Table: 7.3 Formulating the plan for action
8 The Maturing Phase: Implementation of the action plan 1 Introduction
A partir de la segunda postguerra y a diferencia de lo acontecido hasta enton- ces, la política social se vincula a objetivos económicos. Las exigencias sociales y económicas determinaron que las políticas de postguerra y de las décadas siguien-
ELESTADODEBIENESTAR
nómico y, además, en que éste se orientase hacia la consecución del bienestar. En estos años, según se reitera en diferentes declaraciones y convenios internaciona- les, se generaliza la idea de que la pobreza, además de ser un problema económico, también lo es político, porque la paz tiene que basarse en la justicia social (Rubio Lara, 1991: 205 y ss.).
Un aspecto que hay que tener en cuenta en esta fase de consolidación es la repercusión práctica de las teorías que justificaron el intervencionismo estatal en la economía. La teoría keynesiana proporcionó el fundamento económico para que las propuestas de reforma pudiesen traspasar el ámbito teórico y penetrasen en la realidad, ya que de sus postulados se desprendía una importante guía programáti- ca para coordinar el bienestar social con la acumulación capitalista. Las circuns- tancias en las que Keynes elaboró su teorías estuvieron, en parte, determinadas por la crisis económica de los años treinta, sobrevenidas por la insuficiencia de la demanda para absorber la oferta global y sus consecuencias de bajos niveles de consumo y producción, así como elevados índices de paro. Todo ello puso a prueba los postulados de la economía neoclásica.
Si Keynes pretendió revolucionar «la forma en que el mundo piensa sobre los problemas económicos», no cabe dudas de que sus esfuerzos no fueron baldíos. A diferencia de los economistas neoclásicos, Keynes negaba que el sistema económi- co se autorregulase. Los neoclásicos habían sostenido que el paro era consecuencia de los desequilibrios del mercado de trabajo y que el exceso en la oferta de este factor se corregía con la disminución de los salarios. Por el contrario, para Keynes el desempleo es consustancial al mercado y su causa es la insuficiencia de la demanda colectiva. Se trataba, por lo tanto, de una formulación radicalmente dis- tinta, pues desde los tiempos de Say y de Ricardo, se había rechazado que fuese posible la insuficiencia de la demanda, ya que toda oferta, cualquiera que sea su magnitud, crea su propia demanda. Desde Keynes es una idea aceptada por la polí- tica económica que el aumento de la producción y de la productividad sólo tienen sentido si aumenta al mismo tiempo la demanda efectiva. El mecanismo del mer- cado no iguala automáticamente la oferta y la demanda, de ahí la importancia que da Keynes al estímulo estatal.
En opinión de Keynes, el ahorro en lugar de facilitar, en ocasiones, el creci- miento de la riqueza puede constituir un obstáculo. Por ello defendió que las medi- das orientadas a la redistribución de los ingresos, de forma que aumentase la propensión a consumir, favorecían el crecimiento. En concreto, sostuvo que el sistema impositivo y la tasa de interés son medios sobre los que el Estado debía influir para favorecer el consumo. Fueron precisamente los fallos del sistema eco- nómico los que justificaron el carácter social de las propuestas keynesianas. En apariencia, éstas parecían lograr lo imposible, es decir, compaginar la justicia
TEORÍADELESTADO I: ELESTADOYSUSINSTITUCIONES
social con el crecimiento del capital, su objetivo último era defender los principios del capitalismo, corrigiendo los disfunciones que lo ponen en peligro.
La política macroeconómica que se inspiró en esta teoría y que, con unos u otros matices, fue aceptada por los gobiernos de la segunda postguerra, favoreció el desarrollo de los servicios sociales públicos que, al suponer una transferencia extramercantil y disminuir ciertos gastos individuales, aumentaron la capacidad de consumo. Además, los programas gubernamentales se orientaron al logro del pleno empleo. En definitiva, las políticas adoptadas tuvieron como resultado un cambio en la dirección económica. El nuevo orden económico, mediante una mayor influencia de las autoridades públicas, se planteó el objetivo del crecimiento en íntima relación con el desarrollo del bienestar, del que el constante aumento de los gastos sociales es una manifestación. En este sentido, señala Heiman «se conservó el capitalismo reduciéndolo... Se hizo menos capitalista, pero así logró que perma- neciera algo de él y que la sociedad se salvara. El capitalismo se reformó únicamen- te para no perecer, pero de todos modos se reformó» (Heiman, 1968). En la década de los cincuenta otros economistas, como Paul Samuelson estudiaron los fallos del mercado, es decir, las deficiencias del funcionamiento libre del mercado y desarro- llaron la teoría moderna del gasto público.
El objetivo de crecimiento económico se alcanzó ampliamente. Los países industrializados de Europa Occidental disfrutaron, a partir del decenio 1950-1960 de una etapa de prosperidad sin precedentes. Lo que no excluye que entre 1954 y 1964 se produjesen fluctuaciones, pero sus dimensiones fueron débiles. Tampoco el crecimiento, aunque generalizado, fue igual de rápido en todos los países. En general, con independencia de las diferencias, Europa experimentó un crecimiento económico más rápido y sostenido que en otros períodos. Las causas que lo deter- minaron es una cuestión controvertida. Para algunos autores, una razón importan- te se debió a la actividad de los gobiernos, orientada a mantener niveles elevados y constantes de la demanda y de la inversión. Otros consideran que fue fruto del azar (Maddison, 1981:87). Por último, hay quien defiende que tuvieron mayor impor- tancia los sistemas de seguridad social para estabilizar la demanda, y, por lo tanto, para estimular el crecimiento, que los resultados obtenidos de la política macroeco- nómica (Ward, 1981: 331). Pero en resumidas cuentas, la economía europea y norteamericana crecieron a tasas muy altas desde el fin de la guerra mundial.