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Mathematical programming and agent based models for ecological economic modelling

B. subterraneous UK BAP spp Extinct, currently undergoing reintroduction at Dungeness

4.4. Mathematical programming and agent based models for ecological economic modelling

perspectivas

Como hemos dicho en el subapartado anterior, nuestro trabajo de investigación se centra en el estudio de la conectividad en el discurso. En este ámbito, nos abocamos al nivel de conexión extraoracional, ya que en él operan los MD del español. Según la definición de Martín Zorraquino y Portolés (1999), estos constituyen:

unidades lingüísticas invariables, no ejercen una función lingüística en el marco de la predicación oracional –son, pues, elementos marginales– y poseen un contenido coincidente en el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la comunicación (p. 4057).

16 Si bien es cierto que funcionan como marcas del procesamiento de la información o como refuerzos del decir mientras se produce el discurso oral (Briz, 2001), dichas funciones también pueden ser realizadas por otros tipos de recursos lingüísticos como verbos, sustantivos, adjetivos, pronombres, etc. Además, nuestro objetivo central es comparar el uso de recursos de conexión extraoracional en textos orales y escritos (véase capítulo III), por cuanto no resulta pertinente detenernos en un minucioso análisis fonético.

De este modo, el concepto de MD se refiere a una clase funcional de palabras que

señalan o “marcan” lingüísticamente instrucciones específicas entre “bloques informativos” –o cláusulas–, para que los interlocutores puedan interpretar acertadamente el contenido

del mensaje (Martín Zorraquino, 2008; Portolés, 2001). En este sentido, los MD son “herramientas” que llevan a cabo un doble propósito. Por un lado, expresan actitudes y puntos de vista del hablante –o escritor– en función de un contexto tanto discursivo como mental17 y, por otro lado, orientan el proceso informativo al emprenderse la comunicación

(Martín Zorraquino, 2008, 2010; Portolés, 2001), como explicaremos en el transcurso de este apartado.

La bibliografía sobre MD expone una abundante nomenclatura para designarlos, lo cual se justifica por el foco teórico desde el que se aborda el estudio de este recurso lingüístico (Garcés Gómez, 2008; Loureda & Acín, 2010; Pons Bordería, 1998). Entre los términos que documenta la bibliografía se encuentran:

 Ordenadores del discurso (Alcina & Blecua, 1975; Porroche Ballesteros, 2001);

 Enlaces extraoracionales (Fuentes, 1987; Gili Gaya, 2000; Pons Bordería 1995; Porroche Ballesteros, 2001);

 Conectivos (Mederos,1988);

 Conectores extraoracionales (Cortés, 1991);

 Elementos de cohesión (Martín Zorraquino, 1991);

 Partícula discursiva (Martín Zorraquino, 1992; Briz, Pons & Portolés, 2008; Loureda & Acín, 2010);

 Partículas modales (Martín Zorraquino, 1992);

 Operadores discursivos (Casado, 1993);

 Enlaces textuales (López García, 1994);

 Relacionantes supraoracionales (Fuentes, 1996);

Conectores (Pons Bordería,1998);

 Conectores pragmáticos (Briz, 2001);

 Conectores y Secuencias conectivas (Montolío, 2001, 2014);

 Conectores textuales o parentéticos (Cuenca, 2010); y

17 Martín Zorraquino (2008) lo define como un conjunto de creencias provenientes del contenido de los mensajes enunciados, de la percepción de una situación o de experiencias pasadas que permanecen en la memoria.

 Marcador del discurso (Martín Zorraquino & Portolés, 1999; Portolés, 1993, 2001).

El término más utilizado en la actualidad es el de marcador del discurso o marcador

discursivo,18 a partir de la publicación del capítulo Los marcadores del discurso, Martín

Zorraquino y Portolés (1999) en la Gramática descriptiva de la lengua española (Bosque & Demonte, 1999) y del libro Marcadores del discurso, Portolés (2001) (López Serena & Borreguero Zuloaga, 2010; Loureda & Acín, 2010). Así, constatamos su uso en los trabajos de autores como Borreguero Zuloaga (2011, 2012, 2015), Calsamiglia y Tusón (1999), Cuenca et al. (2011), Domínguez García (2002, 2010), Garcés Gómez (2008), López Serena y Borreguero Zuloaga (2010), Loureda y Acín (2010), Loureda, Nadal y van Vliet (2011), Loureda, Cruz y Grupo Diskurspartikeln und Kognition (2013), Martín Zorraquino (2008, 2010), Montolío (2008), Murillo (2010) y Porroche Ballesteros (2002).

