evidentes algunos
efectos negativos
derivados de la
política económica
y de los mecanismos
asociados a ella, con
repercusiones en el
ámbito social.
En salud, habían
aumentado las
quejas de la
población, sobre
todo, en la capital,
en relación con el
servicio ofrecido
TABLA 7.4
Evolución de las diez principales causas de muerte
CAUSA
Enfermedades del corazón Tumores malignos Enfermedades diarréicas Enfermedades de la infancia Enfermedades cerebro-vasculares Influenza y neumonía Homicidios Accidentes Tuberculosis Nefritis y nefrosis
Enfermedades de las arterias, arteriolas y vasos capilares
Suicidios y lesiones autoinfligidas Diabetes mellitus
Bronquitis, efisema, asma
Cirrosis y otras enfermedades crónicas del hígado
Número de orden 1 2 3 4 5 6 7 8 9 1 0 --- --- --- --- --- 1958 1 2 --- --- 3 5 --- 4 --- --- 6 8 7 1 0 9 1997 Cuba 1995 MINSAP 1998a
Todas las embarazadas reciben atención prenatal y prácticamente el total de los partos ocurre en instituciones hospitalarias y con una atención adecuada. Asimismo, Cuba clasifi- ca como un país de bajo riesgo reproductivo, de acuerdo con el Population Action Inter-
national (PAI 1995).3 Sin embargo, aún se ob-
serva un abuso de la interrupción del emba- razo como medio para evitar los hijos no desea- dos, que a pesar de la tendencia a la reducción, alcanza un nivel de 52 por cada 100 partos (MINSAP 1998a). A esta situación se suman insuficientes opciones anticonceptivas (MIN- SAP 1996) y problemas asociados a las con- ductas sociales, como es la relación tasa de nupcialidad /tasa de divorcialidad (ONE 1999).
3. Population Action International (1995) estable- ció el Indice de Riesgo Reproductivo, el cual se elabora sobre la base de un conjunto de indicado- res seleccionados y adquiere valor entre 0 y 100, más alto en tanto mayor es el riesgo reproductivo. El resultado para Cuba fue de 18,5 (PAI 1995).
Se ha preservado el Programa Nacional de Inmunizaciones y se ha mantenido erradi- cadas la poliomielitis, la difteria y el tétanos del recién nacido. En 1996, el 98.5% de los ni- ños cubanos menores de dos años quedó pro- tegido contra diez enfermedades transmi- sibles: difteria, tétanos, tosferina, sarampión, rubéola, parotiditis, hepatitis B, meningitis meningocóccica, tuberculosis y poliomielitis. De hecho, el perfil epidemiológico refleja las tendencias originadas por la política social. En Cuba se ha erradicado la poliomielitis (1962), la meningitis tuberculosa (1971), el tétanos neonatal (1972), la difteria (1979), el síndrome de rubéola congénita y la meningoencefalitis por parotiditis (ambas en 1989) y el sarampión (1993). La tosferina, la rubeóla, el tétanos y la parotiditis no constituyen problemas de salud por lo ínfimo de sus tasas de incidencia (CIEM 1997).
Excepto en dos casos (influenza y neumo- nía), las enfermedades infecto-contagiosas no aparecen ya entre las principales causas de muerte. Estas son, en la actualidad, las enfer- medades del corazón, los tumores malignos, las enfermedades cerebrovasculares y los accidentes, patrón de mortalidad típico de países más desarrollados (MINSAP 1998a.)
No obstante, la contracción económica ha tenido su reflejo en las condiciones de vida y, con ello, en la incidencia de las enfermedades transmisibles. La tasa de mortalidad por enfer- medades infecciosas y parasitarias entre 1993 y 1995 ascendió a niveles superiores que los registrados en la década de los años ochenta, aunque ya se observa una tendencia a la re- ducción (MINSAP 1998a y MINSAP 1998b). También aumentó la incidencia de enfer- medades transmisibles, como la hepatitis, la tuberculosis, las enfermedades diarréicas y respiratorias agudas, y las enfermedades de transmisión sexual.
Asimismo, se está trabajando en la pre- vención y control de las principales zoonosis de importancia médica, en tanto se manifiesta una alta morbilidad y letalidad por leptos- pirosis humana y alta morbilidad de rabia ani- mal (MINSAP 1997).
Entre los problemas de salud depen- dientes de comportamientos y estilos de vi- da, la atención de las enfermedades de transmi- sión sexual es considerado un problema priori- tario (MINSAP 1996). La sífilis, por ejemplo, muestra una tendencia ascendente: en 1997, la tasa de casos notificados fue más de tres veces superior a la de 1980 (MINSAP 1998a). El envejecimiento poblacional supone una atención particular al creciente grupo de perso- nas de la tercera edad. En la tendencia al enve-
105
SALUD, VIVIENDA Y MEDIO AMBIENTE
jecimiento poblacional han influido los cam- bios en los perfiles de morbilidad y mortali- dad, el aumento de la cobertura inmunológi- ca, el mantenimiento de bajas tasas de morta- lidad general (7.0 defunciones por cada 1 000 habitantes en 1997), el descenso sostenido en la tasa de mortalidad infantil y en la tasa global de fecundidad, acompañado de una tasa bruta de reproducción por debajo del nivel de reem- plazo (0.76 hijas por mujer en 1997). La espe- ranza de vida al nacer es de 74.8 años (ONE 1999).
