su población (PDUSC, 2004), que se reparte de forma heterogénea. Así, encontramos dos gran- des concentraciones como las ciudades de Bar- celona (con 1.620.946 habitantes), y Tarragona (133.954 habitantes), con sus respectivas áreas metropolitanas. El resto de la costa presenta una ocupación variable, aunque en general relativa- mente elevada, con pocas zonas sin urbanizar. Una idea del grado de ocupación de la línea de costa, y de las presiones que ello puede suponer sobre el medio natural, la da el llamado índice de artificialización, que relaciona, para un segmento de costa dado, la longitud “construida” (espigo- nes, rompeolas, paseos marítimos, etc.) respec- to a la longitud total. Las zonas antes menciona- das de Barcelona y Tarragona alcanzan un índice de artificialización de entre el 70 y el 90%. Otras partes de la costa presentan valores inferiores, aunque todavía altos, entre el 50 y el 70%, como algunos tramos del Maresme y del Garraf (Sitges y Vilanova i la Geltrú), y l’Escala, en Girona. Los tramos de costa rocosa con acantilados y zonas naturales son los que presentan una artificializa- ción menor, con valores inferiores al 20%, de los que serían ejemplos la zona del cabo de Creus, la costa del Montgrí, la costa entre el cabo de Be- gur y Blanes, la zona al N de Tarragona (Altafullla) y el delta del Ebro (Agència Catalana de l’Aigua, 2013). Aunque más adelante se hará un intento de identificar las presiones individuales más re- levantes, es importante tener presente que, demanera general, las presiones que se ejercen so- bre el medio marino se originan en el continen- te. Partiendo de la premisa de que los usos del territorio pueden permitir estimar las presiones que recibirá el ecosistema marino, algunos au- tores han propuesto un índice simple (LUSI Land Uses Simplified Index, Flo et al., 2011b), basado en el porcentaje de territorio costero cubierto por cada una de cuatro grandes categorías de usos del suelo (natural o con agricultura de secano, agricultura de regadío, zonas residenciales y zo- nas urbanas). Esta aproximación fue refinada por Liza (2011), que se basó en una mayor sub- división de los usos del suelo.
En ambos estudios se detecta de manera muy clara que una mayor urbanización (categorías de suelo urbano, industrial y dedicado a infraestruc- turas) va asociada a un mayor deterioro de las praderas. Utilizando este tipo de aproximación, podemos decir que las zonas con mayores pre- siones corresponden a la costa central de Cata- luña. Por el contrario, en la costa sur dominan usos del suelo con cultivo de secano (entre un 20 y un 50 %) y cultivos de regadío (entre un 10 y un 40 %), con presiones intermedias, mientras que, finalmente, en la costa norte dominan áreas con cobertura de vegetación natural (bosque o matorral) o los cultivos de secano, con presiones bajas.
Las presiones que se derivan de esta ocupación suelen agruparse en presiones puntuales y pre- siones difusas. Las primeras corresponden a situaciones fácilmente identificables, y son atri- buibles a acciones o sucesos bien delimitados en el espacio. Las segundas corresponden a un conjunto de procesos, acciones o entradas de materiales de difícil identificación, delimitación o seguimiento. Entre otras, estas presiones di- fusas pueden incluir entradas directas de con- taminantes por la lluvia o por deposición seca, escorrentía superficial (excluidos cauces tem- porales y permanentes), usos recreativos de
playas y otras zonas, tráfico de embarcaciones y otras muchas. Aunque el impacto de las presio- nes difusas puede ser relativamente importante, realmente son muy difíciles de cuantificar, por lo que aquí nos centraremos en las presiones pun- tuales (Mapas 1B-6B). Entre ellas destacamos la regeneración de playas, la contaminación, la pesca, el turismo náutico y otras de menor en- tidad. Las analizamos en los siguientes aparta- dos.