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CHAPTER 2: LITERATURE STUDY

2.4. Initial work done on bottom cone section of test ash lock 210AL-

2.4.3 Mechanical testing

La agricultura no solucionó el problema de producir alimen­ tos suficientes para satisfacer las necesidades de la población mundial. Las sociedades humanas de todo el globo la habían adoptado sobre todo porque el crecimiento demográfico reque­ ría formas más intensivas de obtención de alimentos. Sin embar­ go, hasta hace aproximadamente doscientos años la práctica to­ talidad de la población mundial vivía al borde de la inanición. Durante todo este período, y con todos los cambios de los siste­ mas políticos, el auge y caída de imperios, la aparición de nue­ vos Estados y su declive, las condiciones económicas y sociales permanecieron prácticamente inamovibles durante miles de años. Aunque zonas con un medio ambiente menos sensible que Me­ sopotamia, en el valle del Indo y en las junglas tropicales de Centroamérica no se produjo un colapso completo de la socie­ dad, aún tuvieron que pagar un alto precio en lo que se refiere a sufrimiento individual, merma del potencial humano y, a veces, pérdidas masivas de vidas. Casi el 95 por ciento de los habitan­ tes del mundo eran campesinos; dependían directamente de la

tierra y llevaban una vida caracterizada por una alta mortalidad infantil, baja esperanza de vida, desnutrición crónica y la siem­ pre presente amenaza del hambre y las epidemias virulentas. El alimento que tomaban era casi en su totalidad de origen vegetal (especialmente en Asia, África y las Américas), y los elementos dietéticos básicos eran las tres grandes cosechas del mundo, arroz en Asia, maíz en las Américas y trigo (complementado con avena y centeno) en Europa. Debido a la abrumadora depen­ dencia de estas sociedades respecto a la agricultura, la dimensión de otras actividades y el número dé soldados, sacerdotes y arte­ sanos que el campesinado podía mantener eran limitados.

La situación humana en todo el mundo variaba de un lugar a otro y de una época a otra, dependiendo no solamente de los factores que influían sobre la producción agrícola sino también de los que afectaban al nivel de población. Aunque el número de habitantes del mundo era mucho menor que en la actualidad, existía la persistente amenaza de la superpoblación y la inanición debido a la ineficacia del sistema agrícola. La agricultura permi­ tía mantener a muchas más personas que la recolección y la caza, pero apoyarse sobre un reducido número de cosechas cul­ tivadas en un medio ambiente especializado aumentaba la vul­ nerabilidad a la pérdida de las cosechas. El cultivo continuo de una misma zona disminuía la fertilidad del suelo, creándose un círculo vicioso entre la necesidad de utilizar toda la tierra que fuese posible para cultivar cosechas para consumo directo hu­ mano, la cantidad limitada de tierra disponible para los animales y la carencia de abonos animales que mantuviesen la fertilidad del suelo. Las limitaciones de la producción agrícola se vieron exacerbadas por los problemas de distribución de alimentos. La cantidad total que se podía almacenar era limitada y las pérdidas eran más altas debido a los inadecuados medios de que se dis­ ponía. Una primitiva red de transporte hacía que todo lo que so­ brepasase la distribución local de alimentos, a no ser por vía ma­ rítima, fuese extremadamente difícil. El mercado de alimentos era por tanto limitado, y muy a menudo la pérdida de cosechas en una zona no se podía aliviar trasladando provisiones desde otras zonas porque no se disponía de ellas o, si es que existían, no podían ser transportadas. Estos problemas se veían acentuados por la elite religiosa y secular que obligaba a la recogida de ali­ mentos mediante impuestos, diezmos y otras formas de apropia­

ción directa, dejando con frecuencia al campesinado con insufi­ ciente comida para su supervivencia. Los ejércitos, que saquea­ ban los campos para conseguir la comida que necesitaban, des­ truyendo las cosechas, empeoraron la situación.