Por lo que respecta a nuestro trabajo de investigación, nos sumamos a Martín Zorraquino y Portolés (1999) y a Portolés (1993, 2001) y optamos por el término marcador discursivo. Parafraseando a Martín Zorraquino y Portolés (1999) creemos que es el más adecuado para describir nuestro objeto de estudio por las siguientes razones: (1) no todos los MD son conectores, ordenadores u operadores –o focalizadores– de cláusulas para llamarlos así en su conjunto (véase capítulo VI); (2) los MD tienen la capacidad de cohesionar el discurso, pero la cohesión constituye solo una de sus propiedades. Al respecto, creemos, junto con Martín Zorraquino y Portolés (1999), Montolío (2001) y Portolés (1993, 2001) que, si bien los MD especifican las relaciones semánticas subyacentes entre cláusulas y desde esta óptica le otorgan unidad al texto, su alcance funcional supera la cohesión textual, pues tienen una gran relevancia semántico-pragmática (véase apartado 2.3.); y (3) a pesar de que muchos MD tienen función modalizadora, no son los únicos elementos lingüísticos que la poseen ni tampoco la modalización es su principal característica. Además, el término MD es el que utilizan López Serena y Borreguero Zuloaga (2010) en su clasificación, la cual seguimos como base para llevar a cabo nuestro análisis (véase apartado 5.1. en el capítulo V).

18 Este término tiene su origen en el trabajo de los lingüistas norteamericanos Labov y Fanshel (1977) y fue popularizado por Schiffrin (1987) en su libro Discourse markers (Pons Bordería, 1998). Para Garcés Gómez (2008), la preferencia por el término MD –entre los lingüistas españoles– reside

en su amplitud para designar relaciones textuales asociadas a la organización discursiva local –cohesión– o global –coherencia–, a distintos tipos de marcaje (p. ej., entre dos o más cláusulas

explícitas o entre dos cláusulas, una explícita y otra implícita), a las modalidades de producción oral y escrita y a los planos interactivo y monológico.

A continuación, expondremos una síntesis de las principales corrientes teóricas que han enriquecido el concepto y el alcance de los MD en la construcción del discurso: la lingüística del texto (Halliday & Hasan (1976), la teoría de la relevancia (Sperber & Wilson, 1986) y la teoría de la argumentación en la lengua (Anscombre & Ducrot, 1994).

En el transcurso de las décadas de 1970 y 1980, la lingüística del texto dirigió su atención hacia el estudio de constituyentes gramaticales (Montolío, 2008) que se articulan en el texto, por cuanto este enfoque implicó el paso de la lingüística oracional, centrada en las funciones de los constituyentes oracionales (Garcés Gómez, 2008; Loureda & Acín, 2010; Montolío, 2008; Pons Bordería, 1998; Portolés, 2001), a una “nueva sintaxis que pugnaba por romper los límites que le imponía la oración como unidad máxima” (Loureda & Acín, 2010, p.17). En este escenario, los MD se definen como mecanismos de cohesión y coherencia textuales por excelencia (Montolío, 2001, 2008; Pons Bordería, 1998), con lo cual no solo se confirma la existencia de la unidad denominada texto, sino que ambas propiedades lo definen en buena parte (Montolío, 2008), ya que el funcionamiento de la mayoría de MD solo puede explicarse en un nivel extraoracional (Portolés, 2001). Por otro lado, la teoría de la relevancia19 se revela como un modelo pragmático que pretende

explicar cómo los hablantes/escritores interpretan los enunciados –o cláusulas–. Sostiene que la comunicación humana es, esencialmente, inferencial.

Esto significa que no solo interpretamos la información expresada en una forma lingüística o gramatical, sino que además interpretamos señales que nos permiten inferir la información contextual que no está codificada y, por ende, reconocer cuáles son las intenciones comunicativas.

Esta capacidad de procesar formas lingüísticas para obtener de ellas inferencias o interpretaciones se rige por un principio cognitivo llamado principio de relevancia20

(Montolío, 2008). Gracias a él, podemos seleccionar información nueva y pertinente que favorece la construcción e interpretación de contextos físicos o mentales –conjunto de suposiciones conformado por creencias, saberes, culturas, competencia sociolingüística, experiencia de vida cotidiana, el conocimiento enciclopédico del mundo, recuerdos personales e inclusive emociones– con el menor esfuerzo cognitivo (Montolío, 2008).

