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OPERADAS DE CESÁREA EN CENTRO QUIRÚRGICO DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS. PISCO 2018

MANEJO NO FARMACOLÓGICO

PRE TEST POST TEST

Presente Ausente Presente Ausente

% % % % Escucha activa 20 40.0 30 60.0 41 82.0 9 18.0 Interés sincero 15 30.0 35 70.0 40 80.0 10 20.0 Técnicas cognitivo- conductual 15 30.0 35 70.0 40 80.0 10 20.0 Estimulación cutánea 10 20.0 40 80.0 38 76.0 12 24.0 Atmósfera adecuada 29 58.0 21 42.0 44 88.0 6 12.0 Ayuda posición antálgica 20 40.0 30 60.0 41 82.0 9 18.0

Fuente: Base de datos personal

Por los resultados de la prueba estadística el manejo del dolor no farmacológico según características presentan diferencia significativa, observándose en el pre test, mayor cumplimiento en la atmosfera para el manejo del dolor (58%) alcanzándose en menos de la mitad de la población pautas de manejo no farmacológico con menor intervención en la estimulación cutánea. Con la intervención de enfermería en el post test los cuidados se mejoran en un 81.3% promedio. Lo que significa priorizar cuidados con modelos menos biologista y más humanizado que permitan la interrelación enfermera-paciente y con ello visibilizar la profesión.

TABLA N° 10

ACCIONES DE LA INTERVENCIÓN ENFERMERA EN EL MANEJO NO FARMACOLÓGICO DEL DOLOR DE LAS PACIENTES POST

OPERADAS DE CESÁREA EN CENTRO QUIRÚRGICO DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS. PISCO 2018

B. DISCUSIÓN

Las intervenciones enfermeras se han hecho notar desde tiempos inmemoriales, y su importancia radica precisamente en ello, pues, es la enfermera quien permanece en constante interacción con el paciente promoviendo su autocuidado y brindándole cuidados, asimismo asume la responsabilidad directa de prevenir el sufrimiento innecesario del paciente operado.

Es así que se presentan los hallazgos del presente estudio de investigación acerca de la intervención enfermera en el manejo del dolor del paciente post-operado, se observa en el post test que el (84%) de los enfermeros han mejorado muchas de las intervenciones en el manejo de su dolor, tanto en el aspecto farmacológico como en el no farmacológico. De forma general se aprecia que este porcentaje de pacientes recibe las intervenciones necesarias de la enfermera para el manejo del dolor que presentan; todo lo contrario a lo que menciona Ahuanari A., la presencia del dolor se manifiesta con mayor frecuencia cuando no hay un adecuado control de este, por la aplicación incorrecta o la falta de conocimientos de terapias que no utilizan fármacos y de los analgésicos disponibles para el control eficaz del dolor. Al contrastar los resultados se evidencia la necesidad de seguir actualizando y/o mejorando en las intervenciones de la enfermera para un adecuado control del dolor postoperatorio, que incluyan más que un tratamiento analgésico, así no solo se lograría la satisfacción del paciente sino también una mejora más rápida, y evitaría que le provoque una sensación de sufrimiento que probablemente incremente el riesgo de complicaciones post-operatorias.

En el manejo farmacológico del dolor, al observar a la mayoría de las enfermeras durante las intervenciones, predominó el uso de los analgésicos en un 92%, los cuales se usan desde hace mucho tiempo

además de disminuir los costes de hospitalización, mejora la calidad asistencial, disminuye las complicaciones secundarias y proporciona mayor confort. De manera específica en esta dimensión se muestra que el 80% han mejorado la intervención enfermera en la “valoración del dolor” existiendo aun un 20% que no realiza una correcta valoración del dolor y con respecto a esto, Jaramillo M., concluyo lo siguiente: La correcta intervención de enfermería depende primordialmente de una eficaz valoración del grado del dolor del paciente. A pesar de que notamos que existe una cantidad significativa de diferencia entre la valoración del dolor en el pre test y la valoración del dolor en el post test, es de resaltar que han mejorado más de la mitad de enfermeros, siendo a valorar un aspecto primordial a realizar, ya que a partir de esta fase del Proceso de Atención de Enfermería es desde donde comenzamos a planificar el cuidado que debe brindarse al paciente.