Los cambios introducidos en los sistemas agrícolas para con­ seguir una mayor productividad, un mejor almacenamiento y me­ jores medios de distribución empezaron a aliviar estos problemas de forma sumamente lenta. Hasta el siglo xix, el tamaño demo­ gráfico de la mayoría de las sociedades y la cantidad de comida de que disponían a menudo estuvieron descompensados, tanto a corto como a largo plazo. A corto plazo, las fluctuaciones anua­ les del abastecimiento como resultado de una mala cosecha o de un estallido bélico podían ocasionar un desastre. A largo plazo, la población aumentó hasta un nivel en que era casi imposible que una gran parte de la población tuviese una dieta adecuada. Resolver cualquiera de los dos extremos de la ecuación era pro­ blemático; era difícil aumentar la producción alimentaria a un rit­ mo rápido y, aunque muchas de estas sociedades agrícolas pri­ mitivas utilizaron en todo el mundo métodos brutales para res­ tringir el crecimiento de las cifras demográficas (la práctica del infanticidio o una tradición de matrimonio tardío, por ejemplo), el abastecimiento de alimentos y el tamaño de la población sólo muy de vez en cuando mantuvieron un equilibrio. A muy largo plazo, es evidente que las lentas mejoras en el sistema agrícola permitieron alimentar a más personas. Pero en conjunto los ín­ dices de crecimiento demográfico siguieron siendo muy bajos. Hasta hace unos trescientos años la población mundial nunca au­ mentó a un ritmo de más del 0,1 por ciento anual, una vigésima parte del índice actual. Dentro de la tendencia al alza no hubo un crecimiento constante de la población ni de la producción ali­ mentaria. Hubo en cambio intervalos de crecimiento rápido se­ guidos por repentinos parones, y descensos causados por el cre­ cimiento de los niveles demográficos por encima de los recursos alimentarios o por las secuelas de la guerra y las enfermedades. Muy a menudo, la creciente población impuso una presión ma­ yor que nunca sobre un sistema agrícola limitado, generando más pobreza y desnutrición. El conflicto con frecuencia sólo se resolvía de forma drástica a través de hambrunas y muertes ma­ sivas hasta que la población estaba más en equilibrio con la pro­ ducción agrícola.

Millones R IA V E R D E D EL MUNDO

No hay estadísticas demográficas fiables hasta hace unos dos­ cientos años. Sin embargo, trabajando con censos parciales, cál­ culos contemporáneos y censos elaborados con otros fines, como por ejemplo tributarios, los demógrafos han logrado realizar cálculos que, aunque no son demasiado precisos, dan una pa­ norámica global del número de habitantes del mundo, su distri­ bución y los principales períodos de crecimiento y descenso. En el momento en que se adoptó la agricultura en las tres zonas nu­ cleares, la población mundial era de unos cuatro millones de personas (lo mismo que una gran ciudad de hoy). La expansión de la agricultura permitió alimentar a más personas y las cifras humanas subieron constantemente, duplicándose cada mil años hasta alcanzar los 50 millones hacia el 1000 antes de J.C. (apro­ ximadamente equivalente a la población actual de Inglaterra y Gales). Esa cifra se duplicó en sólo quinientos años para alcan­ zar los 100 millones hacia el 500 antes de J.C., creciendo después hasta los 200 millones en pleno apogeo de los Imperios Han y Romano alrededor del 200 después de J.C. Con el declive de esos Imperios, el generalizado aumento de la inestabilidad, la guerra y la destrucción hizo que el crecimiento demográfico mundial fuese escaso hasta cerca del año 1000. Después, tanto en China como en Europa, las cifras aumentaron hasta alcanzar una cima provisional de unos 350 millones de personas en el mundo ha­ cia el 1200. A lo largo de un siglo, la población aumentó muy lentamente a unos 400 millones mientras se llegaba a los límites de los recursos alimentarios. A partir de 1300 el hambre y las pla­ gas redujeron acusadamente las cifras hasta el punto de que ha­ cia 1400, cuando ya se había producido una cierta recuperación, aún apenas había unos 350 millones de personas en todo el mundo. Estas cifras registraron un marcado aumento durante los dos siglos siguientes hasta llegar a unos 550 millones hacia 1600. Después, durante el siguiente siglo, el deterioro del clima afectó a la producción alimentaria y restringió las cifras de crecimiento, de tal forma que en 1700 la población mundial apenas superaba los 600 millones. El siglo xvn contempló el más rápido creci­ miento de la historia hasta esa fecha, alcanzando un total de 900 millones de personas hacia 1800. La población mundial alcanzó por primera vez la marca de los 1.000 millones alrededor de 1825.

La distribución de las personas en el mundo también ha cam­ biado marcadamente durante este largo período. Antes de la di­

fusión de la agricultura la población mundial se distribuía de for­ ma bastante uniforme por todo el globo, pero la aparición de so­ ciedades sedentarias redujo las cuotas de Africa, las Américas y Oceanía de alrededor del 40 por ciento a menos del 15 por cien­ to del total, al tiempo que los grandes Imperios del Oriente Pró­ ximo, el Mediterráneo, la India y China se convertían en los prin­ cipales centros de la sociedad humana. Dentro de este panorama general casi siempre ha habido más chinos o indios que euro­ peos. Ese patrón se estableció muy temprano una vez que la im­ portancia transitoria, alrededor del 3000 antes de J.C., de las so­ ciedades del Próximo Oriente, debido a su temprana adopción de la agricultura, hubo disminuido. Por la época de los Imperios Romano y Han había unos 35 millones de europeos, pero tam­ bién había 50 millones de chinos y, una vez más, casi la misma cantidad de indios. Al mismo tiempo la población total de las Américas era de unos 5 millones de personas, la de Oceanía de alrededor de 1 millón y África tenía unos 20 millones de habi­ tantes. Estas relaciones globales aún estaban en vigor un milenio después entre Europa (60 millones), China (85 millones), India (90 millones), África (46 millones), las Américas (14 millones) y Oceanía (2 millones).

