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3.3. Materials and methods
Dewey escribía en 1896 que “la escuela es la única forma de vida social que
funciona de forma abstracta y en un medio controlado, que es directamente experimental, y si la filosofía ha de convertirse en una ciencia experimental, la construcción de una escuela es su punto de partida” (Dewey, 1972a, pág. 244). Con esta idea en mente, trabajó en la Universidad de Chicago como Director de los Departamentos de Filosofía, Psicología y Pedagogía, cargo que ocuparía entre 1894 y 1904, donde pudo cumplir con su propósito de establecer una escuela experimental cuyo centro y origen fuese algún tipo de actividad verdaderamente constructiva, en la que la labor se desarrollara siempre en dos direcciones: por una parte, la dimensión social de esta actividad constructiva, y por otra, el contacto con la naturaleza, proporcionado por el trabajo directo con la materia prima de dicha actividad. Bajo el auspicio de la
4 Sobre el tema de la Escuela Experimental de Dewey véanse
Democracia, ciudadanía y educación: una mirada crítica sobre la obra pedagógica de John Dewey Reina, 2003; y John Dewey Westbrook, 1993.
universidad y de algunos padres de familia, funda en Enero de 1896 la que sería conocida como la Escuela-Laboratorio de John Dewey, pues comparaba su función con la de los laboratorios de las ciencias experimentales. Dewey sostenía que la educación era el laboratorio de comprobación de las ideas filosóficas y tuvo la oportunidad de someter a prueba buena parte de sus ideas principales sobre filosofía y pedagogía. Como en todo laboratorio, se buscaba experimentar, es decir, a partir de hipótesis sobre la instrucción y la formación educativa, se comprobaban y verificaban sus ideas básicas a través de la práctica en el aula de clase. En ese sentido, la creación de la Escuela- Laboratorio no partió ni de un método ni de una teoría educativa ya establecida, sino de inquietudes básicas sobre la manera de enseñar y sobre el lugar de la escuela en el
mundo social. Para Dewey, la escuela era “una comunidad especial en la cual el
complejo ambiente social es reducido y simplificado; en el cual ciertas ideas y acontecimientos que le conciernen a esta vida social simplificada son comunicados a los
niños” (Dewey, 1972b, pág. 437). En ese sentido, se buscaba que la escuela fuera entendida en su continuidad con la vida cotidiana de los individuos mediante el aprendizaje de ciertas materias y temáticas que tuvieran una significación real en los alumnos.
Manteniendo su idea de la labor teórica en contacto con las exigencias de la práctica, en el núcleo del programa de estudios de la Escuela de Dewey figuraba la así denominada ocupación entendida por Dewey como: “un modo de actividad por parte del
niño que reproduce un tipo de trabajo realizado en la vida social o es paralelo a ella”
(Dewey, 1987, pág. 108).
Los alumnos se dividían en once grupos de acuerdo con su edad y llevaban a cabo diversos proyectos en los que se enfrentaban a situaciones problemáticas preparadas con anterioridad por los maestros de modo que los alumnos pudiesen abordarlas a partir de experiencias de primera mano. Para Dewey, el trabajo escolar significaba trabajo manual en los cultivos, en los talleres, en la cocina: las actividades escolares, así entendidas, reproducían y representaban las actividades cotidianas con las
que los niños estaban más en contacto. Tomando como punto de partida las actividades del hogar se intentaba construir toda una estructura de conocimiento fundamentada en la relación de los niños con su medio social. De esta manera, el aprendizaje era entendido como todo un proceso de descubrimiento, indagación y experimentación para entender las formas básicas de acción social constitutivas de la vida en comunidad.
Los niños más pequeños (de 4 y 5 años), realizaban actividades que conocían por sus hogares y entorno como cocina, costura, carpintería. Los niños de 6 años construían, por su parte, una granja de madera donde plantaban trigo y algodón, los transformaban y vendían su producción en el mercado. Los niños de 7 años estudiaban la vida prehistórica en cuevas que habían construido ellos mismos, y los de 8 años centraban su atención en la labor de los navegantes fenicios y de los aventureros posteriores, como Marco Polo, Colón, Magallanes y Robinson Crusoe. La historia y la geografía locales centraban la atención de los niños de 9 años, y los de 10 estudiaban la historia colonial mediante la construcción de una copia de una habitación de la época de los pioneros. El trabajo de los grupos de niños de más edad se centraba menos estrictamente en períodos históricos particulares (aunque la historia seguía siendo parte importante de sus estudios) y más en los experimentos científicos de anatomía, electromagnetismo, economía política y fotografía. Los alumnos de 13 años de edad, que habían fundado un club de debates, necesitaban un lugar de reunión, lo que los llevó a construir un edificio de dimensiones importantes, proyecto en el que participaron los niños de todas las edades en una labor cooperativa que para muchos constituyó el momento culminante de la historia de la escuela.