Por otro lado, es indudable la estrecha re- lación entre la situación nutricional y de salud de la población. Desde los años sesenta, en Cuba se logró eliminar la desnutrición como fenómeno social, y hasta 1989 se produjo un aumento sostenido del suministro energético dentro de adecuados parámetros nutricionales. A partir de 1989, sin embargo, y por las ra- zones ya explicadas, los indicadores vin- culados con la situación nutricional han tenido un comportamiento más inestable4 y una ten-
dencia al consumo de alimentos de mayor con- tenido calórico.
El Estado ha realizado importantes es- fuerzos para mantener, aunque con res- tricciones, las vías de distribución vinculadas a la política social (venta de productos nor- mados a precios subvencionados, alimen- tación a precios módicos en los centros esco- lares y comedores obreros, alimentación gra- tuita en las instalaciones de salud) y, en la actualidad, garantiza casi dos terceras partes de los requerimientos medios nutricionales de la población cubana (Ferriol y Carriazo 1998). La alimentación ha sido, en efecto, uno de los aspectos de las condiciones de vida más afectados por la crisis económica. Entre 1988 y 1990, se reportaba una oferta calórica diaria de 3 130 calorías, la cual cubría el 137 % de las necesidades nutricionales. Para este período, en América Latina y el Caribe las cifras eran de 2 690 y 114%, respectivamente (Lee 1995). En 1993, el consumo promedio de energía de la población cubana fue de 1 863 calorías y 46 gramos de proteínas, que representan, res- pectivamente, el 78% y el 64% de las necesidades medias. Entre 13 nutrientes con- siderados, el de mayor déficit es el de las gra- sas, que satisface sólo el 35% de las nece- sidades. Esta situación refleja un deterioro del estado nutricional de la población, y está siendo enfrentada en correspondencia con el
alto nivel de organización alcanzado por la so- ciedad cubana (MINSAP 1993).
A las dificultades nutricionales se añade el desconocimiento de la familia, parti- cularmente de las mujeres, de patrones ade- cuados de distribución alimentaria. An la ca- nasta básica no hay diferencias en la asig- nación de alimentos por sexos y, por lo ge- neral, la familia desconoce la necesidad de tal alimentación diferenciada (por ejemplo, para favorecer a la mujer adolescente y en el cli- materio). Es frecuente, por otra parte, que en la distribución de los alimentos, la mujer fa- vorezca a sus hijos, a los ancianos y a su es- poso.
De cualquier forma, la crítica situación en términos de disponibilidades de alimentos ha tenido impacto en los indicadores de salud. Por ejemplo, la epidemia de neuropatía epi- démica (1992-93), cuyo origen es objeto de dis- cusión, tuvo una mayor incidencia por el de- terioro abrupto de la dieta. Logró ser contro- lada como epidemia y, desde 1994, sólo se ha comportado de manera endémica y con una tendencia descendente.
Esta epidemia constituye una de las ex- presiones más claras del efecto de la crisis eco- nómica sobre el estado de salud de la población y, al mismo tiempo, ha sido una clara muestra de la voluntad política del Estado de preser- var las conquistas alcanzadas en salud (MIN- SAP 1996). Motivó una notable inversión no sólo en medidas profilácticas, como el de pro- veer un complemento vitamínico a toda la po- blación (gratuito durante la epidemia y, con posterioridad, a bajos precios), sino en el mejo- ramiento de la atención asistencial y la inves- tigación.
El estado nutricional de las embarazadas también se ha visto afectado. Se ha manifes- tado una tendencia ascendente de la propor- ción de embarazadas que comienzan la gesta- ción con un peso deficiente ( 8.7% en 1990; 10.5% en 1994; 24.5% en 1997). En este último año, el 19.3% de las gestantes tuvo una ganan- cia de peso insuficiente durante el embarazo, y el 31.7% mostraba anemia en el tercer tri- mestre del embarazo. Tanto la tasa de em- barazadas que comienzan la gestación con un peso deficiente, como la de las que tienen una ganancia de peso insuficiente durante el em- barazo, son superiores a la meta del Programa para el 2000 (Cuba 1997 b).
El bajo peso al nacer (recién nacidos, cuyo peso es inferior a 2 500 gramos), constituye otro claro ejemplo de los efectos de la alimen- tación insuficiente. Este indicador tiene un comportamiento muy sensible en relación con el estado nutricional de la madre, e incide direc-
4 Una idea más precisa de las afectaciones, se tiene si se conoce que a fines de los ochenta, Cuba im- portaba de los países socialistas alrededor del 60% de las proteínas y más del 50% de las calorías consu- midas por la población.