Los ejemplos de China y Europa demuestran que aunque los sistemas agrícolas que desarrollaron fueron muy diferentes, am­ bos se vieron restringidos por las limitaciones medioambientales y ninguno de ellos consiguió mantener un equilibrio duradero entre la población y los recursos alimentarios. En China el desa­ rrollo de la agricultura y la aparición de una sociedad sedentaria tuvo lugar en el norte, centrándose en el cultivo de secano del mijo. Hasta finales del Imperio Han en el 220 después de J.C., el centro del Estado chino seguía estando en el norte. Fue en este período cuando apareció una de las características más distinti­ vas de la sociedad china, la casi completa dicotomía entre la éli­ te gobernante y el grueso de la población que eran campesinos que vivían en pequeñas aldeas. A lo largo de toda la historia chi­ na ha habido períodos de unidad política seguidos de períodos de desunión, pero la forma de vida de la inmensa mayoría de las personas permaneció básicamente intacta en el mundo de las al­ deas. La labor principal de la elite era garantizar que los campe­ sinos aportasen comida suficiente para mantenerlos a ellos y al

Población mundial 200-1700 después de J.C.

ejército, que estaba casi en su totalidad estacionado en el norte para hacer frente a los ataques de los nómadas de Asia central. El hundimiento del Imperio Han bajo la presión de los ataques bárbaros desplazaron el centro de gravedad del Estado chino li­ geramente al sur hacia el río Yangtsé, a una zona que se con­ virtió en una de las principales áreas productoras de grano. La posterior reunificación de China bajo la dinastía Sui a partir del año 589, hizo que fuese necesario transportar el excedente ali­ mentario hacia el norte al centro militar del Imperio. El enorme Gran Canal, que se extendía a lo largo de unos 1.930 kilómetros,

fue construido a principios del siglo vil para transportar provi­ siones alimentarias desde el valle del Yangtsé hasta el norte para el ejército y para la capital Pekín, que necesitaba, ella sola, 400.000 toneladas de grano al año. Hacia el siglo XI se estaba ali­

mentando de esta forma a un ejército de 300.000 soldados cerca de Pekín y de más de 750.000 en la frontera. No es de extrañar que supusiese una enorme carga para el campesinado.

Uno de los cambios más importantes de la sociedad china tuvo lugar con una oleada de emigración hacia el sur del país a partir del siglo IV, estimulado por una revolución en la produc­

ción agrícola. El arroz había sido cultivado de forma generaliza­ da en el sureste de Asia hacia el 3500 antes de J.C., pero era un cultivo de secano, al igual que otros cereales como el mijo o el trigo. Alrededor del 500 antes de J.C. apareció en el sureste de Asia una nueva técnica de producción de arroz en arrozales y se extendió lentamente hasta llegar a China, Corea, Japón, India y Java durante el siguiente milenio. El contenido nutritivo inheren­

temente pobre de los suelos tropicales se consiguió evitar culti­ vando el arroz parcialmente cubierto de agua en campos espe­ ciales alimentados con complejas técnicas de administración del agua para producir grandes cantidades de agua en lento movi­ miento. Esto proporcionaba nutrientes adicionales por dos vías: estimulaba el crecimiento de algas que conseguían captar el ni­ trógeno de la atmósfera y, en segundo lugar, aportaba grandes cantidades de materia orgánica; los residuos vegetales y los es­ tiércoles de origen humano y animal se pudrían en el fondo del agua. El continuo apisonamiento que suponía trabajar en los campos volvió al suelo impermeable, y por tanto capaz de rete­ ner los nutrientes. Este sistema produjo grandes incrementos en la producción de las cosechas, pero requería ingentes cantidades de mano de obra no sólo para cultivar la cosecha sino, más im­ portante, para construir y mantener los campos y los sistemas de control del agua. En los siglos posteriores al año 400 después de J.C. hubo una constante oleada de personas que se dirigían ha­

cia el sur para descubrir y colonizar nuevas tierras utilizando sis­ temas de arrozales. Las principales provincias productoras de arroz del delta del Yangtsé, el valle de Hsiang, Szechwan y Kwangtung fueron colonizadas, y las constantes aunque poco espectaculares mejoras en las técnicas siguieron aumentando la producción. La más importante de ellas fue la introducción, en el

siglo xi, de nuevas variedades de arroz de crecimiento más rápi­ do procedente de Indochina que permitió cultivar dos cosechas al año en las áreas más favorecidas del sur y, más al norte, una cosecha de arroz y otra de trigo.

