Chapter 5: Methods and Samples
5.6 MATERIALS
Como ya se indicó al inicio de esta tesis doctoral, el concepto de desarrollo sos- tenible se refiere a “aquél que satisface las necesidades del presente sin com- prometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades” (Informe Brundtlan, 1987, p. 23). La forma en que las empresas y organizaciones aportan a ese desarrollo sostenible se denomina sostenibili- dad corporativa y ha sido definida por el Dow Jones Sustainability Index (DJSI) como “un enfoque de negocio que persigue crear valor a largo plazo para los accionistas mediante el aprovechamiento de oportunidades y la gestión eficaz de los riesgos inherentes al desarrollo económico, medioambiental y social” (ci- tado por Pinillos & Fernández (2011, 5-6).
A día de hoy, cada vez más empresas y organismos utilizan ese término de sos- tenibilidad para referirse a su compromiso a largo plazo con la sociedad y el medio ambiente. Parece que se ha evolucionado desde una perspectiva estraté- gica de la responsabilidad social de las empresas hacia un concepto más amplio tanto en profundidad como en contenido (Pinillos y Fernández 2011).
En profundidad en la medida en que el horizonte temporal que abarca ese com- promiso ha pasado de una visión medio-placista a una visión a largo plazo que permita garantizar la sostenibilidad no solo de los recursos, sino en primer lugar de la propia organización. También se trata de ampliar el contenido del compromiso incorporando no solo a los partícipes (stakeholders), sino valoran- do incluso las aportaciones de las organizaciones a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas.
La forma práctica en la que las empresas han incorporado el concepto de sos- tenibilidad a sus sistemas de gestión ha sido a través de la “triple bottom line”, que consiste en extender la contabilidad tradicional, que muestra la rentabili- dad neta global, a una cuenta de “triple resultado” que incluye los aspectos eco- nómicos, sociales y ambientales de la organización (Elkington 1999, Garriga & Melé 2004). Elkington (1999) hablaba de la Triple Cuenta de Resultados (Triple Bottom Line TBL, en inglés), para intentar ampliar la agenda ambiental e inte- grar también los aspectos económicos y sociales. De esta manera se incluyen los beneficios económicos (profits), a las personas (people) y al planeta (planet) para medir el desempeño y el éxito de una organización de una manera más consistente y coherente ( (Epstein 2008).
En concreto, Elkington (1999) se propone ampliar el concepto de sostenibili- dad incluyendo tres principios en los que debe basarse el desarrollo sostenible: integridad ambiental, equidad social y prosperidad económica. La integridad ambiental se refiere a promover prácticas que no comprometan los recursos ambientales para las generaciones futuras. La clave es la protección de la capa- cidad de regeneración limitada de un ecosistema. Por ejemplo, las organizacio- nes empresariales pueden contribuir reduciendo las emisiones o la degradación del medio ambiente o produciendo servicios y bienes con orientación ecológica (Harris 2000, Artaraz 20019872, Sanjuán. 2006, Eriksen et al., 2011)91cd»]}],»- mendeley»:{«formattedCitation»:»(Eriksen et al., 2011) .
La equidad social hace referencia a las personas, garantizando prácticas bene- ficiosas y justas para el mercado laboral y la sociedad. Al construir relaciones transparentes, promover salarios justos o dar cobertura de atención médica, una organización puede centrarse en su interacción con la comunidad mientras crea valor. Las empresas deben contribuir garantizando que todos los miembros de la sociedad tengan igual acceso a los recursos y oportunidades (Lourenço, Callen, Branco & Curto 2014
Finalmente, la prosperidad económica se refiere al impacto en el sistema eco- nómico, vinculando el crecimiento de la organización a la prosperidad econó- mica general y promoviendo el apoyo de las generaciones futuras. Las empresas deben garantizar su viabilidad en el futuro manteniendo su competitividad en entornos dinámicos (Bocken, Short, Rana & Evans 2014).
La consistencia y la coherencia son inherentes al concepto de sostenibilidad propuesto por Elkington, ya que la TBL se basa explícitamente en la integración de las tres líneas o dimensiones, poniendo el mismo énfasis en todas ellas. Sin embargo, se requiere el equilibrio, ya que los tres pilares representan una con- dición necesaria pero no suficiente para un desarrollo sostenible (Bansal 2005). Por eso, aunque la perspectiva de TBL implica equilibrar los aspectos de soste- nibilidad ecológica, social y económica bajo el supuesto de que cada una de las tres líneas debe ser viable y saludable (Bocken et al. 2014), para las empresas supone un reto de gestión integrar objetivos económicos, sociales y medioam- bientales a la vez en una estrategia de gestión sostenible.
El concepto de desarrollo sostenible se caracteriza inherentemente por comple- jidades y tensiones paradójicas que surgen entre y dentro de los elementos “eco- nómicos”, “ecológicos” y “sociales” (Kozica & Kaiser 2012, 248) ya que el aumento de la sostenibilidad de un sistema radica en la capacidad de equilibrar varios objetivos. Las compensaciones son inevitables (Sahely, Kennedy & Adams 2005, 74). Sin embargo, la clave es tener un sistema bien definido y utilizar un enfoque sistémico para resolver la función objetivo.
El enfoque sistémico potencia la práctica del aprendizaje a nivel individual, grupal y organizacional y una cultura de exploración e innovación, que implica una receptividad a nuevas ideas, propiciando oportunidades para practicar las habilidades que ponen los aprendizajes en acción (Olsen y Haslett 2002), y es un enfoque práctico que se puede aplicar a las organizaciones para garantizar su sistematicidad y flexibilidad (Segatto, de Pádua & Martinelli 2013). Es algo importante porque en esta era de transformación digital, la capacidad de res- ponder rápida y estratégicamente a cambios impredecibles puede determinar el éxito o el fracaso de la empresa (Ansoff y Kipley 2018).
Entendemos que aquellas empresas que cuenten en sus filas con líderes biomi- méticos, estarán en mejores condiciones para realizar una gestión estratégica que coordine e integre coherentemente las tres dimensiones de la sostenibili- dad: económica, social y medioambiental. Según hemos caracterizado a los líde- res biomiméticos, estos actúan desde una visión holística que trata de atender las necesidades de todos los grupos implicados e integrar todas las perspectivas. Por ello, nuestra hipótesis general se concreta en la siguiente sub-hipótesis de investigación:
Hipótesis 1: El liderazgo biomimético afecta positivamente a la ges- tión estratégica en sostenibilidad, entendida como enfoque sistémico que integre objetivos sociales, medioambientales y económicos de la organización.