19 Esta teoría explica cómo los seres humanos procesan la información en un acto de comunicación verbal. Desarrolla el concepto de comunicación inferencial que se centra en el principio de relevancia (Montolío, 2008). Para una revisión completa de esta teoría, véase Sperber y Wilson (1986).

20 Procede del principio de cooperación creado por Grice (1975), el cual explica las normas generales por las que se rige la comunicación verbal. Dichas normas se traducen en las siguientes máximas de conversación: (1) cantidad –proporciona toda la información necesaria y no más de la necesaria–,

(2) cualidad –no afirma falsedades y no avala información sin la tenencia de pruebas–, (3) relación –considera la pertinencia– y (4) manera –procura orden, claridad, concisión y evita ambigüedades–

Al extrapolar el funcionamiento de este principio al terreno de los MD, constatamos que sus formas lingüísticas constituyen un conjunto de instrucciones específicas –o de información pragmática– que nos indican cómo debemos interpretar el contexto al cual pertenecen las cláusulas que los contienen. Por ello, explica Montolío (2008) que, desde esta corriente teórica, la función consustancial de los MD es guiar el “recorrido inferencial” (p. 109) mediante la aprobación de unas inferencias o la desaprobación de otras que pudieran resultar equívocas. De ahí que el uso de un MD solo es relevante si el hablante –o escritor– es capaz de inferir información que dilucide cuál es la relación entre las cláusulas vinculadas. Si comparamos los ejemplos 14 y 15, procedentes de Montolío (2008, p. 107), notaremos que esta condición solo se cumple en el segundo de ellos, dado que para el colectivo de los españoles existe una asociación entre los cantaores del flamenco y Andalucía, región de la cual suelen proceder (Montolío, 2008).

(14)“–#Es noruego; sin embargo,21 es científico”.

(15)“–Manuel es un cantaor de los de verdad; sin embargo, toda su familia es vasca”.

Esta idea amplía el conocimiento de las funciones de los MD y, a su vez, evidencia la estrechez con la cual se ha concebido este recurso lingüístico. De este modo, los relevantistas consideran que la ausencia de MD no anula obligatoriamente la relación semántica y pragmática entre cláusulas y, por tanto, el sentido que expresan las cláusulas conserva su unidad, como lo adelantamos arriba. También, han advertido que la inserción de un MD no asegura la inteligibilidad de las cláusulas, de ahí que concluyan que la cohesión no es una condición indispensable para que un texto sea comunicativamente eficaz (Montolío, 2001, 2008).

En último lugar, la teoría de la argumentación en la lengua,22 principalmente

semántica, asume que todos los recursos lingüísticos están dotados de un significado argumentativo que favorecerá la obtención de algunas inferencias o conclusiones e impedirá otras; por ello, dicho significado condiciona la continuación o progresión del discurso (Portolés, 2007, 2008).

21 Pertenecen al texto original los subrayados, las cursivas y las negritas concernientes a ejemplos, salvo que indiquemos lo contrario.

En el ámbito de los MD esta teoría ha indagado sus instrucciones argumentativas (Portolés, 2007, 2008). Así, el significado de este recurso lingüístico puede explicitar la coorientación argumentativa que haya entre dos o más cláusulas, o bien, explicitar la antiorientación argumentativa (Portolés, 2008, 2007) (véanse ejemplos 16 y 17). Asimismo, el significado de los MD coorientados puede organizar el contenido de las cláusulas en una escala según su “fuerza” argumentativa sea mayor o menor (Portolés, 2007, 2008). En el ejemplo 18, la cláusula precedida por es más tiene más fuerza argumentativa que la primera, porque no solo reconoce la inteligencia de un individuo, sino que además apela a una característica superior en él (Portolés, 2007). De manera similar, en el ejemplo 19 la cláusula introducida por ni siquiera tiene más fuerza argumentativa que la primera, debido a que su significado niega cualquier expectativa que pudiera haberse derivado del contenido de las cláusulas (Montolío, 2014).

(16)“Ve poco y por tanto lleva gafas” (Portolés, 2008, p. 79).

(17)“Estoy delgado sin embargo como mucho”

(Portolés, 2008, p. 79).

(18)“Es inteligente. Es más, tiene un talento fuera de lo común” (Portolés, 2007, p. 262).

(19)“Juan no tiene casa propia y ni siquiera tiene coche”

(Portolés, 2008, p. 85).