Los chinos desarrollaron la agricultura más sofisticada del mundo (basada en técnicas como la rotación de las cosechas, que por entonces aún no se utilizaba demasiado en Europa), consiguiendo cosechas muy abundantes de una tierra muy in­ tensivamente cultivada. Hacia el 1200, China era el país más ex­ tenso, culto y avanzado del mundo. La expansión del asenta­ miento por las nuevas zonas productoras de arroz del sur per­ mitió que la población aumentase de los 50 millones de la época Han (un nivel que se mantuvo después durante varios cientos de años) hasta llegar a 115 millones a principios del siglo xni. Sin embargo, hubo muchos problemas estructurales que hicieron que el equilibrio entre alimentos y población nunca fuese satisfacto­ rio. Las mejoras en las técnicas o el cultivo de nuevas tierras sólo provocaron aumentos temporales en la cantidad de alimento por persona que en seguida fueron igualados por los crecimientos demográficos.

Los chinos no consiguieron introducir los cambios estructura­ les necesarios en el sistema agrícola que podrían haber aumen­ tado a gran escala la provisión alimentaria. El rendimiento de las cosechas era casi el máximo que se podía conseguir antes de la introducción de los fertilizantes artificiales modernos. Las zonas más fértiles ya estaban densamente pobladas y no se podían au­ mentar los aportes de fertilizantes porque no había tierra sufi­ ciente para mantener más animales que podrían haber aportado abono adicional. Las costumbres sociales daban gran importancia a la división igual de la tierra dentro de la familia, lo que gene­ ró multitud de granjas muy pequeñas, cada una de las cuales sólo podía producir un excedente muy pequeño, si es que pro­ ducía alguno. El rendimiento sólo se podía aumentar con pe­ queñas mejoras de la productividad y mediante el cultivo de nue­ vas tierras, aunque éstas fuesen a menudo de baja calidad y su rendimiento fuese por tanto menor. El sistema agrícola chino era ciertamente impresionante por su producción total y sus métodos de producción sumamente intensivos. Sin embargo, el alto nivel demográfico y la dificultad de hacer ningún cambio cualitativo de importancia hizo que el grueso de la población dependiese de

un sistema que sólo podía producir un bajo nivel de comida para cada individuo. Desastres como la invasión de los mongoles que provocó la muerte de unos 35 millones de chinos (la mayor par­ te de ellos en el norte del país) o las masivas epidemias de 1586- 1589 y 1639-1644, que en cada una de estas ocasiones extermi­ naron a una quinta parte de la población, redujeron la presión demográfica durante un tiempo. Pero después de 1600 no hay evidencia de ningún aumento significativo en la producción y, aunque aumentó el área dedicada a cultivo, la cantidad de co­ mida disponible por persona era aproximadamente la misma en 1850 que trescientos años antes. El resultado de este sistema de alta intensidad (dependiente de una gran cantidad de mano de obra para sacar altos niveles de comida de la tierra usada) fue que la abrumadora mayoría de la población viviese permanente­ mente al borde de la inanición.

La agricultura china consiguió mantener a un gran número de personas al borde de la inanición. La agricultura de la Europa medieval era un sistema de baja productividad que mantenía en las mismas condiciones a un número menor de personas. Tam­ bién a Europa le resultó difícil aumentar la producción sobre una base sostenible. El problema esencial aquí era que la fertilidad del suelo se iba reduciendo de forma constante por efecto de las continuas cosechas, la lixiviación de los nutrientes por la lluvia y el bajo nivel de erosión del suelo, y además no se repusieron los nutrientes. La fertilidad de los campos cultivables sólo se podía mantener mediante el uso de estiércol animal, pero el número de animales que podían ser alimentados a lo largo del año era muy pequeño debido a la falta de cosechas para forraje. Muchos ani­ males tenían que ser sacrificados en otoño por la carencia de ali­ mento para el invierno. A largo plazo, conseguir que los anima­ les siguiesen pastando era difícil toda vez que el estiércol se re­ cogía para abonar los campos de cultivo y, a consecuencia de ello, las cosechas de heno y hierba para los animales descen­ dían. Con todo esto se creaba un círculo vicioso. Según des­ cendía el número de animales que podían ser alimentados tam­ bién disminuía el abono disponible para las tierras de cultivo, y con él la producción de las cosechas. La mayor parte del abono se almacenaba además a cielo abierto durante largos períodos, lo que disminuía drásticamente su valor nutritivo. Las cosechas se

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