Para el indicador “administración de medicamentos para el dolor” se observó en la gran mayoría de pacientes que las intervenciones enfermeras están presentes, nótese que prima este aspecto a pesar de que la administración de fármacos solo es una etapa para el adecuado control del dolor, en contraste con la investigación realizada por Ahuanari A., cuyos resultados fueron similares, concluyendo lo siguiente: Las técnicas para el control del dolor postoperatorio más empleado es la aplicación de analgésicos y las dosis empleadas son insuficientes para el control del dolor, por lo que es conveniente la revisión de los analgésicos y dosis terapéuticas por médicos y enfermeras.

En el indicador “evaluación del efecto del medicamento” se observó que la intervención enfermera está presente en un 82%, pues es un aspecto fundamental en el seguimiento adecuado del paciente, Mendoza M. menciona que la intensidad del dolor debe evaluarse en las primeras 3 horas después del tratamiento del dolor cuando el paciente está en recuperación. Observamos así que de estas 3 formas de la intervención en el manejo farmacológico, prima la administración de medicamentos. Lo

cual nos lleva a pensar que la intervención enfermera podría estar limitándose por dos motivos: el primero, podría deberse a la falta de interés por el tratamiento del dolor del paciente post-operado, asumiendo que es un efecto inevitable; segundo, por el tiempo que tiene la enfermera para dedicar al paciente, pues muchas veces existe una alta demanda de pacientes post-operados y solo una o muy pocas enfermeras para cuidarlos, lo cual dificulta o limita su tiempo de atención.

Asimismo, se mostraron las acciones de la intervención enfermera en el manejo farmacológico, donde en más de la mitad de los pacientes (86%) se observó que los enfermeros han mejorado esta acción. Ahuanari A., en su investigación señalaron que “Se encontró diferencia significativa en la satisfacción del paciente según si recibió o no orientación, con mayor satisfacción en los que recibieron orientación”, lo que corrobora este ítem; poco más de la mitad (70%) señalaron que la enfermera no hace uso de escalas, siendo las escalas consideradas como método clásico de la cuantificación de la percepción subjetiva de la intensidad del dolor.

Por otro lado, en los hallazgos respecto a la intervención enfermera en el manejo no farmacológico del dolor, se observó en el post test que la gran mayoría de las enfermeras (82%) han mejorado las intervenciones, con una diferencia del 18% cuyas intervenciones están ausentes, todo lo contrario a Pacheco L. quien indica como parte de sus conclusiones: … La atención de enfermería no es totalmente de calidad debido a la ausencia de instrumentos o guías eficientes para brindar atención integral y sobre todo por la falta de personal en el área de la URPA. Especificando las acciones de enfermería en el post test se muestra que en el 81.3% han mejorado las intervenciones enfermeras, de las cuales predomina “Proporcionar una atmósfera adecuada” con un 88%; en los 5 indicadores restantes se muestra que la intervención menos usada es “Estimulación cutánea” con un 76% observándose aún un 24% de enfermeros que no

estrategias alternativas no eran efectuadas en su mayoría, esto a su vez demostraría que no se aplicaban sea por desdén hacia el dolor del paciente post-operado o por desconocimiento por parte de las enfermeras respecto a la aplicación de estrategias alternativas para el manejo del dolor.

Contrastamos nuestros resultados con el estudio de Ahuanari A., quién en su investigación encontró que el 60% de los pacientes opinaron que la intervención enfermera en el manejo del dolor es ausente. Manejo farmacológico: 65% indicó que la intervención está presente, el 35% que es ausente; 70% y 60%, respectivamente, indicaron que la “administración de medicamentos” y la “evaluación del efecto del medicamento para el dolor” está presente, 55% que la “valoración del dolor” es ausente. Manejo no farmacológico: 65% que la intervención es ausente y el 35% que está presente; en estrategias alternativas “Proporcionar una atmósfera adecuada”, “Ayudar a adoptar posiciones antálgicas” y “Escucha activa”, el 70%, 60% y 52.50%, respectivamente, respondieron que está presente; en “Estimulación cutánea”, “Interés sincero”, “Uso de técnicas cognitivo-conductuales” y “Utilizar métodos de distracción”, el 87.50%, 67.50%, 62.50% y 52.50%, respectivamente, opinaron que es ausente.

Por ello, la intervención de la enfermera para el control del dolor es de gran importancia, puesto que la mejora del paciente post-operado implica principalmente el alivio del dolor, y con su alivio se desencadena una serie de procesos en beneficio del paciente y con esto también una disminución en costos de hospitalización.

CAPÍTULO V

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