Como hemos visto, los conflictos pueden ser asimilados o canalizados por las estructuras sociales de manera positiva, pero en la mayoría de casos los grupos no encuentran mecanismos institucionales para canalizar sus demandas y recurren a impactar a al espacio público como un mecanismo para que tengan existencia pública, especialmente los grupos que tienen menos poder. Esto es evidente por ejemplo en los conflictos ambientales donde los campesinos no tienen la capacidad de las empresas mineras de contratar firmas de abogados y anunciar por los medios sus puntos de vista, en cambio, recurren a acciones para que los medios visibilicen el conflicto, que de otro modo seguiría en una fase de desequilibrio de poder. En otras palabras, la visibilidad pública de los conflictos es clave en sus dinámicas y es allí donde los medios tienen mucha importancia pues la visibilidad que le dan los medios es un camino para incidir en la toma de decisiones.
Los conflictos sociales en su etapa latente no son visibles a nuestros ojos, sino en tanto algún actor individual o colectivo lo evidencia, o en tanto exprese o actué en contra de otro grupo social. Para la opinión pública y en ocasiones para las esferas
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gubernamentales, los conflictos latentes se mantienen en la sombra pública, fuera de las decisiones gubernamentales y del campo de opinión de los ciudadanos, lo que suele suceder es que en muchos casos se identifica que algo esta pasando pero no se puede precisar qué. El embalsamiento del conflicto, caracterizado por el desarrollo de dinámicas psicocognitivas (estereotipos, aversión, deshumanización) ocurren fuera de la esfera pública.
En varios conflictos se ha reportado que los comunicadores locales si participan de la visibilidad pero como partes secundarias (De Echave et al 2006), pero dado que muchas de las problemáticas de los conflictos socioambientales no se resuelven en las instancias distritales provinciales o incluso regionales, pues no tienen competencias, es necesaria la participación de organismos nacionales como la OEFA para asuntos relacionados a la contaminación, de la INGEMMET para los temas relacionados a los títulos de las concesiones mineras.
Algunos organismos Nacionales como INGEMET ha transferido competencias a los gobiernos regionales pero estas competencias son para la tramitación de expedientes de concesiones de las empresas exploradoras y mineras, en la perspectiva de acelerar el otorgamiento de las concesiones. También hay un esfuerzo de la OEFA por crear un canal de comunicación llamado SINADA (por Web, teléfono, Fax, correo postal) para hacer denuncias ambientales pero este sigue concentrado en Lima y ha sido difundido muy poco. Algo similar pasa con la OGCS de la PCM que no tiene oficinas descentralizadas y que opera en función de las unidades de gestión de conflictos existentes en los sectores (MINEM, MINAG, MAM, ANA), que no coordinan, se superponen, predominando la misión del MINEM (fomentar la inversión minera) y por lo tanto suelen postergar la atención al conflicto, deslegitimar las demandas, mandar funcionarios sin capacidad de toma de decisión, etc. (Huamani et al 2012).
En otras palabras, dado el centralismo en la gestión de los conflictos la visibilidad que se obtiene a nivel local, provincial y regional no basta para resolver las problemáticas que están detrás del conflicto. Cuando se tratan de conflictos complejos, se hace necesaria una
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visibilidad mayor que atraiga la atención pública nacional, movilice la opinión pública nacional y fomente la participación de funcionarios de alto nivel, eso se ha conseguido a través de acciones de fuerza de las comunidades, en algunos casos en alianza con operadores políticos (De Echave et al 2006) y sobre todo por la visibilidad mediática de los medios limeños de cobertura nacional.
Ahora bien, en la última década se viene cuestionando el rol de los medios al cubrir los conflictos, pero también hay que subrayar que el solo hecho de dar visibilidad mediática, sin importar su valencia, es clave para la maduración del conflicto, y significa el inicio de un proceso de solución (que pasa muchas veces por la represión el diálogo, las medidas de fuerza, etc.) aunque en algunos casos estos conflictos se vuelven crónicos como los de los valles cocaleros. Rubenstein observa que a pesar de lo mal que los periodistas pueden cubrir un conflicto igualmente la visibilidad del mismo facilita que se tomen en cuenta ciertos temas antes ocultos para la opinión pública: "Reporters and editors have exposed themselves to the usual litany of accusations: They are inflaming the conflict exaggerating the issues, playing favorites, and so on. In one sense, of course, these charges are justified: recognizing a particular for of conflict usually benefits those disavantaged by its prior invisibility" (Rubenstein, 1994:20)
Como vimos en el primer capítulo, la agenda mediática supone una multiplicidad de destinatarios, tanto las esferas de decisión, las conciencias de los ciudadanos, como las corrientes de opinión, que en su conjunto funcionan generando imágenes, percepciones o actitudes respecto a los conflictos. El incremento de conocimientos (sean falsos o herrados) sobre el conflicto genera una dinámica que alimenta la búsqueda de más información en los medios, Tichenor et al (1999:55) lo subrayan así: “That is, reading may be stimulate conversation, and conversation about a topic may stimulate the citizenry
to pay more attention to future news about the topic.” De esta manera los conflictos dejan
de ser asuntos locales o disputas entre dos partes y “conciernen” a la comunidad política (lo que algunos autores denominan opinión pública cuando quiere expresar las opiniones de los ciudadanos).
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