Teniendo en cuenta que las actividades ocupacionales se enfocaban, por una parte, al estudio científico de los materiales y procesos que requería su realización, y por otra parte, hacia su función en la sociedad y la cultura, el interés temático por las ocupaciones proporcionaba no sólo la ocasión para una formación manual y una investigación histórica, sino también para un trabajo en matemáticas, geología, física, biología, química, artes, música e idiomas. Como planteaba el mismo Dewey “el niño va
a la escuela para hacer cosas: cocinar, coser, trabajar la madera y fabricar herramientas mediante actos de construcción sencillos; y en este contexto y como consecuencia de
esos actos se articulan los estudios: lectura, escritura, cálculo, etc.” (Dewey, 1972a, pág. 245). La lectura, por ejemplo, se enseñaba cuando los niños empezaban a reconocer su utilidad para resolver los problemas con que se enfrentaban en sus actividades prácticas.
Dewey afirmaba que “cuando el niño entiende la razón por la que ha de adquirir un conocimiento, tendrá gran interés en adquirirlo. Por consiguiente, los libros y la lectura
se consideran estrictamente como herramientas” (Dewey, 1972a, pág. 245). Así, Dewey entendía las experiencias escolares en continuidad con las experiencias del hogar, lugar de aprendizaje por excelencia de todo individuo. En palabras de Dewey:
“Las actividades fundamentales (como esas con las que el niño ha estado en mayor contacto) son aquellas relacionadas con el hogar como centro de protección, refugio, confort, decoración artística y suministro de alimento. (…) De ahí la
importancia educativa que rodea la actividad manual, el acto de cocinar, etc. Tales actividades no son consideradas como habilidades que se dominen de manera separada, sino como la vía a través de la cual el niño puede ganar experiencia social, y también como el mobiliario de los centros más naturales sobre los cuales el material del conocimiento puede ser recogido y comunicado al niño” (Dewey, 1972b, pág. 438).
Vemos cómo la clave de la pedagogía de Dewey consistía en proporcionar a los niños experiencias de primera mano sobre situaciones problemáticas, a partir de vivencias propias y cotidianas, ya que en su opinión “la mente no está realmente liberada mientras no se creen las condiciones que hagan necesario que el niño participe activamente en el análisis personal de sus propios problemas y participe en los métodos para resolverlos al precio de múltiples ensayos y errores” (Dewey, Democracy in education, 1977b, pág. 237).
Aunque la Escuela-Laboratorio fue importante como campo de experimentación de la filosofía de Dewey, su existencia fue también significativa como expresión de su teoría democrática. Los niños participaban en la planificación de sus proyectos, cuya
ejecución se caracterizaba por una división cooperativa del trabajo en la que las funciones de dirección se asumían de manera rotativa. Además, se fomentaba el espíritu democrático, no sólo entre los alumnos de la escuela sino también entre los adultos que trabajaban en ella, pues los maestros participaban en las decisiones que influían en la dirección administrativa de la escuela. En la Escuela-laboratorio, Dewey intentó llevar a la práctica ese tipo de democracia en el trabajo permitiendo que los maestros se reunieran semanalmente para examinar y planificar su trabajo con el fin de desempeñar una función activa en la elaboración y ejecución del programa escolar. En sus propias palabras:
“¿Qué significa la democracia si no que cada persona participa en la
determinación de las condiciones y objetivos de su propio trabajo y que, en definitiva, gracias a la armonización libre y recíproca de las diferentes personas, la actividad del mundo se hace mejor que cuando unos pocos planifican, organizan y dirigen, por muy
competentes y bien intencionados que sean esos pocos?” (Dewey, 1977b, pág. 233). Según estas características, vemos cómo la escuela misma se convierte en una forma de vida social, una comunidad en miniatura, en la cual se reduce y se simplifica la vida social recreando, a la medida del niño, las situaciones en las que se encontraría si fuese ya un adulto. La razón de ser de la escuela no es, para Dewey, la formación del ciudadano del mañana sino la constante reorganización o reconstrucción de su experiencia actual de manera orientada para que desemboque en algún tipo de crecimiento continuo. La escuela debe entonces constituirse como un espacio organizado en el que se fortalezcan las experiencias valiosas o educativas.
Dejando de lado la idea de la educación como una preparación para la vida, la escuela se convierte en el escenario privilegiado donde el individuo vive de manera efectiva y plena aprendiendo a usar sus capacidades para reajustarlas a las nuevas condiciones que se presenten. En ese sentido, la escuela debe cultivar en los individuos actitudes que le permitan adaptarse a las nuevas situaciones que trae consigo la vida. A través de las llamadas ocupaciones, o experiencias que tipifican ciertas situaciones
sociales, los niños de la Escuela-Laboratorio se desenvolvían en un contexto de gran significación vital y, desde allí, se estimulaba la observación, el pensamiento lógico y, especialmente, la capacidad creadora y constructiva del sujeto.
La Escuela-Laboratorio fue la única oportunidad que tuvo Dewey para poner a prueba sus incipientes ideas y teorías filosóficas y pedagógicas. Su experimento, si bien tuvo un notable éxito, terminó por razones burocráticas en 1904. Sin embargo, le permitió guiar sus reflexiones sobre una base empírica y experimentar sobre sus propios planteamientos. Estos, con el tiempo, irán alcanzando una mayor precisión que le permitirán establecer una teoría general de la experiencia cuyos contenidos básicos trataremos a continuación.